21 de febrero de 2016

Vivir es un tesoro y tu vida su valor.

Alcest - Autre temps, a cuya letra, melodía
y videoclip va dedicada esta entrada y que os 
recomiendo escuchar mientras realizáis la lectura.


Un tranquilo paseo un viernes por la tarde tras acabar una tensa semana,

Observar un amanecer sabiendo que es tuyo porque todos duermen,

Quedarte a apreciar el ocaso sabiendo que el día muere, pero la noche también es vida,

Volver al mismo sitio, con la misma persona, pero mucho después y que nada haya cambiado,

Que pasen los años y todavía recordemos con una sonrisa momentos que no nos arrancará ni la muerte,

Mirar atrás y verlo todo tan pequeño que parezca que todavía queda mucho por delante,

Llegar a esa reflexión que cambia toda tu filosofía,

Pasar por un gran momento y, omnisciente, acariciar ese recuerdo con las yemas de los dedos hasta sentirte inefable, 

Vivir ese momento de plenitud en que el mundo te parece tan pequeño y tan simple que quieres salir con lo puesto a recorrerlo,

Adentrarte en tu ciudad y descubrir todos sus secretos más fuertemente retenidos, 

Entrar en contacto con todo el saber posible, desplegar tu mente por planos que jamás imaginaste, 

Leer un libro, vivirlo, terminarlo y hacerlo tuyo, 

Sentirte útil para quien cree no serlo para nadie, 

Aplaudir porque, aunque alegre unos segundos y luego muera, apremiará toda una existencia y su sonido jamás dejará de viajar,

Alimentar tu alma con las historias de los pueblos cuyo corazón late en las noches de silencio en que nadie escucha su grito ya casi ahogado, 

Trazar el azar natural por el cual estás aquí y ver que, tengas o no misión, no puedes irte de forma antinatural, 

Hacerle un hueco al pasado, único momento que conocemos, pero solo para construir un portentoso futuro, 

Saber que somos adultos, pero la infancia no muere, solo se reencarna en una forma distinta que recuerda su pasado, como aquella alma que se purifica,

Sentir el soplo frío de una brisa marítima en el ocaso de nuestros días alimentada por el calor del que fue nuestro estío vital, 

Sentir la mirada cariñosa de la naturaleza que te engendró y te reclama para verte morir,

Sentir que una sonrisa es la mayor fuerza que existe en la Tierra, que mueve una existencia sin sentido y que hace de las comisuras algo más que surcos lacrimosos,

Saber que lo mágico de existir es percatarse de que todo cuanto nos rodea seguirá ahí, salvo nosotros mismos,

Sentir las hojas caer, el viento sacudir de arriba a abajo las montañas con sus bosques, las flores marchitarse, saber que eres uno más del ciclo, aunque no tengas estaciones, 

Recordar sin dolor la primavera cuando floreciste y el verano en que viviste hasta secarte. Vivir el otoño de tu vida no como la caída de tus hojas, o directamente la llamada al cielo de Autumnos, sino la época para crecer gracias a sus lluvias, para cultivar todo aquello que en la época seca previa no pudo crecer. Disfrutar de las nieves de tu invierno que no pudiste ver en las otras estaciones, de esa masa de hielo que se asienta poco a poco y te aniquila de hipotermia vital, aprender a apreciar el tiempo como nunca lo hiciste, y a seguir siendo como esa pequeña violeta que resiste a todas las estaciones y aun así continúa mostrando sus mejores colores, una violeta para Epona. 

Aceptar el sufrimiento, que si la vida es sufrir, sufrir en el sufrimiento es sentirse vivo, y si la vida es disfrutar, tocará aceptarlo para poder vivir. 

Salir todos los días a mirar por la ventana, pararte en todos los pequeños detalles, y analizar, sentirte pequeño, pero a la vez inmenso

Ver el cielo y querer formar parte de otro tiempo, de otro lugar

No dejarte llevar por el miedo, porque sabes que después de pasar por él, tu vida seguirá

Luchar por todo aquello que quieres en un futuro, porque lo único imposible es lo que no intentas

Abrazar, fusionarse, sentirse, hablarse sin palabras y quererse sin acciones 

Y amar, porque el amor es la fuerza más grande que existe, la única capaz de unir dos cargas de signo contrario, 


... Porque eso, todo eso y a la vez tan poquito, es vivir.

Y sobre todo existir de forma que te proyectes en tu último día, que recuerdes todo lo que has vivido y que seas consciente de que, pese a que no vayas a volver a vivirlo, ha merecido la pena. Y qué dolor de existencia, haber sido para tan poco, pero qué placer de haber sido lo que uno ha querido en su única oportunidad, porque a ello le llaman éxito. 

... Porque en todo eso y a la vez en tan poquito, consiste la vida. Un éxito a consumar.



Muy buenos días, bellos vivientes.

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