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2 de noviembre de 2015

Comienza la aventura.



Comienza la aventura.


Muchas gracias a todos aquellos que me habéis apoyado durante estos días en las redes sociales para que siguiera adelante con el proyecto. Buena y bendita 'culpa' del mismo la tenéis vosotros.

El motivo por el cual abrí este blog no fue otro que el de poder, por primera vez en mi vida, tener un lugar propio en el que poder vertir sin censura, preocupación ni restricción de espacio (se acabaron los 140 caracteres) mis reflexiones, producciones artísticas (dibujos, relatos, poemas, canciones...) y gustos. Todo aquello que nace de mi seno artístico, sea cual sea su calidad, porque el arte está hecho para hacer sentir, y no para parecer bello.

Durante toda mi vida no he tenido ningún otro espacio que Twitter para expresarme, pero -conforme pasan los años- este se va acotando y surge la necesidad de algo más serio. Ya no es el lugar donde uno vertía otrora sus 'rayadas', sus males de vida, su diario personal pormenorizado (con la sutil diferencia de que cualquier extraño del mundo podía leerlo) ni sus chistes que creía hilarantes. Ya ha pasado esa etapa en que el sitio web es un lugar prometedor y entretenido al que entras en tu dulce adolescencia y conoces a gente que, con el paso de los años, se convertirá en uno de los pilares de tu vida o irás conociendo progresivamente.

No voy a negar que ha sido una herramienta para conocer a las personas más interesantes con las que puedo contar a día de hoy, de poder sosegarme en épocas de tensión y de poder reírme unos minutos al día, ¡incluso hasta de avivarme en esos momentos de parsimonia con trifulcas inesperadas!, pero lo que busco en ella ya no es eso. Ya ha cumplido su función plenamente. Ahora estoy en esa etapa de la vida en la que el cambio de aires es inminente y todos dejamos ese lado optimista e idealista para pasarnos al realista y utilitarista, donde cualquier definición no sirve, sino que toca buscarla autónomamente; aquella en que la necesidad no es pasar despreocupadamente los años, sino vivirlos; esa en que no existen palabras tabú, todo son dolorosos eufemismos y a la vez definiciones empíricas. En definitiva, esa en que las redes sociales empiezan a sobrarte y no quieres abrirte a los demás, sino que deseas que sean los demás quienes entren cuidadosamente. Ya no quiero ser privadamente público, sino públicamente privado.

Jamás fui de los que vivió por el aplauso o el comentario, porque, cuando la obra termina, el ruido muere, pero la imagen pervive, aunque siempre agradeceré todo tipo de críticas y mensajes que permitan conocer las opiniones de otras personas, entablar conversaciones con ellas o incluso ver qué es lo que va -o no- bien y por qué. También os animo a que pidáis cualquier cosa (relatos sobre cualquier tema, versos sobre ideas concretas, opiniones o reflexiones sobre asuntos variados...), pues hay tantísimo sobre lo que versar que posiblemente estaré omitiendo ítems que me encantaría inmortalizar o que no conozco y verdaderamente no poseen desperdicio. Vengo a descubrirme, pero también a descubrir.

Sin querer alargarme más, pues es una simple y cálida bienvenida, reitero circularmente la única tesis del artículo de hoy, un 'gracias' enorme para todos los que habéis ayudado durante este tiempo y un 'bienvenidos' todavía mayor hacia todos para que os sintáis como en casa.

Buenas tardes.