2 de diciembre de 2015

Hagámonos realidad.

'Ne me quitte pas; no me abandones'.

Me siento frágil, pálido e inmensamente pequeño, como un narciso de horas caducas que está terminando de perder las pocas que le quedaban. Necesito, como diría Ausiàs March, al lirio entre cardos, a esa persona que me devuelva la creencia, aunque ciega, en la vida. A ese precioso lirio dentro de un mundo de espinas que ilumine mi vida y al que quiera regar toda mi vida. Te necesito. Brotemos de entre las briznas yermas y seamos bosque, solos, tú y yo. Lleno de vida, de murmullos, de oscuridad y destellos, de pequeños recovecos y de calma, poblemos montes que coronan naciones y nutrámonos de ríos de amor.

Convive conmigo en mis días hasta que, como el astro errante que soy, me apague poco a poco y muera en la oscuridad de la noche que jamás veré, no huyas, por favor, cuando veas que, pese a ser enorme, estoy vacío por dentro y aniquilo a aquel que se acerca a mí y que, comparado con el resto de estrellas, soy mucho más insignificante. 

Ni siquiera te pido que me mires a los ojos; al fin y al cabo nadie se atreve a hacerlo y, quien lo hizo en su día, quedó ciego e ignorante para siempre, solo que sepas aceptar a este pobre Sol que tan solo puede ofrecerte un poco de luz en tiempo de bonanza. Que no pretende tratar de cambiar tu herida superficie sino de vivir en ella y cicatrizar contigo y de producirte un rubor cada pocos meses que te haga ver la joya más hermosa y natural de todas cuantas existen en el cielo, aunque la gente rara vez sepa apreciarte.

Solo tu forma coincide con la de mi cerradura, y quiero que seas la llave que me libere de mi jaula. Quiero que seamos pájaros libres cuyo canto sea la melodía de su alma: un vals rítmicamente arrítmico como el que bailan dos ancianos con la ternura de haberlo hecho ya otrora, que se translade alrededor del mundo sin más preocupación que la de no cesar nunca en su vuelo. Que volemos hacia mundos desconocidos, nos proyectemos y mostremos nuestro bello plumaje desplegando nuestras coloridas alas por el cielo como una lágrima nacida de la tristeza nos mostraría lo bello que es el mundo con la simple refracción de un arcoiris.

Desearía poder desnudar contigo todos los secretos que guarda la naturaleza, fundiéndonos como lo harían el mar y el horizonte y erizando nuestros cabellos como una brisa crisparía las aguas cristalinas del océano en el alba de los tiempos, haciendo nacer de nuevo a la primavera, trayendo de nuevo los colores a nuestras vidas y recuperando las hojas de las que el tiempo inclemente nos despojó. 

Quisiera revivir las historias que los lugares guardan con recelo y conocer por primera vez los lugares a los que ni el más aguerrido de los exploradores se atrevió a partir. Conocerte. Mirar al cielo y guiñarte como lo haría una estrella en el cénit, aun sabiendo que quizá esta esté muerta en el nadir del Universo. 

Quiero que seas la pluma que dé sentido a mis hojas, y las hojas que brinden utilidad a mi tinta. Que seamos la historia que se escriba mutuamente, aquella que los libros jamás contaron, y que la lengua no inventó persona que pudiera narrarla. Que ni la muerte sienta que pueda quitarnos lo vivido, y nos proyectemos hacia lo eterno, porque el amor una vez que nace, si es verdadero, nunca muere,aunque los amantes ya lo hayan hecho.

Ven conmigo e iremos allá donde las canciones no nos suenan de nada, la torpeza es entrañable y el recuerdo es vivencia. Allá donde la melodía de nuestras almas es un canto flotante en una masa etérea surcada por nosotros, pájaros del mundo, donde las cadenas se rompen, las palabras que nunca dijimos son las únicas capaces de hablar y te susurro que te quiero sin pedirte que te tapes los oídos. Allá donde el amor se libera del cuerpo y el tiempo no existe solo que se desliza por cascadas de segundos que riegan flores de vida que se despliegan de forma caleidoscópica, donde el 'nunca' no existe, y el 'para siempre' se fusiona con el 'por siempre', porque te llevaré conmigo por siempre y contarás conmigo para siempre, hasta la eternidad. 

Hoy, te propongo que seamos inmortales. Hoy, me atrevo a decirte por primera vez, aunque no me vayas a leer, que te quiero.