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1 de junio de 2019

Archivos desclasificados: 'Te quiere mucho, Fran'


(8-7-17, 01.05).

No voy a escribirle un cuento de hadas a una persona que tiene duende. Si estás leyendo esto, quizá sea porque no puedes dormir, o le estés dando vueltas a la cabeza. No sé escribir cuentos, creo que jamás lo intenté, pero bueno, ahí va mi intento, y de mi voz tienes recuerdo, para que cada vez que aparezcan tus dudas o tus malos sentimientos, puedas sentirme a mí a tu lado, presente a cada instante.

Érase una vez una persona, normal, como cualquier otra, de carne y hueso, y todos los músculos, los tendones y las vísceras que se han podido estudiar y conocer hasta la fecha. Una persona que era luz, hasta cuando su bombilla se apagaba, tras una sobrecarga por exceso de tensiones internas. Una persona que creaba una quinta fuerza, más allá de la atracción que generaba, con su sonrisa, cuyo campo impregnaba todo el cosmos que la conocía y que bien podría decirse que era el final del túnel de cualquier afligido que viviese con ella. Una persona humana, que rascaba, y rascaba, y escarbaba, como una gran tuneladora destrozaría un precioso vergel y sus capas más internas, sangrando el paisaje, solo por obtener el placer de un magnate, tan superior como lo estaban en su cuerpo las ideas. Como un magnate que le ordenase por el sueldo del alivio destrozar lo que más quería. No sabía que acariciando, en su superficie, junto a los que ella creía meros fósiles de quienes partieron,  de quienes no debieron haber entrado en juego, o de solo ella sabe quiénes, una mente de oro había, con la fuerza de su recuerdo, y como gotas que sedimentarían la más profunda de las rocas, creado con la resina del tiempo, de quien no se puede escapar, mucho menos despegarse, ámbar. No eran fósiles, no estaban muertos, no se los veía para tratar de recordar cómo eran, o cómo fue. Se los miraba, tan preciosos ellos con el valor a cuyos recuerdos se les había dado, de tal forma que se los quisiese, se los conservase, y se los supiese vivos, se los llevase al cuello, o al dedo. Ella sabía de su erosionada litosfera, en la que afloraban ya los primeros tonos dorados, las primeras pieles volubles como la arena del desierto, pero que cubrían un cañón del que era carne y por el que volvía a fluir. No sabía todavía, pero estaba por hacerlo, de la enorme riqueza de corazón que tenía, del calor y la presión que si bien la habían macerado, habían creado en ella un entramado de diamantes, esmeraldas, rubíes y piedras preciosas, enormemente difíciles de quebrantar. Y no habían sido pocas las ocasiones que la vida le dio limones, que la gente vino y se fue, que las semillas que se plantaron se las llevaron otras personas, pero es que no todos los ojos estuvieron preparados para atisbar el fulgor de tales talismanes. Quizá nadie valía lo suficiente para poder dejar de codiciarla, y pasar a apreciarla. La vida, al fin y al cabo, ya ven, se resume en conocer sus propios recursos, saber explotarlos, conservarlos, valorarlos, pero jamás creerse pobre en cualquiera de los sentidos por no tener otros. Del más inútil de los trozos de carbón salen diamantes, grafito, calor para todo un año, los viñedos más ricos de Italia, miles de muertos en sus faldas, los superdeportivos más rápidos de la Tierra o hasta estrellas enanas, incluso quién sabe si el combustible del Crystal Express. ¿Y valorarían eso, un trozo de carbón, menos que cualquier otro? ¡Enfoquen la vida desde el punto de vista correcto y hallarán la imagen que desean!

Un juego para ello. Una declaración de una persona para todas las que quiso.

‘I’m gonna tell you straight, the only reason I am here is you. I didn’t always tell you the truth. I didn’t wan’t to make your pain worse. Did it work? It’s been fifteen years. Fifteen fucking years, since I let my guard down. And I know exactly were to point the blame. Please, listen to me when I say you always gave us more than we deserved. I’m gonna  tell you straight to you I have to prove nothing. And If I could have, I would have bought all your roses. When I stumbled you broke the fall. You always gave us more than we deserved. Youth and dependency dies away, but I will never forget the sacrifices you have made. And will make’’.

Piensa esto. Piensa en una persona, o en unas personas, dale la vuelta, piensa en quienes piensan en ella, o ellas. Es igualmente válido. Es la vida. Exactamente lo mismo, se lo mire como se lo mire, solo que tan subjetivo que nos creemos únicos. Mismo suceso, distinta interpretación. Por eso mismo, quiero que jamás bajes tu guardia, si no es para acariciarte, si no es para que la gente te abrace, si no es para confiar, no quiero que bajes la guardia para tener las manos cerca, no quiero que bajes la guardia para dejar que todo te golpee. Si has sido capaz de ver la belleza en algo que, aplicado a ti, te causa dolor, es porque no es doloroso, sino que no lo has enfocado bien. Y si lo has visto como algo doloroso de entrada, entonces… ¿De dónde viene la belleza del recuerdo? La vida no es un impasse, como dirían los franceses, la vida es aquello que rige el espacio y el tiempo, aquello que de mente para fuera existe y se vive de igual forma para todos, pero que se percibe de forma distinta al entrar en nuestros fueros más internos. Si no, ¿de dónde iba a venir nuestra cantidad de problemas? ¿Y las anécdotas? ¿Y la vida? ¿Y alguien que te cuente cuando ya, por desgracia, no te cuentas entre nosotros? Todos tenemos nuestro mal, puedo creerme que lo de allá fuera no existe, o que la vida es una mierda, o puedo estar ‘no bien’ y sinceramente, lanzarme a patearme el irreal exterior o jurarme que aguantaré veinticinco días más con pastilla. Para mi padre y mi madre, que viven lo mismo, es o ‘algo gradual’ o ‘una tontería’. Y si me pusiese en sus pieles… ¿Acaso no lo parecería? Por ello, y aunque a veces se tenga la tentación de explotar, cuando no se lidie con alguien o no se toleren sus comentarios, hay que hacer el ejercicio del entendimiento, no empatizar, simplemente, intercambiar papeles. La vida y vivir, al fin y al cabo, consiste en representar una obra.

La vida se plantea difícil, se hace nudo en la garganta y tiene brutal desenlace. Todo consiste en aprender hasta la muerte, de querer, amar, de sentirse útil en un grupo de habitantes como tú y de desempeñarte en lo que más te dé la gana. A veces también requiere de saber mirar, como dije, de saber trascender no ya los papeles, sino el interior de las personas, al fin y al cabo quien no quiere es porque ve roca sin ver debajo gema. Es porque hay gente que ve facciones y no dones, ve sexo y no talento, es gente que vive a corto plazo y muere a largo, ¡y así no se vive! Todos preferimos, en nuestros cabales, darnos una hostia a tiempo para poder, el restante, vivir. No entrar a Medicina a la primera, sufrir un acontecimiento que marcará tu vida… Todo ello te hace tener vocación, actitud ante la vida, una filosofía propia, no de las que se estudia de los muertos o en libros baratos para derrotados en su existencia que buscan el maná en un cielo raso. La vida es otra de las cosas que se vive como el culo, pero cuyos acontecimientos acaban marcando el futuro, y generalmente cuanto peores, para mejor. Sin mi hostia, no podría haber cumplido algo que me llevaba prometiendo catorce años, sin tu vida, quizá no hubieses tenido determinación para estudiar lo que querías, porque sí, lo querías, y no serías la Doctora Roca en un futuro, y posiblemente quizá tampoco serías una persona consecuente, o no apreciarías las cosas en su justa medida, y vivirías no por vivir, pero sin razonarlo. Sentirse vivo a corto plazo implica saberse feliz en el momento; vivir, de veras, consiste en existir y darse cuenta a posteriori de lo bien que se ha vivido anteriormente.

Todo en la vida es voluble, es como la arena, la tomas y se escapa entre los dedos, como frotar las alas de una mariposa, que muere si la rozas, como la existencia de los que te rodean, como las ganas de vivirla siempre, como el tiempo en que se encuadra, como la estabilidad que ningún mar alcanzaría jamás, como el amor, como la presencia, como la ausencia, como todo aquello en que sinónimo y antónimo adquieren una característica en común, su volubilidad, y por tanto se unen para seguir juntos. Eso es la vida: unión de antónimos, una de cuscús y otra de pizza. Y, sobre todo, no valorar nada. No tasarlo. No ponerle precio, cantidades, rankings. No hay escalas de a quién se quiere más; solo se quiere. Una persona no va perdiendo enteros poco a poco y abandona, una persona está siempre ahí y, por lo que sea, marcha, se marcha o decide hacerlo, no es una gradación, es un antónimo. Una persona no decide fallecer, y el dolor no es mesurable si se sabe que de ello vendrá el cariño y repondrá todo lo que falta. El amor tampoco es mesurable, no se puede ser el número uno, o hablar de muchos, de pocos, de comparaciones con uno u otro día, simplemente se puede querer, de todas las formas, física y psicológicamente (que no y/o), más lejos, más cerca, uno junto al otro, carne con carne, o a centenares de kilómetros sin verse días (¡Días que no hay que contar, caray!), sintiendo la unión de uno con el otro aunque uno no esté. Para qué decirte que eres la número uno si eres la única que tiene derecho sobre mí, que mi cuerpo es su cuerpo, que mi mente es su mente, y que estoy ahí siempre. Para qué decirte que eres guapa, si eres la primera en saberlo y sabes que no te miro con esos ojos en vano. Aprendamos una lección básica de la vida: las cosas importantes no se dicen de palabra, millones de impulsos no se traducen en veintisiete claves o letras, los millones de impulsos se devuelven generando otros millones de impulsos en la otra persona. ¿Lo has visto hoy? Si me ha salido bien, sí. Y tampoco las notas se pueden contar. No es un 6,15, un 8,6, o lo que sea. No es más o menos uno por haber sido toda su vida un 10, por vivir preso de la exigencia, no se es menos por haber suspendido, hoy, ayer, el mes pasado, hace convocatorias… El precio, único precio, de la nota, es el de que ella no mide nada salvo la cercanía a tu sueño, que estás pudiendo estudiar, algo privilegiado, que estás completando otro tramo más de la carrera de tu vida, que te sacas el teórico del carnet de conducir tu vida, que te ves más cerca con o sin bata atendiendo a tus pacientes, y  no te ves al día siguiente apoltronada en clase haciendo caras a nadie, o sufriendo por nada, porque todos los coches con quienes compartes carretera, absolutamente todos, tomarán bifurcaciones y, en algún punto de tu vida, los perderás de vista, tarde o temprano.

Y la vida, ante todo, y quiero acabar aquí un relato que ni es relato ni es nada, realmente, son miedos. Sí, te vas a dormir leyendo sobre miedo y tienes pesadillas… ¡Y este cabrón me escribe sobre miedo al final! Pero no, la vida sí es miedo. Forma parte del juego, se tiene miedo a lo desconocido, y la vida es seguir conociendo y aprendiendo. Se siente miedo por defensa propia, y la vida es quererse vivo. Se siente miedo por trauma, y los traumas son respuestas para aprender a huir del agua fría una vez se ha salido escaldado. Se siente miedo porque uno no se cree capaz, porque se siente sin fuerzas. Y precisamente por eso necesitamos el miedo, para superarlo, para vencerlo, para poder creernos capaces, sentirnos fuertes, porque si no hay nada que nos asuste y nos llene más la mente y los sentidos que el miedo, vencerlo es definitivamente el hecho de que no haya nada que nos asuste más, nada que vaya a llenarnos más la mente, y nada que vaya a bloquear nuestros sentidos. De las pesadillas se sale, y prueba de ello es que seguirás viva. Si alguna vez tienes una, vuelve aquí y piensa que si has superado una pesadilla es porque la vida es sueño, que es porque lo crea tu mente inconsciente, pero eres consciente de que crees, y no creas. Y porque, esto es lo más importante: solo existe y puede existir en tu mente, lo bueno de veras existe fuera, y es ella quien lo interpreta. Puedes vivir realidades, pero solo puedes crear lo irreal. Los miedos se crean, tus cualidades para superarlos existen. Y están en ti. Aquí.

Buenas noches, días, o lo que sea. El final no iban a ser los miedos, iba a ser un pico, o pianísimo, si te levantas agitada,  un abrazo y muchos mimos. Como los que recordarás mientras te he leído el cuento, carta, aborto de lo que haya sido. Feliz viaje.

Te quiere mucho,
Fran 

12 de noviembre de 2018

Am ende

Dos meses y dos días, tras comenzar el curso. Dos meses, menos cuatro días, para que me calienten en exámenes, 8 de enero, no olvidéis la fecha, que puede pasar algo grande. Lo hará. Pero no sé, todavía, si para bien o para mal. Eso significa que hay que ponerse, y cuando uno se pone en una cosa, se ha de quitar de otra. Por lo que... último libro que leo, y -a partir de ahora- seré pasto de vuestras recomendaciones cinematográficas. Libros, cine... Y me queda la música.

OK Kid - Am Ende.

Y, ahora, me pongo con la verdadera reflexión que quiero hacer. No la hago porque esté, precisamente, perdiendo el tiempo, ni mucho menos, de hecho llevo de cinco a siete estudiando los temas 1, 2 y parte del 3 de Histología (Anatomía de Tejidos, qué leches), sino porque de siete a ocho me quiero dar un descanso, y qué mejor manera. Esta reflexión os sonará bastante, a un 22 de enero de 2018, a un Fran saliendo pletórico del último examen (hizo 3, así que tampoco es que se herniase mucho) del cuatrimestre, de cuatro que debió haber hecho, porque se dejó Anatomía. No estudió todos, a algunos no llegó y casi todos los aprobó porque se la jugó a cara o cruz en el tipo test, o se sabía preguntas de otros años, pero la astucia también hace al médico y, siempre, fue limpio en su disciplina.

Ese Fran, con dudas, sin nada ni nadie (quizá, igual que ahora, sólo que ahora tengo mi mente bastante centrada, y no paso duelo por nada, ni nadie), perdió toda esperanza en enero, pero, a diferencia de diciembre, decidió quedarse en la carrera, por lo que no debía plantearse si seguir o no, sino seguir, y tirar, a pesar de todas las dudas, porque la decisión estaba tomada. Aquí el camino acabaría de una u otra forma, y nos gustarían las vistas más o menos, y nos caeríamos la de veces que nos cayésemos, pero llegaríamos. Entonces, llegaba el 'día 0', entre ansiedad y nervios se hacía un examen, se salía tarde, se dormía, aquel día no se estudiaba, y se comentaba alguna que otra pregunta. Se tenía certeza (en alguno no) de haber aprobado, no por mucho, y se olvidaba, se daba carpetazo. En el segundo, con un 5.7 en el examen, surge el concepto de 'Am Ende', estoy pensando ya en el tercero, en deshacerme de esta soberana mierda de evaluación, de cuatrimestre perdido por amores frustrados (que te dejen a mes y medio de exámenes, y pasar esa fase de duelo sin haber ido a clase, no ayudaba), y pienso en lo mal que me ha salido, en que no se saca, en que se jodió, en que no había más posibilidades, en que me podía llevar 2, y 3 asignaturas, y venía un cuatrimestre más difícil, con otra más (6 asignaturas)... se acaba la visión. Recuerdo que fue un 18 por la mañana.

Entonces, me coge un familiar, me dice 'seguro que ha ido bien, te conozco, siempre dices eso, si no dudases, no serías tú', y cuando me desahogo como Dios manda, igual que el último 20 de octubre hice con él, cuando mi familia se desmoronó, pero en 4 horas tenía que quedar con alguien para hacer un plan precioso (completamente antagónico a lo que sentía esa mañana) que me había demorado 9 días montar. Y ahí escribo la postal de 'Am Ende'. Esto, realmente, no es una indirecta, sé que no me lee y, si lo hace, no es importante, y lo sabe. Es un irrelevante 'insight' más del asunto. 

Entonces, y sólo entonces, aquel 18 de enero, llego a casa y, con tan sólo 72 horas para prepararme el que se antojaba más difícil, a nivel de suspensos, y el que peor llevaba, porque sólo acudí al 15-20% de las clases, me tumbo, descanso, echo una siesta, decido olvidarme, y pongo 'Am Ende'. No la escuchaba desde 2014, la había perdido un tanto, entre mi música de Coldplay, de Imagine Dragons, o incluso las primeras de Shakira. Las que yo llamaba 'nuestras canciones', y que luego sustituí por Maître Gims (hoy os pondré la que más me gusta por Facebook). Y entonces, volvió a resonar su letra, aunque mi alemán sea casi nulo, su melodía, su mensaje... y decidí pasarla entera a mano. No iba a imprimirla, no daba tiempo a subrayarla, sólo daba tiempo a hacerse con lo más importante para el desarrollo, a esquematizar, a comprender y... ¡a lo loco! Y, ¿sabéis qué? 72 horas tuve, en 72 horas me escribí 30 temas a mano, y no saqué el 8.5 por leer mal la pregunta. Entre pensar que ese día me fue mal, hundirme y creer que me llevaba tres, actuar de forma neutral y seguir tirando, o nunca más volver a dudar y tirar a por el último hasta las tripas, la puñalada de tener que decidirse. Pero llevaba cota de malla, elegí la última, y gané.

Ese fue el origen del Am Ende. Ahora, la filosofía que subyace. Esta canción, que inicia con una melodía normal, lo hace con una letra muy pesimista: 'las leyendas, mueren jóvenes, la mayoría sin voz y pobres', 'posiblemente sea aire caliente... quizá estés quemado', 'nadie puede quemarte por nada más que tú lo harás', 'si lo sabes, bien por ti...' y, de pronto, rompe en una melodía liberadora, con una letra de esperanza: 'cancélalo, algún día, nuestro cielo volverá a ser azul', 'cancélalo, porque al final, todo volverá a estar bien, de nuevo', 'cancélalo, porque, mientras no estemos bien, no podremos ver el final, pero tampoco tendremos problemas'.

Otra melodía sin mucha más gracia vuelve, y dice 'saltamos, nos vemos caer, pero preferiríamos volar', 'preferimos jodernos, a que nos jodan, ¡celebra el aburrimiento, grandes palabras, nulas acciones, pequeños peces, para grandes estómagos', 'mantente esperando, que en setenta años acabará el plan maestro'... La melodía cambia, se torna alegre, y finaliza repitiendo: '¿Y, si no, cuál es el problema?'

Eso es la vida, un Am Ende continuo. Siempre que estás jodido, con materia hasta las trancas, que sientes que no das suficiente, que no tienes tiempo para salir, sentirte vivo, hacer tus planes, alcanzar tus metas, siempre que crees que no llegarás a, tan siquiera, pagarte la Universidad de lo que te costará suspender, que no apruebas, que se acumulan materias, que julio no acaba, que no tienes vacaciones, que el verano te dura mes y medio y dando gracias, que no sabes qué harás con tu vida, que nadie te querrá por culpa de todo esto, y que eres poco más que un enorme fracaso... es decir, una leyenda que acabará antes muerta que exitosa, sólo atendiendo a cómo lo está haciendo, una leyenda sin voz y, realmente, pobre, como dice la canción, una leyenda 'quemada', sobrepasada, inundada por conceptos, temario atrasado, problemas familiares, una leyenda que no puede joderse más a sí misma y que le da igual el agua que le tiren, porque por dentro bien le llueve... siempre, acabas pensando en que, como todos, vivirás los malos tragos de la vida, los peores presagios de tu mente, o cualquier cosa que pueda suceder, lo pases bien o mal, o lo esperes o no: siempre, siempre, como diría 'Gone with the wind', <<al fin y al cabo, mañana será otro día>>, sabes que, mejor o peor, habrá un día en el que digas 'ayer sucedió esto', o 'acaba de suceder' o 'ya es pasado' y, por tanto, como a lo largo de la vida, precisamente mientras la vivas, porque en ello consiste el acto de vivir, irás pasando por todos los sucesos que acaben formando parte, continuamente, de un pasado, no eres infeliz, sabes que forma parte de la experiencia, sabes que te puede caer una de palos... que la superarás, que llegarás, como sea, a los 30, a los 40, a los 50... que, como sea, lo pasarás, que el mundo NO se acaba en un mal examen, en un mal cuatrimestre, en una mala relación, de igual manera que una buena relación, un buen cuatrimestre o un buen examen, respectivamente, no te garantizan una vida acompañado para siempre (porque se puede romper), un año redondo (porque hay otro cuatrimestre) o una carrera limpia (porque hay 5, en este caso, 4, años más). 

Por ello, una mala relación no te deja solo, un mal examen no te quita de recuperarlo, y un mal cuatrimestre no te quita de resarcirte. Eso me sucedió, pero no voy a ello. Por tanto, en este Am Ende, es mayor el miedo al fracaso, que el esfuerzo que hay que hacer para evitarlo o, al menos, revertirlo, y -desde luego- es mucho menor el tiempo que se tarda en no pensar y decidir lanzarse a ello. ¿Por qué darle vueltas a todo, tanto? ¿Por qué ser cortoplacista? ¿Por qué pensar que mañana se acabará el mundo al salir de un examen y no tener ni idea? ¿Por qué no hacer el examen y preparárselo sin pensar? ¿Por qué no pensar en que ya verás la nota y te las apañarás para seguir viviendo? ¿Por qué no pensar en que superarás ese momento y, por tanto, si vas a vivir no hay problema, y si no vas a seguir vivo, ya no lo habrá? Realmente, ¿no es ese el '¿Y, si no, cuál es el problema?' que cierra la canción? Igual para la relación, ¿por qué calcular, en todo momento, el ritmo que se sigue, y la posición que se tiene? ¿No nos enseñan durante todo el Bachillerato que es imposible calcular la velocidad y la posición de algo simultáneamente y, por tanto, en ello se basa la incertidumbre? Sin duda, no hay decisión, sin decisión, no hay avance, conocimiento, ni puñaladas que valgan. Y por eso duele meterse en zarzales varios. Y, sigo, ¿por qué ser tan cortoplacista? ¿Por qué pensar en corto qué pasará, o no pasará, o qué ambiente hay o deja de haber, y no se dejan semanas, meses... para que todo se coloque en su sitio, a nivel emocional? El Am Ende. ¿Por qué pensar que mañana se puede acabar todo, o puede doler todo, o puedes ver a alguien con otros ojos? Por lo mismo que por los exámenes, porque es mayor el miedo al fracaso que la alegría del éxito, y preferimos la normalidad a la infelicidad o al bienestar, porque conocemos una, aspiramos a conocer otra, pero, ante todo, no deseamos ni de coña vernos las caras con la segunda. ¿Por qué no actuar, cuestionándose todo en su justa medida, de acuerdo con lo que se siente, y no lo que se piensa, o se imagina, o uno se monta en su cabeza? Porque la cabeza es nuestro mayor teatro, de sueños, todos los días subimos y bajamos, abrimos y cerramos el telón, nos consolamos con vivir lo que no podremos vivir o nos puede doler hacerlo, y luego, de paso, revivimos lo que fue acto en su día, pero ya no queda el espectador. Y cerramos los ojos, y dormimos. Igual con la materia, igual con todo. Porque, ¿cómo era eso que he omitido? ¡Ah, sí! 'Y si lo sabes... bien por ti'. Si lo sabes... si sabes qué va a pasar... si sabes, de veras, el desenlace de algo, ¡bien por ti!, pero vaya tremenda mierda actuar, vivir o decidir sólo porque sabes lo que vas a obtener. Bien por ti, pero, ¿por alguien más? La indiferencia del saber. No se pueden tomar decisiones sobre algo que está claro.

Pero yo digo, a todos los pensamientos malos sobre exámenes, compañía, familia, notas, cuatrimestre, julio... igual que, como el año pasado, superase, gracias a ello, una ruptura, una falta familiar, un cuatrimestre con 7 materias, y un verano de un mes, pero un mes que APRENDÍ A APROVECHAR: 'cancélalo', 'cancélalo, porque algún día nuestro cielo volverá a ser azul', porque algún día, y me pasó, aprobaré, o me desharé de esta materia que no he aprobado, o sacaré la matrícula, o superaré a esta persona, o me reconciliaré con aquella otra. Cancélalo, cancela este pensamiento, porque, al final, aunque ahora vea todo gris, feo, sin final... volverá a haber un cielo, y será el límite. Cáncelalo, porque, al final, todo estará bien. Aprobaré, o encontraré algo o alguien, o mi familia se unirá... ¡O no me importará, y ese será el final y la solución! Y, si la solución es que no me importe... ¿Cuál es el problema? ¡Y así acaba la canción, coño!  Después, el último de todos los 'cancélalo': 'cancélalo, porque, mientras no estemos bien, no podremos ver el final'. Cancela el mal pensamiento, aunque duela, aunque te tires la noche mirando al techo, aunque no sepas exteriorizarlo, aunque lo interiorices tanto que te coma por dentro, aunque cope tus días, aunque no te resistas a volver atrás, o aunque te resistas a querer avanzar, silénciate, pero hazlo porque sabes que algo no va bien y, cuando sabes que algo es así, o va a ser así, en malas condiciones no se toman grandes decisiones. Y, cuando el cielo vuelva a ser azul, entonces, abre los ojos. Y cuando todo vuelva a ser positivo, entonces, piensa. Y cuando vuelvas a ver el final, entonces, desea tirar hacia delante por más que te coman y te dejen esquelético las dudas. ¿Y cuándo llegará eso? Pues cuando te releas el párrafo de arriba.

Y termina, la canción, y la filosofía del 'Am Ende', con el 'nos vemos caer, pero preferimos volar', porque la mayoría de malos pensamientos, y esto es racional, vienen a raíz de saber que algo va mal y ver que no estamos bien, y regocijarnos en la mierda, y no solucionar las cosas, no estudiar, no hablarlas, y -si no se puede estudiar-, no planificarlas, y -si no se puede ver a algo o alguien-, no comunicarlas. Porque es muy fácil vernos caer y desear tener alas, pero es jodido abrirse de brazos y, aunque no sean alas, ni vayas a volar, poder agarrarte a lo que pilles: esa persona, esos exámenes, esa vida... y caer amortiguado. Los humanos, no tenemos alas para volar, como los pájaros, pero, ¿sabéis qué? Los pájaros, cuando caen, porque sus alas fallan, no tienen brazos para amortiguar la caída. Sus patas, que no están hechas para andar, se quiebran. Y nunca, nunca jamás, pueden volver a volar, al no poder impulsarse. Salvo que un humano los cure y los devuelva al vuelo, o se mueran, depredados por un felino. Decidme una cosa: ¿Qué es peor? ¿Verse caer y no salvarse de la hostia, por no querer poner los brazos por delante porque ¡OH, NO TENGO ALAS!, o tener alas para volar y, por no tener esos brazos o piernas que poner ante la caída, como un pájaro desearía, vivir tras la caída, pero saber que morirás, y serás consciente de cómo? Y termino, sigo terminando, 'preferimos jodernos, a que nos jodan', porque preferimos jodernos la vida, amargarnos, hacernos llorar, decirnos que no valemos para querer, aprobar, que nos quieran, que cuenten con nosotros en proyectos o que la vida nos sonría, a que alguien que te pueda joder la vida, te la alegre. A que alguien que también puede amargarte, te haga el más o la más feliz. A que alguien que te puede hacer llorar, te haga reír sin parar. A que tú, que puedes suspender, te creas aprobable. A que tú, que te tienes que querer, te odies. ¿Me captáis? Preferimos ver que algo que tiene capacidad tanto de jodernos como de hacernos los más felices del mundo, seguramente, por 'odds', por 'chances', nos joderá, y -por esa deducción imbécil- 'ya que voy a salir jodido, lo hago yo, y así me ahorro el sufrimiento'.

Pero es que no es cierto, porque Am Ende, y su filosofía, en la siguiente frase, te callan la boca al pensar esto, y te dicen: ¡Celebra el aburrimiento! ¡Grandes palabras y nulas acciones! ¡Pequeños peces para grandes estómagos... mantente esperando, que en 70 años acabará el Plan Maestro  ¿Qué significa? Que hagas lo de arriba, que des todo por malo, y todo pasado por válido y extrapolable a lo académico, familiar, afectivo y vital, y celebrarás que tu vida no tenga nada nuevo, ni por un extremo ni por otro, que nadie entre, que nadie salga, que todos mueran y nazcan y cada uno a su bollo, que tus círculos no cambien, y que te acabes sintiendo más días peor que mejor. Que celebres que al pensar en tu vida (venga, vamos, hazlo, te invito), en tu último año, veas que TODO ha cambiado, y las has pasado como la puñetera mierda, para caer en la paradoja de que, aun así, tus sentimientos, sensaciones y forma de afrontar las cosas es casi la misma. Celebra grandes palabras, en forma de planes tremendos que haces, en forma de 'me pondré al día, iré al día', en forma de 'esto lo saco', de 'esto es sólo un comienzo', de 'esto durará', de 'y todavía puedo con más', que las acciones serán tanto más cortas. A ese plan tremendo le seguirá no hacerlo en tu vida, a ese sacarlo le seguirá cascarlo y aprender, a ese ponerse al día le seguirá comenzar hoy, un 12 de noviembre, a currar, a ese 'esto es sólo un comienzo' le seguirá que nada vuelva a ser igual, a que eso no tenga continuidad, a que se extinga, se enfríe, muera. A ese 'puedo con más', le seguirá el 'estar quemado', del principio. Porque, ¡pequeños peces, para grandes estómagos! Sí, tus propósitos tremendos que no demuestras o sigues, te alimentan en tu mente, son los focos del teatro de tus sueños: la imaginación, y con imaginación tiras en una vida de mierda, pero tu cuerpo quiere obras de verdad, que duren, quiere al otro espectador, quiere aplausos, quiere deslumbrarse por focos verdaderos, quiere vivir. Y ante su hambre de vida, de afecto, de familia, de éxitos académicos y profesionales, que tú imagines, o le prometas, es tan sólo un aperitivo, y rugen las tripas de la ambición y, al final, la leyenda muere joven, se quema... o aprende que debe pasar a la acción. Finaliza diciendo 'mantente esperando, que en setenta años, acabará el Plan Maestro'. ¿70 años...? Venga, súmaselos a tu edad. 90 en mi caso, 87, 88, 91, 94... en el tuyo. Lo desconozco. ¿No suena como... a muerte? ¿Plan Maestro...? No suena como... ¿a vida? ¿A algo diseñado por 'alguien superior', un 'Maestro'? ¡Claro! Sigue así, quemado, con grandes palabras, pocas acciones, visión de túnel, incertidumbre 'velocidad-posición', experiencias pasadas, 'quemazón' por estudiar y no llegar, desconfianza en ti mismo, incapacidad de verte ejerciendo, nulidad familiar, comiendo poco para un estómago que pide ser alimentado, sigue viviendo, de hecho en el aburrimiento de 'joderte, antes de que te jodan' y tendrás... 70 años más de aburrimiento, y el Maestro finaliza su Plan. ¡La cascas! Y, si estás muerto... ¿Cuál es el problema?

Fin de la canción.

'Eso' es 'Am Ende', esa es la filosofía de vida, la filosofía del 'Am Ende', eso soy yo un 22 de enero del 2018, saliendo del final de globales, sabiendo que un éxito -sin conocer ninguna nota-, todavía me llevaba a tener que recuperar una que me dejé, esta solo, cerrado a todo y todos, y con una mierda de familia. Hoy, tengo mi mente clara, mi familia y sus círculos definidos, estoy abierto a lo que sé que puedo hacer frente, llevo 11 de 11 aprobadas, 11 de 57 que me examinaré a lo largo de mi vida, y pienso que, quizá, me estamparé, pero, si lo hago, podré poner los brazos siempre y cuando no desee, en plena caída, desarrollar alas. Me voy a estudiar siendo consciente de que sólo la mayor de las épicas puede salvarme de este suicidio de estudiar 70 días en 50, o 105 de 180 temas atrasados, de los cuales voy por el 60. Pero esto es Am Ende. Sacaré la familia, el afecto, la materia y la vida adelante porque no pienso el desenlace de esto, ni en lo malo que pueda pasar sino en que acabo un 24 de enero de 2019 y, feliz o no, existirá un 25 de enero de 2019 y, como pasaré por ello, bien o mal que lo haga, 'mañana será otro día', otras cosas comenzarán y... 'al final, todo estará bien'. Bien, o mal, el problema desaparecerá.

Ahora, en honor a otro escritor alemán, que escribió el libro más bonito que he leído en mi vida, precisamente similar a lo que ahora escribo, y a lo que en una postal dejé escrito de forma transversal y críptica, aunque ya no importe, porque ni me leen, ni pretendo que me lean ni, después de este spoiler, me gustaría que lo hiciesen, que se llamaba Michael Ende, y la obra, 'Momo', permitiré finalizar este artículo como él finalizó su obra, con el que fue su apellido, y, en alemán, significa, a la vez 'Fin'. Besos.


'Ende'.

10 de noviembre de 2018

El diploma de la vida

Hoy, decidí no ir a clase. Realmente, sólo había un seminario (y ya, a partir de hoy, tendré todos los viernes libres de principio a fin, sabáticos) y una clase que un profesor añadió extracurricularmente porque le dio la gana. Por tanto, paso tremendamente y, recordando que a la casa antigua, a la que fui a despejarme hace unos días, llegó la carta que me instaba a recoger mi título de Bachillerato (sí, un 26 de octubre de 2018 me envían una carta para recoger un título obtenido un 30 de mayo de 2016), y que mi tarjeta, por mi mala memoria (aunque haya quienes piensan que, realmente, es buena), se bloqueó tras no saberme mi pin, hace ya casi un mes, he decidido hacer las gestiones del título, la tarjeta, ingresar dinero del curro y, en fin, hacer lo que ya toca que uno haga porque es autónomo, tiene su propia vida, finanzas, trabajo, relaciones, estudios y papá y mamá no van a estar nunca más haciéndote la vida. Para quien quiera saltar a lo importante, que vaya a las frases finales, para quien quiera saber por qué las digo y qué precioso sentido tienen, que se lea el resto, para quien se aburra, que lea las negritas y se enterará de algo, y para quien sólo quiera saber mi vida, que lea todo menos el final.

Dorian - El sueño eterno. (Os pido que la escuchéis, es 
preciosa, entenderéis mejor esta entrada, sobre todo al llegar 
al final, y podréis entenderme).

El trato ha sido muy burocrático, frío, he tenido que ir a recogerlo al Instituto al que jamás pude ir, con su claustro, sus pisos, su Secretaría, su condición de PÚBLICO y su ambiente familiar. Allá fueron a parar todos mis mejores amigos de Nuestra Señora del Socorro, ahí enviaron una carta de recomendación a su director, desde mi antiguo colegio, para que me pudiesen aceptar (no tenía puntos suficientes por distrito) por 'mis capacidades', también en el Centro de Alto Rendimiento Académico de Cheste entré, con 97 puntos sobre 100, con profesores especializados y un Bachillerato con el que todo el mundo sueña: ¡sin enfocarse hacia la PAU! De entre todos esos paraísos, sobre los que, muy rara vez, pero sigo haciéndolo, pienso y me pregunto qué tal me hubiese ido, acabé yendo al que eligieron mis padres: Escolapias. Me faltó capacidad de decisión, y vistas al futuro, no lo niego, pero tampoco me martirizo por ello, realmente si alguien tiene condición y cualidades para ser un balón de oro, lo será bajo las órdenes del mejor o el peor de los entrenadores, porque en el campo, juega él solo. Y por eso, digo que me pregunto rara vez qué tal me hubiese ido en otro sitio porque, es cierto, no hubiese conocido a la más larga de mis parejas, ni a mis dos mejores amigos, pero también hubiese habido otra persona, otros profesores, otro estilo de vida y otra libertad en cualquier otro lugar. El futuro te puede sorprender de tantas maneras como los futuros paralelos, por tanto, haciendo un balance, hubiese tenido lo mismo, de otra manera: he entrado a la carrera que quiero, no me he dejado nada por dar y estoy en el otro extremo, que no en el final, pero por caminos distintos. Nada, eso, párrafo inútil, sólo era que me ha venido en mente un yo de 12 a 18 años estudiando ahí, con amigos y futuros compañeros de carrera, y me he puesto a pensar. Me han dado una goma para enrollar un diploma gigante, firmado con mi cursiva de zurdo, y con múltiples sellos y, junto al resto de mis compañeros de clase de la promoción de 1998, he tenido que firmar y cerrar, para siempre, un archivo escolar, por protocolo. El resultado final fue un 9.54, supero el 9.45 de mi hermana, y su 12.3 en la PAU con un 13.2; vamos, que no  me lo curré  mucho, le di la vuelta a sus números, y me debe una cena.

En eso, y pensando en ese diploma, he ido a dicha casa, a coger una caja donde mi madre guarda mis diplomas, trofeos, medallas, galardones en general, y los he traído a la actual. Esta semana he hecho cambios en mi cuarto, añadido cosas nuevas, rehecho mi biblioteca y colgado cosas nuevas en la pared. Este título no será una de ellas, pero sí ocupará algún sitio dentro de la zorrera que he armado. Los quería sólo para ver qué era el significado que podía darles, qué representaban para mí y por qué los hitos vitales no tienen, ninguno, forma de ser evaluados o premiados. Y ha aparecido de todo.

Una medalla y un diploma por hacer el mejor dibujo de la Comunitat Valenciana en el concurso de Dibuixa L'Esport, que me dio el Ayuntamiento. ¿Con qué me quedo? Con que lo esperaba tan poco, porque lo hice rápido, y me gustaba tanto la medalla, que nunca recordé recoger mi premio, una enciclopedia, que dieron al siguiente niño que no consiguió llevarse mi premio. Seguramente le sirviese, más que a  mí. Mi padre, al fin y al cabo, todavía trabajaba y me compraba enciclopedias, y quizá ese niño, igual, no. ¿Qué dibujo me llevó a ganar? No tengo ni, con perdón, puta idea. Aparece por ahí otra mención de dibujo en un concurso navideño, me quedo con el premio, un vaso muy bonito con motivos navideños que todavía tengo en mi mesa para poner todos mis lápices y bolígrafos, doce años después. ¿El dibujo que me llevó a ganarlo? No lo recuerdo. Esos son los diplomas que me da la vida.

Rebusco, sale un diploma, de natación. Era el líder de mi división. ¿Me quedo con ese diploma o ese deporte? No, porque olvidaba que tenía dicho diploma, y no me gusta dicho deporte, por mucho que mi musculatura y dimensiones siempre fuesen las ideales. ¿Sabéis por qué? Odiaba ir, me apuntaron porque nací grande y débil, estuve hospitalizado los tres primeros años de mi vida, y sólo la natación era mi vía de recuperación. Mis padres pagaron mucho dinero por ello, y a ellos les hacía feliz llevarme, juntos todavía, después de mis clases a nadar. Tengo recuerdos muy negativos, pero muy por encima está la sonrisa de mis padres y que siempre, al salir de darlo todo, me regalasen un cochecito. Han pasado entre trece y dieciséis años, pero sigo conservándolos. ÉSOS, son los verdaderos trofeos. Ese es el diploma que me dio la vida.

Tengo todos los boletines de notas, desde primero de infantil hasta 2º de Bachillerato, pasando por un 'enhorabuena, no dejéis que Fran se pierda, ni su curiosidad', escrito por una persona fallecida, Dña. Felicitat Ros Monsoriu. A quien quise decirle demasiadas cosas, pero marché a Escolapias en septiembre de 2010 y, al volver, en noviembre de 2010, me dijeron que ya había muerto, hacía semanas. ¿Entendéis ahora por qué dije en la última entrada que nunca hay que dejar para más tarde lo que te apetezca hacer ahora, por mucho que tengas un sentimiento encontrado o algo más importante, a largo plazo, en la cabeza? No sabías, 'Fele', que tenías razón, era un portento, pero no del dibujo. Abandoné la idea de la Ingeniería por la Medicina, y sé que ahora curaré la enfermedad que se te llevó. Te quiero mucho, y te escribo allá donde quedes, para decirte que, aunque tú sí que lo harás, yo nunca me perdonaré haberte mentido en una ocasión, y que muchas gracias por haberme apoyado cuando eras mi tutora, me subiste de curso, me felicitaste siempre, y te preocupaste por mi enfermedad rara. De corazón, gracias. ¿Recordaba el boletín? No. ¿Y la firma de 'Fele'? Tampoco. ¿La recordaba a ella, lo que nunca dije y lo mucho que se preocupó por un crío que pasaba más tiempo en el hospital que en el colegio? Sí. Ese es el diploma que me dio la vida.

Aparece una medalla de plata en un torneo deportivo de la Comunidad de Aragón, de fútbol. Fue uno de los peores partidos de mi vida, lo grabaron, y lo borré. Iba con los ganadores, había sido en eliminatorias el mejor jugador de cada partido, llegó la final, y no respondí. Marqué dos goles, un tiro rechazado al palo que empujé, y un tiro desde media distancia que entró, raso, por la cepa del poste. Tras eso, me ofrecieron entrenar en un 3ª división, no quise. Tampoco me hizo mucha ilusión enseñarle a la que fue mi 'amiga de verano' esa medalla, aunque insistiese y, tras la cena, en el cuarto, juntos, me dijese que la guardase. ¿Me acordaba de dicha medalla? No. ¿Y del partido? Apenas. ¿Me acuerdo de Carmen, sus ánimos, lo poco bueno que hice, y de la decisión de abandonar el fútbol a partir de 2013? Sí. La vida me dio este diploma.

Después, la importancia de una mirada y unas palabras, vuelve a remover mi vida. Una profesora me cita, tras una clase, era sustituta, Ingeniera, una de las mejores de Valencia, no sé qué hacía en un Instituto de antiguo caché, ahora sólo elitista, fijándose en un chaval que, con ella, sacaba nota y, con la titular, apenas ochos. Yo no era, ni queriendo, de los cinco mejores de clase, porque perdí la ilusión, pese a que, en los psicotécnicos, saqué un 100 de 100 en todo. Ella no vio lo primero, su asignatura, vio lo segundo: mi capacidad. Me citó, me dijo 'Fran, por el aprovechamiento de tu capacidad, estoy segura, y si no, no te lo diría, de que esto está hecho para ti'. Me presenté, a las Olimpiadas Matemáticas, gané en mi distrito, quedé en el podio de la ciudad y entré a fase nacional. Fui top-10. Ahora, queda un diploma de ello, firmado por una 'celebridad'. No me acordaba de él. ¿Sabéis de qué sí me acordaba? De mis amigos yendo al Palau a apoyarme, a mi familia esperando un premio, a celebridades de la política y del deporte (el Valencia  Basket y su capitán vinieron a darnos las condecoraciones, el año que ganaron la Liga), de no poder traer una de las mayores noticias, pero de mis abuelos, a cien kilómetros, celebrando al ver mi nombre en el periódico y la revista del colegio, y de venir a casa, feliz, con mi diploma, mis regalos y trofeos, y dejarlos tirados en la cama, y sentarme, televisión apagada, a reír con mi familia mientras cenábamos un bocadillo y me iba a dormir, porque mañana sería otro día. Esa lección, ese diploma, ese trofeo, eso... me dio la vida. La experiencia, sólo me pudo dar un papel firmado, un juego de ordenador y un balón. La sencillez, me la enseñó el proceso. El Instituto me pagó todo el proceso de inscripción, depositó en mí una cláusula y, como jugador, me hice valer. Dadme confianza, y pondré el resto.

En 2014, me apunté a la Liga de Debates. No quería, pero el seleccionador de la organización, y mi profesora, me cogieron aparte. Me dijeron 'no importa si tienes o no compañeros, te encontraremos equipo, pero eres el líder que necesitarán, y tienes un don que no vamos a dejar que pierdas'. Sólo por eso, accedí. De ello recuerdo el día en que ganamos a Salesianos y conocí a las dos gemelas más guapas de Valencia, el día en que gané a Oller, y vi a una amiga que no veía en 4 años, y el día en que me enfrenté a Vilavella, y conocí a la que sería la persona que más quise durante dos años y medio. ¿Y lo que nos perdemos porque nadie nos mira a los ojos y nos dice 'no voy a perderte, pero, ante todo, no voy a dejar que te pierdas'? De ello, queda un subcampeonato, un diploma, una camiseta que me venía pequeña (QUE GASTO LA XXL, JODER). Pero queda este proceso, queda esta chica preciosa, queda mi amiga, quedan las dos gemelas de mis ojos, queda la confianza en el proceso, queda que viniese a verme competir la que al mes sería mi pareja, aunque fuese yo, precisamente, quien la eliminó en el último debate. Fue precioso, y eso  me motivó a no caer hasta el final, pero fueron superiores, y no pude darle el primer premio. ¿Sabéis por qué no queda, de eso, el diploma? Porque queda todo lo anterior y decirle a la persona que vino a verme un 'no he podido traer el primer premio', pero que me dijese, 'no venía a verte ganar, sino a verte a ti, el primer premio eras tú'. Y ahí derrumbarme. 30 de abril de 2014, si antes lo digo.

En 2015 y 2016, me tocó ser profesor de debates. Ganamos, partido tras partido, conocí a mis dos mejores amigos y amigas, y a la chica a la que, hace entradas dije, agradezco que me enseñase a nunca dar y decir más de lo que puedo; Cristina. Recuerdo noches en pueblos lejanos, viéndolos debatir, tardes larguísimas enseñándolos a debatir, a contestar, a pensar, a vencer sus miedos, contándoles cómo fue mi subcampeonato... Eso es imborrable. Recuerdo ver equipos del colegio caer, y consolarlos, y otros seguir adelante, y caer, o no, y consolarlos. Recuerdo preparar a mi mejor amiga para oratoria, y conseguir el subcampeonato. Al final fuimos terceros por equipos, segundos individualmente, y esa promoción fue CAMPEONA universitaria, al año siguiente. Me dieron un regalo por todo lo hecho, un diploma por todo lo conseguido por el colegio... y no me quedo con eso. Me quedo con mis mejores amigas, con esas tardes y noches dedicadas no en balde, sino a conocer a gente, recuerdo a mi amiga, que lloraba al hablar, pudiendo dar un discurso, meses después, ante 400 personas y ser la 2ª mejor de toda Valencia,  y recuerdo que nadie me felicitase, pero me palpitase el corazón al ver que fue porque me preparaban una sorpresa. Ese fue mi premio, el trofeo que conservo, y no un e-mail de un profesor, dos enhorabuenas o cuatro papeles firmados con mi nombre. Y, que al año, el equipo universitario me dijese: 'Fran, gracias, hemos ganado, el campeonato que nunca tuviste es tuyo'. Me derrumbé. Abril de 2017.

No volví a esas Olimpiadas en años, porque no hubo otra profesora que me mirase a los ojos y me dijese, individualmente 'Fran, te selecciono', sólo hubo la titular, que me seleccionó por correo como a otras veinte personas y nos dijo 'nos vemos'. Honestamente, me envió un correo para eso y para querer subirme de curso. No acepté ninguna. No me volvió a ver. Sin embargo, en Bachillerato, apareció la mejor profesora de Matemáticas que jamás tuve, que se preocupó por el fallecimiento de un familiar cuando estuve todo el tema de Integrales sin ir, que me preguntó por mi enfermedad rara, que estuvo conmigo para suspenderme y aun así darme oportunidades, y que me pregunta siempre que me ve por el barrio. Ella me dijo 'eres un portento, pero no quiero portentos adelantados a su curso, por lo que no te prepararé, pero te desearé toda la suerte'. Gracias a no adelantarme, pude pasar de fase, con mi mejor amigo, con felicidad y risas, y no quedé de los primeros, pero al año siguiente no me aburrí y pude aprender lo que me correspondía. Queda un diploma, verde, con la firma de la misma señora que me lo expidió en 2011, pero, ¿sabéis de qué me acordaba? De mis amigos acompañándome, de esta profesora, Dña. Dolores, de sus mensajes de 'no te compliques, ¡aprendiste a pilotar aviones sin saber andar!' y de decirme 'estás, ahora, tras dos intentos, en tu lugar, por favor, no lo abandones'.

De ese año, aparece otra carta certificada del Ministerio de Educación. Me acojoné, porque había comenzado 1º de Bachillerato, tenía mi título de la ESO y no tenía motivo alguno para esperar nada. Pero sí, la vida te cambia en un segundo como para ir planificándola al día, semana, mes, año..., y todo lo que ahora crees imposible mañana se puede tornar en algo normal, como una semana puedes ver a alguien y a la siguiente enterrarlo, o un desconocido tornarse en un amor y viceversa. Hablo por experiencia. Y todas ellas recientes. El caso es que rezaba 'ha sido usted elegido para los Campus de Verano'. Sí, el Ministerio confirma que no eres un ciudadano, sino un número, y dentro de los 500.000 estudiantes que habían finalizado 4º de la ESO aquel año, estaba en su Excel como el 800 de España, y querían a los 1.000 mejores para, en 40 campus distintos, destinar a 25 por campus para que hiciesen Ciencia. Salamanca fue mi destino, aunque nunca fui. Como aquella enciclopedia que, de pequeño, no recogí, mi billete a Salamanca seguro que sirvió a otro chico o chica que lo pasó genial y la vida le dio su diploma. No recordaba esa carta seleccionándome y dándome dinero para que el Gobierno dijese que destinaba fondos a la Ciencia. Pero sí recuerdo a una persona, que todavía seguía conmigo, pero le faltaba poco para dejar de ser, quedar la 1.100 y decirme 'cabrón, vete tú que puedes, bien lejos, Salamanca no, que todavía te siento'. ¿Qué me dio la vida? ¿Una carta? No. ¿Una selección? No. Un: estás por encima, no te lo creas, pero los otros cuatro años te dijeron cosas verdaderas. Cree en ti y llegarás tan lejos como Salamanca, y no tanto como lo quiera tu pareja. Por cierto, iré en nada a Salamanca, si alguien afloja setenta euros, que se venga conmigo.

En Bachillerato, como ya dije, pero voy por orden de recuerdos, obtuve esos diplomas como mentor. Quizá son menos importantes, pero como ciudadano de un lugar llamado mundo aparecen diplomas de idiomas en valenciano, en francés, en inglés... Como siempre, con la firma automática de un extraño y, a su izquierda, la perfecta cursiva de un zurdo que observa la confirmación de su trabajo bien hecho, pero sólo se queda con el proceso. Un B2 de uno, un C1 de otro... ¿Me importa el diploma? A efectos prácticos, a nivel universitario, me abre las puertas que quiera, tengo cinco, seis idiomas... debería alegrarme. Pero no me importa. Me importa el proceso de aprendizaje, de ir a clase, de aprender lengua, de aprender cultura, de hablar con nativos, de un programa de inmersión, de viajar un poco, y de ir ganando dinero, como ahora, para hacerlo todavía más. Este verano quizá me toque ir a Gales, pero no digo más.

Después, hay condecoraciones: salto, 5000 metros lisos, en fin, carreras al uso, hay un bronce en unas Olimpiadas de Física, una sexta plaza en unas Jornadas Matemáticas por equipos mixtos, hay una copa por ganar el Torneo  Madre Paula en mi colegio, donde jugué 17 partidos, 16 ganados, y sólo el último perdido, donde fui el mejor defensa del torneo, y creo que acabamos con 65 goles a favor y 7 en contra. Pero no hay nada más de mi Bachillerato. No recordaba, honestamente, que me diesen premios por participar en un 5000, por ser top-5 en salto de longitud o por ganar un torneo, pero sí recuerdo acabar tieso diecisiete partidos en pocos días y perder el último como lección de 'ganarás el torneo, pero lo harás perdiendo el último partido', conocer la derrota aun ganando, porque se puede perder algo y ganar, y recuerdo la vuelta número 12 al óvalo de atletismo queriéndome morir, pero sprintando porque sabía que podría dar mínima para el campeonato regional, y recuerdo los amigos y amigas que hice en estas jornadas de Física y demás. Conservo pocos, pero los conservo. ¿Los trofeos, diplomas, etc.? Me lo han recordado, pero el recuerdo no hubiese quedado de no haber sido lo más importante.

¿En la Universidad? No me han dado ninguno. En serio. Acreditaciones, muchas. Por representante de CAT, delegado, del ADR, de la CEXC, de la CIMP, y así de cuatro instituciones más. Pero lo que realmente me ha servido como diploma, más que unos pocos créditos ECTS, ha sido que mis amigos se acordasen por mi cumpleaños, que mis compañeros de clase estuviesen siempre ahí, tuviesen incluso un detalle conmigo, que mis profesores me invitasen con ellos a investigar porque 'por notas eres bueno, pero, por curiosidad, no hay otro igual', y, ante todo, al tener que abandonar una carrera, todos me deseasen lo mejor, sin excepción, con cariño, y me sigan hablando, y alguno leyendo ahora. Pero, si me tengo que quedar con algo de esta etapa, fue con una medalla. Me la dio mi pareja. Nos fuimos de viaje, deshicimos las maletas, pedimos dos cuartos, realmente en uno dejamos los trastos (nosotros) y en el resto el equipaje (lo que iba con nosotros). Un 'esto es para ti' y mi inspección, fueron suficientes. Una medalla, con mi apellido, que le dieron hacía un año, una serendipia, que ella borró y re-talló: 'para el mejor novio'. No me acordaba de dicha medalla, de dicho 'galardón', en parte porque, cuando me lo otorgó, le agradecí con cariño, pero lo guardé inmediatamente en mi maleta y le demostré por qué lo era, más que agradecerle que me lo hubiese demostrado. Sí recuerdo tumbarnos tras horas de conducir (quien diga que no conduzco bien, que cierre esta pestaña y nunca se venga conmigo de viaje), poner el 'Always look on the bright side of life' y recordar todo el año que nos había llevado, momento a momento, hasta ese mismo. Ella me dio ese diploma, pero lo que queda es el recuerdo de algo que ya no duele. Porque, ¿sabéis qué? Arriba lo dije, tanto en el amor, como en los estudios, la familia, la vida, etcétera, se puede ser el mejor durante un momento, y que esto sea cierto, pero se puede no mantener, se puede morir, y todo puede cambiar en cualquier momento y que, en un futuro, no seas. Fui el mejor matemático del distrito y la ciudad, fui el mejor jugador de fútbol de una Comunidad Autónoma, fui el mejor nadador de dos clubes, fui el mejor mediofondista de Valencia dos temporadas, o tres (2006-2009)... pero  no volví a repetirlo. Lo fui, porque los superé, y porque hubo quien quiso imitarme. Pero, ¿sabéis qué fue de aquellos que estaban por detrás? Que se hicieron con mi lugar y, algunos, lo consiguieron mantener. Ninguno lo mantiene, pero lo  hicieron más que yo.

Este año, no tengo premio, galardón, ni diploma. Sólo una acreditación por ser pianista, un día, a lo largo de toda Valencia. 11 de mayo. No lo recordaba, pero sí recordaba haber salido en la tele, haber conocido a Isa, un amor de persona, y haber cantado con un italiano con la voz más bonita que escuché jamás, y que una persona, hoy, me haya dicho 'Fran, yo fui, y eras el de la camisa azul a cuadros, canta el City of Stars otra vez'. Ahora, el recorte de periódico de esa noticia cuelga en algún tablón, quizá detrás de mi silla. Me lo dio esa persona. Y un caer de la tapa del piano, de noche, con la gente fuera de la plaza, una última canción en la Plaça Redona, un solo, a capela, y cargarlo en el camión. Y esa es la lección presencial que me ha dado la vida. Consigue muchos más, pero no porque sean importantes (si total... acabarán en una caja polvorienta de un piso abandonado), sino porque detrás de ellos habrá tanto cariño, apoyo, gente y superación, que vivirás; y lo dije anteayer: VIVE, VIVE, VIVE... Quién sabe si mañana, es mi día. O no hay más días, sobre todo ahora, que estoy enfermo, y no quiero preocupar a nadie con mis cosas, pero estoy enfermo grave. Lo suelto por aquí, en el medio, sin llegar al final, que pase desapercibido JAJAJA. Ojalá la muerte se quede pronto sin tinta, y no imprima mi diploma. Ojalá pueda seguir escribiendo menos seguido, y eso sea porque siento menos prisa para deciros todo lo que siento, y repasar mi vida. Ojalá tenga más tiempo que pasar con todos vosotros y todas vosotras. Pero, por eso, debo coger esta canción y sus lyrics, porque, para mí, esto va de 'El sueño eterno', pero he escrito, con los términos de esta canción, a mucha gente querida este mes, sabiendo lo que esa gente no sabe, por eso, tampoco quiero discutir con ella, ni estar mal, ni irme o que me tire, cuando ya lo hará otra cosa. Os pido que la escuchéis, y me entenderéis. Creo muchos recuerdos con vosotros, pero no para que en un futuro, esperemos, largo, duelan, sino para que los conservéis como los recuerdos que mi diploma deje, y los recordéis bien. Os quiero mucho, que nunca se os olvide.

Mi reflexión

Ahora, la reflexión: ¿Cuántos médicos, psicólogos, facultativos, ingenieros, etc. cuelgan sus títulos de paredes, demostrando lo que son y su prestigio? ¿Cuántos se acuerdan, diariamente, al verlos, si los miran, del camino o proceso que los llevó ahí? ¿Cuántos se abren un 'Linkedin' y cuentan maravillas de su vida y sus estudios? ¿Cuántos recuerdan para qué les ha servido y qué se han llevado de ello? ¿Cuántos hablan con las personas que hubo detrás, que conocieron, que los apoyaron? ¿Cuántos les dicen 'ya nos veremos' y no las volverán a ver? ¿Cuántas bios lees con  miles de etiquetas para decir lo que uno hace con su vida? ¿Cuánto hace ese alguien, realmente, con su vida? ¿Cuántas veces te has sentido orgulloso por la medalla y no lo que te ha llevado a ella? ¿Soy el que debe alegrarse por ser el mejor matemático, la mejor pareja, el mejor orador... o soy el que debe saber que lo es por su trabajo y, desechando la medalla, quedarse con esa tesón y seguir siéndolo?

En definitiva, estos diplomas, estas medallas, estas personas, este amor, cariño, familia, parejas, todo, me han enseñado que no eres lo que tienes o consigues, sino lo que mantienes o evitas. Y quiero evitar tener, y quiero conseguir mantener. Y quiero seguir compitiendo conmigo, y para ellos y ellas, los que forman mi once inicial. Y quiero abrirme, aunque dentro entre el Caballo de Troya, y quiero dar lo que pueda más uno, y quiero seguir llenando mi vida de experiencias, y ya si eso una caja de papeles firmados o estaño, bronce, plata u oro grabado. Y quiero recorrerlos con los ojos, o las yemas de los dedos, y que vuelvan a mi mente todos esos procesos por los que he luchado y ganado, y no el registro de la victoria. Al fin y al cabo, cuando quieres, nunca quedan los tickets de vuelo, ni los de compras, ni los de visitas a museos, monumentos o pueblos, ni quedan las fotos que os tomasteis, ni quedan las medallas que os disteis. Sólo permanecen para que puedas recordar las miradas que tuvisteis, las veces que os tuvisteis cabeza con pecho, los besos que os disteis y os negasteis a dar, las discusiones y reconciliaciones.

Y con la familia no queda un epitafio, no queda un último beso, un 'ya nos veremos', queda las risas juntos, las cosquillas que me hacía mi abuelo, que con tres añitos se me fue, pero mi prodigiosa memoria lo ha guardado entero, en el costado, donde pocos saben que las tengo, pero en clase  me joden que flipas, las lecciones de vida de mi tío instantes antes de fallecer, un 'da más  besos, que no sabes lo que significan, y lo bien que los das', de mi abuela, y que me aplico, y queda un cuidarlos hasta el final, porque en las buenas tendrás gente para parar un tren, pero en las malas, quédate con quien, siquiera, se mantenga cerca de ti. Mañana es un diploma más que la vida no me concederá, porque vivir es el premio, pero todavía no hay recuerdos, tras días convulsos, que pueda comenzar a construir. Quizá, pasado, sí lo sea, puesto que habré conocido a una nueva persona y, todo lo que venga después, merezca la pena. Quizá lo sea porque he comenzado a estudiar tras 4 días de bloqueo mental, y mi diploma sea, en 4 años, el que cuelgue en la pared de una consulta. En todo caso, la vida me ha puesto un examen, que no puedo copiar, puesto que cada uno tiene el suyo, y de la que me graduaré bien mayor, tanto que obtendré el diploma por haberla pasado cuando muera. Y lo recogerán mis hijos, o nietos, o nadie, quizá, y seguirá, como el de mis compañeros de hoy, por recoger, todavía.

Pero, lo más importante, si me gradúo bien de todo esto, si tiro hasta el final, sea corto si mi enfermedad me pone fin, sea largo si la supero, todo el recuerdo de ese diploma y galardones, vivirá para siempre y será recordado por quienes haya tenido como regalos, premios o galardones en la misma: mis seres queridos. 

A querer, y a vivir. Y, ante todo, a querer vivir, que no sabes cuándo imprimirá, la muerte, tu diploma.

Un abrazo y buenas noches.

1 de noviembre de 2018

Agradecimientos

Ha sido una semana rara. No voy a resumirla. Tenéis en negrita todo lo importante, para ahorraros leer mucho más, o ir a lo que queráis. Primero resumiré un poco estos días, luego mis sensaciones, después os daré las gracias a muchas personas, más tarde os recordaré a otras y, finalmente, lanzaré un mensaje al vuelo. Por si queréis saltaros la parafernalia. Las resumo cuando sé que el cambio en mi perspectiva, o el paso del tiempo, no las convertirán en nostalgia y volver a leerlas supondrá no sentir demasiado. Están en borradores, y dudo que los publique a corto plazo, pero esta semana escribí, en domingo, quizá los textos más desoladores en meses, en lunes, los más tristes, en martes, los más diáfanos, insulsos, autobiográficos... y hoy no he querido escribir al respecto. El sábado, curiosamente, sólo nacía de mí agradecer. Así que, sólo porque el sábado sucediese 'no sé el qué', que me hizo escribir lo único bueno de la semana, y porque eso bueno fuese 'agradecer', mi 'reflexión' de hoy no serán más que agradecimientos a esas personas que han estado, poquitas, ahí cuando todo se ha tambaleado. Si alguna no está, o bien es porque no ha estado, como es lógico, o bien es porque sigue. Soy responsable de lo que digo, pero no de lo que se entienda, como siempre repito al escribir. Así que, pasemos.

The XX - Lips

Quizá esta semana haya sido tremendamente mala, pero en un futuro pueda recordarla de otra manera, quizá haya sido una excepción, y todos los pensamientos del pasado que se han vuelto a ceñir sean espejismos en el desierto. Si puedo resumirla es en el domingo en que más solo me he sentido del año, el lunes más triste en meses porque soy incapaz de dar puntada e hilo a la vez, el martes más inocuo y fútil del mes, quizá salvado porque mi cabeza se puso en serio a trabajar y a sacar toda la materia adelante, como si algo ahí dentro, rodeado de tanto caos, se conectase y dijese 'vamos a darle la vuelta a esto', y un miércoles de astenia. Dicho así, suena hasta a realismo crudo, te lo firma Bukowski en un delirium tremens. Quizá tenga que ver el hecho de haber leído 'Bonjour tristesse' y que, en un lío de emociones por varias partes, éste (casi) termine con el diálogo sobre amor y su definición más serios, duros y dolorosamente ciertos que he leído, y me haya hecho ver que no lo hay donde creía que sí, y que lo hay donde, a veces, no miro.

A estas horas me 'convocan para un partido'. Cito textualmente los mensajes que me llegan por WhatsApp, no son metáforas de las mías. Es Halloween (¿cuántos de ellos sabrán, siquiera, qué se celebra?), así que dejémoslo en que es la noche de los muertos vivientes por la de borrachos privados, tan siquiera, de propiocepción que ves por la calle a estas horas. A estas horas, no me importa decirles, y abrir la aplicación por primera vez en mucho tiempo, mientras uno comenta 'menudo ciego me pillaré' y otro lo secunda con un 'tú y todos', que yo no. Yo estaré aquí, viendo una película si una amiga me recomienda alguna, que lleva ya bastantes vistas y me 'cala', seguramente pensando en cosas estúpidas que para mí ahora son de importancia cabal y, quién sabe, si mirándome temario para agradecérmelo en un futuro. Estaré aquí, pensando, pensamiento disgregado, sin forma, un rato reposado, con momentos pasados que, realmente, y por un proceso de acreción, se hacen con los inmediatamente anteriores y posteriores, como si esto fuese una historia, con su epílogo y prólogo, y en otro rato contestaré rápidamente conversaciones de amigos que han ido degenerando en conocidos. Quizá  me hable una persona que he conocido fuertemente estos días en que otras se han mantenido, otras han caído, otras han vuelto y otras se han reafirmado, y quizá, con suerte, me vaya a dormir más tranquilo. Lo que sí haré será resetearme, mi semana ha sido domingo-miércoles, mañana comienza una festividad, un mes nuevo, realmente el penúltimo antes de exámenes, y mañana debe estar todo en su sitio. No quiero ni debo caer en el error de cerrarme a todo, como el año pasado, para obtener mejores resultados, porque ni los últimos son prioritarios ni lo primero es beneficioso, pero tengo que meter una marcha más, paradójicamente, para que se me bajen las revoluciones. Siento que todo es igual, lo mire cuando lo mire. A mediados y finales de septiembre, me autorrefería como 'ausgebrannt'. Puedo extrapolarlo al día de hoy después de haber sucedido de todo. Hace unos meses me refería a cuestiones que estaban comenzando a ser como 'proyectos de futuro' y, llegado ese futuro, ya no sabes ni cómo denominarlos, ni cómo posicionarte en ellos: '¿Proyectos de pasado?', suena a final , y asusta. Me sentía, quizá, motivado en mi campo, pero asqueado por sus docentes. Sigue así. Han entrado y salido personas, materias, profesores, familiares, momentos positivos, negativos, de los mejores, de los peores... y cuán similares deben haber sido entre sí, los buenos para lo bueno, y los malos para lo malo, que en este equilibrado 50-50, nada ha cambiado.

Tengo un grave vicio, que es empezar leyendo un libro por el final, y no terminar una película hasta que no hayan salido todos los créditos, porque detrás de lo que proyecto, en este caso mi vida, hay mucha gente que pasa desapercibida, muchos 'nadies', muchos n'importe qui, que hacen posible que siga adelante, que se proyecte, que pasan rápido por ahí en mi mente sin que me quede, muchos días, ni a pensarlos. Siempre dejo lo importante para el final, y diré que, si bien soy el director y el guionista,  muchas personas han marcado el ritmo, le han puesto imagen, incluso la han animado, en todos los sentidos, y por eso debo decir que lo único importante que vengo a decir en este artículo es que, lo más crucial, para mí, han sido, son y serán, los apoyos externos. Hay miles de personas con quienes intercambiar palabras, centenares con quienes intercambiar palabras y momentos, decenas con quienes hablar, y sólo una o dos con quienes hablar y compartir vida. Esta semana hubo poquitas, por eso, merecen su lugar. No sentí mucho apoyo externo, pero no lo necesité. Los gatos, de siete vidas, se lamen sus heridas. Pero por esas pocas personas que hubo y ha ido habiendo, quiero que en los créditos de esta semana y de estos dos meses tremendamente distintos entre sí, que me dejan el mismo resultado al compararlos, sólo quepa incluir a las personas, poquitas, pero existentes, que han supuesto apoyos externos, que día tras día me han preguntado qué tal, que he visto por la Universidad, Valencia, a distancia por Internet, que han sabido que estaba mal sin enterarse a priori, que han tenido el don de saber cuándo las cosas no funcionaban y, aunque tengan -algunas- una o dos semanas de existencia, que han sabido entrar y, en cuatro o cinco veces, cambiar mis esquemas. A toda esa gente que está ahí diariamente, que escucha, que aconseja, que por un momento deja lo que hace por prestarme una atención pequeñita, que me quiere y a la que quiero, que siempre me deja algún detalle esporádico al levantarme, irme a dormir, me menciona acordándose de mí o... en fin, hace cualquier cosa, por pequeña que sea, que evidencia que no se ha ido de mi lado, quiero hacerle un shout-out y decirle que los aprecio mucho, aunque quizá no lo haga ver tan evidente. 

Así que muchas gracias a...

Pilar, por ser mi único verdadero apoyo externo durante el domingo y el lunes, aunque fuese a 400 kilómetros de distancia. Por dejar de ver una película y liarte dos horas a hablar conmigo. Por permitirme que te molestase con mis líos de faldas, con mis dudas existenciales, con mis agobios que bien conoces y, sin pedir consejo, porque somos diametralmente opuestos, prestarme tanto oído, tranquilizarme tanto y hacerme pensar que todo estaba en orden aun cuando en mi cabeza era una amalgama extraña. A poquitas personas os voy a llamar 'serendipia' en la vida, pero a ti te conocí a través de una pareja que tuve por dos años, que dejé por acuerdo mutuo, y son ya tres y medio, o cuatro, que te tengo en mi vida, muchas las veces que te he ayudado y que he estado ahí de madrugada contigo (¡Ay, el día que nos vimos en Valencia, qué alegría!). Nada más bonito que la reciprocidad, y ayer por ti... hoy por mí. Espero que puedas ver mis dudas disiparse y hacerse realidad mis voluntades, porque, para cuando suceda, estaré receptivo para ver, desde la  barrera, lo tremendamente bien que te va con tu pareja, tras tantos años en los que no tuviste suerte con las relaciones. Me quedo con una cosa que dijiste: 'no debo dejar de ser como soy, pero sí controlar cuánto lo soy', 'nunca dejes de darlo todo por alguien, pero sí mide cuánto dar a cada momento'. Te haré caso. Moriré en mi causa con las botas puestas, pero sin sangrar.

JuanLu, quien, recuerdo, se pasa por aquí para leerme de vez en cuando, un tío grande, dos años y poco ya, que, si está leyendo esto, no se esperará ni de coña aparecer, pero sí, lo ha hecho, porque lo he tenido toda la semana presente. Por Facebook, sabiendo que me leía, y tanto en Facebook como en un Instagram que no uso, publicando una foto y una reflexión sobre un atardecer que yo también pude presenciar, que me llenó de positivismo. Y porque este cabrón que no conoceréis el resto, se ha prestado a escucharme, verme (y verme con el resto de su grupo de Bioquímica, para mí pilares fundamentales) y animarme tantas veces que... madre mía. Nunca se puede conocer a una persona al cien por cien, ni sabré por qué ha pasado, sólo sé que hemos pasado por el mismo proceso y él ya está como yo nunca me imaginaría verme. A JuanLu, de corazón, gracias por figurar ahí.

Alba, otra 'serendipia', te conocí también por una persona, como Pilar, que fue y no fue durante dos años, y con la que pudimos quedar, y verte, hace ya diez meses. Siempre lo digo 'algunas cosas, que se postulan como preciosas, deben 'no ser', para que otras sean'. Fuisteis tú y Pilar, y con eso ya tengo suficiente. Quien no fuese... lástima, y aquí estoy siempre, aun así. A ti, sin embargo, te conocí antes, puede ser que ya roce los 4 años, te conocí cuando me mandabas audios cantando, cuando todavía eras, a ojos de hoy, irreconocible, cuando hablabas de proyectos que hoy son realidades y estabas con personas que hoy son chistes. Y me conociste cuando estaba dudando entre letras, ciencias, Medicina, Física, si irme a Barcelona, casi contigo, si quedarme en Valencia, si pegarme un año sabático... Y estuviste ahí todo el año pasado, con una ruptura ayudando, felicitándome por los exámenes, preguntándome aunque fuese yo quien hablase entre cero y nada, y ahora, en ese 'ayer por mí, hoy por ti', al revés que con Pilar, hoy soy tu médico, escucho tus problemas, que son comunes a los míos, tratando de ayudarte, y me alegro como si de una hermana te tratases, cuando me dices que todo va bien, que le plantas cara, que lo superas, cuando sales en periódicos o la tele precisamente por lo bien que cantas, que el instrumento del ser humano es la voz. Hemos hablado muy esporádicamente a lo largo del tiempo, y sabes de sobra quién me gusta, me deja de gustar, cuándo y cómo, y ojalá poder seguir contándotelo.

Carmen, o debería decir 'Moncho'. Nos hemos distanciado, y es evidente. Comienzas rotaciones en hospitales, tienes tus cosillas encima, la residencia te atribula, en fin... Pero fuiste y eres otra de las 'serendipias', derivadas de conocer a 'esa persona'. Y me quedo contigo. Contigo no son 3 años, ni 4, ya van camino de ser 5. Otro 'hoy por ti, mañana por mí'. Te ayudé en lo que pude, te pasé mis apuntes de Anatomía y te enseñé a aprobarla; cuando yo dudaba de mis éxitos, cuando no daba un duro por aprobar, tú me diste tus apuntes de Histología, tú me hablaste del éxito y del fracaso, tú me dijiste que el primer examen sería mi forma de reafirmarme, tú me ejemplificaste que se puede fracasar y recuperarse, y tú, un 9 de octubre a las 4.30 de la mañana, estabas a toque de corneta cuando te dije 'Moncho, alguien ha sucedido'. En fin, en veintidós días las cosas cambian y te ilusionan cada vez más como pueden dejar de hacerlo en cualquier momento, aunque no haya sucedido y, esperemos, no llegue a suceder. Muchas gracias por haber dejado que, tras meses sin sentir, te diese una chapa de una hora sobre qué creí olvidado y volvió a vivir en mí. Ahora estás liada con 3º, pero ojalá yo pudiese decir que he llegado. Gracias por escucharme, gracias por, a cada examen, preguntarme, gracias por felicitarme en mis fechas importantes, gracias por considerarme tu 'bro', muchas gracias por la que me montaste cuando saqué la matrícula, muchas gracias por relativizarlo todo para que duela menos y en fin, muchas gracias por ser un apoyo externo. Y bueno, enhorabuena por luchar en Bachillerato tras tu trauma, de llegar a Medicina, de llevarme un año con la gorra, y de haberme apoyado cuando me cambié a tu gremio y tantos decesos familiares me llevaron a no ver más allá que un túnel.

Inés, porque estuvimos muy unidos este verano, a pesar de la distancia. También son 3 años los que llevamos hablando, época sí, época también. Has sido la persona más tierna conmigo estos días duros, que siempre me ofrece, porque sabe que estas 'tonterías' me calan, un abrazo a distancia, una maratón de pelis, teatro o libros, leerme cualquier cosa o, igual que entiende mis dudas académicas, hacemos juntos terapia, cuando peor estamos, sobre nuestras dudas, comunes, en nuestros respectivos campos, vidas, esferas y hasta personas tóxicas y, de todo ello, sólo sacamos, semanas o meses después, éxito. La distancia nunca fue buena, ni se puede cambiar un abrazo, leer un cuento o ver películas por Skype, a tener a alguien soldado a ti a tu lado, escuchar su voz o tumbarte y dejar que todo suene, pero sólo por poder tener a alguien con quien hacerlo, aunque no pueda verlo de normal, ya es más que lo que nadie puede ofrecerme. O casi nadie.

Lúa, la chica de Menorca, que me pierde (no en el mejor de los sentidos) por su acento indescifrable y que, a Dios gracias, ya tiene luz en Ciutadella, tras estos temporales. Muchas gracias por haber estado este domingo, que rompió con la tónica del sábado, ahí. Muchas gracias por no hablar por hablar, por abrir conversación siempre que sabes que algo no funciona (que hablo menos, que hablo más escueto, que directamente digo 'algo no va...'), por estar incondicionalmente ahí. Por ser un apoyo externo al otro lado del charco y por ser, tremendamente importante esto, una persona a la que sé que puedo recurrir. Que sé que me presta un minuto, aunque sea, para escucharme, a la semana, y que puedo venir, a las tantas, a decirle 'algo no va, hablamos' y al día siguiente, la hora siguiente, o cuando sea, estará ahí para darme los buenos días, tardes o noches y decirme, con confianza: 'y ahora, desembucha qué coño pasa'.

Enrique, el verdadero bro, que conozco desde 2015 por lo menos, con el que he batallado de la hostia contra todo tipo de seres por Twitter, el que hizo mi 2016 y 2017, el Dios del inglés y las horas muertas, el crítico y el máquina que lleva dentro, por mucho que por fuera le pueda pasar de todo, el máquina que comenzó cuando yo acabé, y que se lo toma todo con filosofía, el tío que me ha metido de nuevo en el gimnasio, en 'La Jaula', con el que paso vídeos chorras, que me menciona a cada segundo con cosas que le recuerdan a mí, al cual veré pronto, si todo va bien, que siempre tiene algo malo que decirme acerca de la dieta o el entrenamiento y que, cuando estoy jodido, tiene unas palabras, poquitas, buenas conmigo y, lo siguiente, son memes para aburrir hasta que me acabo descojonando y olvidando qué me hizo (o quién, estos días atrás) sentir mal. Ese tío que me comparte a Nick Drake 'para que puedas llorar, coño, pero en condiciones, cutre'. Y vaya que si lo he hecho con Pink Moon o Another place, estos días. En fin, un verdadero apoyo, años y años de hablar todos los meses, de seguirnos en todas las redes, de defendernos, de aconsejarnos y, sobre todo, de recibir mensajes cargados hasta la polla de positivismo y de enhorabuenas y, lo más gracioso, de notas de voz partiéndonos el culo de madrugada hasta que despierte a medio vecindario.

Miguel, un amigo con el que puedo contar diariamente, con el que ya son, también, 5 años de instituto, con el que puedo hablar de todas las personas que hay en mi vida y me gustan, quien estos días me ha presentado a más de las que puedo asimilar y lo odio JAJAJA, la única persona a la que espero cuando llega más de cinco y diez minutos tarde, y la única que el domingo fue capaz no ya de sacarme de casa sino, al menos, de hablarme. Cinco, seis años... yo ya no lo sé. Pero unos cuantos. Y cientos de kilómetros al cabo de un cuatrimestre andando de Alameda a Burjassot, entrando a tiendas extrañas, armando cirios por El Carmen, compartiendo frustraciones, un 1º y 2º respectivamente de carrera en el que compartimos el dejarnos dos o tres materias y sacarlas sin saber cómo, el venirte a mi casa y hacer postpartido, el ayudarte también a que dejases relaciones que no te convenían, y ahora ver que tienes una pareja extraordinaria, que te apoya en todo, está siempre ahí, te quiere mucho y, lo mejor, es mutuo. No me corto en decirlo: eres mi mejor amigo. No eres el más serio, pero sí el que mejor me hace sentir. No es que formes parte de mi once inicial, es que nunca te vas a retirar de mi vida.

Edu, otro amigo con el que puedo contar, aunque no sepa muy bien cómo me encuentro, aunque tenga la mente en cuestiones amorosas... En nuestro caso son ya 9 años, tu madre me hizo decantarme por la ciencia, nuestros padres son íntimos, tu casa es la mía, espero que te vaya genial en el plano afectivo, porque le estás echando muchos huevos e ilusión a la persona que quieres, y que siento mucho que nuestros horarios ya no coincidan, ni estemos en Campus similares (en 2017, yo en Burja y tú en la UPV, en 2018, yo en Blasco y tú en Burja...), y que para meternos un alcohol sano por El Carmen o salir a correr mientras hablamos de la vida, siempre estaré. La primera conversación sobre la que, para mí, es 'la persona', la tuve contigo .Y no he tenido más con nadie. Sólo tú sabes cómo está ahora mismo mi vida si bien no cómo me encuentro al respecto, y sólo yo sé cómo está la tuya. Así que me entenderás.

Ahora, vienen créditos más rápidos, de pasada, gente que está ahí, pero menos, y aun así lo sigue haciendo: 

Miriam, por llevar ahí 3 años también, por escucharme, por dejar que te aconseje, por confiar tanto en mí que, tras 4 de relación con tu pareja, y a 700 kilómetros, sea el primero que se entere de lo sucedido. Y gracias por apoyarme en mis proyectos. Nos une más que la ciencia.

Claudia, por llevar, tú sí, 4 años, por haberte conocido leyendo en una biblioteca, un sitio más normal, la verdad, por haberte leído mi libro favorito cuando te lo dije, por habernos carteado (en unos días hará 3 años que te debo una carta, pero te fuiste, fugaz, de Zamora), por haber tomado a la ligera una separación con la persona a la que más quería tras más de 2 años y haberme sacado del pozo en nada y menos. Eres un cerebro con patas, y me dejas sin palabras y sin '¿Por qué sí? ¿Por qué no?', sólo tú eres capaz. Y saber que estás más cerca por tu cambio de Uni me motiva a pasarme a verte un día de estos, sólo déjame que el Puente de Diciembre busque alguna excusa para ir al Norte.

Teresa, por aguantarme todo el curso pasado soltando mierda del sistema, porque allá, en Sudamérica, 'tenés' peor el asunto, y cuando me lo cuentas, me entristezco. Por darme conversación a las tantas de la mañana (¡Bendita diferencia horaria!) y por hacerme confesiones nocturnas que ay... Que no me lleven mis carnalitos de Cerro Tololo (Chile) cerca de tu patria, que nos correremos buenas Coronitas por allá.

Alberto, que me metiste en Bioquímica, cabrón, con  tu encantamiento de serpientes, ya habiendo pasado casi 3 años, y luego resultaste, meses después de comenzar la relación con 'una chica de Medicina', su mejor amigo desde hace más de 8. Cabrón, que estás en todas partes. Decirte que gracias por tu apoyo, discreto, pero firme, que me alegré de, este año sí, llegar a tiempo a tu cumple y que quiero verte ya de ya en Burjassot para darte tus apuntes de 1º, ¡AHORA QUE TE HAS GRADUADO AAAAAA! y hablar igual que lo hiciésemos cuando chocheé. Fuiste la única persona que me ayudó a salir del gran bache que fue la ruptura.

Isaac, Clàudia, Xavi, Néstor y Luis: a Luis ya lo perdí, y camino voy de hacerlo con Isaac, a pesar de que seamos vecinos y, otrora, mejores amigos de ir a conferencias, monumentos, calles, entrenamientos, la playa... Pero a Xavi lo tengo ahí, en las sombras. A ti, Clàudia, que, medio año después, también resultaste ser, en mi propia carrera, la mejor amiga (¡Se nos han juntado en Bioquímica el mejor amigo y la mejor amiga...!), de mi entonces pareja, que celebramos juntos cumpleaños, que me fui a por fósiles a la otra punta del mundo para traerte uno porque eras mi bióloga favorita, y que te encantaba tocarme el culo porque era lo poco bueno que tenía, JAJAJA, decirte que bueno, estamos más lejanos, pero recuperar contacto y ver que somos cierta familia me reconforta, y que te deseo suerte con tu pareja. A ti, Néstor, decirte que la vida da vueltas, y no te voy a negar que la has cagado. Y que ello ha tenido su moraleja. Pero no todo te ha venido de cara, sino contra ella, ni ha sido justo. Acaban 3 años de relación justo cuando a mí se me ocurre venir a hablarte de las mías... pero sé que cuento para ir a jugar un Munchkin a Benimaclet en cualquier momento, y tú cuentas conmigo para cocernos a cervezas. Ante todo, gracias por haber sido mi compañero de pelarme clases en Bioquímica, por haberme parado los pies cuando todo lo peor me vino junto el año pasado y se me hizo bola, y gracias por ser la puta risa todas las primeras horas.


Y mil gracias a  todo lo que no fue, debió 'no ser', para que otras cosas fuesen, sean o vayan a ser (ya me da igual el tiempo verbal que use, estoy demasiado perdido y cansado de escribir): 

Muchas gracias a Paula, no olvido haberte conocido de chorra, en una competición a la que no quise ir, principios de 2014, 15 tiernos años. En un debate al que no quise ir. En una red en la que apenas pasaba. Y que ahí empezasen los 2 años que más recuerdo, que me enseñases tanto. A ser la persona por la que más me haya pillado jamás en la vida, a saber gestionarlo, a querer, a desvelarme por alguien, a no irme a dormir hasta que no estuviese bien, a reprenderle por joder su vida sin darse cuenta, a levantarme a las cinco jodidamente mal y que ahí estuvieses tú, en cualquier momento y a cualquier hora, no sé ni cómo lo hacías, tenías palabras para todo, y todas servían, por enseñarme a lidiar con mis enfados (porque, si no, estos días hubiese mandado a la mierda al 99% de gente que conozco), de haberme derrumbado casi al conocerte, de llegar a esperar mensajes como agua de mayo, de preocuparme por ti, y de aprender que las cosas se joden si te importa más el miedo, la inseguridad... que la otra persona. Fueron dos años, seguidos, y pico... Ahora, son casi cinco, pero de otra forma. Nunca te perdonaré que, teniendo yo otra pareja, volvieses para querer retomarlo. Pero, a pesar de ello, te guardo como un listón verdaderamente alto y como la persona más adecuada en el peor de los momentos. No daré con alguien más parecido nunca, pero sí mejor. Sé que vendrás a Valencia, y que a veces me lees. Ya no deseo nada, pero me pasaré cinco minutos a darte un abrazo.

Muchas gracias a María, no olvido que fueses mi primera relación cerrada, seria, verdadera, de ti guardo una caja con recuerdos que abro dos o tres veces al año, poco más. De ti aprendí a sonreír sin excesivo motivo, a cantar, a no cuestionarme todo tanto, a relativizar la mierda, a hacer tremendas locuras por alguien y a aguantar lo que no está escrito solo por amor. De ti aprendí algo que ha salvado a mucha gente que ha venido a posteriori, y que fue estar mal con alguien y, en minutos, horas o segundos, ser capaz de restaurar esa situación. De seguir viendo la persona a la que quieres a pesar de que todo vaya mal. Y también me enseñaste algo por lo que lo dejé contigo, y lo hiciste conmigo, y así se pactó: a saber cuándo dejas de ver con esos ojos a alguien, te invade el miedo y te das cuenta de que todo está muerto. Tú me enseñaste a no continuar mis enfados para salvar relaciones donde primase el cariño, cosa que ha salvado a muchas personas que han venido después, pero también me enseñaste a saber cuándo parar, cosa que está por defenestrar a otras tantas. Fuiste una lujuriosa arma de doble filo, sobre el cual bailé durante mucho tiempo, y sólo por haberme enseñado los dos extremos del amor (que del amor ya se encargó, un año antes, otra persona), te debo agradecer.

Y gracias, como agradecimientos que pasan rápido, por no haber sido, o apenas haberlo hecho, a Cristina, por haberme demostrado que se pilló, por sus regalos, sus dibujos, sus conversaciones, sus birras a cualquier hora... pero por no haber sido el momento. No conjugábamos, y dos metales que se juntan, o se unen para siempre, o se oxidan al poco tiempo. No fue, y ya está. Me alegro de que no hubiese ningún tipo de contacto afectivo, porque así no pude engañarla con falsas esperanzas. Para lo bueno o para lo malo, aprendí a ser directo con alguien y no seguir en algo que no quiero. Pero gracias a ti, tras ello, viví mi mayor periodo de soledad voluntaria y aprendí lo que era la libertad, la tranquilidad y el volver a ser amigo de alguien a quien quieres, pero no funciona. Algo que, creo, sólo me sucederá contigo.

Y a la otra Cristina, por haberme considerado algo más que un amigo, por haberme dejado entrar a su casa sin destrozarla, haberme llevado por toda Valencia durante un año, por haber sido la persona con la que más me reí durante dos, y por haberme presentado a Laura, con quien pasé grandes momentos, pero jamás me planteé, por mucho que quisieses juntarme con ella, una relación, y -ahora lo sé- desgraciadamente lo dejaste con mi mejor amigo. Y a Mariana, porque fuiste la primera persona que se lanzó conmigo, y de esto hará, puede ser, 6 o 7 años, cuando yo era grafito y no diamante, pero pocos lo sabían, pero yo seguía bajo mis altas presiones forjándome, que me enseñaste que no era el patito feo del percal. Y a Miriam, que quisiste ser durante julio y agosto, insistentemente, pero te fuiste para, en septiembre, dar paso a más gente, que me enseñaste que una persona puede ser de tu agrado hasta que comienzas a conocerla, y no te puedes enamorar de todo lo pernicioso, de igual manera en que si expones una relación, y ésta es a tres partes, con familiares o amigos, acceder a ella es suicidarte. Y a Claire, la mejor médica de Montpellier -aunque le resten todavía tres años para ser médecin-, porque me enseñó a tener lo más parecido a una relación, sin serlo, que expone Bonjour Tristesse, libro que ambos conocemos, que me sigue felicitando, si se acuerda, por los aniversarios y que pudo ser a distancia, pero nos enseñamos que, las distancias, si bien son salvables durante meses y el amor mueve muchos kilómetros a las personas, éste último también te hace valorarlas -si es verdadero- tanto, que prefieres verlas con otra persona, por mucho que las aprecies, antes que contigo, sólo porque podrá darle el cuidado y atención continuado que se merece.

Finalizo con esa frase, porque eso es el amor. No iba a hablar de agradecimientos. Os he colado una trola como una casa. Sólo he hablado de por qué estáis en mi vida, por qué os quiero y por qué siento amor, en el sentido mínimo de cariño, o máximo de querer, qué me habéis aportado, y enseñado, cuáles habéis sido mis amores y quiénes estáis siendo las personas de mi cariño. Y por eso, ya que os he embaucado, acabo con la frase que debería haber abierto esta entrada y, sin embargo, la cierra, habiendo motivado todo lo anterior. Es de Bonjour, tristesse, hoy lo acabé, me encanta, porque me ha hecho parar todo en seco, quizá yo corro mucho, voy demasiado lento, me ilusiono fácilmente, me boicoteo a mí mismo o... quizá es ajeno, pero me lo puedo aplicar:


+ Te haces una idea un poco simplista del amor. No consiste en una serie de sensaciones independientes entre sí...

- Pensé que así habían sido todos mis amores. Una emoción súbita ante un rostro, un gesto, un beso... Instantes plenos, sin coherencia, a eso se reducía todo mi recuerdo.

+ Es otra cosa... Un cariño constante, la dulzura, la añoranza... Cosas que tú no puedes entender.


Finalizo, como todas las semanas, con mi 'pronóstico'. Ya he dado mi diagnóstico, mi tratamiento (siempre, siempre, siempre, será 'recordar'), y ahora me queda dar el devenir. En esta ocasión... pronóstico reservado. Porque me lo reservo, y porque lo desconozco. El viernes hubiese dicho la mayor cantidad de personas posibles en ellos, el sábado, los viajes más bonitos, el domingo, no hubiese visto a corto plazo, el lunes, hubiese querido cancelar todo largo plazo montado, ayer, me la hubiese sudado el futuro, y ahora mismo, que estoy a 27 minutos del 1 de noviembre y el reseteo que para mí significa, sólo veo como pronóstico que las cosas vengan, y no haya de ir yo previéndolas. Pero bueno, como he previsto unas cuantas, para mí y quien se una, estaré aquí, estudiando Epidemiología, Psicología y Ética para vertebrar 15 de los 32 créditos de fácil aprobado de este cuatri, y acabarlos antes de que terminemos la materia para así ir sobrado, y la semana que viene comenzaré con el núcleo duro (Histología - Fisiología - Neuroanatomía), todas ellas, más o menos, comenzadas. Estudiaré, y lo sacaré. No sé quiénes invertís en mí, pero por vosotros, nadie, o quizá alguno o alguna, lo sacaré. También iré a las dos conferencias que tengo programadas, para las que reservé a mansalva, a todos los conciertos programados, a todos los monumentos que quiero ir, aunque sea por  mi propio pie, y seguiré con mi idea de fugarme unos días en diciembre en un viaje a la alta montaña. Bueno, y si me sigue leyendo alguien, que no estoy en WhatsApp. Estoy en la vida real. No puedo decidir lo que cada día cambia, no puedo contar con lo que unos días se difumina y otros se hace claro, porque una persona, que falleció, me dijo -a título póstumo-: 'lucha, las cosas que valen la pena, cuestan'. 


Buenas noches. 

5 de octubre de 2018

Anatomía patológica de una semana

La semana pasada fue 'Anatomía de la felicidad'; en esta, ha habido menos suerte, pero ha acabado bien, que es lo que cuenta. Está claro que tengo que definir mucho mejor mis círculos, que comenzar a estudiar ya, no abandonar música, idiomas ni deporte, por mucho que me quiten tiempo de otras cosas (mientras sea 'empleado' y no 'perdido', me vale) y otras tantas cosas más que sólo dependen de mí y no viene a cuento contarlas, válgase la redundancia. Voy al grano. La canción con la que resumo la semana es una de las primeras que escuché, de niño, en una lengua que no me abandona, y con un significado increíble estos días. Me transmite serenidad y me permite pensar en condiciones, sin llegar a derroteros sin salida. He visto que hay gente que me lee, y es largo, así que si no queréis perder ni tiempo ni lo más importante de lo que digo a la vez, podéis leeros las negritas. Si queréis ir al prólogo de la semana próxima, miraos el último párrafo. Abrazos, y buen finde. 



Lunes 1: siempre he hablado del 'síndrome de octubre' y parece ser que mis predicciones no fallan. Mes nuevo, misma historia. Ya comenzó torcido, puesto que quise ir a Burjassot, pero no pude. Adelantan prácticas, toca hacer trabajos, quedar en horas muertas... Me sorprendió que, al comunicarlo a mis compañeros más cercanos de dicho Grado, éstos se dividiesen en dos grupos. Los que, mientras estuvimos juntos, tuvieron una relación 'discreta' conmigo, y que fueron los que me invitaron a comer, a verlos tras la práctica de laboratorio y pasar la tarde, con los que he comenzado a quedar y llevarme excelentemente, y los que fueron mis mejores amigos, dentro de los que reinaba la indiferencia y, uno de ellos, me dijo si me 'iba a dar el pateo de hacerlo', y a los cuales no veo en más de medio año, desde días después de mi cumpleaños, en Fallas. Me apenaba ver cómo relaciones absorbentes y cambios ajenos de aires llegaban a tumbar relaciones de años más por obligación que por devoción, pero bueno, no alteró mi día, a estas alturas, y habiendo recuperado miles de amistades y habiendo querido recuperar TODAS las perdidas, por una en la que la otra parte no pusiese ni media, no podía seguir tirando ni preocupándome. Hay una frase que me encanta decir, sobre todo cuando estoy con alguien muy de mi agrado o, al contrario, cuando un suceso se precipita: 'algo no pasa si dos no quieren'. Luego esto no puede pasar.

Continué con Fisiología, y de aquí extraje una cosa: la motivación depende del estímulo. Y, en mi caso, si no es continuo, la pierdo. ¿Por qué lo digo? Había perdido el gusto por Fisiología estas dos últimas clases. Rutina, poco estímulo, poca relación profesor-alumno, poca ampliación de la materia, ¿qué hago aquí, y no en mi casa leyéndolo por mí mismo? Entonces, vino profesor nuevo, nos lanzó preguntas de Clínica, acertijos, nos contó experiencias, incluso me motivó tanto el hecho que me lancé, salí allí, hablé sobre un tema que conocía muy bien, tomé apuntes y finiquité su tema sin necesidad de pasarlo a limpio. Pensé en si esto no había sido el resumen de mis últimos meses, el hecho de que las personas van y vienen, pero las mismas emociones no se detienen. Me gusta estimularlas, cambiar de temas, sorprenderlas, vaya, lo típico, porque actúo de igual manera que me gustaría que lo hiciesen conmigo, pero, por motivos equis, acabo perdiendo toda motivación, los estímulos cesan, las relaciones no evolucionan, no hay una ampliación, se cae en una rutina aburrida que no incita ni tan siquiera a buscar algo con lo que salir, se pierde la relación entre personas, y vas dejándola poco a poco, sin saber realmente qué puedes hacer, con qué puedes sorprender y, sobre todo, para qué, si todo esfuerzo es inútil cuando das, pero no recibes y no sabes bien qué tienes al otro lado del muro.

Pasó Histología y, quizá por la reflexión anterior y la que tuve con Nídia en una red social acerca de las relaciones (estoy hablando continuamente de amistades, si tenéis la imagen de 'relación' como algo íntimo, apagad el interruptor, porque también es aplicable, pero mi mente no piensa en ellas ni la hay, actualmente), me fijé en el escaparate que suponía Instagram. Estaba el grupo de los que reniegan de ella y no la usan y el de los que les encanta y están viciados a subir irrealidades que hacen pasar por su vida. Al final pensé en las imágenes que tenía y dije: '¿Qué mas le doy al mundo?', no en un sentido pesimista, sino en un sentido de: 'Esta foto que he subido en un bar, realmente la he vivido con dos o tres personas, que ya la tienen, con quienes ya la compartí. Y el mensaje ya lo conocen, les dije cómo fue, ¿qué más les da a otras 90 personas este hecho, y en qué cambia nuestras vidas el saberlo?', nada. ¿A quién le importa mi vida como para verla en directo? Podéis saber, después de esto, en cuál de los dos grupos me encuadro y qué decisión tomé. Cuando quedo con alguien, si me tomo fotos las tienen al instante (ey, no está mal hacerlas para inmortalizar un momento chulísimo, no os metáis con las fotos), y si opino algo lo saben en el momento (o eso intento), sea bueno o malo, más bueno que malo, porque si no, no hay otra.

Martes 2: el martes comencé enchufado, ya se habían olvidado las peculiaridades del día previo. No soporto a profesores que se repiten sin tener capacidad de estimular al alumno simplemente por llenar tiempo (¿Cuántas cosas se dicen o dejan de decir por querer rellenar y, también al contrario, por no tener capacidad o no arriesgar?), y que acaban haciendo de su clase un infierno. No fui a Epidemiología. No voy a ir a una carrera en la que la señora que imparte un Power Point con no sé cuántas mil palabras y ni tan siquiera se dedica a ello.

Me fui a la playa, intenté ayudar a una persona como buenamente pude (la intención es lo que cuenta, o eso dicen), estaba bien, volví... todo en la tónica de un día normal, aburridillo -pero no por mi culpa, o sea que todo correcto-, siesta, bueno. Pero toda mesa tiene sus cuatro puntos de apoyo, cada uno los suyos, pero cuatro. Familia, pareja, sustento económico, amigos, trabajo... hay miles posibles y con cuatro de ellos hacemos nuestras patas. No voy a decir los míos, ya los sabréis de una u otra forma cada uno. Ese día me empezaron a fallar, empecé a cojear de alguna que otra pata. Me lesiono y no puedo entrenar, amigos discuten por gilipolleces y por terceros en discordia, a nivel de relaciones tengo que ocuparme yo sólo de toda mi familia cuando nunca ha sucedido lo inverso -a pesar de que, para mí, es un deber que me marco-, y los apoyos externos brillan por su ausencia. Me siento mal y decido pasar una tarde, quitando los paseos y un toque a un amigo para ver cómo le ha ido el entrenamiento (al fin y al cabo a mí en su día me enseñaron la pista y la dinámica, y a mí me toca, repito, actuar con el resto como quisiera que actuase conmigo), escuchando música y formándome sobre cosas varias. Cancelo el cine y otro día será, con mismos amigos, distintos... no me importa, en absoluto. Paso una noche en la que me cuesta dormir y acabo leyendo un libro portugués por pasar el tiempo, el segundo que leo esta semana, pues entre domingo y lunes leí otro más filosófico. Ya sabía de sobra cuál era el problema. Tocaba materializarse.

Miércoles 3: vino Fisiología, otro profesor nuevo, distinto cariz, estímulo nulo, todos sentados y viendo cómo nos embutían sin salirse de los esquemas una lección más. Perdí el estímulo, con ello las ganas, y tras ello, la motivación. Decidí no ir a Histología. Segunda clase pelada en dos días, pero, como dije la semana pasada, por mi bien, por no caer en el odio hacia una materia cuando ya me había reconciliado con ella. A veces también pasa en la vida que te alejas de algo a lo que quieres por el riesgo de que cualquier situación, más ajena que propia, pueda romper lo poco o mucho que habías conseguido.

Aquí, a estas alturas, una reflexión que tuvo este doctor, del que fui voluntario esa sesión, conmigo, me hizo cambiar muy levemente el chip, pero, con la guardia baja, los golpes 'pican' más. Iba en el sentido que le dio Nídia el lunes, y reflexionó acerca de lo que llamaba la 'economía de las relaciones', cómo realmente acabábamos perdiendo nuestras facultades por la tecnología al llevar calendario, horarios, fechas, información, dinero, personas... en un único dispositivo. Más allá, incluso, sobre cómo las personas buscan dar el mínimo cariño o mostrar la mínima cercanía para obtener lo máximo, una 'optimización', en términos matemáticos, de las emociones. Para aquel momento yo ya era consciente de eso, pero la pregunta de '¿Quién trasciende esa dimensión?', la cual ya me había hecho muchas veces, fue un detonante. Ya de por sí soy el tío que tiene los cumpleaños apuntados en una agenda -y no necesita mirarla para cantarlos, uno por uno-, quien la usa también para apuntarse qué clases hay y qué debe hacer, y puedo enviar, a lo sumo, 20 'whatsapps' diarios. Pero esto me hizo ver que podía vivir sin mensajes, sin móvil y sin aplicaciones. Y más en una semana en la que ya llevaba dos días malos y sólo recibía mensajes buscando barda entre compañeros, gente interesándose en mí, que no por mí, y dos o tres personas que sí salvaría, pero que tengo ya en otros lugares. Total, que tras una tarde muy floja y en la que las patas de la mesa cada vez se desajustaban más, y no podía hacer nada por ello porque siempre son ajenas a uno (por eso debe elegir uno qué cuatro lo sustentan), decidí probar a ponerle fin al móvil. Y así hice. Por otro lado, encontré un apoyo externo tras mucho tiempo sin hablar con dicha persona, que supo que estaba mal, no sé cómo porque no hablé con nadie, pero conocerme (y conocer a alguien) es un don, y cuando lo tienes, pasan estas cosas, y pude mantenerme, con el agua subiendo hasta el cuello, pero respirando todavía sin problemas.

Jueves 4 (ayer): no hay mal que cien años dure. Remonté enormemente en las prácticas, las dos, que saqué 'cum laude'. Finalizaron y formé parte de una encuesta para un Instituto médico por mi perfil, y me encontré, curiosamente, a una compañera del Grado como voluntaria. A veces los humanos nos calentamos mucho los cascos y realmente podemos ser felices con poco y hacer menos infelices al resto con menos: un gesto rápido, simple... somos animales. Un animal no quiere que le reflexiones la vida, que le hagas de coach o que le relativices el momento. Un animal, si le respetas las distancias, si lo estimulas, si le pones una mano encima y si le hablas con buen tono y por su nombre, hace todo y más. Así, me encontré a esta compañera, y debió ser que todavía tenía -yo- mala cara, porque me separó un momento del resto de la jauría, me puso una mano en el hombro y me preguntó por lo que sucedía, si ya estaba más tranquilo por el tema delegado, dándome la enhorabuena por lo bien que lo hice en las prácticas, etc. La relación entre ambos siempre fue nula, tiene sus cosas personales también, y no compartimos ni amigos, pero aquí descubrí que no preciso de hablar mucho con alguien para estar bien con él, ni de contestarle rápido, ni de tan siquiera estar o no encima, o ser 'algo' a su respecto. No, y si no mirad cómo cambió mi día, a mejor, que una persona y yo cruzásemos una palabra, pero una palabra útil, me hablase por mi nombre ('Fran, cómo va todo', vs. 'Buenas, cómo va todo'), sin voluntad de 'mantener algo', con una palabra que no estaba escogida para marcar o conseguir algo, sino preocuparse por alguien, sino con lenguaje no verbal, y que no hace falta contestar a alguien en una hora, un día o un mes, sino cuando lo necesite, que no se debe estar encima, sino saber cuándo, y que no hace falta hablar siempre, o para decir poca cosa, si se puede hablar esporádicamente pero sentir que 'se ha dicho algo'.

Así sucedió, y puedo concluir que 'los detalles, cuanto más pequeños, mejor, marcan la diferencia'. Es algo que extraigo de mi trato con los compañeros, de estos momentos que me llegan cuando tienen ese trato conmigo, de gente que hace poco, pero todo lo hace bien, de gente que hace mucho, pero no llega tan allá, de gente que con un gesto, una palabra, una proposición o cualquier estupidez del tipo, consigue que abandone todo y siga con un 'y por qué no'. No me hagáis ver sólo lo bonito del mundo, si hay algo malo y me afecta.  No preguntéis la misma frase todos los días (qué tal), sino daos cuenta de su respuesta negativa sin necesidad de saberla. No me mandéis mil mensajes al día, si con uno, en el momento preciso, lo dejo todo. No me preguntéis para darme rienda suelta a que me explique, hacedme una única pregunta, acordaos de la respuesta tras semanas, o meses, o de proyectos o eventos o cualquier estupidez, y sorprendedme y haced que me tambalee de la alegría cuando, tiempo después, os intereséis por ello (¡Lo preguntasteis por interés, y no por cumplir!). Todo esto era retórica, no lo dirigía a vosotros, de hecho, esto lo leéis los pocos en quienes confío o, ya es mucho, no desconfío, y para vosotros no tengo comentarios malos. Sólo tengo o intento tener buenas palabras y preocuparme puntualmente si veo que algo 'puede no ir bien'.

Encendí el móvil para ver 400 mensajes, a los que contesté con 10, y le di prioridad a dos personas, que ya saben quiénes son, y por qué. Vi mensajes de un grupo de amigos falso en que si no se escriben, nadie se ve, un grupo de clase que seguía sin aportar, el de la familia a la que veo de continuo, un cliente al que llamé por teléfono, y resolví lo mismo que podría haber resuelto por WhatsApp, pero en un minuto, escuchando su voz, con tono y con cercanía (cercanía... esa gran palabra), y pasé por alto un par de conversaciones, que había muchas. Me sorprendió, y hoy he ido a verlo para darle un abrazo y preguntarle por su curso, que un compañero que ya no está en mi grupo se acordase de mí y me felicitase ayer. Otro pequeño detalle, acordarse de alguien, un mensaje tras meses, que consiguió que moviese el culo para verlo, saber de él y clavarle un abrazo.

Viernes 5 (hoy): anoche estuve muy bien, me acosté tarde, me tocó hacer de 'psicólogo', no por mucho tiempo. No era la primera vez esta semana, ni la segunda, que lo hacía con alguien y para alguien, pero nace de mí y es inevitable. Eso, y una noche de lectura, música y tomar el aire que se me fue de las manos, hizo que cogiese el móvil a las seis y decidiese no contestar, por amor a la gente, todas aquellas conversaciones relevantes. Ética, de nuevo, profesor que vende política, humo, mentiras, sobre el gremio. No me he contenido, he sabido que estaba bien porque ha salido el 'Fran reaccionario', contestatario, combativo, he levantado la mano, he opinado por qué estaba en contra, argumentado, criticando, en tono asertivo, no iba a dejar que dos días de Ética politizada e insulsa se convirtiesen en un tercero, y la clase me ha apoyado. Dejé de ser delegado porque no quería que esta discusión diaria con departamentos podridos afectase a mi desempeño como compañero y estudiante, pero de vez en cuando viene bien el apoyo del grupo y plantar cara a autoridades putrefactas y corruptas para saberse vivo y capaz de cambiar ciertas cosas.

No me he ido en metro a lo fácil, ni a la playa, lo deseable. He vuelto andando los 6 kilómetros a casa. Por el cauce, por un camino que en su día hacía más, por otros  motivos, por rincones que no visitaba en un tiempo, que ya casi parecían no tener voz, y he sabido lo que era volver a pensar en 2015, 2016, 2017, en 'oler' de nuevo épocas, en que muchos sentimientos y pensamientos volviesen a mi cabeza al ver determinadas cosas (una fuente, una plaza, una torre, una finca, un tramo de río, cualquier cosa... con significado para mí), incluso sensaciones que te recorren la espina como calambres, a las que puedes poner fecha y hora aunque haya pasado un año de eso, o dos..

¿Prólogo de la semana que viene? Mañana, inevitablemente, debo currar para dejarme todo el trabajo del fin de semana hecho. No será un día fácil, pero retomo el gimnasio y, quizá, amistades si decido quedar, y tengo las de ser feliz. El domingo, tengo tarde libre que culmino con la conferencia de un Premio Nobel y una noche libre para pasear, como hacía el año pasado en invierno, porque el lunes no tendré carga lectiva. El lunes, comienza una semana sin prácticas, con una tarde larga que ni de coña dejaré pasar en balde como el anterior, el martes viene el día grande, el de la Comunitat, con muchos eventos, un castillo al que no voy en ¿4, 5 años?, a saber, tras 7 meses de la Nit del Foc, y al que iré porque quiero volver a revivir sensaciones tan lejanas en el tiempo, ahora que estoy a medio camino entre fallas de 2018 y 2019, un miércoles de cerrar trabajos en grupo e ir al cine para cobrarme el disgusto del martes, un jueves en el que pretendo visitar un sitio para mí muy especial y salir, esta vez no como haría en El Carmen, prometido, y un viernes en el que tengo planeadas muchas cosas, tanto visitas a sitios, como recuperar antiguos trazados, volver al agua y ciertas sorpresas, pero ya a su debido tiempo.