Imbrífera.
Era como el mar,
parecía preciosa por fuera
pero en su seno adentrarse era imposible.
A los ojos de la gente
su apariencia era colorida, fresca y apetecible,
como el agua al amanecer,
cuando se alza el sol naciente
y los rayos comienzan a delinear la costa
augurando así un día apacible.
Pero todo día angelical,
engendra noches de demonios
y no eran sino sus aguas por la noche
vivo reflejo de su muerta alma,
de un fondo indivisable
del que ni la luz ni las personas
de su escapatoria daban testimonio.
Gran abismo se abría a sus pies,
pues de vacío estaba hecha
y lanzarse a este la tentaba,
Tantos años de odio propio y de experiencias fatales
habían hecho de su corazón una vacía alcazaba
de muros infranqueables
pero a su vez de endeble muralla.
Sus pensamientos eran monótonos,
a la par que destructores,
como el romper de las olas
en las noches de tempestades.
Y por una de ellas pasaba por aquel instante,
solo esperaba el último golpe,
de gracia o de suerte,
como el trueno que anuncia el comienzo del diluvio
o el haz de luz matutino que anuncia los albores...
Pero sabía que no llegaría
trataba de convencerse de que su mala racha era pasajera
mas se encontraba en la más pura deriva
ahogada en un mar de decepciones,
atrapada sin destino ni partida
en un tren de emociones
dentro del cual anhelaba
al final del mismo túnel,
atisbar las luces que anunciasen el fin…
Pero sabía que no ocurriría,
Ella era gris,
estable mezcla entre luz y oscuridad,
a pesar de que su vida se podía resumir
como la más absoluta inestabilidad.
Todo cambiaba rápidamente en ella,
como los vientos inconsistentes
que tornan el mar voluble y encrispado,
Y así era su vida,
continua caricia del viento sobre sus aguas,
a veces brisa marina,
a veces galerna dañina,
Un mar surcado por corrientes siempre chocantes,
rutas sin rumbo,
en las que se perdieron miles de personas,
errantes.
Aunque fue ella quien se las perdió
y del recuerdo del olvido
tan solo quedan cicatrices letales.
Qué doloroso y a la vez placentero resulta
al término de cada noche de tu vida
levantar con tus finos dedos la película de olvido
sobre tus profundas heridas.
Esas personas que en su día perdió
se habían encontrado en su cabeza,
ya no eran errantes,
sino entes de vacuidad
que habían ido a encontrarla en un momento de bajeza
y amenazaban con sumirla en otra crisis de identidad.
Comenzó a pensar en ese mismo instante,
las nubes se cernieron sobre el mar:
había tormenta de nuevo.
Los tenues relámpagos,
nacidos en las opacas nubes de viejas ilusiones que se evaporaron
rompían su cielo de forma incesante
y daban paso a truenos lejanos
que adoptaban la forma de sus pensamientos
en su mente fragores reverberantes.
Mas esta vez no quiso enfrentarse a ellos,
sus ilusiones hubieron naufragado;
ya no podía llevar el timón.
Se dejó caer sobre su lecho
pensando en que existe otra forma de crear
llamada 'destrucción'.
Llenó su mar de lágrimas,
en vano,
no era ella un mar
que de su alma servía de espejo,
Lo eran sus ojos
del color del agua y a la vez del cielo.
De su frágil belleza imagen
y de su caos interior reflejo.
No pudo escapar de la realidad.
La noche se echó encima,
estaba destinada a vivir toda su vida perdida,
como la estrella que se perdió buscando el Norte
que ella jamás supo encontrar.
Y allí yacía, postrada,
esperando alguna ilusión
que le devolviese la vida
y la sacase de ese profundo mar de ensoñaciones
en el que se había visto sumida
sin esperanza de retorno
mientras del calor de unas lágrimas
nacidas de la mayor frialdad
nacía un indeseable y letal bochorno
que se llevaba consigo su último aliento.
Extenuada y entre sollozos, volvía a dormir...
¿Había comenzado el nacimiento de un nuevo día…
O habían vuelto, de nuevo, sus emociones a morir?