12 de febrero de 2016

Palingenesia.

Palingenesia.

Debería estar estudiando, pero no es menos cierto que aprendemos a valorar el tiempo cuando menos disponemos de él, y que en estos minutos de ventaja que llevo a cientas de hojas que esperan ser estudiadas, deseo compartir unas reflexiones.

Llegan buenos tiempos conforme estos días,  sacudidos por el más crudo cierzo fruto del último hálito de mis carcajadas veraniegas enfriadas por un invierno de ataraxia y el más impío de los diluvios de aquellas nubes imbríferas que el otoño transportó, fenecen en un céfiro ponentoso que bucina a los cuatro vientos que la primavera interior ha comenzado. Procelas de solipsismo e introspección van a ser desahuciadas por aires de catarsis y palingenesia.

Se atisba un Sol de esperanza en una lontananza tal que un día de ogaño se traduce por meses de otrora, pero que al fin y al cabo promete tras su venida una canícula tal que, pasado un invierno de latencia, declinar su oferta me convertiría en un desertor de mí mismo.

Ha llegado el momento de intentarlo. Quizá no sé mi devenir, ese ‘qué haré con mi existencia’  en un futuro a medio plazo pues, al fin y al cabo, el futuro a corto plazo es eso que pretendemos caracterizar como ‘presente’ y los largos plazos son tan volubles que construir un proyecto sobre ellos se asemeja más a edificar castillos en el aire como un fementido trata de embaír a un timorato desconociendo que es el refugio de su mismo sentimiento; quizá no lo conozca, pero no me importa.

Tendemos a pensar por cronolección que todo aquello propio de los niños visto en un adulto es de una inmadurez supina, y que –por el contrario- todo aquello propio de alguien senil en un joven es fanfarronería, delirio de grandeza o melindrosidad, pero nada más alejado de la realidad; quizá nuestra frustración proviene de que el tiempo pase y no sea él quien se adapte a nosotros, sino nosotros quienes tengamos que mudar de costumbres, gustos y metas aun a sabiendas de que no hemos finalizado ninguna en el término establecido como ese escarabajo kafkiano mudaría su exoesqueleto para después morir sintiéndose como una lacra en su contexto, por ello he decidido, y aliento a quien así lo piense también, conservar dos de los grandes rasgos de la vida: el recto juicio del vetusto y el candor infantil que aviva la fuisca vital.

Muy probablemente el éxito pase por cambiar continuamente de emoción sin que lo haga la actitud; de tratar de buscar lo ferendario en un mundo cataléptico y de soportar de forma impertérrita la rispidez de la vida para poder dar con la felicidad, porque francamente cada vez creo más en que aquello a lo que llaman de esa manera no es sino un defecto del deletereísmo, ¿y qué hay mejor que ser un defecto dentro del sistema fallido? Considérate halagado, o halagada, cuando te digan que posees imperfecciones, taras, máculas… porque ello es lo que te da valía.

Voy a olvidarme de todo ese futuro, de dónde acabaré encasillado por un sistema académico, voy a preocuparme por aprender, de transformar lo que creí una cárcel espiritual en una Florencia cinquecéntica donde no importe qué vas a estudiar sino qué vas a incorporar a tu inestimable bagaje del saber, ese que portarás contigo a todo paradero. ¿Y qué me van a importar las opiniones del resto si decido propender hacia los derroteros del talento donde carcavear su fértil seno e instalarme? Estoy seguro de que más allá de la sardónica risa de aquel borrego guiado por el opilión ‘sistema’ ante la entelequia de la vida talentosa que trata de conducirte a su redil del conformismo hay sitio para el polímata, y que todo aquel que posee un talento y ama lo que le gusta puede vivir de ello, le den chance o tenga él que buscarse una salida a la egestad. Si de verdad lo amas, lizarás por ello a cuerpo descubierto contra el envite de quien te cree incapaz. 

Quizá esta porfía más próxima a una reláfica que amenaza con frañernos emocionalmente (porque es más sencillo caer ante la supuesta evidencia del juicio ajeno que ante la fehaciencia de nuestra intuspección) sea la felicidad oculta que se halla tras la evidente sarracina sentimental por la que debemos luchar, como aquel trozo insignificante, débil, quebrantable y voluble de grafito que, bajo las altas presiones a las que se ve sometido, se convierte en un diamante duro, de estima inefable y de refulgencia tal que merecería la pena quedarse ciego solo por intuirlo un instante.


Indecisos del mundo, os animo a que hagáis todo aquello que deseéis, que mantengáis vuestras metas aun cuando os parezca demasiado tarde, porque lo único que os debe esperar será lo último que presenciaréis. Os animo a recuperar ese alma intrépida que reclama con sed vuestro cuerpo exánime, a que hagáis caso omiso de quienes desean conduciros por su ruta de despecho seguida por un acervo de individuos resignados, y a que os convirtáis en el sueño de esta, vuestra carosis. Y si sentís el trémulo de las piernas, la debacle de vuestro renacimiento, aquí podréis encontrarme, con mis paupérrimas, pero asépticas letras para serviros de sustentáculo ante los embates de un mundo sumido en el más absoluto estupor que no está dispuesto a dar cobijo a nosotros, los nietos del saber y los dueños de sí mismos. 

4 de febrero de 2016

Gusanos del mundo, uníos.



Gusanos del mundo, uníos.

Engendrada por la progenitora naturaleza
¿Por qué no aceptas tu condición agraz,
especie fruto del más puro azar,
en lugar de cercenar tu cordón umbilical de forma precipitada
para abandonarte sin crianza a la frígida realidad?

Le retiramos la mano a nuestra madre
Y hemos perdido el rumbo,
Ahora todo se limita a su destrucción,
Y a ello lo llamamos ‘mundo’. 

Un planeta infinito e ingobernable
nos llevó a acotarlo
para poder sentirnos algo importante,
emancipándonos de la que sigue siendo nuestra nonchalance,
Que con la mejor intención,
Nos concibió para que la ayudásemos en su desarrollo,
Hoy vituperada y asesinada sin discreción,
Mañana nos devorará como Saturno a su hijo pródigo.

Subordinación eterna,
Que no se cuestiona
Porque nos hace sentir trabajadores
Mientras estamos al servicio de quien gobierna.

Las líneas se trazan pero nunca llevan a una cabeza,
No hay nadie por encima en el sistema,
Sin embargo es fácil de explicar su vigencia:
Sí lo hay fuera del muro que alzó la civilización ,
Llamada naturaleza,
Y abrazarla de nuevo significaría destruir el mundo que se creó. 

Por ello os digo
Vivid, sentid, cuestionad,
No os detengáis en vuestro vital viaje,
Que nuestro origen es animal 
A pesar de que haya sido la construcción artificial
Quien nos ha convertido en salvajes.

Lenguaje,
Falaz estandarte,
Arma empleada por los adalides del ardid
Para censurar el arte,
En esta gran fábrica de autómatas,
Única arma que incita a sentir
En la que ha supuesto un pequeño martillo
Capaz de destruir la máquina
De la que tan solo somos engranajes.

Por eso os digo, fauna del mundo:
dejemos de permitir que nos subyuguen 
para arar la tierra 
regada por ríos de sangre
que no drenamos por no quedar exangües,
como si fuésemos gusanos,
pues de ellos solo de una cualidad somos poseedores:
la capacidad de ser mariposa que surque los aires,
si nos negamos a descomponer la podredumbre
que dejaron nuestros antecesores.

Por ello os digo,
ignorad la imagen de madre viviseccionada
por nuestra salida prematura.
De pequeños gusanos descomponiendo
tejidos en sus entrañas casi necrosadas
por un virus llamado ‘sistema’.
y convertíos en anticuerpos que la liberen
gracias a la vacuna del conocimiento
de su gran pandemia.

Nuestro fuerte pulso nos llevará a coserla de nuevo,
Insertarnos en ella
Y volver a su cálido vientre,

Como si este letargo jamás hubiese sido existente
Y pasar de reino salvaje

A gran especie.

23 de enero de 2016

Requiem des amants, chanson des échats

A un triste viernes por la tarde de abril de dos mil quince.

Assis sur un banc, 
celui là sont les amants, 
Froids et lointaines, 
ils attendent qu’est-ce qu’il fera chacun.

Pourqoi ils s’aiment mais aucun se jette a l’eau? 
Le temps se glisse comme ses chances 
Mais ils oublient que l’amour seulement 
a beau nous donner une. 

Images sur ses esprits 
ils veulent parler
mots sur ses bouches 
que jamais se exprimeront,
lèvres immobiles 
que jamais vont s’embrasser 

Porquoi ils ne les laissent pas agir? 
Parce que ce n’est pas l’âme qui décide 
Il est notre salaud courage.
Et quelle grande dommage...

Afin qu’un phénomène naturel comme l’amour se produit 
Il faut que deux forces agissent 
Mais ils s’oublient de que ces forces
doivent être complémentaires 

La pluie fait acte d’apparition
La tempête se rapproche,
Sera vrai qu’à quelque chose malheur est bon? 

La soir demande un bisous sous elle
La nature décide qu’ils ne sont pas prêts pour s’aimer.
 Ils marchent chacun pour un chemin 

Malheureux, ils se quittent d’un combat fini 
Mais sans vainqueurs 
Seulement deux vaincus… … 

C’est l’amour:
.  Tu tiens tout dans un moment 
Et subitement tu as rien. 
Décide si tu veux écrire une nouvelle histoire 
Ou ne passer pas la page...

Moi, je la lirai une autre fois.