6 de noviembre de 2016

Ar vei qu'em vengut als jorns loncs

Antoine de Busnois - Rondeau (s. XV).


Ar vei qu'em vengut als jorns loncs.


Han sido muchos meses sin escribir y todavía más sin decidir publicar lo poco que sale de mi pluma. Realmente no he vuelto para quedarme, pero debido a que tengo el tiempo libre suficiente como para sacar unas líneas de la misma calidad que mi estado emocional -algo así como ‘somera’, y no nos excedamos en los detalles- y a que acabo de recordar que este blog, como mis sentimientos, no estaba borrado, sino bien oculto (y ambos porque en su día se me olvidó hacerlo), me apetecía, como una Perseida en el cielo estival, dejarme caer de forma fugaz y brillante para no volver a pasar, quién sabe uno, hasta la siguiente temporada.

No voy a engañar a nadie con letras asépticas y pulquérrimas. El borrón y cuenta nueva no sirve cuando esta última es a débito con la vida, y está en números rojos desde hace ya tantos años que prefiero ser el Cervantes de cuya cifra no quiera acordarse. Solo vengo a mostrar cuál ha sido mi visión general del todo estos últimos meses en los que os mantuve más o menos al tanto de todo cuanto iba sucediendo, aunque de la misma forma hermética con la que me he ido no abriendo, sino entreabriendo, todos estos años.

En estos tiempos, turbios como el agua de un río a su paso por un meandro que no hace sino retorcer su trayectoria todavía más, he sentido la náusea sartriana posarse con especial ahínco. No es una sensación de rechazo como este año pasado, sino de abulia y negación. No es un ‘por qué’, sino un ‘para qué’. He dejado de buscar el motivo, y ahora simplemente me muevo en la búsqueda de una finalidad. No me importa moverme mucho más que antes, si se me da una razón que no sea el estatismo más pétreo.

Atrás ha quedado esa época en que cabalgaba sobre los lomos de los libros intentando vencer a una galopante ansia vital. Ese periodo en el que mi potencia aristotélica llevaba tanta ventaja a mi acto que sentía la necesidad de iniciar una carrera estresante y sin oxígeno alguno, sin directrices y sin camino fijo contra todos estos años que para mí suponen un fundido en negro, un parón en mi producción, en mi currículo, en mis recompensas… Unos años en que la inteligencia me ha ofrecido el placer del ocio ilimitado a cambio del mal trago de conocer al nihilismo. Recuerdo hace unos meses, y quien dice unos también podría decir un año y no se quemaría al poner la mano en el fuego, que todavía sentía un mínimo. No había derribado todas las creencias que tenía sobrevolando mi nido de ideas y creía en definiciones abstractas sobre conceptos que el ser humano creó. Eso que llaman amor, justicia, éxito, redención… Recuerdo las pocas amistades que tenía y que ahora ya rehúyo en la mayoría de los casos precisamente porque todavía puedo ver los hilos que mueven a las marionetas.

Recuerdo buscar el pleno conocimiento con el mismo ahínco con el que buscaba a ‘la persona’, como si fuese un santo grial cuya búsqueda debiese emprender por todo el mundo. Olvidaba que a ese tipo de personas se las encuentra, sin más.

Como si fuese un reducto de normalidad en un seno completamente descabalado. Un ente que respetase mi tiempo y mi espacio de la misma manera en que supiese cuando no respetar a los derrumbes que me sobrevenían. Recuerdo creer en las conversaciones serias que no acabasen por misérrimos derroteros, de que las horas fuesen números y nunca fuese pronto o tarde para nada; también pensar que la madurez no es la sobriedad, la seriedad y la rectitud, sino la capacidad del recto juicio del vetusto cuando es requerida, y la falta de vergüenza hacia el mundo de un crío cuando la situación se quiere desembarazar de sí misma. Recuerdo, en definitiva, creer en la complementariedad de las personas sin toxicidad de por medio. Quizá sea ese el verbo: ‘creer’, el que haya cambiado. Ahora, mis pocos años en latín, me permiten decir en voz tan alta como la caída que emprendí hace ya mucho, que ‘Non credo’.

No todo cambio brusco debe estar motivado por la afectación externa. No se deja de creer en el amor por un desamor (al fin y al cabo solo he tenido aprecio a una persona en todos estos años y le puse fin porque solo buscaba mi propia apoptosis), no se deja de creer en la vida por una muerte, ni se deja de creer en la humanidad por una masacre. No todo coche se sale de la vía por errores del piloto (también reconozco no tener siquiera el carnet de conducir mi propia vida), ni por golpes del de detrás en su intento de adelantarle; simplemente las cosas dejan de funcionar y un día te ves tirado en la cuneta.

Y aprendes a caminar solo y verlas pasar, sabiendo que tu menor velocidad hará más largo este camino cuyo final ya conoces y al que deseas llegar lo antes posible. Al fin y al cabo es proporcional al ritmo que se lleve; tan rápido vivirás como tan pronto te cansarás de vivir. Nadie escapa a las reglas de la existencia ni a sus propios pensamientos. No se pueden callar durante mucho tiempo, porque tienen voz en todos nuestros actos. Como vehículo que acumula las averías de años pasados y los baches del anterior, tengo la suspensión suficiente para flotar sobre el camino y ya no darme cuenta ni de las piedras que me abren los pies; el dolor ya es un compañero más de viaje y me obliga a permanecer con el rictus totalmente neutral mientras veo a otros pasar a mi lado vertiendo lágrimas que repondrán al término de la semana en forma de alcohol. Quizá con sexo, si tienen la suficientemente poca química como para atraerse de forma tangencial entre sí, porque no les aproxima su contenido, sino sus debilidades que buscan aplacarse.

Pero solo tengo una certeza y es la de que no volveré a funcionar, ni lo quiero tampoco en el único sentido de que la velocidad me aturde. La frialdad de ver venir los hechos y anticiparse a ellos como un carroñero que solo busca rapiñar y salvar su pellejo ha ganado al pensamiento en caliente de querer vivir según lo que salga como la cigarra que se pasa todo el verano de su vida disfrutando para tener un invierno crudo que la mate.

El único miedo que sobreviene ahora es uno: volver a brillar, que el motor vuelva a activarse, que el horizonte vuelva a rodar bajo mis pies y sienta de nuevo el paisaje sucederse continuamente. Porque en ausencia de combustible, como toda estrella, volver a brillar sin medios para hacerlo implica que estás a punto de explotar, como una supernova, para morir por toda la eternidad. Y tan grotesco como vivir sin un motivo acaba resultando. En ambos casos, se deja solo el polvo del que se viene y en que se convierte para formar cuerpos con vida. Maldita muerte, nihilista ella, que no cree en su trabajo ni en la existencia, porque se sabe viva para siempre como el condenado a cargar su cruz de mártir.

Sé que vuelvo a caer en el reduccionismo que otrora detesté con todo mi ser, pero somos una prolongación temporal, que no antrópica, del cosmos, y como tal compartimos sus características hasta el punto de ser una constelación de problemas que giran en torno a una bóveda de materia gris. Qué poético todo eso para definir que somos entes finitos dándole importancia a algo que durará más que ellos. Sí, quizá sea eso.

No comento mucho más de mí, porque sabéis de mi enfermedad (no, no hablo de la vida, ahora me centro a nivel fisiológico, no todo va a ser metáfora pesimista), y ahí sigue (porque sigo). Somos la única complementariedad que existe. Solo me desharé de ella cuando haya muerto, y seguiré teniéndola de forma crónica mientras siga viviendo. Después, una vez bajo tierra -o surcando los cielos- más pronto que tarde por el desenlace que tiene pinta ser más plausible si uno no decide acabar con el otro y viceversa, solo seré el mismo sustrato que antes, quizá con una mayor paz. Dijo Schopenhauer en uno de sus libros que la paz solo se alcanza al morir, porque se rompe al nacer. No comparto su misoginia, pero sí su extremo cinismo. Me hace sentir, en cierto modo, comprendido, aunque sea en un recipiente tan pequeño que sienta la presión de sus paredes.

No tengo más que contar, creo. No voy a hacer tabula rasa, afirmo. Voy a seguir viviendo mientras mi cuerpo, en proceso de necrosis, me lo permita y mientras mi mente, afectada por el paso de los días, tenga a bien dar la venia de continuidad. Me extendería mucho más, pero se cierne la noche, todo se torna un tanto más triste, recuerdo que tengo demasiadas cosas por hacer (inversamente proporcionales a las ganas que tengo de llevarlas a cabo y de los motivos que me dan para que les preste atención) y sé que cada uno tiene su propia cruz como para detenerse a ver cómo otro carga con la suya.


Que os sea leve el camino, y nos leemos. No sé hasta cuándo, ni con qué periodicidad, pero nos leemos.

7 de mayo de 2016

Muero, luego existo


rfd
Para mi pueblo, su historia y sus gentes, con mucho cariño.

Muero, luego existo.

Silencioso el día,
tiñe con su fulgor las hojas del todavía vacío parque.
Viste de gala a violetas, amapolas y margaritas,
que anuncian el florecimiento, de nuevo, de la vida.
Frío cierzo sacudió tu raquítica sombra, sauce,
pero no llores, deja que este poniente tus lágrimas seque,
que pronto vendrán las primeras gentes,
a forjar sus historias otro año más
bajo tu ahora frondosa sombra,
y a columpiarse bajo tu hercúleo brazo,
quienes todavía no saben narrar.
Los vencejos, acróbatas del firmamento,
díscolos aeroplanos de melodía para el deleite,
 afinan su canto y ponen banda sonora
a esta tarde de mayo,
extrañamente conocida y acogedora.
Y con el sonido de las aves,
cierro los ojos y vuelo también yo.
Dejo de sentir mis pies
y de distinguir realidad de ficción.
Se suceden imágenes, melodías escuchadas otrora,
cantadas por gente del pasado que nos dejó,
Y qué vivas suenan ahora.
No puedo evitar desembocar en el mismo mar,
Ya no de dudas, sino de lágrimas perladas,
Que agradecen, aunque demasiado tarde,
Su paso por la Tierra, efímero como la nada.
Me alzo con el objetivo de seguir pensando,
Y tan solo percibo el crujir de la tierra bajo mis zapatos.
Me resulta familiar...
No paraba de escucharlo
cuando llegaron los días largos,
cuando la existencia me aplastó sobre horas fratricidas.
y creí que jamás lograría recuperarme de mis heridas.
Ahora es distinto,
estoy solo, pero así no me siento
pues me acompañan mi negra sombra
y el dulce viento.
De pronto, una ráfaga me sacude,
la naturaleza ante mí se postra y me lanza su aliento.
Me paro, retrocedo, hace que dude,
pero solo por un momento.
El único y necesario para que comience el rumor
de las aguas del tiempo.
Fluye de nuevo mi pensamiento,
me giro, contemplo mis  pisadas,
desando mentalmente mis pasos
y me doy de bruces con el banco donde estuve hace nada;
Me invade un sentimiento de pequeñez y soledad.
Veo a las gentes de otras épocas danzar por este este escenario,
Oh, imagen tierna y a la vez atribulada.
El ánimo del pueblo,
pronto vendrá el verano a cocinar con su soflama;
a irradiar risas y no cesar latiendo.
¿Qué más da que los corazones que aquí besaron,
perecieron o lloraron,
donde estos versos escribiendo me hallo,
no prosigan con su ritmo sincopado?
Yo puedo sentirlos, horas después,
ahora que ya cayó la noche.
El aire se enfría, sopla racheado,
acaricia mi piel a golpes,
mientras observo por las calles
cómo aquellos que latieron
Se van a sus pobres catres.
Sin duda llega la hora
de que los que yacen bajo el barro
se erijan sobre los suyos,
y que el viento somero erice la tierra
que por la tarde tuve a bien chafar,
pues mayores huellas fueron las suyas
que ahora forman parte de la eternidad.
Y porte hasta mis oídos
las historias de dicha y lamentos,
ya no latidos, sino suaves respiraciones que oxigenan la oscuridad
y le dan sentido al silencio,
estrépito que irradia misterio.
Se vacían los paseos,
surcan ahora el éter melodías:
se juntan ellos.
Seres errantes siglos atrás.
Para los vivos quede el día,
y reste la noche para los muertos,
que despliega brillantes estrellas,
cegadas durante horas por un sol rubio,
también posiblemente fallecidas ellas,
pero que a mi vista siguen llegando,
y como luceros se yerguen,
revelándome los secretos
que con recelo toda la jornada guardaron.
Despunta el alba y despierto,
ya trinan los pájaros,
ya se sonrojan los campos.
Despierta el corazón del pueblo
de sus sueños acelerado.
Vuelven a su lecho los héroes del lugar,
repliegan los candiles fulgurantes
y domina el astro singular.
Las nubes se disipan con el céfiro...
Pronto comenzará la vida terrenal.
Retornaré a contemplaros estas noches,
A repetir otra velada jovial,
Y examinar vuestras historias,
con alevosía y nocturnidad
cuales revulsivos del resplandor vespertino.
Porque sé que cuando el cielo para mí se apague,
y la oscuridad me tape con su manto,
seré uno más de vosotros.
Para unos fruto de llanto y memoria,
Para los nocturnos, canto e historia.
Y pasaré a brillar para siempre en él,
convertido en un lampo libertino,
 Antares de la guerra,
Rival del lustre matutino.

23 de marzo de 2016

La sociedad actual y el trabajo: eres útil para todo lo que te propongas

Ya hace tiempo que no escribía. Exámenes, festividades varias, ganas nulas… han ido jalonando todas las semanas de forma inevitable. También he tomado pilas enteras de libros con los que no doy abasto y me han dado, a su vez, enormes ganas de tratar de decenas de temas, tanto de sociedad como de política, pasando por la ciencia, por reflexiones personales que no vienen a cuento o hasta de volver a escribir, pero habrá que esperar para verlo.

Hoy, y como modo de descanso ante el centenar de hojas de temas variados que llevo leídas de temas tan interesantes como la Psicología, trataré de hablaros de un tema –que no viene motivado por esta, pero lo comprendería a su vez- como es la realización, el sentimiento de utilidad o el trabajo. Vamos, tu función en la sociedad moderna y tu inscripción en las instituciones, al fin y al cabo. Lo haré con múltiples reflexiones y escenas vividas a lo largo de los días, y con incisos filosóficos que he creído haber extraído de forma correcta a modo de moraleja de todas ellas.

Primero, me gustaría comenzar diciendo que para mí la felicidad no es tanto el haber conseguido una meta, sino aquel estado en el que te encuentras mientras pugnas por su consecución (uno es feliz mientras lucha por algo y no conoce su desenlace), y no sería realización sino cuando se hubiese consumado este logro (uno se siente realizado cuando ha llegado a conseguir su meta y por tanto sabe que su felicidad no ha sido infundada), pero después, ¿qué viene? ¿Qué sucede a la monotonía, a haber conseguido igualar o superar el listón? Depende de la persona, depresión o vacío existencial (pérdida de la felicidad y del estado de realización), ¡o más metas! (ganancia de felicidad, pero inmediata pérdida del estado de realización al existir otra meta distinta y no conseguida todavía). Todo este análisis reduccionista me lleva a deducir que la realización es un fin último dado que siempre se renueva conforme lo hace la persona, y que su desaparición indica la muerte en vida de la misma, y que la felicidad quizá sea la emoción o el estado de ánimo más frágil y dependiente de ellos, porque uno puede sentirse realizado, pero no ser feliz, o uno puede ser feliz, pero no sentirse realizado. No sacaré a colación las patologías, porque pienso que, como ha ocurrido en otras muchas dimensiones psicológicas, se ha tratado de encuadrar como anómala toda aquella variación personal distinta de una media más bien tildable de ‘mediocre’, con la estigmatización que ello conlleva. Buen ejemplo de ello sería la connotación de las enfermedades mentales, el término ‘locura’ y su adjetivo derivado, la virginidad, la asexualidad –o la misma sexualidad y sus variantes-, que ha virado (y continúa haciéndolo) hasta límites que rozan lo preocupante y coercitivo y no hacen sino dañar al receptor, su autoestima y su estructura corporal en cuanto a visión de su propio físico y su esquema mental se refiere. Una de ellas (qué bien me ha venido andarme por las ramas, porque he acabado desembocando donde quería) sería la palabra ‘utilidad’, ‘valor’, ‘capacitación’… llamadla como queráis, pero relacionadla siempre al trabajo.

A lo largo de la historia no han sido pocos quienes han argumentado que el trabajo es nuestro fin último de realización, de sintonía social, o un medio para conseguir comodidades y relaciones sociales, otros, que simplemente era nuestra forma de ser útiles para un Estado y otros, radicalmente contrarios, que era una forma de limitarnos, explotarnos, hipotecar nuestros años o, en casos aplicados a la economía de tiempo y dinero, alienarnos. Sin embargo y pese a haber ido reformando continuamente la lingüística y la filosofía social, no ha habido trascendencia ninguna en el sujeto, que sigue poseyendo las mismas dudas y la misma desconfianza que se sufría hace siglos. Y es que el pensamiento puede evolucionar porque es algo que se adquiere y desecha continuamente, pero las emociones, los sentimientos y nuestra visión subjetiva son mucho más primitivos y nos vienen ya configurados y reforzados con la educación, los ídolos sociales y las experiencias que nos condicionan; en resumen, si el pensamiento filosófico es fruto de la objetivación del ambiente (es imposible presentar como válido algo no falsado previamente), nuestra concepción del mundo y de nosotros mismos es fruto tanto del mismo como de la naturaleza, y ambos se condicionarán entre sí de manera que no podamos dar una definición. Nuestra educación, nuestra familia, nuestra sociedad (…) serán el combustible que alimente nuestra mente, y la naturaleza quien establezca cómo se procesará este para poner todo el mecanismo en marcha.

Ahora sí, es cuando debemos ir a la dimensión personal: a lo largo de nuestra vida se nos van imponiendo instituciones, visiones de la realidad determinadas, se nos educa en roles, clases, en que si no accedemos a equis, no obtendremos y griega, en que el fin último es desempeñar una función en el seno en el que nos han ido inscribiéndonos a la fuerza (…), en fin, lo que yo llamaría ‘ir formando mano de obra para que este timo piramidal, y nunca mejor dicho, por su estructura, nunca deje de producir’. Gracias a estas, o por su culpa, vamos aprendiendo contenidos durante nuestros primeros años que nos llevarán a un punto de igualdad entre todos nuestros compañeros para llegar a un punto en el que, generado interés hacia materias de todos los tipos, nos obliguen sí o sí a elegir entre una rama u otra, de forma irreversible; han formado al obrero: ahora toca especializarlo. Ello conlleva a que perdamos la posibilidad de desplegar nuestro potencial en muchas materias para las que somos válidos solo porque son incompatibles con la opción elegida; eso lleva a ver al trabajo como una forma de especialización que más que ser por nuestro bien realmente es por el bien de una estructura en la que todos se subordinan de tal manera que no se sabe ya quién es su líder; una estructura que forma potenciales ignorantes de otras muchas ramas para que nadie se alce, no vaya a ser que ocurra lo que en los siglos XV y XVI ocurrió con las reformas Humanistas que pusieron en jaque a la Iglesia, empezaron a forjar los sistemas liberales, trajeron los primeros científicos de renombre y, además, refundaron las bases del arte. ¡Qué peligroso aquel considerado virtuoso! A día de hoy supondría el harakiri de un sistema que comienza a delirar, pero todavía no muestra síntomas de debilidad; la memoria del siglo XIX ha sido suficiente como para que nos organicemos entre todos para causar nuestro propio mal liderados por un ente abstracto que además nos oprime. Qué curioso esto de ser considerada la única especie con capacidad de raciocinio que ni siquiera es capaz de llegar mediante la razón al fondo de su ser.

Y cuando llegamos a estas edades, al Bachillerato, se nos evalúa para llegar al templo del mito, si se me permite este súmmum de los oxímoros, llamado ‘Universidad’, donde uno es capaz de encontrarse a futuros genios o personas que no destacarían moralmente ni dentro de un grupo de adolescentes, que venden como la única vía de ser algo en la vida. ¿Cuántos de aquí habremos escuchado que los Ciclos no sirven para nada? Tampoco nos confundamos, ni siquiera la Universidad nos garantiza ser algo en la vida… La razón instrumental ha hecho que la ciencia sea la única vía para ganar dinero, renombre y autoridad entre las naciones, nuevas armas, nuevos compuestos, nuevos descubrimientos para fundar más instituciones (…), en fin… para formar autómatas: nosotros. ¿A qué papel se han visto relegadas el resto de las ramas? Las letras, como arma de cambio, al de la censura; solo se forma a los corresponsales suficientes –y con la suficiente poca formación- para mantener la manipulación de los medios que posibilite la creación de más autómatas a favor de su interopresión que asientan a todo lo que un sistema les ponga por delante sin razonar siquiera su veracidad (os invito a que leáis la prensa: a día de hoy sustituye a un buen libro de chascarrillos). Las otras letras, las ‘peligrosas’ no tienen cabida. No hay escritores prácticamente que sobrevivan por su producción en España, y los que son críticos con su estructura directamente son silenciados en otros medios precisamente encabezados por literatos. Podría llegarse a la conclusión de que para vivir de las letras uno debería ser manipulador más que escritor, y que la escritura es solo el refugio decimonónico de los antisistema que, mordaza en boca, deben expresarse mediante las manos que todavía no han atado.

¿Y qué es de las artes? Eso visto como inútil, que lleva a futuros grandes virtuosos de la estética a abandonarlo. ¿Por qué? En un mundo de catástrofe, de repugnancia, de náusea sartriana y de automatismo, no hay espacio para la expresividad ni la belleza, ni tan siquiera para la estética, término cuyo significado original tenía que ver con la capacidad de hacer sentir (este es el verdadero significado de arte). ¿Cómo va a tener cabida en toda esta disposición algo que haga sentir, que critique, que alimente a detractores, que invite a la reflexión y que defenestre a un sistema? ¡Mejor lo encubrimos todo, cerramos las vías productivas y alienamos de tal manera a la humanidad que crea que la crítica artística abstracta es una locura y no transmite sino la frustración, no vaya a ser que se dé cuenta de que la verdadera locura es su estado y la verdadera frustración es la que sentirían de poder pensar –capacidad que estimularía el arte-! ¿Contempláis, de nuevo, la misma paradoja de antes?

Ante todo este sentimiento de inutilidad, de frustración y demás, me gustaría haceros ver que hay trabajo para todos, como dije en su día. Hablé con una polímata y quizá mi mejor frase en tantas hojas de escritura fue que en la Tierra encontrarás todos los medios que necesites para obtener tu fin (algunos os preguntaréis que por qué se ponen herramientas de destrucción del sistema en manos de cualquiera; yo os contestaré que destruirlas sería destruirlo también: igual que existe la posibilidad de trabajar como artista, si la eliminásemos nos garantizaríamos la imposibilidad de tumbar al sistema por una gran vía, pero propiciaríamos que un amplio sector de esta oligarquía no tuviese qué controlar y censurar, y por tanto se viese desprovisto de su riqueza o de su función, y por tanto implosionase), pero de forma tan enrevesada (obviamente querrán su oligarquía antes que tu meritocracia) que si no luchas contra viento y marea y vences a tu propio desfallecimiento y resignación vital, ni lo intentarás. Por eso te digo y os digo: se puede trabajar en todo y de todo si se lucha, solo que la dificultad de la empresa hará que se necesite una lucha más o menos intensa. Pero si os interesan las artes, las ciencias o las letras, o cualquier otra rama, idos a ella, y no os dejéis engatusar por vuestra utilidad. Sois útiles en lo que deseáis –y no en lo que más reportaréis a la sociedad-, el fin del trabajo no es mantenerse únicamente, sino ser feliz y realizarse (ahora entenderéis por qué quise introducir primero mis dos definiciones antes de soltar toda esta diatriba) y no servís más o menos para algo por el resultado que obtengáis, sino por el sentimiento que os reporte. Ah, y la visión que se tenga de vosotros por un trabajo u otro es una estupidez, propia de padres que se proyectan en sus hijos, de decepciones por no seguir una enseñanza elitista o de sociedades frustradas que más que envidia hacia el que se fija una meta y está dispuesto a ser feliz para su realización, sienten amargura de no haber llegado a estos dos últimos estados y desembocan en envidia. 

Dijo ya una personalidad española que si no acabas con ellos, serán ellos quienes no descansen hasta haber acabado contigo; yo lo amplío y digo que si no empiezas tu propio camino, serán ellos quienes te aten de pies y manos o te pongan el mismo collar que al resto de la jauría para que discurras por los caminos prestablecidos. De ahí a mi reflexión previa: liberad de la venda de los ojos a todos mediante vuestro arte, desatad de pies y manos  a todos mediante vuestras letras –porque si las estáis escribiendo es porque liberados ya estáis-, y estirad de las mordazas de todos mediante vuestra implicación en una sociedad que busque su comprensión y no su opresión; y no voy a marginar a la ciencia, ni mucho menos: si os veis ahí, usadla para pasar de una razón instrumental a un método científico sobrio, riguroso y eficaz, por las directrices que marque la investigación para un mundo mejor, más sano, más desarrollado o con mayores esperanzas: trabajad para que sea la maquina humana la que progrese por y para sí misma, y no por y para un sistema que la aliena y en detrimento suyo. Podéis dejar de leer aquí si queréis, porque aquí acaba mi reflexión.


De aquí en adelante, quisiera dirigir a todos mis amigos y amigas que están pasando por esta situación, la pasaron o la pasarán, cercanos, lejanos, conocidos o ciberamigos, entre los que posiblemente estéis si alguien ha llegado hasta aquí, un par de palabras. Para vosotros van, Anaïs, Juan, Melangia, Ariana, Pilar, Violet, Taamas, Marta, Enil, Carmen, y una querida desconocida, y vuestras son:

A mi queridísima Anaïs, que estoy muy orgulloso de tus notas, más que nada porque son reflejo de algo mucho más importante, que es tu esfuerzo. Porque sé que vales mucho en tu campo y que, hayas querido o no llegar a este punto, es tanto más meritorio en la medida en que es necesario para formar en su etapa a todos esos niños que en su pasado fueron quienes hoy en día están en tu contra. Y que si no lo quieres, tienes todo mi apoyo para hacer lo que te dé la gana y sentirte feliz por primera vez en mucho tiempo. Vida solo vas a tener una como para que te digan cuál vivir.  Y que si has tenido una coyuntura difícil y una vida casi imposible y has llegado hasta aquí es porque eres capaz de resolver cualquier conflicto y de hacer casi lo imposible; eres una entre pocas, y habiendo conseguido tantas victorias no puedes retirarte. Lo bueno está por llegar y si bien jamás te mentiré diciéndote que todo va bien cuando pinta negro, sí que estaré aquí para decirte que no lo va, pero lo irá. A veces necesitamos que nos digan quiénes somos para conocer lo mucho que valemos.

A Juan, que un número que solo indica la más mediocre de las inteligencias, la lógico-matemática, no te ciegue, y sigas destacando en tu grupo por delante de aquellos que utilizan esa cifra para creerse por encima y catalizar su frustración proyectándola incluso en otros (no es síntoma de debilidad otra cosa más que esa en psicología, el hecho de proyectar frustraciones o inseguridades en otros mediante su atribución). Y que el Derecho es una rama con una gran población, pero necesaria para marcar el avance de nuestra sociedad.

A quien conocí por Aloma, pero ahora –por mucho que no me guste el término por su significado- se llama Melangia: decir que ser humanista es un fin más, que también da la felicidad y la realización que no deben quitarte el hecho de que ahora solo se busque a personal especializado. Que si sigues a pesar de todo el boicot a la sabiduría, serás en el futuro la poseedora de dos armas capaces de hacer temblar todo esto: una sonrisa de seguridad y una mente con horizontes que trasciendan los muros y las fronteras sociales. Que te decantes por artes, letras, ciencias o cualquier otra rama, que todos estaremos igual de orgullosos, pero que jamás te paralices: empieza a tomar ya tus decisiones sin dejarte influir y verás que lo que ahora es ansiedad por abrirse a un mundo cambiante, en un futuro será el poder de decisión sobre tu vida, la desalienación.

A Ariana, una de las mentes más capacitadas que conozco, y también una de las más castigadas por el pensamiento depresor al que conlleva el paso a una rama tildada de ‘menos útil’, ‘fracaso’ o ‘limitación’: quizá se te diese bien el estudio de otras materias, pero te digo que la vocación vale mucho más que tu capacitación, y que el gusto puede al aprendizaje, y que aprendizaje más gusto dan la realización como producto. He visto en ti alguien que haría muchísimo en las ciencias, pero he visto en ti también a alguien cuyas letras me han conmovido y, por encima de todo, a alguien en quien pienso y se me ocurre la palabra ‘arte’, simplicidad, certeridad, crítica, inconformismo… No te dejes llevar por tus pensamientos, porque has elegido lo que debes –ya te lo agradecerás en un futuro y me pegarás por citarte ante todo Internet, si es que alguien ha llegado a estas líneas-, ni por las proyecciones que tu familia haga sobre ti, ni tan siquiera por los juicios de profesores muchos de los cuales no aspiraban a estar ahí (porque todo aquel maestro con vocación jamás emitirá juicios vocacionales contra su alumno); solo déjate llevar por tu espíritu de superación y pon en juego todo tu ser para vivir.

A Pilar, Pi, que un año perdido, o dos, no son nada. Más vale perder todos ellos que no ir al ritmo de todos y luego darte cuenta de que eso no era lo que querías ni pretendías, ser infeliz y además perderlos de igual manera. Que el paso supersónico del saber no te haga zozobrar, mantén la cabeza en el cielo, pero los pies en la Tierra, sueña, vuela, y concibe la vida como algo irrepetible e irrecordable, primario, a desarrollar, y no como algo supeditado a un trabajo o unos estudios. ¡Vive!

A Violet, con quien mucho he discutido, porque las cosas buenas son las que se llevan dentro, y contigo estoy colmado: sé libre de ir a donde quieras a ejercer tu trabajo, de escoger la rama que más te plazca, de defender tus ideales por encima de una multitud oprimida que te considera una radical antisistema solo por no saber que la proteges a ella paradójicamente, y sobre todo, sé feliz, retírate cuando quieras e impide que la sugestión de terceros te lleve a modificar toda una vida que, si me permites el juicio, te está quedando perfecta, muy prometedora y aspira a que desarrolles todo tu potencial. Deja de existir, pasa a ser tú misma, y con el tiempo no solo existirás y serás, sino que vivirás.

A Taamas, joven amigo, decirte que todas esas dudas que tienes son normales, y todos nos las hacemos, solo que nadie lo admite por no querer mostrarse como inferior. Aquí estaré para ayudarte en todo lo que haga falta aunque yo nunca me deje hacerlo y que nada de arrepentirse por decisiones pasadas, que el pasado no puede resucitar y el presente ha muerto en este mismo instante, así que solo nos queda mirar hacia delante.

A Marta, la joven discípula de Camus, decirle que le queda tanto por delante –incluido yo, que soy una lacra a superar- que esto que ahora es una duda derivada del pensamiento, hay que observarla como las bases para destruir todo como única forma de crear. Cuanto antes dudemos de lo impuesto, antes podremos imponernos ante ello y tomar el timón de nuestro navío. Y da igual que no te veas trabajando en nada; existen trabajos que desconoces y, pensando en ello, también te pierdes capacidades que desconoces o todavía no posees. Preocúpate por aprender con gusto y luego ya verás qué claro se ve todo.

A Enil: amigo, jamás te dejes manipular por nadie, sea quien sea y tenga contigo la cercanía que tenga. Aceptando que te impongan sus pensamientos y te impidan desarrollar tus propios juicios para no discutir estás dándoles la razón y confirmando su éxito en su intento de homogeneizar su ideología en la familia y de no crear conflictos ningunos. Evolucionar es innovar en la naturaleza, y quizá  crecer sea convivir en tu familia.

A Carmen, que quizá no me lea y quizá si lo haya hecho se habrá extrañado de que no la trate por su pseudónimo –me gusta ser serio, no hago esto a modo de indirectas twitteras, hago esto para destaparos los ojos-, decirte que sé que eres una persona con muchos productos propios de todo este proceso de alienación que tuvo su éxito contigo otrora, sean miedos, inseguridades o cualquier estupidez reversible –no así la vida de aquellos que todavía no se han desquitado de los ídolos-, pero he visto en ti una evolución progresiva, unas letras más existencialistas que nihilistas, más humanidad que en muchas imágenes, te he visto con mayor solidez aunque no te lo creas, y he visto en ti un enorme fallo social que, como dije, te confirma como éxito. Una fuente ilimitada de recursos morales que haría quebrar cualquier banco de hombres grises. Solo quiero decirte que, aunque seas de las pocas personas de las menciones que estoy realizando que tenga medianamente definido su futuro, no dudes de ti misma, sino de tu alrededor, que es eso y solo eso lo que falla, que busques el calor en tu morada, que solo veas las caídas como una forma de resurgir con la fuerza del rebote y que aprendas a valorar que más que miedos e inseguridad (que lo somos todos), eres un cúmulo de conocimientos, de valores, de capacidades… que hacen falta a día de hoy. No sobras, haces falta.

Y a la chica que conocí en una simple churrería en fallas, que quizá no habrá estudiado lo que todos querían, que quizá esté ganándose la vida sin realización, pero aun así logró hacerme aguantar miles de petardos en plena lluvia por tan solo observar su sonrisa: por gente como tú la lluvia se convierte en caricias celestiales, el ruido en una forma de desconectar del estado de embriaguez, y que quizá no seas lo que hayan querido o quieras, pero has sido suficiente para muchas personas, eres querida por otras tantas más, has desempeñado una función igual de importante que la del resto para la sociedad y, muy al contrario de lo que las apariencias de las que huyo podrían decir de ti y tu posición al otro lado del mostrador, he escuchado en tus palabras reflexiones más serias, cabales y propias de un postconvencional que las de cualquier gran ejecutivo movido por la tecnocracia, por la carencia de valores y por el salvajismo. 

A todos los anteriores, a ti y a otros muchos que habré olvidado, pero con los que hablo: gracias por existir, y espero dentro de meses o años daros las gracias también por ser, y alegrarme porque viváis. A todos vosotros, también, gracias por leer mis líneas. Me despido para seguir leyendo, espero que os haya servido la entrada y que seáis lo más felices posible.