29 de marzo de 2019
UN PERRO DE OJOS NEGROS HA LLAMADO A MI PUERTA
18 de febrero de 2019
LA LLAMA DE LA VIDA
No sé bien qué escribir, mi cabeza ahora mismo es un maremágnum dentro del cual se pueden distinguir emociones, sentimientos, preocupaciones, necesidades banales fruto de todo lo anterior, y necesidad de fijar un punto de referencia a partir del cual hacer tabula rasa, comenzar otro nuevo periodo -no necesariamente restringido a un cuatrimestre- y, sobre todo, poder rescatar todo aquello que me hizo y me deshizo a lo largo del previo, para adquirir, más que inmunidad, la capacidad de que no vuelva a entrar en mi sistema.
Creo que voy cerrando (pero costará, todavía quedan días y semanas, y lo sé) una etapa curiosa, en la que he aprendido a base de los aciertos más que de los errores, porque he errado en todo sin haber hecho mal nada. Ha sido la evaluación del jarro de agua fría continuo, una ilusión, la ‘llama’, que la llaman, que se resistía a apagarse, hasta que se cernió la depresión, la desidia, quizá todo ello más motivado por el interruptor de un círculo de profesores monótonos, poco estimulantes y hasta, por qué negarlo, pésimos, que me movían más al estaticismo de mi casa que a aplastar el culo en una silla durante una hora frente a ellos para apuntar, cuanto menos, palabras malsonantes. A pesar de llover sobre mojado, donde hubo incendio, queda conato, rescoldo, y debo agradecer a unos docentes, que siguen dando el poco tiempo y -algunos- salud que tienen para facilitar la vida al alumno, hacerlo aprender y valorar este Arte, y a unos pocos compañeros, que actuasen como fuelle cuando sólo se veía agua hasta el cuello para lograr que deflagrase, de nuevo, mi alma, y ardiese en deseos de llegar hasta el final del viaje que comenzó en septiembre.
Si lo ves así, suena bonito. Es ahí cuando vuelvo al párrafo superior, y digo que la vida es una muerte constante, que sólo se puede llamar de esa manera cuando uno es feliz. ‘Despertares’. Todo es una monotonía, un despertador a las seis y pico, acudir a clases, hablar con los y las de siempre, comer… lo que haría un animal medianamente racional; cambiarte, sentarte en la cama, llegar al final del día, mirarte al espejo y preguntarte ‘¿En qué ha cambiado mi vida?’, ‘¿Cuántas veces me he sentido vivo hoy?’, ‘¿Hago aquello que deseara?’, y pensar, por acreción, ‘¿Cómo te vas a sentir vivo continuamente, si es involuntario?’. Ahí me cuestiono qué es peor, si no saber en qué momento me he sentido con vida de veras, lo he recordado, lo he querido y abrazado, o si creer que la vida es ‘involuntaria’, aunque el sentido de la palabra no sea, evidentemente, el que le quiero dar. Y caes en ello; es una muerte consciente. Te ves apagarte, mantenerte como llama, pero no sientes ardor, no escuchas el crepitar del momento, no te mueve nada que no sea la inercia, válgase el oxímoron. Piensas en cuándo fuiste feliz por vez última, y dices ‘Ahí viví; ahí me sentí con vida, agradecí, sonreí, quise, me empujé, quemé tanto el momento que quedaron cenizas, cuando fui a recordarlo’. Y confirmas que la existencia es una muerte consciente, que puedes vivir, hasta disfrutar, si te conformas con ello, y que la vida, que se diferencia del ‘existir’, y se acerca al ‘ser’ (ésser; esse; esencia; ‘lo que nunca cambia’), es, realmente, una sucesión aleatoria de despertares, de consciencia de la existencia, de realización, que nunca sabes cuándo se producirán, que te hacen querer vivirla, que te hacen querer existir sabiendo que dejarás de ser… hasta que vuelva a posarse esa llama. Bueno, creo haberme explicado peor conforme iba escribiendo más líneas. Dejémoslo ahí.
Por eso mismo, que la vida es el despertar de uno mismo, y que la existencia y el estar (que no ser) son una sucesión de sorpresas, la mayoría de las cuales son agrias (si no, serían ‘vida’), considero que este cuatrimestre me ha repartido, en diez asaltos, una gran lección, una lección de cómo caer ante el minimosca, y cómo doblegar a un rival cien veces más fuerte que tú. He tenido la media más alta de mi vida y, sin embargo, he tenido que aprender qué era un suspenso con un 12.2 sobre 15 en un examen, la nota más alta cosechada. He tenido que aprender qué era la injusticia a raíz de aprender qué era ‘fracasar’, y gracias a ‘fracasar’, y a ‘conocer la injusticia’ de la forma más inesperada e irracional posible, he podido conocer, también, la unión. Cómo un grupo, con un interés común, pero separado por cuatro simples letras (para que digan que sólo somos números, aunque persigamos, realmente, que nos modifiquen el nuestro) es capaz de unirse, diez, veinte, y así hasta treinta y tantas personas, para ‘vivir’. Para convertir el ‘fracaso’ en el éxito que fue desde el principio, la injusticia en la justicia que se debió hacer, por la que se debió velar y que defenderé hasta no tener voz, y para convertir la unión por interés en el interés por la unión. Soy el ‘capitán’ del grupo, cosa que me hace ilusión porque se deposite en mí la confianza, pero como tal, no puedo asegurar a todos aquellos que en mí -y entre todos ellos- confían, que vayamos a llegar a buen puerto. Sólo puedo asegurarles que va a merecer, y mucho, la pena haber pasado por este mar de dudas, haber sido tripulación y haber ayudado todos a bogar y, ante todo, que esto es una experiencia y una lección de ‘vida’, de cómo defenderse, de cómo atacar, de cómo luchar por uno mismo y de cómo llegar a desenvolverse en procelas en las que uno jamás creyó que se vería inmerso. He gastado todos mis cartuchos, pero queda una bala en la recámara. La puntería del juicio, la rectitud y la razón, será la que decida si el blanco es abatido, o nos curamos de las heridas y repetimos en junio. La vida convoca una vez, sólo; la Universidad, hasta seis.
Al margen de ello, otra gran lección ha sido la de aquella manida canción que tanto escuché en mayo, antes de los exámenes del segundo cuatrimestre, la que rezaba ‘hay tantos con quien estar, pero no con quien ser’. Considero que las amistades no se pueden distinguir entre mejores o peores, pero sí que, en determinados instantes, lo resultan. No ha sido una evaluación de especial nihilismo, ni cerrazón, por lo que no creo que haya sido yo el motivo, pero sí me he distanciado, en cierto punto, de antiguos amigos. Nada personal; a veces comienzas en paralelo con la gente y comienzas a ver que se cruza, que diverge… la pierdes, sale de tu campo, te corta… y, para no estar pendiente de ello, modificas sus variables, si se vale el juego de palabras. He quitado mucho peso, y lo he repartido equitativamente, tanta huella dejas como fuerza le echas al pisar. Al final, he aprendido que no existen los grandes grupos, que no existe la unicidad, que no se puede confiar en quien te propugna unas palabras, pero a quien nunca has escuchado lanzarte su contrario; en las buenas todos, en las malas, ¿quiénes? Al final, he aprendido que existen las hermandades. Que existe ese grupo donde te pueden corregir, te pueden decir ‘la has cagado’, te pueden aplaudir, ese grupo con el que vas a ver una nota a la última hora de la tarde y os abrazáis entre gritos porque todos habéis aprobado, sin preguntar la nota, sin mirarse el uno al otro. Ese grupo donde tú caes y no hay indiferencia, ni tan siquiera se alegran (que los hay que se alegran, todavía, por la desgracia ajena), sino que te ayudan, se muestran jodidos, y te prestan su ayuda. Ese grupo donde nadie sabe que estás mal, aunque estés jodido en una depresión, de la que no tienes culpa, porque no eliges los genes a partir de los cuales entras en la rueda de la ‘vida’, y creen que eres sonrisa y locura, cuando, los pocos que se han acercado a ti, saben que con un ‘Oye, ¿unas birras?’, has pasado a ser un tío con el que pasear cuatro horas, hablar de la vida, la carrera, filosofía, sincerarte, y hasta mostrar tu parecer sobre lo poco que existe en el mundo. No sé, dark side of the Moon.
También ha sido un cuatrimestre de contrastes. La vida también va de tenerlo todo en un momento y, al siguiente, no quedar ni un solar. He vuelto a ver a la persona que quise por más de un año, y a no sentir nada; hola, adiós, dos besos, y qué fue de su vida. Pero, como rectas, ella lleva su trayectoria, yo la mía, nos cortamos en un punto, divergimos irremediablemente. También me dijo una persona ‘mereces tener pareja’. Qué grotesco. ¿Qué es ‘merecer a alguien’? ¿Por qué alguien va a merecer a otra persona? ¿Qué te hace más o menos feliz y, por ello, merecedor de compañía? ¿Por qué voy a buscar algo que se encuentra? Me pareció una frase con más trasfondo del que creía, de veras. No voy a negar que me sentí solo por momentos, y reitero no poco que los mejores momentos que he vivido, hubiesen sido mejores y, algunos, no peores, en compañía, pero no había pensado en buscar nada, ni había entrado en mi cabeza que encontrase a alguien. ¿Qué encontraría ese ‘alguien’ en mí? ¿De dónde iba a llegar, en unos círculos tan monótonos, tan vistos día tras día, y con una existencia que se basa en las mismas vueltas en círculos? La alternativa, evidente, cambiar; no lo haré. Soy; esse; esencia; ‘lo que nunca cambia’. ¿Qué otra queda? Esperar. Y como no depende de mí, esperaré a que un día alguien toque a mi puerta, o cambie mi coyuntura, o mi contexto… Estoy preparado para querer. ¿Está todo preparado para querernos? Falta un poco…
Por último, también creo que ha sido un cuatrimestre de recuperar mis principales aficiones, amistades, volver a las tradiciones que mantuve durante tanto tiempo, intentar cuidarme en la medida de lo posible, puesto que nada más cierto hay que uno será el único que se viva, soporte y quiera siempre, mientras lo haga y esté vivo (o ‘exista’), de conseguirlo en mayor o menor medida, más ‘menor’ que ‘mayor’, y de continuar mis proyectos. No miento si digo que desearía que el de Ciencia tuviese más alcance, o que quisiera tener más peso en Anatomía Patológica, o más tiempo para el Cine, menos dudas para la ‘Micro’, más ganas de salir, de empaparme, de hacer tejido social… Pero todo eso llega. Conforme caiga el breve chaparrón de la Epidemiología, manteniendo la llama viva, aunque sea un poco, y la soflama de las fallas vuelva a prenderme, sé que todas estas dudas se marchitarán y, como el año pasado, volveré a fuego para poder poner el mejor broche final a esta otra travesía que, aunque le queden cuatro meses, no tengo ni idea de qué escollos y tormentas me pondrá, pero, como tampoco sé qué vientos de cola y qué días de poniente me prometerá, deseo vivirla como la que más. De momento, existo, que no es poco. Mañana, veremos si comienzo a despertar. A ‘vivir’.
Podría decir más, pero no siento que esté comunicando nada. A todos, para lo bueno y para lo malo, muchas gracias. Volveré pronto; días, máximo una semana, que me dé tiempo a plasmar lo que siento en verso, quizá con frases, quizá con alguna película, quizá con algún acontecimiento, pero volveré. Mientras esté por aquí, es bueno el síntoma.
Afouteza e corazón.
12 de noviembre de 2018
Am ende
Dos meses y dos días, tras comenzar el curso. Dos meses, menos cuatro días, para que me calienten en exámenes, 8 de enero, no olvidéis la fecha, que puede pasar algo grande. Lo hará. Pero no sé, todavía, si para bien o para mal. Eso significa que hay que ponerse, y cuando uno se pone en una cosa, se ha de quitar de otra. Por lo que... último libro que leo, y -a partir de ahora- seré pasto de vuestras recomendaciones cinematográficas. Libros, cine... Y me queda la música.
Pero yo digo, a todos los pensamientos malos sobre exámenes, compañía, familia, notas, cuatrimestre, julio... igual que, como el año pasado, superase, gracias a ello, una ruptura, una falta familiar, un cuatrimestre con 7 materias, y un verano de un mes, pero un mes que APRENDÍ A APROVECHAR: 'cancélalo', 'cancélalo, porque algún día nuestro cielo volverá a ser azul', porque algún día, y me pasó, aprobaré, o me desharé de esta materia que no he aprobado, o sacaré la matrícula, o superaré a esta persona, o me reconciliaré con aquella otra. Cancélalo, cancela este pensamiento, porque, al final, aunque ahora vea todo gris, feo, sin final... volverá a haber un cielo, y será el límite. Cáncelalo, porque, al final, todo estará bien. Aprobaré, o encontraré algo o alguien, o mi familia se unirá... ¡O no me importará, y ese será el final y la solución! Y, si la solución es que no me importe... ¿Cuál es el problema? ¡Y así acaba la canción, coño! Después, el último de todos los 'cancélalo': 'cancélalo, porque, mientras no estemos bien, no podremos ver el final'. Cancela el mal pensamiento, aunque duela, aunque te tires la noche mirando al techo, aunque no sepas exteriorizarlo, aunque lo interiorices tanto que te coma por dentro, aunque cope tus días, aunque no te resistas a volver atrás, o aunque te resistas a querer avanzar, silénciate, pero hazlo porque sabes que algo no va bien y, cuando sabes que algo es así, o va a ser así, en malas condiciones no se toman grandes decisiones. Y, cuando el cielo vuelva a ser azul, entonces, abre los ojos. Y cuando todo vuelva a ser positivo, entonces, piensa. Y cuando vuelvas a ver el final, entonces, desea tirar hacia delante por más que te coman y te dejen esquelético las dudas. ¿Y cuándo llegará eso? Pues cuando te releas el párrafo de arriba.
Y termina, la canción, y la filosofía del 'Am Ende', con el 'nos vemos caer, pero preferimos volar', porque la mayoría de malos pensamientos, y esto es racional, vienen a raíz de saber que algo va mal y ver que no estamos bien, y regocijarnos en la mierda, y no solucionar las cosas, no estudiar, no hablarlas, y -si no se puede estudiar-, no planificarlas, y -si no se puede ver a algo o alguien-, no comunicarlas. Porque es muy fácil vernos caer y desear tener alas, pero es jodido abrirse de brazos y, aunque no sean alas, ni vayas a volar, poder agarrarte a lo que pilles: esa persona, esos exámenes, esa vida... y caer amortiguado. Los humanos, no tenemos alas para volar, como los pájaros, pero, ¿sabéis qué? Los pájaros, cuando caen, porque sus alas fallan, no tienen brazos para amortiguar la caída. Sus patas, que no están hechas para andar, se quiebran. Y nunca, nunca jamás, pueden volver a volar, al no poder impulsarse. Salvo que un humano los cure y los devuelva al vuelo, o se mueran, depredados por un felino. Decidme una cosa: ¿Qué es peor? ¿Verse caer y no salvarse de la hostia, por no querer poner los brazos por delante porque ¡OH, NO TENGO ALAS!, o tener alas para volar y, por no tener esos brazos o piernas que poner ante la caída, como un pájaro desearía, vivir tras la caída, pero saber que morirás, y serás consciente de cómo? Y termino, sigo terminando, 'preferimos jodernos, a que nos jodan', porque preferimos jodernos la vida, amargarnos, hacernos llorar, decirnos que no valemos para querer, aprobar, que nos quieran, que cuenten con nosotros en proyectos o que la vida nos sonría, a que alguien que te pueda joder la vida, te la alegre. A que alguien que también puede amargarte, te haga el más o la más feliz. A que alguien que te puede hacer llorar, te haga reír sin parar. A que tú, que puedes suspender, te creas aprobable. A que tú, que te tienes que querer, te odies. ¿Me captáis? Preferimos ver que algo que tiene capacidad tanto de jodernos como de hacernos los más felices del mundo, seguramente, por 'odds', por 'chances', nos joderá, y -por esa deducción imbécil- 'ya que voy a salir jodido, lo hago yo, y así me ahorro el sufrimiento'.
Pero es que no es cierto, porque Am Ende, y su filosofía, en la siguiente frase, te callan la boca al pensar esto, y te dicen: ¡Celebra el aburrimiento! ¡Grandes palabras y nulas acciones! ¡Pequeños peces para grandes estómagos... mantente esperando, que en 70 años acabará el Plan Maestro ¿Qué significa? Que hagas lo de arriba, que des todo por malo, y todo pasado por válido y extrapolable a lo académico, familiar, afectivo y vital, y celebrarás que tu vida no tenga nada nuevo, ni por un extremo ni por otro, que nadie entre, que nadie salga, que todos mueran y nazcan y cada uno a su bollo, que tus círculos no cambien, y que te acabes sintiendo más días peor que mejor. Que celebres que al pensar en tu vida (venga, vamos, hazlo, te invito), en tu último año, veas que TODO ha cambiado, y las has pasado como la puñetera mierda, para caer en la paradoja de que, aun así, tus sentimientos, sensaciones y forma de afrontar las cosas es casi la misma. Celebra grandes palabras, en forma de planes tremendos que haces, en forma de 'me pondré al día, iré al día', en forma de 'esto lo saco', de 'esto es sólo un comienzo', de 'esto durará', de 'y todavía puedo con más', que las acciones serán tanto más cortas. A ese plan tremendo le seguirá no hacerlo en tu vida, a ese sacarlo le seguirá cascarlo y aprender, a ese ponerse al día le seguirá comenzar hoy, un 12 de noviembre, a currar, a ese 'esto es sólo un comienzo' le seguirá que nada vuelva a ser igual, a que eso no tenga continuidad, a que se extinga, se enfríe, muera. A ese 'puedo con más', le seguirá el 'estar quemado', del principio. Porque, ¡pequeños peces, para grandes estómagos! Sí, tus propósitos tremendos que no demuestras o sigues, te alimentan en tu mente, son los focos del teatro de tus sueños: la imaginación, y con imaginación tiras en una vida de mierda, pero tu cuerpo quiere obras de verdad, que duren, quiere al otro espectador, quiere aplausos, quiere deslumbrarse por focos verdaderos, quiere vivir. Y ante su hambre de vida, de afecto, de familia, de éxitos académicos y profesionales, que tú imagines, o le prometas, es tan sólo un aperitivo, y rugen las tripas de la ambición y, al final, la leyenda muere joven, se quema... o aprende que debe pasar a la acción. Finaliza diciendo 'mantente esperando, que en setenta años, acabará el Plan Maestro'. ¿70 años...? Venga, súmaselos a tu edad. 90 en mi caso, 87, 88, 91, 94... en el tuyo. Lo desconozco. ¿No suena como... a muerte? ¿Plan Maestro...? No suena como... ¿a vida? ¿A algo diseñado por 'alguien superior', un 'Maestro'? ¡Claro! Sigue así, quemado, con grandes palabras, pocas acciones, visión de túnel, incertidumbre 'velocidad-posición', experiencias pasadas, 'quemazón' por estudiar y no llegar, desconfianza en ti mismo, incapacidad de verte ejerciendo, nulidad familiar, comiendo poco para un estómago que pide ser alimentado, sigue viviendo, de hecho en el aburrimiento de 'joderte, antes de que te jodan' y tendrás... 70 años más de aburrimiento, y el Maestro finaliza su Plan. ¡La cascas! Y, si estás muerto... ¿Cuál es el problema?
Fin de la canción.
'Eso' es 'Am Ende', esa es la filosofía de vida, la filosofía del 'Am Ende', eso soy yo un 22 de enero del 2018, saliendo del final de globales, sabiendo que un éxito -sin conocer ninguna nota-, todavía me llevaba a tener que recuperar una que me dejé, esta solo, cerrado a todo y todos, y con una mierda de familia. Hoy, tengo mi mente clara, mi familia y sus círculos definidos, estoy abierto a lo que sé que puedo hacer frente, llevo 11 de 11 aprobadas, 11 de 57 que me examinaré a lo largo de mi vida, y pienso que, quizá, me estamparé, pero, si lo hago, podré poner los brazos siempre y cuando no desee, en plena caída, desarrollar alas. Me voy a estudiar siendo consciente de que sólo la mayor de las épicas puede salvarme de este suicidio de estudiar 70 días en 50, o 105 de 180 temas atrasados, de los cuales voy por el 60. Pero esto es Am Ende. Sacaré la familia, el afecto, la materia y la vida adelante porque no pienso el desenlace de esto, ni en lo malo que pueda pasar sino en que acabo un 24 de enero de 2019 y, feliz o no, existirá un 25 de enero de 2019 y, como pasaré por ello, bien o mal que lo haga, 'mañana será otro día', otras cosas comenzarán y... 'al final, todo estará bien'. Bien, o mal, el problema desaparecerá.
Ahora, en honor a otro escritor alemán, que escribió el libro más bonito que he leído en mi vida, precisamente similar a lo que ahora escribo, y a lo que en una postal dejé escrito de forma transversal y críptica, aunque ya no importe, porque ni me leen, ni pretendo que me lean ni, después de este spoiler, me gustaría que lo hiciesen, que se llamaba Michael Ende, y la obra, 'Momo', permitiré finalizar este artículo como él finalizó su obra, con el que fue su apellido, y, en alemán, significa, a la vez 'Fin'. Besos.
'Ende'.
OK Kid - Am Ende.
Y, ahora, me pongo con la verdadera reflexión que quiero hacer. No la hago porque esté, precisamente, perdiendo el tiempo, ni mucho menos, de hecho llevo de cinco a siete estudiando los temas 1, 2 y parte del 3 de Histología (Anatomía de Tejidos, qué leches), sino porque de siete a ocho me quiero dar un descanso, y qué mejor manera. Esta reflexión os sonará bastante, a un 22 de enero de 2018, a un Fran saliendo pletórico del último examen (hizo 3, así que tampoco es que se herniase mucho) del cuatrimestre, de cuatro que debió haber hecho, porque se dejó Anatomía. No estudió todos, a algunos no llegó y casi todos los aprobó porque se la jugó a cara o cruz en el tipo test, o se sabía preguntas de otros años, pero la astucia también hace al médico y, siempre, fue limpio en su disciplina.
Ese Fran, con dudas, sin nada ni nadie (quizá, igual que ahora, sólo que ahora tengo mi mente bastante centrada, y no paso duelo por nada, ni nadie), perdió toda esperanza en enero, pero, a diferencia de diciembre, decidió quedarse en la carrera, por lo que no debía plantearse si seguir o no, sino seguir, y tirar, a pesar de todas las dudas, porque la decisión estaba tomada. Aquí el camino acabaría de una u otra forma, y nos gustarían las vistas más o menos, y nos caeríamos la de veces que nos cayésemos, pero llegaríamos. Entonces, llegaba el 'día 0', entre ansiedad y nervios se hacía un examen, se salía tarde, se dormía, aquel día no se estudiaba, y se comentaba alguna que otra pregunta. Se tenía certeza (en alguno no) de haber aprobado, no por mucho, y se olvidaba, se daba carpetazo. En el segundo, con un 5.7 en el examen, surge el concepto de 'Am Ende', estoy pensando ya en el tercero, en deshacerme de esta soberana mierda de evaluación, de cuatrimestre perdido por amores frustrados (que te dejen a mes y medio de exámenes, y pasar esa fase de duelo sin haber ido a clase, no ayudaba), y pienso en lo mal que me ha salido, en que no se saca, en que se jodió, en que no había más posibilidades, en que me podía llevar 2, y 3 asignaturas, y venía un cuatrimestre más difícil, con otra más (6 asignaturas)... se acaba la visión. Recuerdo que fue un 18 por la mañana.
Entonces, me coge un familiar, me dice 'seguro que ha ido bien, te conozco, siempre dices eso, si no dudases, no serías tú', y cuando me desahogo como Dios manda, igual que el último 20 de octubre hice con él, cuando mi familia se desmoronó, pero en 4 horas tenía que quedar con alguien para hacer un plan precioso (completamente antagónico a lo que sentía esa mañana) que me había demorado 9 días montar. Y ahí escribo la postal de 'Am Ende'. Esto, realmente, no es una indirecta, sé que no me lee y, si lo hace, no es importante, y lo sabe. Es un irrelevante 'insight' más del asunto.
Ese Fran, con dudas, sin nada ni nadie (quizá, igual que ahora, sólo que ahora tengo mi mente bastante centrada, y no paso duelo por nada, ni nadie), perdió toda esperanza en enero, pero, a diferencia de diciembre, decidió quedarse en la carrera, por lo que no debía plantearse si seguir o no, sino seguir, y tirar, a pesar de todas las dudas, porque la decisión estaba tomada. Aquí el camino acabaría de una u otra forma, y nos gustarían las vistas más o menos, y nos caeríamos la de veces que nos cayésemos, pero llegaríamos. Entonces, llegaba el 'día 0', entre ansiedad y nervios se hacía un examen, se salía tarde, se dormía, aquel día no se estudiaba, y se comentaba alguna que otra pregunta. Se tenía certeza (en alguno no) de haber aprobado, no por mucho, y se olvidaba, se daba carpetazo. En el segundo, con un 5.7 en el examen, surge el concepto de 'Am Ende', estoy pensando ya en el tercero, en deshacerme de esta soberana mierda de evaluación, de cuatrimestre perdido por amores frustrados (que te dejen a mes y medio de exámenes, y pasar esa fase de duelo sin haber ido a clase, no ayudaba), y pienso en lo mal que me ha salido, en que no se saca, en que se jodió, en que no había más posibilidades, en que me podía llevar 2, y 3 asignaturas, y venía un cuatrimestre más difícil, con otra más (6 asignaturas)... se acaba la visión. Recuerdo que fue un 18 por la mañana.
Entonces, me coge un familiar, me dice 'seguro que ha ido bien, te conozco, siempre dices eso, si no dudases, no serías tú', y cuando me desahogo como Dios manda, igual que el último 20 de octubre hice con él, cuando mi familia se desmoronó, pero en 4 horas tenía que quedar con alguien para hacer un plan precioso (completamente antagónico a lo que sentía esa mañana) que me había demorado 9 días montar. Y ahí escribo la postal de 'Am Ende'. Esto, realmente, no es una indirecta, sé que no me lee y, si lo hace, no es importante, y lo sabe. Es un irrelevante 'insight' más del asunto.
Entonces, y sólo entonces, aquel 18 de enero, llego a casa y, con tan sólo 72 horas para prepararme el que se antojaba más difícil, a nivel de suspensos, y el que peor llevaba, porque sólo acudí al 15-20% de las clases, me tumbo, descanso, echo una siesta, decido olvidarme, y pongo 'Am Ende'. No la escuchaba desde 2014, la había perdido un tanto, entre mi música de Coldplay, de Imagine Dragons, o incluso las primeras de Shakira. Las que yo llamaba 'nuestras canciones', y que luego sustituí por Maître Gims (hoy os pondré la que más me gusta por Facebook). Y entonces, volvió a resonar su letra, aunque mi alemán sea casi nulo, su melodía, su mensaje... y decidí pasarla entera a mano. No iba a imprimirla, no daba tiempo a subrayarla, sólo daba tiempo a hacerse con lo más importante para el desarrollo, a esquematizar, a comprender y... ¡a lo loco! Y, ¿sabéis qué? 72 horas tuve, en 72 horas me escribí 30 temas a mano, y no saqué el 8.5 por leer mal la pregunta. Entre pensar que ese día me fue mal, hundirme y creer que me llevaba tres, actuar de forma neutral y seguir tirando, o nunca más volver a dudar y tirar a por el último hasta las tripas, la puñalada de tener que decidirse. Pero llevaba cota de malla, elegí la última, y gané.
Ese fue el origen del Am Ende. Ahora, la filosofía que subyace. Esta canción, que inicia con una melodía normal, lo hace con una letra muy pesimista: 'las leyendas, mueren jóvenes, la mayoría sin voz y pobres', 'posiblemente sea aire caliente... quizá estés quemado', 'nadie puede quemarte por nada más que tú lo harás', 'si lo sabes, bien por ti...' y, de pronto, rompe en una melodía liberadora, con una letra de esperanza: 'cancélalo, algún día, nuestro cielo volverá a ser azul', 'cancélalo, porque al final, todo volverá a estar bien, de nuevo', 'cancélalo, porque, mientras no estemos bien, no podremos ver el final, pero tampoco tendremos problemas'.
Otra melodía sin mucha más gracia vuelve, y dice 'saltamos, nos vemos caer, pero preferiríamos volar', 'preferimos jodernos, a que nos jodan, ¡celebra el aburrimiento, grandes palabras, nulas acciones, pequeños peces, para grandes estómagos', 'mantente esperando, que en setenta años acabará el plan maestro'... La melodía cambia, se torna alegre, y finaliza repitiendo: '¿Y, si no, cuál es el problema?'
Eso es la vida, un Am Ende continuo. Siempre que estás jodido, con materia hasta las trancas, que sientes que no das suficiente, que no tienes tiempo para salir, sentirte vivo, hacer tus planes, alcanzar tus metas, siempre que crees que no llegarás a, tan siquiera, pagarte la Universidad de lo que te costará suspender, que no apruebas, que se acumulan materias, que julio no acaba, que no tienes vacaciones, que el verano te dura mes y medio y dando gracias, que no sabes qué harás con tu vida, que nadie te querrá por culpa de todo esto, y que eres poco más que un enorme fracaso... es decir, una leyenda que acabará antes muerta que exitosa, sólo atendiendo a cómo lo está haciendo, una leyenda sin voz y, realmente, pobre, como dice la canción, una leyenda 'quemada', sobrepasada, inundada por conceptos, temario atrasado, problemas familiares, una leyenda que no puede joderse más a sí misma y que le da igual el agua que le tiren, porque por dentro bien le llueve... siempre, acabas pensando en que, como todos, vivirás los malos tragos de la vida, los peores presagios de tu mente, o cualquier cosa que pueda suceder, lo pases bien o mal, o lo esperes o no: siempre, siempre, como diría 'Gone with the wind', <<al fin y al cabo, mañana será otro día>>, sabes que, mejor o peor, habrá un día en el que digas 'ayer sucedió esto', o 'acaba de suceder' o 'ya es pasado' y, por tanto, como a lo largo de la vida, precisamente mientras la vivas, porque en ello consiste el acto de vivir, irás pasando por todos los sucesos que acaben formando parte, continuamente, de un pasado, no eres infeliz, sabes que forma parte de la experiencia, sabes que te puede caer una de palos... que la superarás, que llegarás, como sea, a los 30, a los 40, a los 50... que, como sea, lo pasarás, que el mundo NO se acaba en un mal examen, en un mal cuatrimestre, en una mala relación, de igual manera que una buena relación, un buen cuatrimestre o un buen examen, respectivamente, no te garantizan una vida acompañado para siempre (porque se puede romper), un año redondo (porque hay otro cuatrimestre) o una carrera limpia (porque hay 5, en este caso, 4, años más).
Ese fue el origen del Am Ende. Ahora, la filosofía que subyace. Esta canción, que inicia con una melodía normal, lo hace con una letra muy pesimista: 'las leyendas, mueren jóvenes, la mayoría sin voz y pobres', 'posiblemente sea aire caliente... quizá estés quemado', 'nadie puede quemarte por nada más que tú lo harás', 'si lo sabes, bien por ti...' y, de pronto, rompe en una melodía liberadora, con una letra de esperanza: 'cancélalo, algún día, nuestro cielo volverá a ser azul', 'cancélalo, porque al final, todo volverá a estar bien, de nuevo', 'cancélalo, porque, mientras no estemos bien, no podremos ver el final, pero tampoco tendremos problemas'.
Otra melodía sin mucha más gracia vuelve, y dice 'saltamos, nos vemos caer, pero preferiríamos volar', 'preferimos jodernos, a que nos jodan, ¡celebra el aburrimiento, grandes palabras, nulas acciones, pequeños peces, para grandes estómagos', 'mantente esperando, que en setenta años acabará el plan maestro'... La melodía cambia, se torna alegre, y finaliza repitiendo: '¿Y, si no, cuál es el problema?'
Eso es la vida, un Am Ende continuo. Siempre que estás jodido, con materia hasta las trancas, que sientes que no das suficiente, que no tienes tiempo para salir, sentirte vivo, hacer tus planes, alcanzar tus metas, siempre que crees que no llegarás a, tan siquiera, pagarte la Universidad de lo que te costará suspender, que no apruebas, que se acumulan materias, que julio no acaba, que no tienes vacaciones, que el verano te dura mes y medio y dando gracias, que no sabes qué harás con tu vida, que nadie te querrá por culpa de todo esto, y que eres poco más que un enorme fracaso... es decir, una leyenda que acabará antes muerta que exitosa, sólo atendiendo a cómo lo está haciendo, una leyenda sin voz y, realmente, pobre, como dice la canción, una leyenda 'quemada', sobrepasada, inundada por conceptos, temario atrasado, problemas familiares, una leyenda que no puede joderse más a sí misma y que le da igual el agua que le tiren, porque por dentro bien le llueve... siempre, acabas pensando en que, como todos, vivirás los malos tragos de la vida, los peores presagios de tu mente, o cualquier cosa que pueda suceder, lo pases bien o mal, o lo esperes o no: siempre, siempre, como diría 'Gone with the wind', <<al fin y al cabo, mañana será otro día>>, sabes que, mejor o peor, habrá un día en el que digas 'ayer sucedió esto', o 'acaba de suceder' o 'ya es pasado' y, por tanto, como a lo largo de la vida, precisamente mientras la vivas, porque en ello consiste el acto de vivir, irás pasando por todos los sucesos que acaben formando parte, continuamente, de un pasado, no eres infeliz, sabes que forma parte de la experiencia, sabes que te puede caer una de palos... que la superarás, que llegarás, como sea, a los 30, a los 40, a los 50... que, como sea, lo pasarás, que el mundo NO se acaba en un mal examen, en un mal cuatrimestre, en una mala relación, de igual manera que una buena relación, un buen cuatrimestre o un buen examen, respectivamente, no te garantizan una vida acompañado para siempre (porque se puede romper), un año redondo (porque hay otro cuatrimestre) o una carrera limpia (porque hay 5, en este caso, 4, años más).
Por ello, una mala relación no te deja solo, un mal examen no te quita de recuperarlo, y un mal cuatrimestre no te quita de resarcirte. Eso me sucedió, pero no voy a ello. Por tanto, en este Am Ende, es mayor el miedo al fracaso, que el esfuerzo que hay que hacer para evitarlo o, al menos, revertirlo, y -desde luego- es mucho menor el tiempo que se tarda en no pensar y decidir lanzarse a ello. ¿Por qué darle vueltas a todo, tanto? ¿Por qué ser cortoplacista? ¿Por qué pensar que mañana se acabará el mundo al salir de un examen y no tener ni idea? ¿Por qué no hacer el examen y preparárselo sin pensar? ¿Por qué no pensar en que ya verás la nota y te las apañarás para seguir viviendo? ¿Por qué no pensar en que superarás ese momento y, por tanto, si vas a vivir no hay problema, y si no vas a seguir vivo, ya no lo habrá? Realmente, ¿no es ese el '¿Y, si no, cuál es el problema?' que cierra la canción? Igual para la relación, ¿por qué calcular, en todo momento, el ritmo que se sigue, y la posición que se tiene? ¿No nos enseñan durante todo el Bachillerato que es imposible calcular la velocidad y la posición de algo simultáneamente y, por tanto, en ello se basa la incertidumbre? Sin duda, no hay decisión, sin decisión, no hay avance, conocimiento, ni puñaladas que valgan. Y por eso duele meterse en zarzales varios. Y, sigo, ¿por qué ser tan cortoplacista? ¿Por qué pensar en corto qué pasará, o no pasará, o qué ambiente hay o deja de haber, y no se dejan semanas, meses... para que todo se coloque en su sitio, a nivel emocional? El Am Ende. ¿Por qué pensar que mañana se puede acabar todo, o puede doler todo, o puedes ver a alguien con otros ojos? Por lo mismo que por los exámenes, porque es mayor el miedo al fracaso que la alegría del éxito, y preferimos la normalidad a la infelicidad o al bienestar, porque conocemos una, aspiramos a conocer otra, pero, ante todo, no deseamos ni de coña vernos las caras con la segunda. ¿Por qué no actuar, cuestionándose todo en su justa medida, de acuerdo con lo que se siente, y no lo que se piensa, o se imagina, o uno se monta en su cabeza? Porque la cabeza es nuestro mayor teatro, de sueños, todos los días subimos y bajamos, abrimos y cerramos el telón, nos consolamos con vivir lo que no podremos vivir o nos puede doler hacerlo, y luego, de paso, revivimos lo que fue acto en su día, pero ya no queda el espectador. Y cerramos los ojos, y dormimos. Igual con la materia, igual con todo. Porque, ¿cómo era eso que he omitido? ¡Ah, sí! 'Y si lo sabes... bien por ti'. Si lo sabes... si sabes qué va a pasar... si sabes, de veras, el desenlace de algo, ¡bien por ti!, pero vaya tremenda mierda actuar, vivir o decidir sólo porque sabes lo que vas a obtener. Bien por ti, pero, ¿por alguien más? La indiferencia del saber. No se pueden tomar decisiones sobre algo que está claro.
Pero yo digo, a todos los pensamientos malos sobre exámenes, compañía, familia, notas, cuatrimestre, julio... igual que, como el año pasado, superase, gracias a ello, una ruptura, una falta familiar, un cuatrimestre con 7 materias, y un verano de un mes, pero un mes que APRENDÍ A APROVECHAR: 'cancélalo', 'cancélalo, porque algún día nuestro cielo volverá a ser azul', porque algún día, y me pasó, aprobaré, o me desharé de esta materia que no he aprobado, o sacaré la matrícula, o superaré a esta persona, o me reconciliaré con aquella otra. Cancélalo, cancela este pensamiento, porque, al final, aunque ahora vea todo gris, feo, sin final... volverá a haber un cielo, y será el límite. Cáncelalo, porque, al final, todo estará bien. Aprobaré, o encontraré algo o alguien, o mi familia se unirá... ¡O no me importará, y ese será el final y la solución! Y, si la solución es que no me importe... ¿Cuál es el problema? ¡Y así acaba la canción, coño! Después, el último de todos los 'cancélalo': 'cancélalo, porque, mientras no estemos bien, no podremos ver el final'. Cancela el mal pensamiento, aunque duela, aunque te tires la noche mirando al techo, aunque no sepas exteriorizarlo, aunque lo interiorices tanto que te coma por dentro, aunque cope tus días, aunque no te resistas a volver atrás, o aunque te resistas a querer avanzar, silénciate, pero hazlo porque sabes que algo no va bien y, cuando sabes que algo es así, o va a ser así, en malas condiciones no se toman grandes decisiones. Y, cuando el cielo vuelva a ser azul, entonces, abre los ojos. Y cuando todo vuelva a ser positivo, entonces, piensa. Y cuando vuelvas a ver el final, entonces, desea tirar hacia delante por más que te coman y te dejen esquelético las dudas. ¿Y cuándo llegará eso? Pues cuando te releas el párrafo de arriba.
Y termina, la canción, y la filosofía del 'Am Ende', con el 'nos vemos caer, pero preferimos volar', porque la mayoría de malos pensamientos, y esto es racional, vienen a raíz de saber que algo va mal y ver que no estamos bien, y regocijarnos en la mierda, y no solucionar las cosas, no estudiar, no hablarlas, y -si no se puede estudiar-, no planificarlas, y -si no se puede ver a algo o alguien-, no comunicarlas. Porque es muy fácil vernos caer y desear tener alas, pero es jodido abrirse de brazos y, aunque no sean alas, ni vayas a volar, poder agarrarte a lo que pilles: esa persona, esos exámenes, esa vida... y caer amortiguado. Los humanos, no tenemos alas para volar, como los pájaros, pero, ¿sabéis qué? Los pájaros, cuando caen, porque sus alas fallan, no tienen brazos para amortiguar la caída. Sus patas, que no están hechas para andar, se quiebran. Y nunca, nunca jamás, pueden volver a volar, al no poder impulsarse. Salvo que un humano los cure y los devuelva al vuelo, o se mueran, depredados por un felino. Decidme una cosa: ¿Qué es peor? ¿Verse caer y no salvarse de la hostia, por no querer poner los brazos por delante porque ¡OH, NO TENGO ALAS!, o tener alas para volar y, por no tener esos brazos o piernas que poner ante la caída, como un pájaro desearía, vivir tras la caída, pero saber que morirás, y serás consciente de cómo? Y termino, sigo terminando, 'preferimos jodernos, a que nos jodan', porque preferimos jodernos la vida, amargarnos, hacernos llorar, decirnos que no valemos para querer, aprobar, que nos quieran, que cuenten con nosotros en proyectos o que la vida nos sonría, a que alguien que te pueda joder la vida, te la alegre. A que alguien que también puede amargarte, te haga el más o la más feliz. A que alguien que te puede hacer llorar, te haga reír sin parar. A que tú, que puedes suspender, te creas aprobable. A que tú, que te tienes que querer, te odies. ¿Me captáis? Preferimos ver que algo que tiene capacidad tanto de jodernos como de hacernos los más felices del mundo, seguramente, por 'odds', por 'chances', nos joderá, y -por esa deducción imbécil- 'ya que voy a salir jodido, lo hago yo, y así me ahorro el sufrimiento'.
Pero es que no es cierto, porque Am Ende, y su filosofía, en la siguiente frase, te callan la boca al pensar esto, y te dicen: ¡Celebra el aburrimiento! ¡Grandes palabras y nulas acciones! ¡Pequeños peces para grandes estómagos... mantente esperando, que en 70 años acabará el Plan Maestro ¿Qué significa? Que hagas lo de arriba, que des todo por malo, y todo pasado por válido y extrapolable a lo académico, familiar, afectivo y vital, y celebrarás que tu vida no tenga nada nuevo, ni por un extremo ni por otro, que nadie entre, que nadie salga, que todos mueran y nazcan y cada uno a su bollo, que tus círculos no cambien, y que te acabes sintiendo más días peor que mejor. Que celebres que al pensar en tu vida (venga, vamos, hazlo, te invito), en tu último año, veas que TODO ha cambiado, y las has pasado como la puñetera mierda, para caer en la paradoja de que, aun así, tus sentimientos, sensaciones y forma de afrontar las cosas es casi la misma. Celebra grandes palabras, en forma de planes tremendos que haces, en forma de 'me pondré al día, iré al día', en forma de 'esto lo saco', de 'esto es sólo un comienzo', de 'esto durará', de 'y todavía puedo con más', que las acciones serán tanto más cortas. A ese plan tremendo le seguirá no hacerlo en tu vida, a ese sacarlo le seguirá cascarlo y aprender, a ese ponerse al día le seguirá comenzar hoy, un 12 de noviembre, a currar, a ese 'esto es sólo un comienzo' le seguirá que nada vuelva a ser igual, a que eso no tenga continuidad, a que se extinga, se enfríe, muera. A ese 'puedo con más', le seguirá el 'estar quemado', del principio. Porque, ¡pequeños peces, para grandes estómagos! Sí, tus propósitos tremendos que no demuestras o sigues, te alimentan en tu mente, son los focos del teatro de tus sueños: la imaginación, y con imaginación tiras en una vida de mierda, pero tu cuerpo quiere obras de verdad, que duren, quiere al otro espectador, quiere aplausos, quiere deslumbrarse por focos verdaderos, quiere vivir. Y ante su hambre de vida, de afecto, de familia, de éxitos académicos y profesionales, que tú imagines, o le prometas, es tan sólo un aperitivo, y rugen las tripas de la ambición y, al final, la leyenda muere joven, se quema... o aprende que debe pasar a la acción. Finaliza diciendo 'mantente esperando, que en setenta años, acabará el Plan Maestro'. ¿70 años...? Venga, súmaselos a tu edad. 90 en mi caso, 87, 88, 91, 94... en el tuyo. Lo desconozco. ¿No suena como... a muerte? ¿Plan Maestro...? No suena como... ¿a vida? ¿A algo diseñado por 'alguien superior', un 'Maestro'? ¡Claro! Sigue así, quemado, con grandes palabras, pocas acciones, visión de túnel, incertidumbre 'velocidad-posición', experiencias pasadas, 'quemazón' por estudiar y no llegar, desconfianza en ti mismo, incapacidad de verte ejerciendo, nulidad familiar, comiendo poco para un estómago que pide ser alimentado, sigue viviendo, de hecho en el aburrimiento de 'joderte, antes de que te jodan' y tendrás... 70 años más de aburrimiento, y el Maestro finaliza su Plan. ¡La cascas! Y, si estás muerto... ¿Cuál es el problema?
Fin de la canción.
'Eso' es 'Am Ende', esa es la filosofía de vida, la filosofía del 'Am Ende', eso soy yo un 22 de enero del 2018, saliendo del final de globales, sabiendo que un éxito -sin conocer ninguna nota-, todavía me llevaba a tener que recuperar una que me dejé, esta solo, cerrado a todo y todos, y con una mierda de familia. Hoy, tengo mi mente clara, mi familia y sus círculos definidos, estoy abierto a lo que sé que puedo hacer frente, llevo 11 de 11 aprobadas, 11 de 57 que me examinaré a lo largo de mi vida, y pienso que, quizá, me estamparé, pero, si lo hago, podré poner los brazos siempre y cuando no desee, en plena caída, desarrollar alas. Me voy a estudiar siendo consciente de que sólo la mayor de las épicas puede salvarme de este suicidio de estudiar 70 días en 50, o 105 de 180 temas atrasados, de los cuales voy por el 60. Pero esto es Am Ende. Sacaré la familia, el afecto, la materia y la vida adelante porque no pienso el desenlace de esto, ni en lo malo que pueda pasar sino en que acabo un 24 de enero de 2019 y, feliz o no, existirá un 25 de enero de 2019 y, como pasaré por ello, bien o mal que lo haga, 'mañana será otro día', otras cosas comenzarán y... 'al final, todo estará bien'. Bien, o mal, el problema desaparecerá.
Ahora, en honor a otro escritor alemán, que escribió el libro más bonito que he leído en mi vida, precisamente similar a lo que ahora escribo, y a lo que en una postal dejé escrito de forma transversal y críptica, aunque ya no importe, porque ni me leen, ni pretendo que me lean ni, después de este spoiler, me gustaría que lo hiciesen, que se llamaba Michael Ende, y la obra, 'Momo', permitiré finalizar este artículo como él finalizó su obra, con el que fue su apellido, y, en alemán, significa, a la vez 'Fin'. Besos.
'Ende'.
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