No voy a escribirle un cuento de hadas a una persona que
tiene duende. Si estás leyendo esto, quizá sea porque no puedes dormir, o le
estés dando vueltas a la cabeza. No sé escribir cuentos, creo que jamás lo
intenté, pero bueno, ahí va mi intento, y de mi voz tienes recuerdo, para que
cada vez que aparezcan tus dudas o tus malos sentimientos, puedas sentirme a mí
a tu lado, presente a cada instante.
Érase una vez una persona, normal, como cualquier otra, de
carne y hueso, y todos los músculos, los tendones y las vísceras que se han
podido estudiar y conocer hasta la fecha. Una persona que era luz, hasta cuando
su bombilla se apagaba, tras una sobrecarga por exceso de tensiones internas.
Una persona que creaba una quinta fuerza, más allá de la atracción que
generaba, con su sonrisa, cuyo campo impregnaba todo el cosmos que la conocía y
que bien podría decirse que era el final del túnel de cualquier afligido que
viviese con ella. Una persona humana, que rascaba, y rascaba, y escarbaba, como
una gran tuneladora destrozaría un precioso vergel y sus capas más internas,
sangrando el paisaje, solo por obtener el placer de un magnate, tan superior
como lo estaban en su cuerpo las ideas. Como un magnate que le ordenase por el
sueldo del alivio destrozar lo que más quería. No sabía que acariciando, en su
superficie, junto a los que ella creía meros fósiles de quienes partieron,de quienes no debieron haber entrado en
juego, o de solo ella sabe quiénes, una mente de oro había, con la fuerza de su
recuerdo, y como gotas que sedimentarían la más profunda de las rocas, creado
con la resina del tiempo, de quien no se puede escapar, mucho menos despegarse,
ámbar. No eran fósiles, no estaban muertos, no se los veía para tratar de
recordar cómo eran, o cómo fue. Se los miraba, tan preciosos ellos con el valor
a cuyos recuerdos se les había dado, de tal forma que se los quisiese, se los
conservase, y se los supiese vivos, se los llevase al cuello, o al dedo. Ella
sabía de su erosionada litosfera, en la que afloraban ya los primeros tonos
dorados, las primeras pieles volubles como la arena del desierto, pero que
cubrían un cañón del que era carne y por el que volvía a fluir. No sabía
todavía, pero estaba por hacerlo, de la enorme riqueza de corazón que tenía,
del calor y la presión que si bien la habían macerado, habían creado en ella un
entramado de diamantes, esmeraldas, rubíes y piedras preciosas, enormemente
difíciles de quebrantar. Y no habían sido pocas las ocasiones que la vida le
dio limones, que la gente vino y se fue, que las semillas que se plantaron se
las llevaron otras personas, pero es que no todos los ojos estuvieron
preparados para atisbar el fulgor de tales talismanes. Quizá nadie valía lo
suficiente para poder dejar de codiciarla, y pasar a apreciarla. La vida, al
fin y al cabo, ya ven, se resume en conocer sus propios recursos, saber
explotarlos, conservarlos, valorarlos, pero jamás creerse pobre en cualquiera
de los sentidos por no tener otros. Del más inútil de los trozos de carbón
salen diamantes, grafito, calor para todo un año, los viñedos más ricos de
Italia, miles de muertos en sus faldas, los superdeportivos más rápidos de la
Tierra o hasta estrellas enanas, incluso quién sabe si el combustible del
Crystal Express. ¿Y valorarían eso, un trozo de carbón, menos que cualquier
otro? ¡Enfoquen la vida desde el punto de vista correcto y hallarán la imagen
que desean!
Un juego para ello. Una declaración de una persona para
todas las que quiso.
‘I’m gonna tell you straight, the only reason I am here is
you. I didn’t always tell you the truth. I didn’t wan’t to make your pain
worse. Did it work? It’s been fifteen years. Fifteen fucking years, since I let
my guard down. And I know exactly were to point the blame. Please, listen to me
when I say you always gave us more than we deserved. I’m gonnatell you straight to you I have to prove
nothing. And If I could have, I would have bought all your roses. When I
stumbled you broke the fall. You always gave us more than we deserved. Youth and
dependency dies away, but I will never forget the sacrifices you have made. And
will make’’.
Piensa esto. Piensa en una persona, o en unas personas, dale
la vuelta, piensa en quienes piensan en ella, o ellas. Es igualmente válido. Es
la vida. Exactamente lo mismo, se lo mire como se lo mire, solo que tan
subjetivo que nos creemos únicos. Mismo suceso, distinta interpretación. Por
eso mismo, quiero que jamás bajes tu guardia, si no es para acariciarte, si no
es para que la gente te abrace, si no es para confiar, no quiero que bajes la
guardia para tener las manos cerca, no quiero que bajes la guardia para dejar
que todo te golpee. Si has sido capaz de ver la belleza en algo que, aplicado a
ti, te causa dolor, es porque no es doloroso, sino que no lo has enfocado bien.
Y si lo has visto como algo doloroso de entrada, entonces… ¿De dónde viene la
belleza del recuerdo? La vida no es un impasse, como dirían los franceses, la
vida es aquello que rige el espacio y el tiempo, aquello que de mente para
fuera existe y se vive de igual forma para todos, pero que se percibe de forma
distinta al entrar en nuestros fueros más internos. Si no, ¿de dónde iba a
venir nuestra cantidad de problemas? ¿Y las anécdotas? ¿Y la vida? ¿Y alguien
que te cuente cuando ya, por desgracia, no te cuentas entre nosotros? Todos
tenemos nuestro mal, puedo creerme que lo de allá fuera no existe, o que la
vida es una mierda, o puedo estar ‘no bien’ y sinceramente, lanzarme a patearme
el irreal exterior o jurarme que aguantaré veinticinco días más con pastilla.
Para mi padre y mi madre, que viven lo mismo, es o ‘algo gradual’ o ‘una
tontería’. Y si me pusiese en sus pieles… ¿Acaso no lo parecería? Por ello, y
aunque a veces se tenga la tentación de explotar, cuando no se lidie con
alguien o no se toleren sus comentarios, hay que hacer el ejercicio del
entendimiento, no empatizar, simplemente, intercambiar papeles. La vida y
vivir, al fin y al cabo, consiste en representar una obra.
La vida se plantea difícil, se hace nudo en la garganta y
tiene brutal desenlace. Todo consiste en aprender hasta la muerte, de querer,
amar, de sentirse útil en un grupo de habitantes como tú y de desempeñarte en
lo que más te dé la gana. A veces también requiere de saber mirar, como dije,
de saber trascender no ya los papeles, sino el interior de las personas, al fin
y al cabo quien no quiere es porque ve roca sin ver debajo gema. Es porque hay
gente que ve facciones y no dones, ve sexo y no talento, es gente que vive a
corto plazo y muere a largo, ¡y así no se vive! Todos preferimos, en nuestros
cabales, darnos una hostia a tiempo para poder, el restante, vivir. No entrar a
Medicina a la primera, sufrir un acontecimiento que marcará tu vida… Todo ello
te hace tener vocación, actitud ante la vida, una filosofía propia, no de las
que se estudia de los muertos o en libros baratos para derrotados en su
existencia que buscan el maná en un cielo raso. La vida es otra de las cosas
que se vive como el culo, pero cuyos acontecimientos acaban marcando el futuro,
y generalmente cuanto peores, para mejor. Sin mi hostia, no podría haber
cumplido algo que me llevaba prometiendo catorce años, sin tu vida, quizá no
hubieses tenido determinación para estudiar lo que querías, porque sí, lo
querías, y no serías la Doctora Roca en un futuro, y posiblemente quizá tampoco
serías una persona consecuente, o no apreciarías las cosas en su justa medida,
y vivirías no por vivir, pero sin razonarlo. Sentirse vivo a corto plazo
implica saberse feliz en el momento; vivir, de veras, consiste en existir y
darse cuenta a posteriori de lo bien que se ha vivido anteriormente.
Todo en la vida es voluble, es como la arena, la tomas y se
escapa entre los dedos, como frotar las alas de una mariposa, que muere si la
rozas, como la existencia de los que te rodean, como las ganas de vivirla
siempre, como el tiempo en que se encuadra, como la estabilidad que ningún mar
alcanzaría jamás, como el amor, como la presencia, como la ausencia, como todo
aquello en que sinónimo y antónimo adquieren una característica en común, su
volubilidad, y por tanto se unen para seguir juntos. Eso es la vida: unión de
antónimos, una de cuscús y otra de pizza. Y, sobre todo, no valorar nada. No
tasarlo. No ponerle precio, cantidades, rankings. No hay escalas de a quién se
quiere más; solo se quiere. Una persona no va perdiendo enteros poco a poco y
abandona, una persona está siempre ahí y, por lo que sea, marcha, se marcha o
decide hacerlo, no es una gradación, es un antónimo. Una persona no decide
fallecer, y el dolor no es mesurable si se sabe que de ello vendrá el cariño y
repondrá todo lo que falta. El amor tampoco es mesurable, no se puede ser el
número uno, o hablar de muchos, de pocos, de comparaciones con uno u otro día,
simplemente se puede querer, de todas las formas, física y psicológicamente
(que no y/o), más lejos, más cerca, uno junto al otro, carne con carne, o a
centenares de kilómetros sin verse días (¡Días que no hay que contar, caray!),
sintiendo la unión de uno con el otro aunque uno no esté. Para qué decirte que
eres la número uno si eres la única que tiene derecho sobre mí, que mi cuerpo
es su cuerpo, que mi mente es su mente, y que estoy ahí siempre. Para qué
decirte que eres guapa, si eres la primera en saberlo y sabes que no te miro
con esos ojos en vano. Aprendamos una lección básica de la vida: las cosas
importantes no se dicen de palabra, millones de impulsos no se traducen en
veintisiete claves o letras, los millones de impulsos se devuelven generando
otros millones de impulsos en la otra persona. ¿Lo has visto hoy? Si me ha
salido bien, sí. Y tampoco las notas se pueden contar. No es un 6,15, un 8,6, o
lo que sea. No es más o menos uno por haber sido toda su vida un 10, por vivir
preso de la exigencia, no se es menos por haber suspendido, hoy, ayer, el mes
pasado, hace convocatorias… El precio, único precio, de la nota, es el de que
ella no mide nada salvo la cercanía a tu sueño, que estás pudiendo estudiar,
algo privilegiado, que estás completando otro tramo más de la carrera de tu
vida, que te sacas el teórico del carnet de conducir tu vida, que te ves más
cerca con o sin bata atendiendo a tus pacientes, yno te ves al día siguiente apoltronada en
clase haciendo caras a nadie, o sufriendo por nada, porque todos los coches con
quienes compartes carretera, absolutamente todos, tomarán bifurcaciones y, en
algún punto de tu vida, los perderás de vista, tarde o temprano.
Y la vida, ante todo, y quiero acabar aquí un relato que ni
es relato ni es nada, realmente, son miedos. Sí, te vas a dormir leyendo sobre
miedo y tienes pesadillas… ¡Y este cabrón me escribe sobre miedo al final! Pero
no, la vida sí es miedo. Forma parte del juego, se tiene miedo a lo
desconocido, y la vida es seguir conociendo y aprendiendo. Se siente miedo por
defensa propia, y la vida es quererse vivo. Se siente miedo por trauma, y los
traumas son respuestas para aprender a huir del agua fría una vez se ha salido
escaldado. Se siente miedo porque uno no se cree capaz, porque se siente sin
fuerzas. Y precisamente por eso necesitamos el miedo, para superarlo, para
vencerlo, para poder creernos capaces, sentirnos fuertes, porque si no hay nada
que nos asuste y nos llene más la mente y los sentidos que el miedo, vencerlo
es definitivamente el hecho de que no haya nada que nos asuste más, nada que
vaya a llenarnos más la mente, y nada que vaya a bloquear nuestros sentidos. De
las pesadillas se sale, y prueba de ello es que seguirás viva. Si alguna vez
tienes una, vuelve aquí y piensa que si has superado una pesadilla es porque la
vida es sueño, que es porque lo crea tu mente inconsciente, pero eres
consciente de que crees, y no creas. Y porque, esto es lo más importante: solo
existe y puede existir en tu mente, lo bueno de veras existe fuera, y es ella
quien lo interpreta. Puedes vivir realidades, pero solo puedes crear lo irreal.
Los miedos se crean, tus cualidades para superarlos existen. Y están en ti.
Aquí.
Buenas noches, días, o lo que sea. El final no iban a ser
los miedos, iba a ser un pico, o pianísimo, si te levantas agitada,un abrazo y muchos mimos. Como los que
recordarás mientras te he leído el cuento, carta, aborto de lo que haya sido. Feliz viaje.
Ha sido una semana rara. No voy a resumirla. Tenéis en negrita todo lo importante, para ahorraros leer mucho más, o ir a lo que queráis. Primero resumiré un poco estos días, luego mis sensaciones, después os daré las gracias a muchas personas, más tarde os recordaré a otras y, finalmente, lanzaré un mensaje al vuelo. Por si queréis saltaros la parafernalia. Las resumo cuando sé que el cambio en mi perspectiva, o el paso del tiempo, no las convertirán en nostalgia y volver a leerlas supondrá no sentir demasiado. Están en borradores, y dudo que los publique a corto plazo, pero esta semana escribí, en domingo, quizá los textos más desoladores en meses, en lunes, los más tristes, en martes, los más diáfanos, insulsos, autobiográficos... y hoy no he querido escribir al respecto. El sábado, curiosamente, sólo nacía de mí agradecer. Así que, sólo porque el sábado sucediese 'no sé el qué', que me hizo escribir lo único bueno de la semana, y porque eso bueno fuese 'agradecer', mi 'reflexión' de hoy no serán más que agradecimientos a esas personas que han estado, poquitas, ahí cuando todo se ha tambaleado. Si alguna no está, o bien es porque no ha estado, como es lógico, o bien es porque sigue. Soy responsable de lo que digo, pero no de lo que se entienda, como siempre repito al escribir. Así que, pasemos.
The XX - Lips
Quizá esta semana haya sido tremendamente mala, pero en un futuro pueda recordarla de otra manera, quizá haya sido una excepción, y todos los pensamientos del pasado que se han vuelto a ceñir sean espejismos en el desierto. Si puedo resumirla es en el domingo en que más solo me he sentido del año, el lunes más triste en meses porque soy incapaz de dar puntada e hilo a la vez, el martes más inocuo y fútil del mes, quizá salvado porque mi cabeza se puso en serio a trabajar y a sacar toda la materia adelante, como si algo ahí dentro, rodeado de tanto caos, se conectase y dijese 'vamos a darle la vuelta a esto', y un miércoles de astenia. Dicho así, suena hasta a realismo crudo, te lo firma Bukowski en un delirium tremens. Quizá tenga que ver el hecho de haber leído 'Bonjour tristesse' y que, en un lío de emociones por varias partes, éste (casi) termine con el diálogo sobre amor y su definición más serios, duros y dolorosamente ciertos que he leído, y me haya hecho ver que no lo hay donde creía que sí, y que lo hay donde, a veces, no miro.
A estas horas me 'convocan para un partido'. Cito textualmente los mensajes que me llegan por WhatsApp, no son metáforas de las mías. Es Halloween (¿cuántos de ellos sabrán, siquiera, qué se celebra?), así que dejémoslo en que es la noche de los muertos vivientes por la de borrachos privados, tan siquiera, de propiocepción que ves por la calle a estas horas. A estas horas, no me importa decirles, y abrir la aplicación por primera vez en mucho tiempo, mientras uno comenta 'menudo ciego me pillaré' y otro lo secunda con un 'tú y todos', que yo no. Yo estaré aquí, viendo una película si una amiga me recomienda alguna, que lleva ya bastantes vistas y me 'cala', seguramente pensando en cosas estúpidas que para mí ahora son de importancia cabal y, quién sabe, si mirándome temario para agradecérmelo en un futuro. Estaré aquí, pensando, pensamiento disgregado, sin forma, un rato reposado, con momentos pasados que, realmente, y por un proceso de acreción, se hacen con los inmediatamente anteriores y posteriores, como si esto fuese una historia, con su epílogo y prólogo, y en otro rato contestaré rápidamente conversaciones de amigos que han ido degenerando en conocidos. Quizá me hable una persona que he conocido fuertemente estos días en que otras se han mantenido, otras han caído, otras han vuelto y otras se han reafirmado, y quizá, con suerte, me vaya a dormir más tranquilo. Lo que sí haré será resetearme, mi semana ha sido domingo-miércoles, mañana comienza una festividad, un mes nuevo, realmente el penúltimo antes de exámenes, y mañana debe estar todo en su sitio. No quiero ni debo caer en el error de cerrarme a todo, como el año pasado, para obtener mejores resultados, porque ni los últimos son prioritarios ni lo primero es beneficioso, pero tengo que meter una marcha más, paradójicamente, para que se me bajen las revoluciones. Siento que todo es igual, lo mire cuando lo mire. A mediados y finales de septiembre, me autorrefería como 'ausgebrannt'. Puedo extrapolarlo al día de hoy después de haber sucedido de todo. Hace unos meses me refería a cuestiones que estaban comenzando a ser como 'proyectos de futuro' y, llegado ese futuro, ya no sabes ni cómo denominarlos, ni cómo posicionarte en ellos: '¿Proyectos de pasado?', suena a final , y asusta. Me sentía, quizá, motivado en mi campo, pero asqueado por sus docentes. Sigue así. Han entrado y salido personas, materias, profesores, familiares, momentos positivos, negativos, de los mejores, de los peores... y cuán similares deben haber sido entre sí, los buenos para lo bueno, y los malos para lo malo, que en este equilibrado 50-50, nada ha cambiado.
Tengo un grave vicio, que es empezar leyendo un libro por el final, y no terminar una película hasta que no hayan salido todos los créditos, porque detrás de lo que proyecto, en este caso mi vida, hay mucha gente que pasa desapercibida, muchos 'nadies', muchos n'importe qui, que hacen posible que siga adelante, que se proyecte, que pasan rápido por ahí en mi mente sin que me quede, muchos días, ni a pensarlos. Siempre dejo lo importante para el final, y diré que, si bien soy el director y el guionista, muchas personas han marcado el ritmo, le han puesto imagen, incluso la han animado, en todos los sentidos, y por eso debo decir que lo único importante que vengo a decir en este artículo es que, lo más crucial, para mí, han sido, son y serán, los apoyos externos. Hay miles de personas con quienes intercambiar palabras, centenares con quienes intercambiar palabras y momentos, decenas con quienes hablar, y sólo una o dos con quienes hablar y compartir vida. Esta semana hubo poquitas, por eso, merecen su lugar. No sentí mucho apoyo externo, pero no lo necesité. Los gatos, de siete vidas, se lamen sus heridas. Pero por esas pocas personas que hubo y ha ido habiendo, quiero que en los créditos de esta semana y de estos dos meses tremendamente distintos entre sí, que me dejan el mismo resultado al compararlos, sólo quepa incluir a las personas, poquitas, pero existentes, que han supuesto apoyos externos, que día tras día me han preguntado qué tal, que he visto por la Universidad, Valencia, a distancia por Internet, que han sabido que estaba mal sin enterarse a priori, que han tenido el don de saber cuándo las cosas no funcionaban y, aunque tengan -algunas- una o dos semanas de existencia, que han sabido entrar y, en cuatro o cinco veces, cambiar mis esquemas. A toda esa gente queestá ahí diariamente, que escucha, que aconseja, que por un momento deja lo que hace por prestarme una atención pequeñita, que me quiere y a la que quiero, que siempre me deja algún detalle esporádico al levantarme, irme a dormir, me menciona acordándose de mí o... en fin, hace cualquier cosa, por pequeña que sea, que evidencia que no se ha ido de mi lado, quiero hacerle un shout-out y decirle que los aprecio mucho, aunque quizá no lo haga ver tan evidente.
Así que muchas gracias a...
Pilar, por ser mi único verdadero apoyo externo durante el domingo y el lunes, aunque fuese a 400 kilómetros de distancia. Por dejar de ver una película y liarte dos horas a hablar conmigo. Por permitirme que te molestase con mis líos de faldas, con mis dudas existenciales, con mis agobios que bien conoces y, sin pedir consejo, porque somos diametralmente opuestos, prestarme tanto oído, tranquilizarme tanto y hacerme pensar que todo estaba en orden aun cuando en mi cabeza era una amalgama extraña. A poquitas personas os voy a llamar 'serendipia' en la vida, pero a ti te conocí a través de una pareja que tuve por dos años, que dejé por acuerdo mutuo, y son ya tres y medio, o cuatro, que te tengo en mi vida, muchas las veces que te he ayudado y que he estado ahí de madrugada contigo (¡Ay, el día que nos vimos en Valencia, qué alegría!). Nada más bonito que la reciprocidad, y ayer por ti... hoy por mí. Espero que puedas ver mis dudas disiparse y hacerse realidad mis voluntades, porque, para cuando suceda, estaré receptivo para ver, desde la barrera, lo tremendamente bien que te va con tu pareja, tras tantos años en los que no tuviste suerte con las relaciones. Me quedo con una cosa que dijiste: 'no debo dejar de ser como soy, pero sí controlar cuánto lo soy', 'nunca dejes de darlo todo por alguien, pero sí mide cuánto dar a cada momento'. Te haré caso. Moriré en mi causa con las botas puestas, pero sin sangrar.
JuanLu, quien, recuerdo, se pasa por aquí para leerme de vez en cuando, un tío grande, dos años y poco ya, que, si está leyendo esto, no se esperará ni de coña aparecer, pero sí, lo ha hecho, porque lo he tenido toda la semana presente. Por Facebook, sabiendo que me leía, y tanto en Facebook como en un Instagram que no uso, publicando una foto y una reflexión sobre un atardecer que yo también pude presenciar, que me llenó de positivismo. Y porque este cabrón que no conoceréis el resto, se ha prestado a escucharme, verme (y verme con el resto de su grupo de Bioquímica, para mí pilares fundamentales) y animarme tantas veces que... madre mía. Nunca se puede conocer a una persona al cien por cien, ni sabré por qué ha pasado, sólo sé que hemos pasado por el mismo proceso y él ya está como yo nunca me imaginaría verme. A JuanLu, de corazón, gracias por figurar ahí.
Alba, otra 'serendipia', te conocí también por una persona, como Pilar, que fue y no fue durante dos años, y con la que pudimos quedar, y verte, hace ya diez meses. Siempre lo digo 'algunas cosas, que se postulan como preciosas, deben 'no ser', para que otras sean'. Fuisteis tú y Pilar, y con eso ya tengo suficiente. Quien no fuese... lástima, y aquí estoy siempre, aun así. A ti, sin embargo, te conocí antes, puede ser que ya roce los 4 años, te conocí cuando me mandabas audios cantando, cuando todavía eras, a ojos de hoy, irreconocible, cuando hablabas de proyectos que hoy son realidades y estabas con personas que hoy son chistes. Y me conociste cuando estaba dudando entre letras, ciencias, Medicina, Física, si irme a Barcelona, casi contigo, si quedarme en Valencia, si pegarme un año sabático... Y estuviste ahí todo el año pasado, con una ruptura ayudando, felicitándome por los exámenes, preguntándome aunque fuese yo quien hablase entre cero y nada, y ahora, en ese 'ayer por mí, hoy por ti', al revés que con Pilar, hoy soy tu médico, escucho tus problemas, que son comunes a los míos, tratando de ayudarte, y me alegro como si de una hermana te tratases, cuando me dices que todo va bien, que le plantas cara, que lo superas, cuando sales en periódicos o la tele precisamente por lo bien que cantas, que el instrumento del ser humano es la voz. Hemos hablado muy esporádicamente a lo largo del tiempo, y sabes de sobra quién me gusta, me deja de gustar, cuándo y cómo, y ojalá poder seguir contándotelo.
Carmen, o debería decir 'Moncho'. Nos hemos distanciado, y es evidente. Comienzas rotaciones en hospitales, tienes tus cosillas encima, la residencia te atribula, en fin... Pero fuiste y eres otra de las 'serendipias', derivadas de conocer a 'esa persona'. Y me quedo contigo. Contigo no son 3 años, ni 4, ya van camino de ser 5. Otro 'hoy por ti, mañana por mí'. Te ayudé en lo que pude, te pasé mis apuntes de Anatomía y te enseñé a aprobarla; cuando yo dudaba de mis éxitos, cuando no daba un duro por aprobar, tú me diste tus apuntes de Histología, tú me hablaste del éxito y del fracaso, tú me dijiste que el primer examen sería mi forma de reafirmarme, tú me ejemplificaste que se puede fracasar y recuperarse, y tú, un 9 de octubre a las 4.30 de la mañana, estabas a toque de corneta cuando te dije 'Moncho, alguien ha sucedido'. En fin, en veintidós días las cosas cambian y te ilusionan cada vez más como pueden dejar de hacerlo en cualquier momento, aunque no haya sucedido y, esperemos, no llegue a suceder. Muchas gracias por haber dejado que, tras meses sin sentir, te diese una chapa de una hora sobre qué creí olvidado y volvió a vivir en mí. Ahora estás liada con 3º, pero ojalá yo pudiese decir que he llegado. Gracias por escucharme, gracias por, a cada examen, preguntarme, gracias por felicitarme en mis fechas importantes, gracias por considerarme tu 'bro', muchas gracias por la que me montaste cuando saqué la matrícula, muchas gracias por relativizarlo todo para que duela menos y en fin, muchas gracias por ser un apoyo externo. Y bueno, enhorabuena por luchar en Bachillerato tras tu trauma, de llegar a Medicina, de llevarme un año con la gorra, y de haberme apoyado cuando me cambié a tu gremio y tantos decesos familiares me llevaron a no ver más allá que un túnel.
Inés, porque estuvimos muy unidos este verano, a pesar de la distancia. También son 3 años los que llevamos hablando, época sí, época también. Has sido la persona más tierna conmigo estos días duros, que siempre me ofrece, porque sabe que estas 'tonterías' me calan, un abrazo a distancia, una maratón de pelis, teatro o libros, leerme cualquier cosa o, igual que entiende mis dudas académicas, hacemos juntos terapia, cuando peor estamos, sobre nuestras dudas, comunes, en nuestros respectivos campos, vidas, esferas y hasta personas tóxicas y, de todo ello, sólo sacamos, semanas o meses después, éxito. La distancia nunca fue buena, ni se puede cambiar un abrazo, leer un cuento o ver películas por Skype, a tener a alguien soldado a ti a tu lado, escuchar su voz o tumbarte y dejar que todo suene, pero sólo por poder tener a alguien con quien hacerlo, aunque no pueda verlo de normal, ya es más que lo que nadie puede ofrecerme. O casi nadie.
Lúa, la chica de Menorca, que me pierde (no en el mejor de los sentidos) por su acento indescifrable y que, a Dios gracias, ya tiene luz en Ciutadella, tras estos temporales. Muchas gracias por haber estado este domingo, que rompió con la tónica del sábado, ahí. Muchas gracias por no hablar por hablar, por abrir conversación siempre que sabes que algo no funciona (que hablo menos, que hablo más escueto, que directamente digo 'algo no va...'), por estar incondicionalmente ahí. Por ser un apoyo externo al otro lado del charco y por ser, tremendamente importante esto, una persona a la que sé que puedo recurrir. Que sé que me presta un minuto, aunque sea, para escucharme, a la semana, y que puedo venir, a las tantas, a decirle 'algo no va, hablamos' y al día siguiente, la hora siguiente, o cuando sea, estará ahí para darme los buenos días, tardes o noches y decirme, con confianza: 'y ahora, desembucha qué coño pasa'.
Enrique, el verdadero bro, que conozco desde 2015 por lo menos, con el que he batallado de la hostia contra todo tipo de seres por Twitter, el que hizo mi 2016 y 2017, el Dios del inglés y las horas muertas, el crítico y el máquina que lleva dentro, por mucho que por fuera le pueda pasar de todo, el máquina que comenzó cuando yo acabé, y que se lo toma todo con filosofía, el tío que me ha metido de nuevo en el gimnasio, en 'La Jaula', con el que paso vídeos chorras, que me menciona a cada segundo con cosas que le recuerdan a mí, al cual veré pronto, si todo va bien, que siempre tiene algo malo que decirme acerca de la dieta o el entrenamiento y que, cuando estoy jodido, tiene unas palabras, poquitas, buenas conmigo y, lo siguiente, son memes para aburrir hasta que me acabo descojonando y olvidando qué me hizo (o quién, estos días atrás) sentir mal. Ese tío que me comparte a Nick Drake 'para que puedas llorar, coño, pero en condiciones, cutre'. Y vaya que si lo he hecho con Pink Moon o Another place, estos días. En fin, un verdadero apoyo, años y años de hablar todos los meses, de seguirnos en todas las redes, de defendernos, de aconsejarnos y, sobre todo, de recibir mensajes cargados hasta la polla de positivismo y de enhorabuenas y, lo más gracioso, de notas de voz partiéndonos el culo de madrugada hasta que despierte a medio vecindario.
Miguel, un amigo con el que puedo contar diariamente, con el que ya son, también, 5 años de instituto, con el que puedo hablar de todas las personas que hay en mi vida y me gustan, quien estos días me ha presentado a más de las que puedo asimilar y lo odio JAJAJA, la única persona a la que espero cuando llega más de cinco y diez minutos tarde, y la única que el domingo fue capaz no ya de sacarme de casa sino, al menos, de hablarme. Cinco, seis años... yo ya no lo sé. Pero unos cuantos. Y cientos de kilómetros al cabo de un cuatrimestre andando de Alameda a Burjassot, entrando a tiendas extrañas, armando cirios por El Carmen, compartiendo frustraciones, un 1º y 2º respectivamente de carrera en el que compartimos el dejarnos dos o tres materias y sacarlas sin saber cómo, el venirte a mi casa y hacer postpartido, el ayudarte también a que dejases relaciones que no te convenían, y ahora ver que tienes una pareja extraordinaria, que te apoya en todo, está siempre ahí, te quiere mucho y, lo mejor, es mutuo. No me corto en decirlo: eres mi mejor amigo. No eres el más serio, pero sí el que mejor me hace sentir. No es que formes parte de mi once inicial, es que nunca te vas a retirar de mi vida.
Edu, otro amigo con el que puedo contar, aunque no sepa muy bien cómo me encuentro, aunque tenga la mente en cuestiones amorosas... En nuestro caso son ya 9 años, tu madre me hizo decantarme por la ciencia, nuestros padres son íntimos, tu casa es la mía, espero que te vaya genial en el plano afectivo, porque le estás echando muchos huevos e ilusión a la persona que quieres, y que siento mucho que nuestros horarios ya no coincidan, ni estemos en Campus similares (en 2017, yo en Burja y tú en la UPV, en 2018, yo en Blasco y tú en Burja...), y que para meternos un alcohol sano por El Carmen o salir a correr mientras hablamos de la vida, siempre estaré. La primera conversación sobre la que, para mí, es 'la persona', la tuve contigo .Y no he tenido más con nadie. Sólo tú sabes cómo está ahora mismo mi vida si bien no cómo me encuentro al respecto, y sólo yo sé cómo está la tuya. Así que me entenderás.
Ahora, vienen créditos más rápidos, de pasada, gente que está ahí, pero menos, y aun así lo sigue haciendo:
Miriam, por llevar ahí 3 años también, por escucharme, por dejar que te aconseje, por confiar tanto en mí que, tras 4 de relación con tu pareja, y a 700 kilómetros, sea el primero que se entere de lo sucedido. Y gracias por apoyarme en mis proyectos. Nos une más que la ciencia.
Claudia, por llevar, tú sí, 4 años, por haberte conocido leyendo en una biblioteca, un sitio más normal, la verdad, por haberte leído mi libro favorito cuando te lo dije, por habernos carteado (en unos días hará 3 años que te debo una carta, pero te fuiste, fugaz, de Zamora), por haber tomado a la ligera una separación con la persona a la que más quería tras más de 2 años y haberme sacado del pozo en nada y menos. Eres un cerebro con patas, y me dejas sin palabras y sin '¿Por qué sí? ¿Por qué no?', sólo tú eres capaz. Y saber que estás más cerca por tu cambio de Uni me motiva a pasarme a verte un día de estos, sólo déjame que el Puente de Diciembre busque alguna excusa para ir al Norte.
Teresa, por aguantarme todo el curso pasado soltando mierda del sistema, porque allá, en Sudamérica, 'tenés' peor el asunto, y cuando me lo cuentas, me entristezco. Por darme conversación a las tantas de la mañana (¡Bendita diferencia horaria!) y por hacerme confesiones nocturnas que ay... Que no me lleven mis carnalitos de Cerro Tololo (Chile) cerca de tu patria, que nos correremos buenas Coronitas por allá.
Alberto, que me metiste en Bioquímica, cabrón, con tu encantamiento de serpientes, ya habiendo pasado casi 3 años, y luego resultaste, meses después de comenzar la relación con 'una chica de Medicina', su mejor amigo desde hace más de 8. Cabrón, que estás en todas partes. Decirte que gracias por tu apoyo, discreto, pero firme, que me alegré de, este año sí, llegar a tiempo a tu cumple y que quiero verte ya de ya en Burjassot para darte tus apuntes de 1º, ¡AHORA QUE TE HAS GRADUADO AAAAAA! y hablar igual que lo hiciésemos cuando chocheé. Fuiste la única persona que me ayudó a salir del gran bache que fue la ruptura.
Isaac, Clàudia, Xavi, Néstor y Luis: a Luis ya lo perdí, y camino voy de hacerlo con Isaac, a pesar de que seamos vecinos y, otrora, mejores amigos de ir a conferencias, monumentos, calles, entrenamientos, la playa... Pero a Xavi lo tengo ahí, en las sombras. A ti, Clàudia, que, medio año después, también resultaste ser, en mi propia carrera, la mejor amiga (¡Se nos han juntado en Bioquímica el mejor amigo y la mejor amiga...!), de mi entonces pareja, que celebramos juntos cumpleaños, que me fui a por fósiles a la otra punta del mundo para traerte uno porque eras mi bióloga favorita, y que te encantaba tocarme el culo porque era lo poco bueno que tenía, JAJAJA, decirte que bueno, estamos más lejanos, pero recuperar contacto y ver que somos cierta familia me reconforta, y que te deseo suerte con tu pareja. A ti, Néstor, decirte que la vida da vueltas, y no te voy a negar que la has cagado. Y que ello ha tenido su moraleja. Pero no todo te ha venido de cara, sino contra ella, ni ha sido justo. Acaban 3 años de relación justo cuando a mí se me ocurre venir a hablarte de las mías... pero sé que cuento para ir a jugar un Munchkin a Benimaclet en cualquier momento, y tú cuentas conmigo para cocernos a cervezas. Ante todo, gracias por haber sido mi compañero de pelarme clases en Bioquímica, por haberme parado los pies cuando todo lo peor me vino junto el año pasado y se me hizo bola, y gracias por ser la puta risa todas las primeras horas.
Y mil gracias a todo lo que no fue, debió 'no ser', para que otras cosas fuesen, sean o vayan a ser (ya me da igual el tiempo verbal que use, estoy demasiado perdido y cansado de escribir):
Muchas gracias a Paula, no olvido haberte conocido de chorra, en una competición a la que no quise ir, principios de 2014, 15 tiernos años. En un debate al que no quise ir. En una red en la que apenas pasaba. Y que ahí empezasen los 2 años que más recuerdo, que me enseñases tanto. A ser la persona por la que más me haya pillado jamás en la vida, a saber gestionarlo, a querer, a desvelarme por alguien, a no irme a dormir hasta que no estuviese bien, a reprenderle por joder su vida sin darse cuenta, a levantarme a las cinco jodidamente mal y que ahí estuvieses tú, en cualquier momento y a cualquier hora, no sé ni cómo lo hacías, tenías palabras para todo, y todas servían, por enseñarme a lidiar con mis enfados (porque, si no, estos días hubiese mandado a la mierda al 99% de gente que conozco), de haberme derrumbado casi al conocerte, de llegar a esperar mensajes como agua de mayo, de preocuparme por ti, y de aprender que las cosas se joden si te importa más el miedo, la inseguridad... que la otra persona. Fueron dos años, seguidos, y pico... Ahora, son casi cinco, pero de otra forma. Nunca te perdonaré que, teniendo yo otra pareja, volvieses para querer retomarlo. Pero, a pesar de ello, te guardo como un listón verdaderamente alto y como la persona más adecuada en el peor de los momentos. No daré con alguien más parecido nunca, pero sí mejor. Sé que vendrás a Valencia, y que a veces me lees. Ya no deseo nada, pero me pasaré cinco minutos a darte un abrazo.
Muchas gracias a María, no olvido que fueses mi primera relación cerrada, seria, verdadera, de ti guardo una caja con recuerdos que abro dos o tres veces al año, poco más. De ti aprendí a sonreír sin excesivo motivo, a cantar, a no cuestionarme todo tanto, a relativizar la mierda, a hacer tremendas locuras por alguien y a aguantar lo que no está escrito solo por amor. De ti aprendí algo que ha salvado a mucha gente que ha venido a posteriori, y que fue estar mal con alguien y, en minutos, horas o segundos, ser capaz de restaurar esa situación. De seguir viendo la persona a la que quieres a pesar de que todo vaya mal. Y también me enseñaste algo por lo que lo dejé contigo, y lo hiciste conmigo, y así se pactó: a saber cuándo dejas de ver con esos ojos a alguien, te invade el miedo y te das cuenta de que todo está muerto. Tú me enseñaste a no continuar mis enfados para salvar relaciones donde primase el cariño, cosa que ha salvado a muchas personas que han venido después, pero también me enseñaste a saber cuándo parar, cosa que está por defenestrar a otras tantas. Fuiste una lujuriosa arma de doble filo, sobre el cual bailé durante mucho tiempo, y sólo por haberme enseñado los dos extremos del amor (que del amor ya se encargó, un año antes, otra persona), te debo agradecer.
Y gracias, como agradecimientos que pasan rápido, por no haber sido, o apenas haberlo hecho, a Cristina, por haberme demostrado que se pilló, por sus regalos, sus dibujos, sus conversaciones, sus birras a cualquier hora... pero por no haber sido el momento. No conjugábamos, y dos metales que se juntan, o se unen para siempre, o se oxidan al poco tiempo. No fue, y ya está. Me alegro de que no hubiese ningún tipo de contacto afectivo, porque así no pude engañarla con falsas esperanzas. Para lo bueno o para lo malo, aprendí a ser directo con alguien y no seguir en algo que no quiero. Pero gracias a ti, tras ello, viví mi mayor periodo de soledad voluntaria y aprendí lo que era la libertad, la tranquilidad y el volver a ser amigo de alguien a quien quieres, pero no funciona. Algo que, creo, sólo me sucederá contigo.
Y a la otra Cristina, por haberme considerado algo más que un amigo, por haberme dejado entrar a su casa sin destrozarla, haberme llevado por toda Valencia durante un año, por haber sido la persona con la que más me reí durante dos, y por haberme presentado a Laura, con quien pasé grandes momentos, pero jamás me planteé, por mucho que quisieses juntarme con ella, una relación, y -ahora lo sé- desgraciadamente lo dejaste con mi mejor amigo. Y a Mariana, porque fuiste la primera persona que se lanzó conmigo, y de esto hará, puede ser, 6 o 7 años, cuando yo era grafito y no diamante, pero pocos lo sabían, pero yo seguía bajo mis altas presiones forjándome, que me enseñaste que no era el patito feo del percal. Y a Miriam, que quisiste ser durante julio y agosto, insistentemente, pero te fuiste para, en septiembre, dar paso a más gente, que me enseñaste que una persona puede ser de tu agrado hasta que comienzas a conocerla, y no te puedes enamorar de todo lo pernicioso, de igual manera en que si expones una relación, y ésta es a tres partes, con familiares o amigos, acceder a ella es suicidarte. Y a Claire, la mejor médica de Montpellier -aunque le resten todavía tres años para ser médecin-, porque me enseñó a tener lo más parecido a una relación, sin serlo, que expone Bonjour Tristesse, libro que ambos conocemos, que me sigue felicitando, si se acuerda, por los aniversarios y que pudo ser a distancia, pero nos enseñamos que, las distancias, si bien son salvables durante meses y el amor mueve muchos kilómetros a las personas, éste último también te hace valorarlas -si es verdadero- tanto, que prefieres verlas con otra persona, por mucho que las aprecies, antes que contigo, sólo porque podrá darle el cuidado y atención continuado que se merece.
Finalizo con esa frase, porque eso es el amor. No iba a hablar de agradecimientos. Os he colado una trola como una casa. Sólo he hablado de por qué estáis en mi vida, por qué os quiero y por qué siento amor, en el sentido mínimo de cariño, o máximo de querer, qué me habéis aportado, y enseñado, cuáles habéis sido mis amores y quiénes estáis siendo las personas de mi cariño. Y por eso, ya que os he embaucado, acabo con la frase que debería haber abierto esta entrada y, sin embargo, la cierra, habiendo motivado todo lo anterior. Es de Bonjour, tristesse, hoy lo acabé, me encanta, porque me ha hecho parar todo en seco, quizá yo corro mucho, voy demasiado lento, me ilusiono fácilmente, me boicoteo a mí mismo o... quizá es ajeno, pero me lo puedo aplicar:
+ Te haces una idea un poco simplista del amor. No consiste en una serie de sensaciones independientes entre sí...
- Pensé que así habían sido todos mis amores. Una emoción súbita ante un rostro, un gesto, un beso... Instantes plenos, sin coherencia, a eso se reducía todo mi recuerdo.
+ Es otra cosa... Un cariño constante, la dulzura, la añoranza... Cosas que tú no puedes entender.
Finalizo, como todas las semanas, con mi 'pronóstico'. Ya he dado mi diagnóstico, mi tratamiento (siempre, siempre, siempre, será 'recordar'), y ahora me queda dar el devenir. En esta ocasión... pronóstico reservado. Porque me lo reservo, y porque lo desconozco. El viernes hubiese dicho la mayor cantidad de personas posibles en ellos, el sábado, los viajes más bonitos, el domingo, no hubiese visto a corto plazo, el lunes, hubiese querido cancelar todo largo plazo montado, ayer, me la hubiese sudado el futuro, y ahora mismo, que estoy a 27 minutos del 1 de noviembre y el reseteo que para mí significa, sólo veo como pronóstico que las cosas vengan, y no haya de ir yo previéndolas. Pero bueno, como he previsto unas cuantas, para mí y quien se una, estaré aquí, estudiando Epidemiología, Psicología y Ética para vertebrar 15 de los 32 créditos de fácil aprobado de este cuatri, y acabarlos antes de que terminemos la materia para así ir sobrado, y la semana que viene comenzaré con el núcleo duro (Histología - Fisiología - Neuroanatomía), todas ellas, más o menos, comenzadas. Estudiaré, y lo sacaré. No sé quiénes invertís en mí, pero por vosotros, nadie, o quizá alguno o alguna, lo sacaré. También iré a las dos conferencias que tengo programadas, para las que reservé a mansalva, a todos los conciertos programados, a todos los monumentos que quiero ir, aunque sea por mi propio pie, y seguiré con mi idea de fugarme unos días en diciembre en un viaje a la alta montaña. Bueno, y si me sigue leyendo alguien, que no estoy en WhatsApp. Estoy en la vida real. No puedo decidir lo que cada día cambia, no puedo contar con lo que unos días se difumina y otros se hace claro, porque una persona, que falleció, me dijo -a título póstumo-: 'lucha, las cosas que valen la pena, cuestan'.
Sé que esto contrasta con mi visión del 8 de septiembre, triste ante todo, o con aquella entrada de 'Gusanos del mundo', que tanto defendí entre 2015 y 2016. Pero, a 23.17 horas me ha dado por coger el portátil y escribir. Demasiadas emociones después de demasiadas coincidencias, que me gusta plasmar. No soy de los que piensa que todo está decidido, pero sí de los que piensa que hay casualidades tan exageradas que tiene que ser demasiado puñetero el espacio y el tiempo para ponértelas tan cerca. Suena 'Holy Pictures', de David Holmes, si podéis, echad una leída a su letra, y disfrutadla. La entrada no va de otra cosa. Un abrazo.
No estaba siendo mi mejor día, aunque sí de los más productivos. Entrenar, comprar unos regalos, pasar unos pocos apuntes, leer una partitura... vamos, típica mañana que rellenar. Una siesta, conversaciones puntuales, un poco de fútbol por aquí, un poco de risas por allá... Lo que constituye un día feliz y, por tanto, normal para mí. La noche me ha llevado, por rebote, al pasado. Hoy escribía una carta que irá a muy lejos, y me ha dado por pensar en cartas que escribí en un pasado. Hoy escuchaba a Skoog tras tanto tiempo, y me ha dado por pensar la primera vez que me lo puse, mayo de 2017. Y hoy encontraba fotos de mis abuelos, fechadas en los 50, en Palma, en Pisa, en Valencia, justo por donde paseaba hace unos días... Y me ha dado por hacer el triplete, el hat-trick. Buscar la 'caja de los recuerdos', abrir Spotify y ponerme a Skoog y, sorpresa, no ponerme a mirar fotos, pero sí que, de la nada, me contactase un familiar lejano de otro país a pasarme sus datos sobre esa rama familiar. Me ha parecido recordar que ayer escribía eso de que la vida te podía cambiar en un instante de la nada, y me gustaría profundizar. No tengo gran cosa que hacer, me reservo para las próximas noches y quiero tener un tiempo para seguir creciendo anímicamente.
Y he visto que entre unas fotos familiares, una caja de recuerdos personales y una pieza musical, hay un vínculo en común tremendamente grande como es el amor, y sobre el que no suelo hablar directamente. A veces porque no lo siento, otras tantas porque pienso que es una de las dimensiones más íntimas de la persona y sólo pueden entenderlo quienes lo viven. En todo caso, esta vez es porque ronda mi mente de forma difusa, pero estoy en una etapa muchísimo anterior a todo ello, que ya me queda lejano en el tiempo y que sólo dos personas han recibido por mi parte; estoy, pues, un peldaño por debajo, pero sintiendo el vértigo de todos los subidos. No me extiendo en esto. Al grano: el vínculo común. El amor, pero, ante todo, las historias de la vida. La disección que quiero hacer hoy, igual que ya describí la anatomía de mi semana ayer, cuando ni tan siquiera había acabado, porque me nacía.
He cogido esa foto, mis abuelos, con mi padre. Mis abuelos, por Alameda. Mis abuelos y tíos, sin mi padre todavía, en Palma. He leído, con avidez, al señor francés que me iba pasando datos y datos sin acabar, un señor que, justo el día en que, hace poco más de dos meses, casi fallece mi padre y puedo decir, con total orgullo, que salvarlo fue la mejor oportunidad que me ha dado el destino de estar en el tiempo y el lugar correcto, y que ya pagué la deuda de que me diesen la vida, restaurando la de quien lo hizo, tuvo a bien escribirme. Van saliendo datos, familiares, se suben generaciones, siglos, lugares, surgen partidas de la Guerra Civil, y pienso en la teleología, en lo fácil que es dar lugar a la vida, pero lo enormemente difícil que ha sido que nos juntemos el que escribe esto y quien lo esté leyendo ahora mismo, para compartirlo. Cuánta gente ha tenido que fallecer, pelear, ser y, por desgracia, y recordad esto: 'no ser', para que estemos aquí. Veo las imágenes, pienso en las de cuánta gente seguiré estando, habré aparecido, queriéndolo o sin quererlo, pienso en cuánta gente nos ha ido dejando, voy tapando con tristeza caras de quienes nos fueron dejando, hasta que en algunas imágenes no quedan, ni tan siquiera, supervivientes. Las fotos nunca dejarán de parecerme preciosas; son un arma dolorosa, porque te recuerda la gente a la que quieres, querías, quisiste, nunca a la que querrás, y todos los momentos buenos que sucedieron o podrían haber sucedido, pero nunca los que suceden, o sucederán. Quizá porque es lo único inmortal que existe, y cambiaríamos que éstas no existiesen, para que siguiesen haciéndolo quienes en ellas aparecen. Quizá porque te recuerdan que en un futuro tú serás el objeto de recuerdo de cualquiera cuando vea tu foto, quizá en un futuro tú fallecerás y serás inmortal sólo en un papel. Pero ese arma también es de doble filo, por otra parte te da la vida a ti, y al resto, te 'mortalizan' en días en los que, simplemente, no estás. Te ponen los pies en el suelo. Me meto en la imagen, mi abuela, ya hace cinco años fallecida en un día en que se pudo despedir de mí, sin que nadie lo esperase, recordándome lo grande, mayor y guapo (abuela, aquí te equivocabas, pero te sigo queriendo igual, o más) que estaba, aquella que todavía dejó cálida y húmeda mi mejilla derecha tras su último beso, y sonríe ahí, feliz, sujetando a mi padre. Y sigue sonriendo en otras fotos en su casa, que consiguió tras 50 años de trabajo, y habiendo venido de una cueva, justo al lado de donde yo ahora estudio Medicina. Y veo una foto de ellos sonrientes al llegar a Valencia, paseando por la Alameda sobre la que yo corría sin preocupación hoy, justo al llegar, sobre los cincuenta, mientras sonreían, cuando, sin dinero ni pertenencias, tras la Guerra, decidieron que se mudarían al sitio al que llevase el próximo tren que saliese. Y tocó Valencia. Después vendría el de Madrid, y por eso estoy aquí. Y vi a mi tío, el mayor, el que nos dejó, dentro de tres semanas hará tres años. El pequeñín que bautiza a mi padre, que pelea con mi otro tío, que sale construyendo el Mestalla, y que un día pasó de decir 'te quiero' y 'te has hecho todo un hombre' cuando fui a verlo al hospital por una insignificante complicación y a los dos días fui el primero en verlo fallecer, pensando que ahí dentro estaban, sin locutor, ya sin sentido y ya, precisamente, sin nadie que pudiese vivirlas, ni contarlas, setenta años de vivencias únicas, irrepetibles, que ahora sólo hablaban en fotos. Años y años de niño llevándome a pasear al río, comprándome juguetes y enseñándome el deporte del atletismo ya estaban en imágenes, en mi memoria y en todo cuanto había hecho de mí. Yo llevaba su legado.
Y pienso en la primera reflexión de la noche. Todo cuanto estuvo vivo se puede relacionar con la vida, aunque no la tenga. Y a veces, recordar lo inerte te la puede llegar a devolver. Me siento mal a ratos, ¿qué motivos tengo? Voy a coger las fotos y a salir de dudas. ¿Estudio? Sí. Mis tíos no pudieron, mis abuelos tampoco, mis padres... por poco. Y han seguido adelante, y han tenido grandes trabajos, y han sido felices; y han soñado con tener lo que yo creo una pesadilla. ¿Tengo techo? Sí. Mi familia no pudo tenerlo al llegar, durmió al lado de donde hoy estudio. Sí, su escuela era la calle y su casa el lugar que a día de hoy constituye mi escuela. ¿Tengo motivos para correr? Mientras lo hago por la Alameda, pienso en que, sin nada, mi familia andaba por allí. Días antes, había sido pasto de una inundación que dejó centenares de muertos. ¿Qué importaba la pobreza? La muerte no discrimina entre rico y pobre, sí lo hace la suerte. ¿Tengo motivos para desechar la vida y, mucho menos, hacerlo porque no haya nadie? Aquel que meses atrás jugaba con uno de los bebés de la familia no tenía pareja, posaba, mirando a cámara (ahora, parece que me mira a mí, invitándome a vivir) con su mejor sonrisa, seguía tirando, no se preguntaba por qué, para qué o para quién. Tres meses después moriría. Extraigo otra reflexión, pero no a colación de esto, sino de lo que viene, quizá mi mayor apertura desde que recuerde: cuando pienses que no tengas nada, cero, te encuentres sin fondos: juégatelo todo. Hipoteca tu vida. Invierte; en personas, en gente, en un proyecto. ¿Cuántas veces has creído que eras demasiado poco para cualquiera, o que no tenías suficientes fuerzas para comenzar algo, lo que fuese, y realmente la otra persona ha pensado lo mismo que tú, o te has dado cuenta de que, quizá, lo otro -lo que fuese- no te quedaba tan grande? ¿Cuántas veces, por no ser feliz, te has negado la razón de tu felicidad? La clave reside en invertir. Si tienes cero felicidad, ganas, recursos emocionales, da lo que no tienes, métete si ves que el riesgo es casi tan grande como el beneficio aunque las probabilidades de conseguirlo sean bajas, aunque parezca que no obtienes rédito, que te mina, que no llegas... cuando lo haga recibirás lo dado y todos sus múltiplos, todos sus intereses. La única forma de ganar es dando lo que no se tiene a cambio de que el tiempo haga el resto: invirtiendo. ¿Cuántas veces has creído que estabas mal, y has seguido tirando, sin fuerzas ni ganas, y has triunfado? Invertiste en un fondo perdido y resulta que acabó dando sus frutos. ¿Cuántas veces has dado algo por muerto, ha cambiado el panorama y ha revivido? Invertiste en un fondo perdido y acabaste recogiendo tu inversión y todos los beneficios que te reportó la otra parte, y que tú le reportaste. Ahora, pasemos a la imagen. ¿No invertían en vida aquellos que, sin dinero, se lanzaron a un tren y a tener a sus hijos y, ahora, honrando su memoria, sus nietos y biznietos? ¿No invertía en vida aquel que, con cero de pareja y cero de ganas de vivirla, seguía sonriendo para hacer feliz a los niños, dejar toneladas de recuerdos y, ahora mismo, lágrimas en los ojos de sus sobrinos cuando lo recuerdan, y años y años de felicidad e infancia? ¿No invertían en vida aquellos que, con cero dinero, techo e integración, a día de hoy han dejado estabilidad, techo, comida y vida a sus hijos y han hecho que sus nietos puedan disfrutar de todo lo que les faltó? Ellos no pudieron disfrutar de nada, pero hipotecaron su vida y lo que no pudieron disfrutar para, medio siglo después, fallecer disfrutando mientras veían cómo, gracias a esa inversión, las siguientes generaciones sí que pudieron gozarlo. ¿Y qué gozo hay mayor que el de quien puede ver a quien quiere triunfar con él? Pasemos a otra. Pasemos a lo que más me hubiese costado recordar en un pasado, sobre lo que nunca quise escribir directamente, sobre lo que hace diez meses que no cogía, releía o revivía, lo inédito, el Fran sin explícito, al desnudo. Pasemos al verdadero núcleo duro.
El segundo elemento de la noche. La 'caja de los recuerdos'. Allá donde fue a parar todo lo que sucedió entre noviembre de 2016 y diciembre de 2017. Trece meses. Un primer texto en la revista de Medicina, sin que yo supiese que llevaba destinatario, tras el que hay la semilla de una tierra baldía. Un primer poema. Una felicitación por mi 19 cumpleaños, tras la cual se adjuntaba una foto de la Nit del Foc, una carta por mi 19 cumpleaños, dentro de la cual iba un libro, otra del 8 de abril, de la que sólo recuerdo el beso que la precedió, y del 11, y del 15, del 19, del 21, de los que ya me acuerdo menos, por no decir nada... y otra del 21 de mayo, y otra del 26, donde va un aniversario, donde se pide una mano, y del 15 de junio, y del 1 de agosto, y del 25 al 30 de julio, un libro de León Felipe dedicado a un mes sin vernos, con un poema por día, una Vía Láctea, un biombo de Benjamin Lacombe a acuarela para cubrir una casa dentro de la cual habitan los recuerdos de una persona huérfana, Le Petit Prince, confesiones, palabras dichas sin decir, una foto con '1 de mayo' al dorso, una carta fechada en el 4 de junio, dentro de un marco en el que salimos ambos, pintados al óleo, antes de hacer una PAU donde mi mayor motivación fue compartir sitio y tras la cual ahora puedo decir que son un 17% médico. Una cena mirando hacia el río y Serranos. Una partida al F1 2006. Al The Stanley Parable. Un atardecer en Nàquera. Correr 10 kilómetros de punta a punta de la ciudad por desearle suerte, y verla. Un castillo. Una piscina iluminada. Un dúo de 'Hay Amores', de Shakira, a guitarra. Una noche entera viendo las estrellas, al raso. Una tarde cuidando de la otra persona, enferma, mientras leo a Borges, y se duerme en brazos ('porque en noches como esta...', y ya cada uno que lo siga). Y días de arrimar el hombro para que sirva de pañuelo. Días de consolar. Noches de sentarse en cualquier sitio para que la otra parte pueda desahogarse. Tardes de explorar la montaña. Noches en las que el día parece querer correr más de la cuenta para que se acaben. Días de seminarios en los que diez minutos de llamada valen más que dos horas de lección. Días de tener el molde de sus labios sobre los tuyos y, a la vez, extrañar la sensación. Una imagen revelada, agujereada por la cantidad de sitios distintos en los que se colgó de una chincheta, una pareja, en familia, celebrando un cumpleaños, una sonrisa que esbozo, en plena tristeza, en un día malo, sólo porque en el futuro eso se pueda recordar por la otra persona positivamente cuando la coja, como un gran día, cuando se tome ese recuerdo, inmortal, como cualquiera lo hará cuando yo falte, un señor de camisa negra tomando por la cintura a una persona de vestido azul, mientras sonríe ajeno a todo. Una foto en una piscina, mientras diluvia, después de ponerme un bañador y lanzarme, sin pensarlo al agua, tras haber estado una tarde en la cama llorando por no ser feliz y haberme dado cuenta que la razón de mi felicidad estaba sin mí, y que tampoco estaba siéndolo por mi culpa. Una foto, no sé quién la tomaría, en un balancín, abrazados, torrado después de pasarme una noche preparando regalos, después de haber subido del chapuzón bajo el diluvio, todo lo que sucedió por haber invertido en pasar una tarde en compañía aunque mis ganas ascendían a cero. Una foto en una convivencia, en Alborache, data del 23 de septiembre. Un dúo a capela cantando el 'Cielito Lindo'. Que la vida va de eso: canta y no llores. Una carta del 19 de septiembre, otra del 19 de octubre. Una caja de música que toca el Danubio Azul, símbolo del amor para los húngaros, y un libro de Astronomía en checoslovaco dentro del cual una perfecta caligrafía me invita a volver allá, pero en compañía, a ver un Danubio Azul. Un par de fotos. Una carta de ruptura que lancé al mar y que tiene la banda sonora de Waves from a distance, el libro de Opus Nigrum... Palabras que vuelan, se las lleva el viento, pero a veces el viento vuelve a soplar a cau d'orella.
Quien haya llegado hasta aquí dirá: 'no la has superado'. 'La quieres'. 'Ha pasado tiempo, y ahora lo sacas a relucir'. Quien haya llegado hasta aquí no entiende nada. Todo ha sido un juego, y me gusta que hayáis caído. No se sabe que acabo de revelar el contenido de la caja, pero no el continente. No he modalizado, no he dicho 'la quiero', 'lo quiero', 'lo recuerdo con añoranza'. No he hecho juicios de valor. Sólo he expuesto. Lo único que importa de todo eso es dónde están contenidos, y no, no es la caja. Es mi capacidad de querer. Esa caja no encierra una relación. No encierra un año de mi vida. Me encierra a mí. Encierra mi capacidad de querer, y haber amado, y mi aprendizaje de todo ello mismo. Encierra los momentos que ya pasaron y las emociones que recuerdo (sin recordar a la otra persona) porque lo que ha quedado de todo ello y, por tanto, es la esencia de este escrito, es la capacidad de querer. No ha muerto. No se ha desaprendido. Volved a los primeros párrafos. Lo he puesto en una negrita: 'cuánta gente ha tenido que no-ser para que estemos aquí'. Sí, muchos de nosotros estamos aquí porque otras relaciones fracasaron, pero no lo hizo la capacidad de amar, y ésta venció, prevaleció y fruto de la misma surgimos nosotros. Esto ha tenido que suceder para enseñarme la lección del querer, no olvidarla jamás, y ponerla en práctica con la persona que sí haya de ser. No, no añoro ni echo en falta a la persona, ni al momento, esto no es, como diría El Principito, una rosa que quiero por el tiempo que pasé con ella más que por su condición. No. Sólo recuerdo, y me recuerdo, que sigo siendo capaz de repetir, de que, a riesgo de volver a joderla, soy incapaz de aprender nada, ni tan siquiera a comedirme, a 'mesurarme', a ir con cautela, a que otra persona pague ningún plato roto. Vamos, que volvería a repetir todo esto, ¡y más! Todo acabó mal, incluso por parte ajena se quiso volver a juntar (¡Por Dios, no!), otros me pidieron perdón, al final me llevé bien con todas las partes... no guardo odio, ni rencor, todo fue como debió ser para que yo esté aquí tan curtido en esto.
No es añoranza, es pararme, recordar esos momentos y ver que he aprendido tanto que por eso no he querido aprender nada, y he seguido conservando la capacidad de hacer locuras dentro de la cordura por alguien, y no ya de invertir, sino de doblar la apuesta JAJAJA, de volver a coger una guitarra y cantar, de volver a pagar 100 euros por ver la Vía Láctea dos noches desde el mejor de los sitios, de volver a correr hasta Dios sepa dónde por ver en un momento crucial a la otra persona, de subir hasta el monte más alto para contemplar las vistas, de madrugar para ver a un día nacer y ponerse, de volver a coger una pluma o un bolígrafo y escribir un poema que ahora estará en un cajón ajeno, sin copia, a título póstumo, de hacerme una foto que quede para siempre, de ponerme un bañador en plena tormenta y salir a nadar, de estar tan muerto que me caiga en un balancín a modo de almohada, de ser un pilar sobre el que se pueden apoyar, y llorar, de ser útil para la otra persona, de ayudarla a salir de una depresión, aunque se me pague, precisamente, dejándoseme. Y quiero extraer la cuarta reflexión de la noche: y de volver a ser capaz de sentirme vivo y 'dador' de vida, y -ante todo- la capacidad de ser distinto para cada persona. De hacer esto con una, y esto y mucho más con cualquier otra, de tener la capacidad de seguir innovando más, y sorprendiendo más, yendo a sitios nuevos, con rutas nuevas, viajes nuevos, con estudios nuevos, momentos nuevos, actividades nuevas, letras nuevas, sorpresas nuevas... y siendo distinto con todas las personas que conozco, con todas a las que tengo afecto, las que tengo cariño, las que puedo querer y las que, seguro, alguna que otra más, algún día, querré, de igual manera que siempre soy igual con todos, pero me adapto a las personas y les dejo ver tanto lo bueno como lo malo de mí, pero pongo a su disposición lo que más les puede gustar, servir y ayudar, para que cojan cuanto quieran. La capacidad de ir siendo cada vez más y más, y que el contenido de la caja me guarde a mí, pero guarde sólo la parte de mí que di a una de las personas que hubo en mi vida, y en un futuro haya otra caja donde se vayan acumulando todavía más trozos, y más surtidos, míos: la capacidad de seguir aprendiendo a querer, mejorando en el querer y recordando estos momentos por lo que he sido capaz de ser y resultar, y no por lo que algo fue y resultó. Esto es un ejemplo, una muestra, una beta.
Resumo dos horas de escritura (son las 01.40) en dos párrafos: ¿En qué se relacionan fotos antiguas con una caja de cartas y recuerdos nuevos, una persona que se fue sin nada y tantas historias contadas, y qué pinto yo ahí? En que todos dieron por ellos lo que no tenían para sí mismos, todos aprendieron gracias a la vida, todos fueron avanzando etapa tras etapa, con las dudas de su época (estudios uno, trabajo otros, supervivencia algunos otros...), y todos lo hicieron con un fin único: el de aprender. A querer, a ser útil, a desempeñarse... y el de culminarlo con la unión con la persona que tuvo el bien de recoger todos los frutos de una vida de trabajo, estudios y aprendizaje del amor, y la recogida del fruto: descendientes que en un futuro los recordasen, tomasen sus fotos, y los leyesen. El final del párrafo es el principio: todo esto por lo que me preocupo y lucho es por lo que otros lo hicieron para que estuviese aquí y, por tanto, es por lo que, en un futuro, alguien podrá decir de mí que está aquí.
¿Qué son mis estudios? Una de las primeras paradas de esta larga línea, la vida. ¿Para qué avanzo? Para crear una nueva estación. ¿Y si no funciona, y si no hay culmen? Una sonrisa tuya, a título póstumo, se reflejará en las lágrimas de tus familiares cuando la vean, y te recordarán que no hace falta demostrar tu amor para que cale en el resto, ni demostrar tus capacidades para que el resto las adquiera, y que no hace falta hacer ruido para seguir resonando en las mentes de todos. Se puede no dejar nada nuevo en la Tierra y, sin embargo, nunca irse de ella.Queridos... que no hay camino, se hace camino al andar, y que es tan corta la vida, y tan largo el oficio de vivir, que cuando uno lo aprende, ¡se tiene que ir!
Nos vemos, os dejo con la canción cuya letra, melodía y mensaje global más me gustan, y que define esa capacidad, la de querer, la de superarse, la de amar y la de superar metas y etapas de la vida para poder seguir viviendo y llegar a conseguir el fin último como persona. ¿Su nombre? Curiosamente, Holy Pictures. Abrazos, nos leemos en otro rato.
Primera vez que escribo desde la Universidad. Mentira, desde esta Facultad. Llevaba sin escribir desde abril, o junio. Desde que quise, desde el punto álgido de mi amor, desde que escribir no era sino lo que reservaba para una única persona. Ar' vei qu'em vingut als jorns loncs, como diría tal trovador.
Cojo libreta, ya macerada por los últimos apuntes de Biología y Anatomía, tocando el tema 30, últimas letras de una asignatura que muere para siempre, al menos en clase, aunque no en mi cabeza, que tiene que procesarla. Músculos craneales y faciales, la apoptosis celular... Muerte. Cabeza. Qué buenos pensamientos. Y no queriendo ir a clase de Bioquímica para repetir anodinamente los lípidos, me escaqueo de 10 a 12. Y escribo, escribo a líneas, ni tan siquiera a párrafos. Ideas fugaces. Que resumen mi año brevemente y que ya desarrollaré cuando toque. Y publico. Publico para sacarlas de dentro, de dónde si no, y sobre todo, porque ya no las lee nadie.
Puedo afirmar, que no creer, en que ha sido el año del 'oxímoron', palabra que usé siempre hasta el hartazgo, palabra que descubrí a alguna que otra persona este año, palabra que, en sí misma, encierra la enjundia de la vida, del paso del tiempo, de las paradojas que le dan sentido, y quién sabe si también dirección.
Ha sido el año de abrir una libreta, un 1 de enero, a las doce y pico, y escribir de forma apasionada y apasionante propósitos que me juraba que no se cumplirían, de lo más descabellados. Un 'tendré novia' y un 'volveré a mi sitio', que se acaban cumpliendo, y quién me iba a decir que juntos: ir a mi sitio y hacerlo con mi novia.
Un año de cambios, de hablar con alguien de su cumpleaños y de los viajes que haríamos en verano, y acabar viajando juntos para celebrar el suyo.
Un año de que todo sea posible. Para bien y para mal. El oxímoron, el contraste. Que una relación comience con un beso el mismo día que termina por la negación de este. Que paradójicamente lo haga en la acera de enfrente. Hello from the other side. A los 7 meses. 7, el supuesto número de la suerte. 13, el supuesto número de la mala suerte, el que marca los familiares que somos este año más, con mis primos, sus parejas y mis primos segundos.
Un año de negarse a romper la zona de confort, y que sin embargo esta al final te rompa, que vuelvas a festivales, te metas en veinticinco movidas que recuerdes a cada cual todavía mejor, que aprendas a lidiar con todo, y si no, que lidie contigo. Un año de abandonar la casa, de abandonarse y recuperarse, como haría con la cordura. Un año.
Un año de aprender que no hay nada definitivo, que nada sucede si dos no quieren. Los amores florecen, reverdecen. O eso se dice. O eso te dicen. O eso te dices. No sé. Mueren, y punto. Pocas cosas que mueran renacen, salvo si somos células madre del afecto, y creamos amor donde hay vacío, donde hay relaciones tumefactas. Y el año son días, y los amores, son amores de tus días. Sí, ha sido el año de aprender que no hay nada definitivo por eso, tristemente. Que la gente quiere, y deja de querer, no ya cerca, sino de saber de ti, y debes respetarlo aunque no sea lo más respetuoso, que no respetable. Y eso no puede hacer que quieras o dejes de querer a alguien. Nunca dejaré de querer por cómo se me trate, sino, en todo caso, porque la persona deje de hacerme aflorar emoción alguna.
Sí, este año he aprendido eso último. 'Me preocupa el día en que te mire y no sienta nada'. Podría aplicarlo a absolutamente todo el mundo, y es una lección que la persona que lo ha copado me ha enseñado. Maestra de vida. Aprendiz de todo.
Y también ha sido un año de aprender a ya no aceptar, ni tan siquiera a esperar. Solo a PERSEVERAR. Porque todo lo bueno empieza por per-. Desde unas Perseidas, hasta la perseverancia. Incluso la perfidia, del mercenario que cambia de bando en una guerra. Solo perseverar. Todo vuelve si vale la pena. Porque cuesta. Y si no cuesta, y no vuelve, es que no vale la pena. Pero sólo el tiempo actúa. Tú no tienes papel alguno.
Sí, ha sido ese año, el de 'Lucha, las cosas que valen la pena cuestan'. Debo devolver ese libro a quien pertoque, no es mío, no es ni tan siquiera, por desgracia, de quien escribió a lo largo de sus hojas, para que una persona se detuviese a leerlas. Ni tan siquiera esa persona era yo. Pero mis ojos no quieren despegarse de la frase que ha marcado su año. Gracias a esa persona por haber puesto a su mayor logro filial ante mis narices, y porque ésta haya puesto su confianza en mí y por tanto su libro en mis manos. A lo mejor hay accidentes que no tienen que suceder, y más posiblemente este fuese uno de ellos, pero ha sido un bendito accidente.
También ha sido el año de creerse maduro porque en comparación con el previo uno se cree el dueño de la verdad absoluta una vez ha atravesado 500 experiencias nuevas. Pero no importan los males vividos si siempre han sido los mismos. ¿Has vivido el amor? No. Pues toma, vívelo, cómete o no un chasco, y añade la experiencia del amor y la del desamor. A nuevas enfermedades, nuevas inmunidades. Y has madurado como nadie.
Y has madurado porque también han sido las primeras veces. Amor. Tonteo. Pasión. Desboque. God's whisper. Devil's whisper. Sexo. Todo se resume en fundirse con la persona a la que se quiere, y lo has hecho por primera vez. Fundidos, uno dentro del otro. O de una cama, durmiendo, juntos, custodiando sueños. En el mayor de los estados de indefensión, porque te sientes seguro. Trust and lust. Y se me olvidan los abrazos, el kintsugi del alma, la risa, el enlace covalente entre dos personas, la felicidad, algo que no tiene que regir tu vida. Que tu vida no sea 100% felicidad, sino felicidad al 100%, mientras dure.
Calidad, no cantidad. No abarques, Fran, aprieta, fuerte. La felicidad que se posa sobre un puente viendo un castillo en fallas, y se va. Pero te deja durante seis meses el regusto hasta que lloras,y sabes que no puedes perseguirla, que tiene que volver. Y no vuelve, pero sabes que lo hará, y lo hará en 2018, y no sabes qué te susurrará, y a quién traerá, pero sabes que lo hará, y dispones a todo tu equipo en sus posiciones para vivir. A todas tus capacidades afectivas para que esta vez sí, todo salga bien con quien venga. Tu experiencia como táctica. Y tu capacidad como técnica. Skill doesn't kill.
Ha sido otro año de ver que cuando lo que más quieres te abandona, ahí queda la familia. El año de la familia, que ha seguido luchando por mí, intentando hacerme recapacitar en muchas cosas cuando seguía obnubilado por mundos que solo existían en mi cabeza. El año de nuevos miembros, bebés, percances, de superar las adversidades, pero solo con la ayuda grupal. De morir y salir a matar. De ser una institución, sí, pero a su propio servicio. De llamadas de madrugada para consolarme, de almuerzos para hacerme olvidar, para hacerme ver bonito lo horroroso. Y devolvérselo, devolver todo ese cariño en forma de cuidar a los pequeños, a los mayores, de acompañar en el duelo, y de volver otro año más a honrar, tumba por tumba a los caídos. Antonio, eres eterno.
El año de tener apoyo en mi mayor decisión, la de dejar Bioquímica, aunque ese apoyo 'se resquebrajase', aunque 'no pudiese con mi mochila'. El momento durará por y para siempre y la ayuda no la olvidaré ni dejaré de agradecer jamás. Porque sí, fue el año de jurarme aguantar en Bioquímica y que la Medicina fuese quien me aguantase hasta el último día para que me inscribiese en las PAU. Para firmar, Under OATH, el juramente Hipocrático. Solo UNA buena, de INFINITAS oportunidades. Otro lema de este año que grabaré a fuego.
El año, sí, el año de recordar sin que duela. De querer saber aunque mate. Porque si el mayor desprecio es no hacer aprecio, yo puedo añadir a quien me lo diga que no ofende quien quiere, sino quien puede. Y no me sentiré jamás ofendido por nada ni nadie.
Y el año, el año que bauticé como 'tempus fugit' y que sin embargo me muestra que hay mucho tiempo, y lo bueno está por llegar. (Hago una pausa, saludo a mi mejor amiga del B, acaba de llegar, ¿será quizá una bonita coincidencia? Ojalá).
El año de dolerse más por los porqués que por los motivos que tengo, porque no acepto las cosas que no tengan un motivo, porque soy una persona que siempre quiso saber el porqué de las cosas, que siempre quiso poner solución a todos los problemas, y cuando algo se 'soluciona' por una parte que no explica las cosas, no sé reaccionar. Sí. Bueno, espontáneamente. Gracias a energía. Que no sé sublimar. Poco a poco lo hará de nuevo, de gas a sólido, cristalizará. Que nadie rompa esa pátina.
El año de ansiedad que deviene en ansias, de lo malo que deviene en lo bueno. El año en que paso, véis, nueve meses con una persona. De gestación emocional, de pedir que escriban conmigo, paso a lanzar a esos familiares, amores, amigos, desamores y otras lides, que vengan en 2018, un imperativo: sois mi equipo, y si queréis formar parte de él, no os lo preguntaré, no preguntaré si queréis escribir conmigo, pasar un año conmigo, lo afirmaré, y lo ordenaré: VIVID EL AÑO CONMIGO. Os quiero aquí otro más. ¿Os venís? Yo ya estoy. La gestación, nacer el amor, madurar, complicarse, desarrollarse, hacerse adulto, ir envejeciendo a partir de Alborache, y morir a manos de gritos ahogados y explicaciones que nadie dio a gritos. ¿Veis el oxímoron? No sé a quién me refiero, voy a ir acabando. 11:41.
El año de los Crystal Express, del que ya han pasado, casi, 270 trenes, y ninguna parada se repitió, el año de los besos en los semáforos, el año de los viajes por todos lados, del City of Stars, de la Vía Láctea, de 'desde los 19 hasta los 91', aunque 91 fuesen los días que llevábamos, curiosamente, juntos, de prometer mucho y no demostrarlo, de la cerrazón, de incomunicación, de querer decir mucho y no decir nada, de soltar palabras y no hablar, de esperar a que todo se solucione porque no hay que decir nada, nadie es quién para hacerlo, y luego nadie es quién para nadie en este juego cuando finaliza.
Pero, ¿sabéis qué? Que es un año que volvería a vivir. Con la misma persona, con los mismos momentos, sin cambiar nada (bueno, si se pudiese... y no fuese omnisciente, repito, porque acepto ya todo cuanto sucede... sí). Un año del que no me arrepiento. Qué cojones, de los mejores tres años que he vivido, ninguno igual en el último lustro.
Pero, de nuevo, redundo, ¿sabéis qué? Que reviviría 2017, pero solo para hacer tiempo hasta que 2018 empezase. Que 2018 es un año que quiero vivir, de principio a fin, que quiero cumplir todos mis propósitos, que lo voy a hacer, que seguro, me va a sorprender, que lo va a tener todo, y a todo el mundo, sea en la forma que sea.
Y va a ser el año que dure de principio a fin como está transcurriendo este último mes, este diciembre, con olvido, con perdón, con mis amigos y familiares al lado, y abierto a todo y a todos. No cierro puertas ni tan siquiera a la amistad. El rencor, el querer olvidar... solo llevan a una cosa, al odio y al recuerdo. Y no quiero ni olvidar, ni recordar. Ni sentir odio, ni sentir que me odian. Solo quiero mantener en mi memoria y en mi vida, y solo quiero querer.
Por último, como siempre, siempre, siempre, hago, concluyo con algo potente, como una mascletà, un castillo, un golpe seco, una crochet en el pómulo, un último sprint tras el que te coronas como campeón, una frase final que deja seco a la otra persona. Lo que más pasional os parezca. Mi frase, mi guinda.
Tú, que lees esto. Tú, que puedes haber llegado hasta aquí, tu creencia (nadie, la teleología, el azar, el cosmos, Dios, Alá...) sabrá cómo, porque escapa a todos nosotros.
¡VENTE A VIVIR 2018 CONMIGO!
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Pd: estaré unas semanas casi incomunicado por rotura del teléfono móvil. Os felicitaré de una u otra manera. Os buscaré por Burjassot, por Blasco, iré a veros, vendréis a mi casa... Cada uno a su manera, pero recibirá mi orden de vivir conmigo.
Buenos mediodías. Enfilo hacia la planta baja, no sin cruzar saludo con mis amigos que suben ahora, saludo al B y al V, y para casa, a plasmar estas líneas. Tempus fugit.
Vuelvo. Esta vez en lenguaje críptico. Infinitas palabras, encuentra la exacta. Solo hay una. Tenía una poesía, pero como seguramente no me pase por aquí en bastante tiempo, tendré a mal ponerla en mis horas muertas.
Será noche cerrada, por la Luna de Valencia. Caído el Sol, se alzan los puentes de mi alcazaba y no permito que sea penetrada. No más injerencias por hoy; ahora toca situar en su interior a todos cuantos han tenido a bien entrar en ella. Volvería a casa, tocado y hundido físicamente, pero la cabeza me pide pensar, se oyen mirlos a lo lejos y no me hallo muy lejos de mi lugar, esta vez ni verde ni gris, sino rosa y violeta, lleno de flores, bruñido por un Sol entre negras nubes. Un astro brillante, calor y despertar, junto a una procela, fuerza, coraje, pasión y miedo, tan distintos ellos, pueden dar lugar al horizonte más bello, de un ámbar deslumbrante que lleva forjándose desde el inicio de los tiempos para ser piedra preciosa cuando vivan los dos amantes.
Para que dos polos opuestos se unan, solo hace falta compartir, solo hace falta un único rasgo en común que anule las diferencias. ¿Qué hace a procela y Sol brillar de esta forma, juntos ellos, y dar lugar a un espectáculo del que hasta las flores quieran empaparse? Su luz. Nace el Sol y muere la noche. Triste por despedirse de su amada tormenta, transforma sus rayos y hace de ellos largos guiños venidos desde los ojos de Dios. Muere el día, un Sol incapaz de seguir iluminando da paso a la noche, donde la procela, triste por la pérdida de su amado, la transforma en día. Hoy se han encontrado y, juntos, no descargan. Solo traen un viento frío, como el que te recorre en un primer beso, como el que sientes cuando quieres, humedad, como la que surca tus ojos cuando quieres y se va, un trueno, sonoro como el silencio que separa un momento cualquiera de otro que pasará a la historia, un contraste gris sobre un fondo negro, la pureza del aprecio que tapa e ignora a un mundo putrefacto, porque ahora ellos dos son uno único, la velocidad con la que surcan el cielo, la misma con la que pasa el tiempo en compañía, la celeridad con la que cambian los colores de oscuro a claro, para volver a oscurecerse claramente, como la presencia o la ausencia de una llama que te ilumine y saque de ti una escala cromática en un tiempo de visión en blanco y negro. Una llama que no te consume, que te propulsa, que te da valentía, que quema por dentro haciendo un sonido similar al del papel siendo retorcido, ese papel en el que firmaste tu sentencia de muerte y ahora, en perfecta cursiva
escribes 'under oath', un sonido que percibes como el susurro del alma diciéndote 'inténtalo, ve a por ello'. Viene a mi mente de nuevo aquel estúpido pero racional cartel de 'aquello imposible es lo que no intentas'. Lo daré todo a la próxima, under oath, sé que ganaré, sé que esta vez podré sentirme inmerso en mis propios textos: no tengo nada que perder, y por eso mismo, solo por eso, soy el que más opciones tiene de ganar.
Todo esto y ni siquiera me he dirigido a mi sitio. Definitivamente, este día es una invitación de la naturaleza que no puedo rechazar. Son más de las siete, vuelvo de un festival y mis piernas, al final del noveno asalto y pidiendo la derrota por puntos, encuentran el descanso que merecen. Tiro la toalla por ellas y me siento. Cinco horas para terminar el día, cinco días que terminan la semana, un oxímoron con su sentido. La repaso y tengo lo deseado. Libertad, risas, a mis once con los que salir a jugar en la vida hasta que acabe, con pocas personas a las que tengo especial aprecio y progreso; siempre progreso. La recuperación de la familia, mis salidas a templos, mis diálogos internos, las conversaciones con cerveza en horas muertas de la Universidad a las que me toca resucitar, las digresiones filosóficas hasta las tantas de la mañana con mentes admirables... Al fin y al cabo, mis idas y venidas, como una marea, con periodos de pleamar y bajamar, que otros odian, pero a mí me hacen sentir humano y con una Luna, la de Valencia, que me atrae y me confunde. Mis dudas.
He sabido aprovechar el estar receptivo, la empatía y el salir de zonas no ya de confort, sino de simple sensatez, dar más de lo que espero aunque sepa que conlleva riesgos que puedan lastrarme, porque prefiero sentir dolor a nada en absoluto. He hecho lo mismo que siempre, pero lo he hecho con el siempre, y no ha sido él quien lo ha hecho conmigo. La complementariedad, el oxímoron. Y he descubierto fuerzas nuevas, esa luz que convierte en pareja a dos polos opuestos que se dan cuenta de que sus diferencias no son más que grandes regalos que entremezclar para dar lugar a una belleza que nadie más engendraría juntos que ellos, un cri(sol).
He descubierto la fuerza de un abrazo dado a tiempo, esa fuerza que es capaz de juntar sin pérdida todos y cada uno de los fragmentos en que se ha roto una persona, esa forma de juntar dos corazones para que conversen entre sí, aunque no entendamos qué se dicen.
He descubierto la fuerza de los besos, no importa dónde sino cuándo, del tempo, de intercambiar almas, hálitos que expulsaremos por última vez cuando no seamos.
He descubierto la fuerza del entendimiento, de saber poner el hombro cuando toque, de saber escuchar, de que todos los males salgan de un cuerpo y vayan a morir a los oídos del atento.
He descubierto la fuerza de la palabra sincera, aquella que llega, impacta en mente, se marcha por donde entró y todavía deja huella.
He descubierto la fuerza de la amistad, del sacrificio por otro aunque las cuentas te salgan a deber vida; todos morimos con una deuda en el mundo terrenal, así que puestos a decidir cuál, que sea la del sacrificio. Así se muere, y así se endeuda.
He cazado, con esa probabilidad nula dentro de las infinitas que existen, la felicidad, la he saludado y he recibido su llama. Le he prometido guardarla hasta que me decida a intentarlo, hasta arder por dentro, hasta que el alma me susurre que lo haga, hasta que llegue la hora de intercambiarla, hasta que me haga carboncillo y decida escribir una historia, hasta que el manotazo del tiempo la decida borrar y solo exista en el papel, acribillado por la fuerza con la que vivimos. Qué lástima que gris sea la materia, y gris sea cómo acabe la memoria. Caen gotitas, frescas, el cielo llora, se ha hecho de noche y le toca a la procela continuar por su Sol, con los rayos, con la luz... pero a su manera. Dios envía un guiño que cazo, se esconde el astro rey y reina la noche, se despiden con un beso, la luz de uno con la lágrima de la otra dan lugar a un arco iris, placer en el dolor, como el mismo que produce no poder volver a ser pequeño, pero sí imaginarse, y saberse. El mismo que produce querer a alguien en las sombras, porque hasta ahí eres capaz de ver luz. El mismo que produce no poder volver a traer a alguien de vuelta, pero saber que sigue, que has andado la vida y está en otro barrio, pero sus calles están pavimentadas en oro y brilla por ti. Calle del Recuerdo, se llama. Y olvidé por dónde queda. Suena un tren, quizá sea el mío, me imagino que debería cogerlo, este no se me escapará. El expreso de cristal, sube y humea, arde como mi llama para seguir sobre su vía, duermo y me despierto, miro la parada, pero no veo nada, no las hay. Precioso saber que estás fuera de tu ciudad y no te sientes extraño. Llámalo ciudad, zona de confort... equis. Me bajo, la parada de mañana, hoy cuando esté pasando esto a 'limpio', a 'vivo', será la del 25 de marzo. Otro tren, con o sin otro ocupante que no sea yo, que volverá a esperarme, que tampoco dejaré escapar y que acabará cuando venga el del 26... y así hasta que llegue a mi destino. Avanzo por la vida, que no es poco.
Son las ocho, quedan cuatro horas para que me obliguen a bajar del tren de hoy, pero ha sido tan rápido, he estado tan acompañado, y he echado tanto de menos echar de menos, que me bajo. Sopla frío, escalofrío del beso del día y la noche, choca contra mi hombro como lo haría esa cabeza que solo reclamaba un apoyo. Ya no llueve, pero el arco iris sigue. ¿Cómo pueden complementarse tan bien lágrima y sonrisa, dolor y amor? ¡Cierto! Por tener una única cosa en común: ambos son sentimientos, y se ceden entre sí todo cuanto tienen para dar lugar a esta tarde. Ahora, me toca juntar prisa con deleite para volver a casa, y encuentro su nexo común, el tiempo, para engendrar una relación de indiferencia. Me quito el reloj, lo guardo en un bolsillo, deja de existir y ambos se funden en una banda sonora preciosa que guía mis pasos, la del mismo mirlo con el que comencé. Bendito río el tiempo, salimos y entramos por sitios distintos, pero el final es el mismo. Él vuela a su nido, habiendo alegrado el día a un joven errante. Me pregunto si alguna vez habré sido el negro mirlo de alguna blanca garza como dijo el poeta. Lo que en su día copaba mis días -uf, empiezo a repetirme-, ahora es solo mera curiosidad. Pero deduzco que no; si así hubiese sido, la llama nos hubiese, de un plumazo, dejado desnudos a ambos, cara a cara, ojos cerrados, oídos tapados, gritando 'oye, me has gustado'.
Y ahora sí puedo decirlo, vivo la vida porque la tristeza de ayer y el cariño de hoy saben en común que fueron engendrados por el amor. Empiezan una relación. Comienzo a vivir.
Cubierto por un tapiz nuboso color azur que vierte las lágrimas de la triste Coventina, anuncia ya el cielo la venida de una noche cada vez más corta conforme Gwanwyn comienza a reencarnarse en árboles en flor, en vientos de poniente que derriten los corazones del pueblo y tintan de verde un paisaje que Cailleach pintó con su fino pincel de blanco, y en hojas que murieron sin hacer más ruido que el del susurro de los dioses el día en que Foghar se alimentó de sus almas marchitas, y que esperaban la venida de la primavera para poder regresar de antumnos.
Parece que fue ayer cuando comenzó este año y saludé a Bledhen por decimoséptima vez esperando un cambio que no llegó en forma de unos propósitos de los cuales, a día de hoy, diecinueve de Anagantios, la mitad ya es de imposible realización. Sin embargo, vengo hoy, como casi todas las semanas, olvidando mi nombre y tomando la forma de Ogmios, elocuente escritor, sin ser, no obstante, más que un joven maestro de absolutamente nada y amdaur -mal amdaur- de todo, a cantarle a mi musa, mi Epona a quien sacrifico una violeta del seno de Abnoba solo para que me redima aun a sabiendas de que en el ciclo de mi vida no se trata sino de una Deirdre, y cómo duele. Aquí tienes tu carta, otra semana más, uno de los plazos más de la eterna deuda que tengo contraída contigo.
Escrútame, mi Balar, solo con uno de tus ojos, el de la clemencia y el de la piedad hacia quien poco puede ofrecerte, salvo el sacrificio de su ánima y su sangre como tinta que avala la sinceridad de estas líneas; no fijes sobre mi papel, extraído del más vivo de los árboles empleados por los druidas, tu ojo posterior, pues muerte temprana para mí sería, y no iría a formar parte sino del devenir arcano, de aquellos que no dieron de sí hasta la última gota de su esencia y por tanto pasaron a poseer tan solo una única existencia; de aquellos a los que se les prometió ser vates del himno vital y ahora tan solo son espectros bajo las órdenes de Morrigan, muertos en una dudosa vida irrealizada, como lo estaría -y no digo sería, porque mi única forma de ser eres tú- yo si no contase con tu palabra, el sonido de tu voz tan severo en mi error como el cuerno que da paso al aquelarre con su soplo tan grave y tan dulce en mi acierto, si lo hubiere, como el de una lira siendo tocada en una de esas fiestas en que las estrellas son solo guiños de los dioses y en que las parejas se unen en sus castros en un amor consumado por la energía que la Tierra desprende de su seno y que ni el más preparado de los sabios podría captar.
Sé que no puedo dar más que unas líneas escritas en el oghámico más enrevesado, que ni siquiera puedo encarnarme en Angus, ese poeta que hace, como el peor de los romanos, tal arte con su lengua que lo adoras sin apenas poder escucharlo por el estado de embriaguez en el que te sume, pero no se encuentra la riqueza de mi cultivo de sentimientos en el lenguaje que todos los jefes prohibieron, sino en mi tradición de amarte. En que mi cosecha es inexistente, pero puedo ofrecerte el todo dentro de mi práctica nada porque tú, la semilla que hiciste germinar todo cuanto ahora tengo, formó roble enhiesto. Que otros, bardos grandilocuentes, cuya cosecha aumenta conforme lo hace su léxico falaz, sean capaces de igualar mi ofrenda dándote la práctica nada dentro del todo que parecen profesar. Oh, débiles para quienes no hay ni un dios en el panteón de los galos, no os daré el honor de conquistar el territorio a quien tanto respeto y a la vez anhelo sin antes valerme del mío, el de la lucha, para demostrar mi valía como pretendiente de mi amada.
Amada a la que digo: olvida mi apariencia, mi pasado de Fomoré, héroe del ardid, dios del mal y solitario vagabundo del limbo que por no creer en la existencia de los dioses como tú empezó a renegar de los mundanos con los que trataba por existir. Tápate los oídos, y déjame que me acerque para susurrarte por primera y última vez que te quiero, que si tan solo supiese que alguna vez esa palabra podría salir de tus labios fríos como el caldero de Gundestrup y rojos como el fuego de Belenos, gritaría a los cuatro vientos de la rosa, como la que sacrifiqué a Abnoba en tu honor, con una voz tan resonante como el más iracundo de los truenos de Taranis, que no es amor lo que siento, sino a ti.
Solo con sentir mañana de nuevo en el bosque de las dríadas el contacto de tu mano oprimiendo la mía con la misma energía con la que se alzaría el más alto y complejo de los dólmenes, me convertiré por dentro en el más sólido de los menhires que se alzaron en honor a sus diosas y me lanzaré a tus brazos con la valentía del mejor de los guerreros para callar el sonido de tu lira con un beso que ni el más célebre de los mitos helenos logrará imitar. Mi herida habrá cicatrizado, habrás curado con tu medicina mi alma en busca de su reencarnación, habrás eliminado tu imagen de Deirdre que, como un espectro venido desde antumnos todavía representabas en mí, y me habrás convertido en ese Dagda que ahora sí, permanecerá hasta el fin de los días con su amada Epona.
A mi amada Epona, Iberia, 19 de Anagantios de 3416.