23 de enero de 2016

Requiem des amants, chanson des échats

A un triste viernes por la tarde de abril de dos mil quince.

Assis sur un banc, 
celui là sont les amants, 
Froids et lointaines, 
ils attendent qu’est-ce qu’il fera chacun.

Pourqoi ils s’aiment mais aucun se jette a l’eau? 
Le temps se glisse comme ses chances 
Mais ils oublient que l’amour seulement 
a beau nous donner une. 

Images sur ses esprits 
ils veulent parler
mots sur ses bouches 
que jamais se exprimeront,
lèvres immobiles 
que jamais vont s’embrasser 

Porquoi ils ne les laissent pas agir? 
Parce que ce n’est pas l’âme qui décide 
Il est notre salaud courage.
Et quelle grande dommage...

Afin qu’un phénomène naturel comme l’amour se produit 
Il faut que deux forces agissent 
Mais ils s’oublient de que ces forces
doivent être complémentaires 

La pluie fait acte d’apparition
La tempête se rapproche,
Sera vrai qu’à quelque chose malheur est bon? 

La soir demande un bisous sous elle
La nature décide qu’ils ne sont pas prêts pour s’aimer.
 Ils marchent chacun pour un chemin 

Malheureux, ils se quittent d’un combat fini 
Mais sans vainqueurs 
Seulement deux vaincus… … 

C’est l’amour:
.  Tu tiens tout dans un moment 
Et subitement tu as rien. 
Décide si tu veux écrire une nouvelle histoire 
Ou ne passer pas la page...

Moi, je la lirai une autre fois.

Aimer et haïr


   
  Pour ma petite et inconnue puce.


Vous êtes la mer,
et je suis une barque.
En naviguant par t’immensité 
je me vois secoué par tes vagues… 
Regarder le bleu reflet de tes yeux,,,
Voyage de l`âme,
ou le pire cauchemar? 

Est-ce qu’il aura une calme dans la ténsion? 
C’est un grande combat 
où je seulement suis ébranlé par t’orage:
penser à toi, quelle grande chagrin.

Un amour mutuel 
que due à nôtre ego 
est devenu en haine. 
Bercé dans ton corps 
je me suis perdu
autant que toi même. 
Allons nous rencontrer, alors!

Peau contre peau, 
Face à face, 
Sexe enragé, 
Dernier scène de cette échac 
Pour mettre à notre histoire un aigre-douce point...
... final.

Et après tout 
s’évanouira la bête noir, 
Notre obstination mourira, 
Comme l’amour que ont eu...
... autrefois. 

Bonjour, 
solitude.

Au revoir,
petit puce.

15 de enero de 2016

Imbrífera.

Imbrífera. 


Era como el mar, 
parecía preciosa por fuera 
pero en su seno adentrarse era imposible.

A los ojos de la gente
su apariencia era colorida, fresca y apetecible,
como el agua al amanecer,
cuando se alza el sol naciente
y los rayos comienzan a delinear la costa
augurando así un día apacible. 

Pero todo día angelical,
engendra noches de demonios 
y no eran sino sus aguas por la noche 
vivo reflejo de su muerta alma, 
de un fondo indivisable 
del que ni la luz ni las personas 
de su escapatoria daban testimonio. 

Gran abismo se abría a sus pies, 
pues de vacío estaba hecha 
y lanzarse a este la tentaba, 
Tantos años de odio propio y de experiencias fatales 
habían hecho de su corazón una vacía alcazaba 
de muros infranqueables 
pero a su vez de endeble muralla. 

Sus pensamientos eran monótonos,
a la par que destructores,
como el romper de las olas 
en las noches de tempestades. 

Y por una de ellas pasaba por aquel instante,
solo esperaba el último golpe,
de gracia o de suerte, 
como el trueno que anuncia el comienzo del diluvio 
o el haz de luz matutino que anuncia los albores...

Pero sabía que no llegaría 
trataba de convencerse de que su mala racha era pasajera
mas se encontraba en la más pura deriva 
ahogada en un mar de decepciones, 
atrapada sin destino ni partida 
en un tren de emociones
dentro del cual anhelaba
al final del mismo túnel, 
atisbar las luces que anunciasen el fin… 

Pero sabía que no ocurriría,
Ella era gris,
estable mezcla entre luz y oscuridad,
a pesar de que su vida se podía resumir 
como la más absoluta inestabilidad. 

Todo cambiaba rápidamente en ella,
como los vientos inconsistentes 
que tornan el mar voluble y encrispado, 
Y así era su vida,
continua caricia del viento sobre sus aguas,
a veces brisa marina,
a veces galerna dañina, 
Un mar surcado por corrientes siempre chocantes, 
rutas sin rumbo, 
en las que se perdieron miles de personas, 
errantes. 

Aunque fue ella quien se las perdió
y del recuerdo del olvido 
tan solo quedan cicatrices letales. 
Qué doloroso y a la vez placentero resulta 
al término de cada noche de tu vida 
levantar con tus finos dedos la película de olvido 
sobre tus profundas heridas.

Esas personas que en su día perdió 
se habían encontrado en su cabeza, 
ya no eran errantes, 
sino entes de vacuidad 
que habían ido a encontrarla en un momento de bajeza 
y amenazaban con sumirla en otra crisis de identidad. 

Comenzó a pensar en ese mismo instante, 
las nubes se cernieron sobre el mar: 
había tormenta de nuevo. 
Los tenues relámpagos, 
nacidos en las opacas nubes de viejas ilusiones que se evaporaron
rompían su cielo de forma incesante
y daban paso a truenos lejanos 
que adoptaban la forma de sus pensamientos
en su mente fragores reverberantes. 

Mas esta vez no quiso enfrentarse a ellos,
sus ilusiones hubieron naufragado; 
ya no podía llevar el timón.
Se dejó caer sobre su lecho 
pensando en que existe otra forma de crear 
llamada 'destrucción'. 

Llenó su mar de lágrimas,
en vano, 
no era ella un mar 
que de su alma servía de espejo, 
Lo eran sus ojos
del color del agua y a la vez del cielo. 
De su frágil belleza imagen 
y de su caos interior reflejo.

No pudo escapar de la realidad.
La noche se echó encima, 
estaba destinada a vivir toda su vida perdida, 
como la estrella que se perdió buscando el Norte 
que ella jamás supo encontrar. 

Y allí yacía, postrada, 
esperando alguna ilusión 
que le devolviese la vida 
y la sacase de ese profundo mar de ensoñaciones
en el que se había visto sumida 
sin esperanza de retorno
mientras del calor de unas lágrimas 
nacidas de la mayor frialdad
nacía un indeseable y letal bochorno
que se llevaba consigo su último aliento. 
Extenuada y entre sollozos, volvía a dormir...

¿Había comenzado el nacimiento de un nuevo día… 
O habían vuelto, de nuevo, sus emociones a morir?