'Ne me quitte pas; no me abandones'.
Me siento frágil, pálido e inmensamente pequeño, como un
narciso de horas caducas que está terminando de perder las pocas que le
quedaban. Necesito, como diría Ausiàs March, al lirio entre cardos, a esa
persona que me devuelva la creencia, aunque ciega, en la vida. A ese precioso
lirio dentro de un mundo de espinas que ilumine mi vida y al que quiera regar toda mi
vida. Te necesito. Brotemos de entre las briznas yermas y seamos bosque, solos, tú y yo.
Lleno de vida, de murmullos, de oscuridad y destellos, de pequeños recovecos y
de calma, poblemos montes que coronan naciones y nutrámonos de ríos de amor.
Convive conmigo en mis días hasta que, como el astro errante
que soy, me apague poco a poco y muera en la oscuridad de la noche que jamás
veré, no huyas, por favor, cuando veas que, pese a ser enorme, estoy vacío por
dentro y aniquilo a aquel que se acerca a mí y que, comparado con el resto de
estrellas, soy mucho más insignificante.
Ni siquiera te pido que me mires a los ojos;
al fin y al cabo nadie se atreve a hacerlo y, quien lo hizo en su día, quedó
ciego e ignorante para siempre, solo que sepas aceptar a este pobre Sol que tan
solo puede ofrecerte un poco de luz en tiempo de bonanza. Que no pretende
tratar de cambiar tu herida superficie sino de vivir en ella y cicatrizar
contigo y de producirte un rubor cada pocos meses que te haga ver la joya más
hermosa y natural de todas cuantas existen en el cielo, aunque la gente rara
vez sepa apreciarte.
Solo tu forma coincide con la de mi cerradura, y quiero que
seas la llave que me libere de mi jaula. Quiero que seamos pájaros libres cuyo
canto sea la melodía de su alma: un vals rítmicamente arrítmico como el que bailan dos ancianos con la ternura de haberlo hecho ya otrora, que se translade
alrededor del mundo sin más preocupación que la de no cesar nunca en su vuelo. Que
volemos hacia mundos desconocidos, nos proyectemos y mostremos nuestro bello plumaje desplegando nuestras coloridas alas por el cielo como una lágrima nacida de la tristeza nos mostraría lo bello que es el mundo con la simple refracción de un arcoiris.
Desearía poder desnudar contigo todos los secretos que
guarda la naturaleza, fundiéndonos como lo harían el mar y el horizonte y
erizando nuestros cabellos como una brisa crisparía las aguas cristalinas del
océano en el alba de los tiempos, haciendo nacer de nuevo a la primavera,
trayendo de nuevo los colores a nuestras vidas y recuperando las hojas de las que
el tiempo inclemente nos despojó.
Quisiera revivir las historias que los
lugares guardan con recelo y conocer por primera vez los lugares a los que ni
el más aguerrido de los exploradores se atrevió a partir. Conocerte. Mirar
al cielo y guiñarte como lo haría una estrella en el cénit, aun sabiendo que
quizá esta esté muerta en el nadir del Universo.
Quiero que seas la pluma que dé
sentido a mis hojas, y las hojas que brinden utilidad a mi tinta. Que seamos la
historia que se escriba mutuamente, aquella que los libros jamás contaron, y
que la lengua no inventó persona que pudiera narrarla. Que ni la muerte sienta
que pueda quitarnos lo vivido, y nos proyectemos hacia lo eterno, porque el
amor una vez que nace, si es verdadero, nunca muere,aunque los
amantes ya lo hayan hecho.
Ven conmigo e
iremos allá donde las
canciones no nos suenan de nada, la torpeza es entrañable y el recuerdo es vivencia.
Allá donde la melodía de nuestras almas es un canto flotante en una masa etérea
surcada por nosotros, pájaros del mundo, donde las cadenas se rompen, las
palabras que nunca dijimos son las únicas capaces de hablar y te susurro que te quiero sin pedirte que te tapes los oídos. Allá donde el amor se libera
del cuerpo y el tiempo no existe solo que se desliza por cascadas de segundos que riegan flores de vida que se despliegan de forma caleidoscópica, donde el 'nunca' no existe, y el 'para siempre' se fusiona con el 'por siempre', porque te llevaré conmigo por siempre y contarás conmigo para siempre, hasta la eternidad.
Hoy, te propongo que seamos inmortales. Hoy, me atrevo a decirte por primera vez, aunque no me vayas a leer, que te quiero.
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