Ya
hace tiempo que no escribía. Exámenes, festividades varias, ganas nulas… han
ido jalonando todas las semanas de forma inevitable. También he tomado pilas
enteras de libros con los que no doy abasto y me han dado, a su vez, enormes
ganas de tratar de decenas de temas, tanto de sociedad como de política,
pasando por la ciencia, por reflexiones personales que no vienen a cuento o
hasta de volver a escribir, pero habrá que esperar para verlo.
Hoy,
y como modo de descanso ante el centenar de hojas de temas variados que llevo
leídas de temas tan interesantes como la Psicología, trataré de hablaros de un
tema –que no viene motivado por esta, pero lo comprendería a su vez- como es la
realización, el sentimiento de utilidad o el trabajo. Vamos, tu función en la
sociedad moderna y tu inscripción en las instituciones, al fin y al cabo. Lo
haré con múltiples reflexiones y escenas vividas a lo largo de los días, y con
incisos filosóficos que he creído haber extraído de forma correcta a modo de
moraleja de todas ellas.
Primero,
me gustaría comenzar diciendo que para mí la felicidad no es tanto el haber
conseguido una meta, sino aquel estado en el que te encuentras mientras pugnas
por su consecución (uno es feliz mientras lucha por algo y no conoce su
desenlace), y no sería realización sino cuando se hubiese consumado este logro
(uno se siente realizado cuando ha llegado a conseguir su meta y por tanto sabe
que su felicidad no ha sido infundada), pero después, ¿qué viene? ¿Qué sucede a
la monotonía, a haber conseguido igualar o superar el listón? Depende de la
persona, depresión o vacío existencial (pérdida de la felicidad y del estado de
realización), ¡o más metas! (ganancia de felicidad, pero inmediata pérdida del estado
de realización al existir otra meta distinta y no conseguida todavía). Todo
este análisis reduccionista me lleva a deducir que la realización es un fin
último dado que siempre se renueva conforme lo hace la persona, y que su desaparición
indica la muerte en vida de la misma, y que la felicidad quizá sea la emoción o
el estado de ánimo más frágil y dependiente de ellos, porque uno puede sentirse
realizado, pero no ser feliz, o uno puede ser feliz, pero no sentirse realizado.
No sacaré a colación las patologías, porque pienso que, como ha ocurrido en otras
muchas dimensiones psicológicas, se ha tratado de encuadrar como anómala toda
aquella variación personal distinta de una media más bien tildable de ‘mediocre’,
con la estigmatización que ello conlleva. Buen ejemplo de ello sería la
connotación de las enfermedades mentales, el término ‘locura’ y su adjetivo
derivado, la virginidad, la asexualidad –o la misma sexualidad y sus
variantes-, que ha virado (y continúa haciéndolo) hasta límites que rozan lo
preocupante y coercitivo y no hacen sino dañar al receptor, su autoestima y su
estructura corporal en cuanto a visión de su propio físico y su esquema mental
se refiere. Una de ellas (qué bien me ha venido andarme por las ramas, porque
he acabado desembocando donde quería) sería la palabra ‘utilidad’, ‘valor’, ‘capacitación’…
llamadla como queráis, pero relacionadla siempre al trabajo.
A
lo largo de la historia no han sido pocos quienes han argumentado que el
trabajo es nuestro fin último de realización, de sintonía social, o un medio
para conseguir comodidades y relaciones sociales, otros, que simplemente era
nuestra forma de ser útiles para un Estado y otros, radicalmente contrarios, que
era una forma de limitarnos, explotarnos, hipotecar nuestros años o, en casos
aplicados a la economía de tiempo y dinero, alienarnos. Sin embargo y pese a
haber ido reformando continuamente la lingüística y la filosofía social, no ha
habido trascendencia ninguna en el sujeto, que sigue poseyendo las mismas dudas
y la misma desconfianza que se sufría hace siglos. Y es que el pensamiento
puede evolucionar porque es algo que se adquiere y desecha continuamente, pero
las emociones, los sentimientos y nuestra visión subjetiva son mucho más
primitivos y nos vienen ya configurados y reforzados con la educación, los
ídolos sociales y las experiencias que nos condicionan; en resumen, si el
pensamiento filosófico es fruto de la objetivación del ambiente (es imposible
presentar como válido algo no falsado previamente), nuestra concepción del
mundo y de nosotros mismos es fruto tanto del mismo como de la naturaleza, y
ambos se condicionarán entre sí de manera que no podamos dar una definición.
Nuestra educación, nuestra familia, nuestra sociedad (…) serán el combustible
que alimente nuestra mente, y la naturaleza quien establezca cómo se procesará este para poner todo el mecanismo en marcha.
Ahora
sí, es cuando debemos ir a la dimensión personal: a lo largo de nuestra vida se
nos van imponiendo instituciones, visiones de la realidad determinadas, se nos
educa en roles, clases, en que si no accedemos a equis, no obtendremos y
griega, en que el fin último es desempeñar una función en el seno en el que nos
han ido inscribiéndonos a la fuerza (…), en fin, lo que yo llamaría ‘ir
formando mano de obra para que este timo piramidal, y nunca mejor dicho, por su
estructura, nunca deje de producir’. Gracias a estas, o por su culpa, vamos
aprendiendo contenidos durante nuestros primeros años que nos llevarán a un
punto de igualdad entre todos nuestros compañeros para llegar a un punto en el
que, generado interés hacia materias de todos los tipos, nos obliguen sí o sí a
elegir entre una rama u otra, de forma irreversible; han formado al obrero:
ahora toca especializarlo. Ello conlleva a que perdamos la posibilidad de
desplegar nuestro potencial en muchas materias para las que somos válidos solo
porque son incompatibles con la opción elegida; eso lleva a ver al trabajo como
una forma de especialización que más que ser por nuestro bien realmente es por
el bien de una estructura en la que todos se subordinan de tal manera que no se
sabe ya quién es su líder; una estructura que forma potenciales ignorantes de
otras muchas ramas para que nadie se alce, no vaya a ser que ocurra lo que en los siglos XV y XVI ocurrió con las reformas Humanistas que pusieron en jaque a la
Iglesia, empezaron a forjar los sistemas liberales, trajeron los primeros
científicos de renombre y, además, refundaron las bases del arte. ¡Qué peligroso
aquel considerado virtuoso! A día de hoy supondría el harakiri de un sistema
que comienza a delirar, pero todavía no muestra síntomas de debilidad; la
memoria del siglo XIX ha sido suficiente como para que nos organicemos entre
todos para causar nuestro propio mal liderados por un ente abstracto que además
nos oprime. Qué curioso esto de ser considerada la única especie con capacidad
de raciocinio que ni siquiera es capaz de llegar mediante la razón al fondo de
su ser.
Y
cuando llegamos a estas edades, al Bachillerato, se nos evalúa para llegar al
templo del mito, si se me permite este súmmum de los oxímoros, llamado ‘Universidad’,
donde uno es capaz de encontrarse a futuros genios o personas que no
destacarían moralmente ni dentro de un grupo de adolescentes, que venden como
la única vía de ser algo en la vida. ¿Cuántos de aquí habremos escuchado que
los Ciclos no sirven para nada? Tampoco nos confundamos, ni siquiera la
Universidad nos garantiza ser algo en la vida… La razón instrumental ha hecho
que la ciencia sea la única vía para ganar dinero, renombre y autoridad entre
las naciones, nuevas armas, nuevos compuestos, nuevos descubrimientos para
fundar más instituciones (…), en fin… para formar autómatas: nosotros. ¿A qué
papel se han visto relegadas el resto de las ramas? Las letras, como arma de
cambio, al de la censura; solo se forma a los corresponsales suficientes –y con
la suficiente poca formación- para mantener la manipulación de los medios que
posibilite la creación de más autómatas a favor de su interopresión que
asientan a todo lo que un sistema les ponga por delante sin razonar siquiera su
veracidad (os invito a que leáis la prensa: a día de hoy sustituye a un buen
libro de chascarrillos). Las otras letras, las ‘peligrosas’ no tienen cabida.
No hay escritores prácticamente que sobrevivan por su producción en España, y
los que son críticos con su estructura directamente son silenciados en otros
medios precisamente encabezados por literatos. Podría llegarse a la conclusión
de que para vivir de las letras uno debería ser manipulador más que escritor, y
que la escritura es solo el refugio decimonónico de los antisistema que,
mordaza en boca, deben expresarse mediante las manos que todavía no han atado.
¿Y
qué es de las artes? Eso visto como inútil, que lleva a futuros grandes
virtuosos de la estética a abandonarlo. ¿Por qué? En un mundo de catástrofe, de
repugnancia, de náusea sartriana y de automatismo, no hay espacio para la
expresividad ni la belleza, ni tan siquiera para la estética, término cuyo
significado original tenía que ver con la capacidad de hacer sentir (este es el
verdadero significado de arte). ¿Cómo va a tener cabida en toda esta
disposición algo que haga sentir, que critique, que alimente a detractores, que
invite a la reflexión y que defenestre a un sistema? ¡Mejor lo encubrimos todo,
cerramos las vías productivas y alienamos de tal manera a la humanidad que crea
que la crítica artística abstracta es una locura y no transmite sino la
frustración, no vaya a ser que se dé cuenta de que la verdadera locura es su
estado y la verdadera frustración es la que sentirían de poder pensar –capacidad
que estimularía el arte-! ¿Contempláis, de nuevo, la misma paradoja de antes?
Ante
todo este sentimiento de inutilidad, de frustración y demás, me gustaría
haceros ver que hay trabajo para todos, como dije en su día. Hablé con una
polímata y quizá mi mejor frase en tantas hojas de escritura fue que en la
Tierra encontrarás todos los medios que necesites para obtener tu fin (algunos
os preguntaréis que por qué se ponen herramientas de destrucción del sistema en
manos de cualquiera; yo os contestaré que destruirlas sería destruirlo también:
igual que existe la posibilidad de trabajar como artista, si la eliminásemos
nos garantizaríamos la imposibilidad de tumbar al sistema por una gran vía,
pero propiciaríamos que un amplio sector de esta oligarquía no tuviese qué
controlar y censurar, y por tanto se viese desprovisto de su riqueza o de su función,
y por tanto implosionase), pero de forma tan enrevesada (obviamente querrán su
oligarquía antes que tu meritocracia) que si no luchas contra viento y marea y
vences a tu propio desfallecimiento y resignación vital, ni lo intentarás. Por
eso te digo y os digo: se puede trabajar en todo y de todo si se lucha, solo
que la dificultad de la empresa hará que se necesite una lucha más o menos
intensa. Pero si os interesan las artes, las ciencias o las letras, o cualquier
otra rama, idos a ella, y no os dejéis engatusar por vuestra utilidad. Sois
útiles en lo que deseáis –y no en lo que más reportaréis a la sociedad-, el fin
del trabajo no es mantenerse únicamente, sino ser feliz y realizarse (ahora
entenderéis por qué quise introducir primero mis dos definiciones antes de
soltar toda esta diatriba) y no servís más o menos para algo por el resultado
que obtengáis, sino por el sentimiento que os reporte. Ah, y la visión que se
tenga de vosotros por un trabajo u otro es una estupidez, propia de padres que
se proyectan en sus hijos, de decepciones por no seguir una enseñanza elitista
o de sociedades frustradas que más que envidia hacia el que se fija una meta y
está dispuesto a ser feliz para su realización, sienten amargura de no haber
llegado a estos dos últimos estados y desembocan en envidia.
Dijo ya una
personalidad española que si no acabas con ellos, serán ellos quienes no
descansen hasta haber acabado contigo; yo lo amplío y digo que si no empiezas
tu propio camino, serán ellos quienes te aten de pies y manos o te pongan el
mismo collar que al resto de la jauría para que discurras por los caminos
prestablecidos. De ahí a mi reflexión previa: liberad de la venda de los ojos a
todos mediante vuestro arte, desatad de pies y manos a todos mediante vuestras letras –porque si
las estáis escribiendo es porque liberados ya estáis-, y estirad de las
mordazas de todos mediante vuestra implicación en una sociedad que busque su
comprensión y no su opresión; y no voy a marginar a la ciencia, ni mucho menos:
si os veis ahí, usadla para pasar de una razón instrumental a un método
científico sobrio, riguroso y eficaz, por las directrices que marque la
investigación para un mundo mejor, más sano, más desarrollado o con mayores
esperanzas: trabajad para que sea la maquina humana la que progrese por y para
sí misma, y no por y para un sistema que la aliena y en detrimento suyo. Podéis dejar de leer aquí si queréis, porque aquí acaba mi reflexión.
De aquí en adelante, quisiera dirigir a todos mis amigos y amigas que están pasando por esta situación, la pasaron o la pasarán, cercanos,
lejanos, conocidos o ciberamigos, entre los que posiblemente estéis si alguien ha llegado hasta aquí, un par de
palabras. Para vosotros van, Anaïs, Juan, Melangia, Ariana, Pilar, Violet, Taamas, Marta, Enil, Carmen, y una querida desconocida, y vuestras son:
A
mi queridísima Anaïs, que estoy muy orgulloso de tus notas, más que nada porque
son reflejo de algo mucho más importante, que es tu esfuerzo. Porque sé que
vales mucho en tu campo y que, hayas querido o no llegar a este punto, es tanto
más meritorio en la medida en que es necesario para formar en su etapa a todos
esos niños que en su pasado fueron quienes hoy en día están en tu contra. Y que
si no lo quieres, tienes todo mi apoyo para hacer lo que te dé la gana y
sentirte feliz por primera vez en mucho tiempo. Vida solo vas a tener una como
para que te digan cuál vivir. Y que si
has tenido una coyuntura difícil y una vida casi imposible y has llegado hasta
aquí es porque eres capaz de resolver cualquier conflicto y de hacer casi lo
imposible; eres una entre pocas, y habiendo conseguido tantas victorias no
puedes retirarte. Lo bueno está por llegar y si bien jamás te mentiré
diciéndote que todo va bien cuando pinta negro, sí que estaré aquí para decirte
que no lo va, pero lo irá. A veces necesitamos que nos digan quiénes somos para
conocer lo mucho que valemos.
A
Juan, que un número que solo indica la más mediocre de las inteligencias, la
lógico-matemática, no te ciegue, y sigas destacando en tu grupo por delante de
aquellos que utilizan esa cifra para creerse por encima y catalizar su
frustración proyectándola incluso en otros (no es síntoma de debilidad otra
cosa más que esa en psicología, el hecho de proyectar frustraciones o
inseguridades en otros mediante su atribución). Y que el Derecho es una rama
con una gran población, pero necesaria para marcar el avance de nuestra
sociedad.
A
quien conocí por Aloma, pero ahora –por mucho que no me guste el término por su
significado- se llama Melangia: decir que ser humanista es un fin más, que
también da la felicidad y la realización que no deben quitarte el hecho de que
ahora solo se busque a personal especializado. Que si sigues a pesar de todo el
boicot a la sabiduría, serás en el futuro la poseedora de dos armas capaces de
hacer temblar todo esto: una sonrisa de seguridad y una mente con horizontes
que trasciendan los muros y las fronteras sociales. Que te decantes por artes,
letras, ciencias o cualquier otra rama, que todos estaremos igual de
orgullosos, pero que jamás te paralices: empieza a tomar ya tus decisiones sin
dejarte influir y verás que lo que ahora es ansiedad por abrirse a un mundo
cambiante, en un futuro será el poder de decisión sobre tu vida, la
desalienación.
A
Ariana, una de las mentes más capacitadas que conozco, y también una de las más
castigadas por el pensamiento depresor al que conlleva el paso a una rama
tildada de ‘menos útil’, ‘fracaso’ o ‘limitación’: quizá se te diese bien el
estudio de otras materias, pero te digo que la vocación vale mucho más que tu
capacitación, y que el gusto puede al aprendizaje, y que aprendizaje más gusto
dan la realización como producto. He visto en ti alguien que haría muchísimo en
las ciencias, pero he visto en ti también a alguien cuyas letras me han
conmovido y, por encima de todo, a alguien en quien pienso y se me ocurre la
palabra ‘arte’, simplicidad, certeridad, crítica, inconformismo… No te dejes
llevar por tus pensamientos, porque has elegido lo que debes –ya te lo
agradecerás en un futuro y me pegarás por citarte ante todo Internet, si es que
alguien ha llegado a estas líneas-, ni por las proyecciones que tu familia haga
sobre ti, ni tan siquiera por los juicios de profesores muchos de los cuales no
aspiraban a estar ahí (porque todo aquel maestro con vocación jamás emitirá juicios
vocacionales contra su alumno); solo déjate llevar por tu espíritu de
superación y pon en juego todo tu ser para vivir.
A
Pilar, Pi, que un año perdido, o dos, no son nada. Más vale perder todos ellos
que no ir al ritmo de todos y luego darte cuenta de que eso no era lo que
querías ni pretendías, ser infeliz y además perderlos de igual manera. Que el
paso supersónico del saber no te haga zozobrar, mantén la cabeza en el cielo,
pero los pies en la Tierra, sueña, vuela, y concibe la vida como algo
irrepetible e irrecordable, primario, a desarrollar, y no como algo supeditado
a un trabajo o unos estudios. ¡Vive!
A
Violet, con quien mucho he discutido, porque las cosas buenas son las que se
llevan dentro, y contigo estoy colmado: sé libre de ir a donde quieras a
ejercer tu trabajo, de escoger la rama que más te plazca, de defender tus
ideales por encima de una multitud oprimida que te considera una radical
antisistema solo por no saber que la proteges a ella paradójicamente, y sobre
todo, sé feliz, retírate cuando quieras e impide que la sugestión de terceros
te lleve a modificar toda una vida que, si me permites el juicio, te está
quedando perfecta, muy prometedora y aspira a que desarrolles todo tu
potencial. Deja de existir, pasa a ser tú misma, y con el tiempo no solo
existirás y serás, sino que vivirás.
A
Taamas, joven amigo, decirte que todas esas dudas que tienes son normales, y
todos nos las hacemos, solo que nadie lo admite por no querer mostrarse como
inferior. Aquí estaré para ayudarte en todo lo que haga falta aunque yo nunca
me deje hacerlo y que nada de arrepentirse por decisiones pasadas, que el
pasado no puede resucitar y el presente ha muerto en este mismo instante, así
que solo nos queda mirar hacia delante.
A
Marta, la joven discípula de Camus, decirle que le queda tanto por delante –incluido
yo, que soy una lacra a superar- que esto que ahora es una duda derivada del
pensamiento, hay que observarla como las bases para destruir todo como única
forma de crear. Cuanto antes dudemos de lo impuesto, antes podremos imponernos
ante ello y tomar el timón de nuestro navío. Y da igual que no te veas
trabajando en nada; existen trabajos que desconoces y, pensando en ello,
también te pierdes capacidades que desconoces o todavía no posees. Preocúpate
por aprender con gusto y luego ya verás qué claro se ve todo.
A
Enil: amigo, jamás te dejes manipular por nadie, sea quien sea y tenga contigo
la cercanía que tenga. Aceptando que te impongan sus pensamientos y te impidan
desarrollar tus propios juicios para no discutir estás dándoles la razón y
confirmando su éxito en su intento de homogeneizar su ideología en la familia y
de no crear conflictos ningunos. Evolucionar es innovar en la naturaleza, y
quizá crecer sea convivir en tu familia.
A
Carmen, que quizá no me lea y quizá si lo haya hecho se habrá extrañado de que
no la trate por su pseudónimo –me gusta ser serio, no hago esto a modo de
indirectas twitteras, hago esto para destaparos los ojos-, decirte que sé que
eres una persona con muchos productos propios de todo este proceso de
alienación que tuvo su éxito contigo otrora, sean miedos, inseguridades o
cualquier estupidez reversible –no así la vida de aquellos que todavía no se
han desquitado de los ídolos-, pero he visto en ti una evolución progresiva,
unas letras más existencialistas que nihilistas, más humanidad que en muchas
imágenes, te he visto con mayor solidez aunque no te lo creas, y he visto en ti
un enorme fallo social que, como dije, te confirma como éxito. Una fuente
ilimitada de recursos morales que haría quebrar cualquier banco de hombres
grises. Solo quiero decirte que, aunque seas de las pocas personas de las
menciones que estoy realizando que tenga medianamente definido su futuro, no
dudes de ti misma, sino de tu alrededor, que es eso y solo eso lo que falla,
que busques el calor en tu morada, que solo veas las caídas como una forma de
resurgir con la fuerza del rebote y que aprendas a valorar que más que miedos e
inseguridad (que lo somos todos), eres un cúmulo de conocimientos, de valores,
de capacidades… que hacen falta a día de hoy. No sobras, haces falta.
Y
a la chica que conocí en una simple churrería en fallas, que quizá no habrá
estudiado lo que todos querían, que quizá esté ganándose la vida sin
realización, pero aun así logró hacerme aguantar miles de petardos en plena
lluvia por tan solo observar su sonrisa: por gente como tú la lluvia se
convierte en caricias celestiales, el ruido en una forma de desconectar del
estado de embriaguez, y que quizá no seas lo que hayan querido o quieras, pero
has sido suficiente para muchas personas, eres querida por otras tantas más,
has desempeñado una función igual de importante que la del resto para la
sociedad y, muy al contrario de lo que las apariencias de las que huyo podrían
decir de ti y tu posición al otro lado del mostrador, he escuchado en tus
palabras reflexiones más serias, cabales y propias de un postconvencional que
las de cualquier gran ejecutivo movido por la tecnocracia, por la carencia de
valores y por el salvajismo.
A todos los anteriores, a ti y a otros muchos que
habré olvidado, pero con los que hablo: gracias por existir, y espero dentro de
meses o años daros las gracias también por ser, y alegrarme porque viváis. A
todos vosotros, también, gracias por leer mis líneas. Me despido para seguir
leyendo, espero que os haya servido la entrada y que seáis lo más felices
posible.