4 de diciembre de 2017

Mi 2017. Lucha, las cosas que valen la pena cuestan. Oxímoron.



Primera vez que escribo desde la Universidad. Mentira, desde esta Facultad. Llevaba sin escribir desde abril, o junio. Desde que quise, desde el punto álgido de mi amor, desde que escribir no era sino lo que reservaba para una única persona. Ar' vei qu'em vingut als jorns loncs, como diría tal trovador.

Cojo libreta, ya macerada por los últimos apuntes de Biología y Anatomía, tocando el tema 30, últimas letras de una asignatura que muere para siempre, al menos en clase, aunque no en mi cabeza, que tiene que procesarla. Músculos craneales y faciales, la apoptosis celular... Muerte. Cabeza. Qué buenos pensamientos. Y no queriendo ir a clase de Bioquímica para repetir anodinamente los lípidos, me escaqueo de 10 a 12. Y escribo, escribo a líneas, ni tan siquiera a párrafos. Ideas fugaces. Que resumen mi año brevemente y que ya desarrollaré cuando toque. Y publico. Publico para sacarlas de dentro, de dónde si no, y sobre todo, porque ya no las lee nadie.

Puedo afirmar, que no creer, en que ha sido el año del 'oxímoron', palabra que usé siempre hasta el hartazgo, palabra que descubrí a alguna que otra persona este año, palabra que, en sí misma, encierra la enjundia de la vida, del paso del tiempo, de las paradojas que le dan sentido, y quién sabe si también dirección.

Ha sido el año de abrir una libreta, un 1 de enero, a las doce y pico, y escribir de forma apasionada y apasionante propósitos que me juraba que no se cumplirían, de lo más descabellados. Un 'tendré novia' y un 'volveré a mi sitio', que se acaban cumpliendo, y quién me iba a decir que juntos: ir a mi sitio y hacerlo con mi novia.

Un año de cambios, de hablar con alguien de su cumpleaños y de los viajes que haríamos en verano, y acabar viajando juntos para celebrar el suyo.

Un año de que todo sea posible. Para bien y para mal. El oxímoron, el contraste. Que una relación comience con un beso el mismo día que termina por la negación de este. Que paradójicamente lo haga en la acera de enfrente. Hello from the other side. A los 7 meses. 7, el supuesto número de la suerte. 13, el supuesto número de la mala suerte, el que marca los familiares que somos este año más, con mis primos, sus parejas y mis primos segundos.

Un año de negarse a romper la zona de confort, y que sin embargo esta al final te rompa, que vuelvas a festivales, te metas en veinticinco movidas que recuerdes a cada cual todavía mejor, que aprendas a lidiar con todo, y si no, que lidie contigo. Un año de abandonar la casa, de abandonarse y recuperarse, como haría con la cordura. Un año.

Un año de aprender que no hay nada definitivo, que nada sucede si dos no quieren. Los amores florecen, reverdecen. O eso se dice. O eso te dicen. O eso te dices. No sé. Mueren, y punto. Pocas cosas que mueran renacen, salvo si somos células madre del afecto, y creamos amor donde hay vacío, donde hay relaciones tumefactas. Y el año son días, y los amores, son amores de tus días. Sí, ha sido el año de aprender que no hay nada definitivo por eso, tristemente. Que la gente quiere, y deja de querer, no ya cerca, sino de saber de ti, y debes respetarlo aunque no sea lo más respetuoso, que no respetable. Y eso no puede hacer que quieras o dejes de querer a alguien. Nunca dejaré de querer por cómo se me trate, sino, en todo caso, porque la persona deje de hacerme aflorar emoción alguna.

Sí, este año he aprendido eso último. 'Me preocupa el día en que te mire y no sienta nada'. Podría aplicarlo a absolutamente todo el mundo, y es una lección que la persona que lo ha copado me ha enseñado. Maestra de vida. Aprendiz de todo.

Y también ha sido un año de aprender a ya no aceptar, ni tan siquiera a esperar. Solo a PERSEVERAR. Porque todo lo bueno empieza por per-. Desde unas Perseidas, hasta la perseverancia. Incluso la perfidia, del mercenario que cambia de bando en una guerra. Solo perseverar. Todo vuelve si vale la pena. Porque cuesta. Y si no cuesta, y no vuelve, es que no vale la pena. Pero sólo el tiempo actúa. Tú no tienes papel alguno.

Sí, ha sido ese año, el de 'Lucha, las cosas que valen la pena cuestan'. Debo devolver ese libro a quien pertoque, no es mío, no es ni tan siquiera, por desgracia, de quien escribió a lo largo de sus hojas, para que una persona se detuviese a leerlas. Ni tan siquiera esa persona era yo. Pero mis ojos no quieren despegarse de la frase que ha marcado su año. Gracias a esa persona por haber puesto a su mayor logro filial ante mis narices, y porque ésta haya puesto su confianza en mí y por tanto su libro en mis manos. A lo mejor hay accidentes que no tienen que suceder, y más posiblemente este fuese uno de ellos, pero ha sido un bendito accidente.

También ha sido el año de creerse maduro porque en comparación con el previo uno se cree el dueño de la verdad absoluta una  vez ha atravesado 500 experiencias nuevas. Pero no importan los males vividos si siempre han sido los mismos. ¿Has vivido el amor? No. Pues toma, vívelo, cómete o no un chasco, y añade la experiencia del amor y la del desamor. A nuevas enfermedades, nuevas inmunidades. Y has madurado como nadie.

Y has madurado porque también han sido las primeras veces. Amor. Tonteo. Pasión. Desboque. God's whisper. Devil's whisper. Sexo. Todo se resume en fundirse con la persona a  la que se quiere, y lo has hecho por primera vez. Fundidos, uno dentro del otro. O de una cama, durmiendo, juntos, custodiando sueños. En el mayor de los estados de indefensión, porque te sientes seguro. Trust and lust. Y se me olvidan los abrazos, el kintsugi del alma, la risa, el enlace covalente entre dos personas, la felicidad, algo que no tiene que regir tu vida. Que tu vida no sea 100% felicidad, sino felicidad al 100%, mientras dure.

Calidad, no cantidad. No abarques, Fran, aprieta, fuerte. La felicidad que se posa sobre un puente viendo un castillo en fallas, y se va. Pero te deja durante seis meses el regusto hasta que lloras,y sabes que no puedes perseguirla, que tiene que volver. Y no vuelve, pero sabes que lo hará, y lo hará en 2018, y no sabes qué te susurrará, y a quién traerá, pero sabes que lo hará, y dispones a todo tu equipo en sus posiciones para vivir. A todas tus capacidades afectivas para que esta vez sí, todo salga bien con quien venga. Tu experiencia como táctica. Y tu capacidad como técnica. Skill doesn't kill.

Ha sido otro año de ver que cuando lo que más quieres te abandona, ahí queda la familia. El año de la familia, que ha seguido luchando por mí, intentando hacerme recapacitar en muchas cosas cuando seguía obnubilado por mundos que solo existían en mi cabeza. El año de nuevos miembros, bebés, percances, de superar las adversidades, pero solo con la ayuda grupal. De morir y salir a matar. De ser una institución, sí, pero a su propio servicio. De llamadas de madrugada para consolarme, de almuerzos para hacerme olvidar, para hacerme ver bonito lo horroroso. Y devolvérselo, devolver todo ese cariño en forma de cuidar a los pequeños, a los mayores, de acompañar en el duelo, y de volver otro año más a honrar, tumba por tumba a los caídos. Antonio, eres eterno.

El año de tener apoyo en mi mayor decisión, la de dejar Bioquímica, aunque ese apoyo 'se resquebrajase', aunque 'no pudiese con mi mochila'. El momento durará por y para siempre y la ayuda no la olvidaré ni dejaré de agradecer jamás. Porque sí, fue el año de jurarme aguantar en Bioquímica y que la Medicina fuese quien me aguantase hasta el último día para que me inscribiese en las PAU. Para firmar, Under OATH, el juramente Hipocrático. Solo UNA buena, de INFINITAS oportunidades. Otro lema de este año que grabaré a fuego.

El año, sí, el año de recordar sin que duela. De querer saber aunque mate. Porque si el mayor desprecio es no hacer aprecio, yo puedo añadir a quien me lo diga que no ofende quien quiere, sino quien puede. Y no me sentiré jamás ofendido por nada ni nadie.

Y el año, el año que bauticé como 'tempus fugit' y que sin embargo me muestra que hay mucho tiempo, y lo bueno está por llegar. (Hago una pausa, saludo a mi mejor amiga del B, acaba de llegar, ¿será quizá una bonita coincidencia? Ojalá).

El año de dolerse más por los porqués que por los motivos que tengo, porque no acepto las cosas que no tengan un motivo, porque soy una persona que siempre quiso saber el porqué de las cosas, que siempre quiso poner solución a todos los problemas, y cuando algo se 'soluciona' por una parte que no explica las cosas,  no sé reaccionar. Sí. Bueno, espontáneamente. Gracias a energía. Que no sé sublimar. Poco a poco lo hará de nuevo, de gas a sólido, cristalizará. Que nadie rompa esa pátina.

El año de ansiedad que deviene en ansias, de lo malo que deviene en lo bueno. El año en que paso, véis, nueve meses con una persona. De gestación emocional, de pedir que escriban conmigo, paso a lanzar a esos familiares, amores, amigos, desamores y otras lides, que vengan en 2018, un imperativo: sois mi equipo, y si queréis formar parte de él, no os lo preguntaré, no preguntaré si queréis escribir conmigo, pasar un año conmigo, lo afirmaré, y lo ordenaré: VIVID EL AÑO CONMIGO. Os quiero aquí otro más. ¿Os venís? Yo ya estoy. La gestación, nacer el amor, madurar, complicarse, desarrollarse, hacerse adulto, ir envejeciendo a partir de Alborache, y morir a manos de gritos ahogados y explicaciones que nadie dio a gritos. ¿Veis el oxímoron? No sé a quién me refiero, voy a ir acabando. 11:41.

El año de los Crystal Express, del que ya han pasado, casi, 270 trenes, y ninguna parada se repitió, el año de los besos en los semáforos, el año de los viajes por todos lados, del City of Stars, de la Vía Láctea, de 'desde los 19 hasta los 91', aunque 91 fuesen los días que llevábamos, curiosamente, juntos, de prometer mucho y no demostrarlo, de la cerrazón, de incomunicación, de querer decir mucho y no decir nada, de soltar palabras y no hablar, de esperar a que todo se solucione porque no hay que decir nada, nadie es quién para hacerlo, y luego nadie es quién para nadie en este juego cuando finaliza.

Pero, ¿sabéis qué? Que es un año que volvería a vivir. Con la misma persona, con los mismos momentos, sin cambiar nada (bueno, si se pudiese... y no fuese omnisciente, repito, porque acepto ya todo cuanto sucede... sí). Un año del que no me arrepiento. Qué cojones, de los mejores tres años que he vivido, ninguno igual en el último lustro.

Pero, de nuevo, redundo, ¿sabéis qué? Que reviviría 2017, pero solo para hacer tiempo hasta que 2018 empezase. Que 2018 es un año que quiero vivir, de principio a fin, que quiero cumplir todos mis propósitos, que lo voy a hacer, que seguro, me va a sorprender, que lo va a tener todo, y a todo el mundo, sea en la forma que sea.

Y va a ser el año que dure de principio a fin como está transcurriendo este último mes, este diciembre, con olvido, con perdón, con mis amigos y familiares al lado, y abierto a todo y a todos. No cierro puertas ni tan siquiera a la amistad. El rencor, el querer olvidar... solo llevan a una cosa, al odio y al recuerdo. Y no quiero ni olvidar, ni recordar. Ni sentir odio, ni sentir que me odian. Solo quiero mantener en mi memoria y en mi vida, y solo quiero querer.

Por último, como siempre, siempre, siempre, hago, concluyo con algo potente, como una mascletà, un castillo, un golpe seco, una crochet en el pómulo, un último sprint tras el que te coronas como campeón, una frase final que deja seco a la otra persona. Lo que más pasional os parezca. Mi frase, mi guinda.


Tú, que lees esto. Tú, que puedes haber llegado hasta aquí, tu creencia (nadie, la teleología, el azar, el cosmos, Dios, Alá...) sabrá cómo, porque escapa a todos nosotros.

¡VENTE A VIVIR 2018 CONMIGO!




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Pd: estaré unas semanas casi incomunicado por rotura del teléfono móvil. Os felicitaré de una u otra manera. Os buscaré por Burjassot, por Blasco, iré a veros, vendréis a mi casa... Cada uno a su manera, pero recibirá mi orden de vivir conmigo.


Buenos mediodías. Enfilo hacia la planta baja, no sin cruzar saludo con mis amigos que suben ahora, saludo al B y al V, y para casa, a plasmar estas líneas.

Tempus fugit. 

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