7 de noviembre de 2018

Ego

Es el sonido de este enjambre
golpea mi cabeza, y me retuerce, y siente hambre
subido en la marea que sólo mece este mar de calambre
me arde la conciencia cuando entro.
Yo... que sólo se llora por dentro
vigilo la presión de mi ataúd, o es lo que intento,
conozco mi talento, mi virtud, y mi defecto,
y el eterno rechistar de la actitud al que me enfrento
en este azul baúl de invierno, ¡que no deja volar!

Yo tengo una vida fabricada con sentencias,
está tiñendo gris este cielo de apariencias,
de mis carencias de triste arrepentido
por inercia voy perdiendo el sentido.
Me siento solo y escribo, decido cada verdad
reacio a mi soledad, en un palacio edifico
cada sonámbulo grito, medito por no escapar
estaba escrito, mi delito es una estrella fugaz.

Yo sólo evito, ser uno más que juzgue,
ya tuve muchos sueños y, por eso, mis delitos fueron dulces.
Di de bruces, con luces que querían ser estrellas
vendían la brillante por vasos o botellas de cristal.
De una vida espiral, nos veremos al final
de este vaso a punto de consumirse; es igual
el próximo tren va a efectuar
su entrada en la estación, y yo no quiero bajar de este lugar
borracho, y apartado de los focos.
El lenguaje del carisma está hecho para pocos
y arte es la manera que tuvimos de hablar
lo que olvidamos lo de cuerdos y no oímos lo de locos.

Encerrados en la nostalgia que provoca esta angustia
hago magia para evitar la asfixia.
La industria de sueños que ha creado mi anorexia
acaricia una bestia que hace vomitar mi rabia,
tengo un ego bulímico que aprieta
los dedos de mi inmadurez al paladar de cada meta
que me puse, y la casilla de salida está ocupada
ya usé mis comodines, y ahora no me queda nada que apostar.

Todo por decir, mucho que olvidar
y millones de lugares donde ir,
yo sé que hablo para afuera pero grito para adentro
y sentencio, ¡en mi paraíso de silencio!

Tengo una obsesión con la felicidad en vida
cierta aversión hacia el dolor, y no la muerte,
con la convicción de bala perdida
hoy vine a verte, descalzo y apartado de la gente.

Diluvia el latir de las gotas de este mar
de niño sueñas vivir, de adulto quieres soñar
y ¿Qué nos queda?, algo de beber en la encimera
y un reloj que por más que le grito no sabe esperar.
Dos primaveras, un verano con frío,
he regalado el otoño, pero el invierno es mío.
En el ocaso de esta mente enamorado del lenguaje
por si acaso siempre tengo listo el equipaje.

Dibujo formas con un alma gastada
y mi cerebro gastado está atascado en la cascada
de patadas y empujones de una vida imprevisible
salimos a gritar para sentirnos más libres
y volar entre arena de playa
castillos en la orilla, el sonido del mar en la toalla
sombrillas, debajo de un silencio que hace fuerte
solo quiero que el verano llegue antes que la muerte.

Saber me ha acompañado, vaya misterio
pasamos media vida preparando el cementerio
Dios, tan simple lo que quiero decir
que … ¡no existe el flúor que obligue a sonreír!

Con las estrellas por techo, un sólo agujero en el pecho
un par de botellas y, dicho, no consigo andar derecho
yo muevo ficha y estrecho el camino que saca del juego,
mis mejores amigos se llaman soledad y ego
La vida es un pañuelo y una mierda
la vida es el placer para un niño en la hora de la merienda
un guiño, perder las riendas y la calma
¡que el cuerpo no sabe llorar, lo que llora es el alma!

Y este cuerpo me hace de celda
medio camino en balde perdido y en la reserva
dejadme en mi mar de calambres
y chica, recuerda, espero sentado en tu puerta.
Fumándome un cigarro, viviendo en las nubes
escribiéndote en el barro el dolor de los Lunes
el cansancio del despertador a las seis y pico
soledad, dieciséis años, seria busca chico en la consulta
de mi psicólogo que es un monólogo que insulta
donde solo hablo yo y acabo echándome las culpas.
por casi todo, lo que hago solo,
por eso lloro, aunque en el fondo me gusta.

Disfruto más conmigo que sin ti
si te digo: “mi enemigo no eres tú, pero no me excluyo a mi”
quizás sea ese el problema, un S.O.S en cada tema
pase que pese un poco pero no aguanto si quema
y que mas da no llena, yo roto y tu entera
me mastica el miedo desde fuera
es lo de siempre, ¿Quién cojones se salva?
si el cuerpo no sabe llorar, lo que llora es el alma.

Miles maneras de ver llover
escuchar gotas caer y una razón para mojarse
entre quedarse, volver y nunca irse
la puñalada de tener que decidirse

decido el precio, tengo un negocio
turismo y ocio al borde del precipicio
que cada necio busque socio
yo grito en silencio en cada canción.

Soy un preso suicida, un furtivo,
el ultimo latido de una vida sin pruebas ni sentido
y todo lo que ha ocurrido está por ver
si quieres estar vivo te lo tienes que creer
nadie va a demostrarte lo que ha visto
no es pienso y luego existo
es pienso y luego duele y solo sufro

me visto con mi único traje
el corazón desnudo y el alma de camuflaje
juego a ser más listo, redacto el paisaje
me enfrento al coraje, de no ser nadie y ser uno mismo
me traje directo del abismo
un nudo en la garganta que no sé deshacer, no se deshace.

Miro hacia fuera y pienso en como cojones
voy a parar esta sangre a borbotones
es porque me quiero por lo que hago y no por lo que soy
¡si tengo que morir, matadme hoy!
Lloro para dentro porque puedo, lloro porque quiero,
porque me hace gritar y verme entero
y me estoy descomponiendo en otra mierda de canción
y yo, estoy llorando por mi mierda de canción.

Y por ella salgo y entro del féretro de un cuerpo sin calor
sé que este dolor solo confirma que no he muerto
y tengo una razón para vivir que soy yo
y la muy puta se me está escondiendo dentro.

El asunto es abusar de la fe
presunto obseso mi excusa se basa solo en placer
solo uso besos de musa y no me sacia el café
soy un poeta en desuso que no sabe que va a ser.

Y yo, en lo que sea pero seré el primero
no guardo ni un trozo de vida que siga entero
seguir entero es lo que pido y con priva
y que cada día sea Enero y sentir Enero en la cima
y tú, tan muerto como yo igual de esclavo
la forma de mi vida es la de un ocho tumbado
morimos solo, yo resucito acompañado
escribiendo piedad en un cristal empañado

Voy a escribir hasta dejar de conocerme
y que mañana no volváis a verme

que el futuro es volver a nacer
porque mañana será lo que guardaste de ayer

volver a ver la despedida entre sol y una botella vacía
guardar el humo que entre anillo me fía
un consuelo, borracha veo mi alma en el suelo que desvaría
juega a dejar de ser mía.

Voy a alejarme, ayer de nuevo desperté tarde
creo que desde el Martes la muerte viene a buscarme
y fue que dije: “Oh Dios, quiero ser libre”,
y él bajo y me dijo: “hijo, elige tu el calibre”


__________

Martes, 6-11-18. Nos leemos.

1 de noviembre de 2018

Agradecimientos

Ha sido una semana rara. No voy a resumirla. Tenéis en negrita todo lo importante, para ahorraros leer mucho más, o ir a lo que queráis. Primero resumiré un poco estos días, luego mis sensaciones, después os daré las gracias a muchas personas, más tarde os recordaré a otras y, finalmente, lanzaré un mensaje al vuelo. Por si queréis saltaros la parafernalia. Las resumo cuando sé que el cambio en mi perspectiva, o el paso del tiempo, no las convertirán en nostalgia y volver a leerlas supondrá no sentir demasiado. Están en borradores, y dudo que los publique a corto plazo, pero esta semana escribí, en domingo, quizá los textos más desoladores en meses, en lunes, los más tristes, en martes, los más diáfanos, insulsos, autobiográficos... y hoy no he querido escribir al respecto. El sábado, curiosamente, sólo nacía de mí agradecer. Así que, sólo porque el sábado sucediese 'no sé el qué', que me hizo escribir lo único bueno de la semana, y porque eso bueno fuese 'agradecer', mi 'reflexión' de hoy no serán más que agradecimientos a esas personas que han estado, poquitas, ahí cuando todo se ha tambaleado. Si alguna no está, o bien es porque no ha estado, como es lógico, o bien es porque sigue. Soy responsable de lo que digo, pero no de lo que se entienda, como siempre repito al escribir. Así que, pasemos.

The XX - Lips

Quizá esta semana haya sido tremendamente mala, pero en un futuro pueda recordarla de otra manera, quizá haya sido una excepción, y todos los pensamientos del pasado que se han vuelto a ceñir sean espejismos en el desierto. Si puedo resumirla es en el domingo en que más solo me he sentido del año, el lunes más triste en meses porque soy incapaz de dar puntada e hilo a la vez, el martes más inocuo y fútil del mes, quizá salvado porque mi cabeza se puso en serio a trabajar y a sacar toda la materia adelante, como si algo ahí dentro, rodeado de tanto caos, se conectase y dijese 'vamos a darle la vuelta a esto', y un miércoles de astenia. Dicho así, suena hasta a realismo crudo, te lo firma Bukowski en un delirium tremens. Quizá tenga que ver el hecho de haber leído 'Bonjour tristesse' y que, en un lío de emociones por varias partes, éste (casi) termine con el diálogo sobre amor y su definición más serios, duros y dolorosamente ciertos que he leído, y me haya hecho ver que no lo hay donde creía que sí, y que lo hay donde, a veces, no miro.

A estas horas me 'convocan para un partido'. Cito textualmente los mensajes que me llegan por WhatsApp, no son metáforas de las mías. Es Halloween (¿cuántos de ellos sabrán, siquiera, qué se celebra?), así que dejémoslo en que es la noche de los muertos vivientes por la de borrachos privados, tan siquiera, de propiocepción que ves por la calle a estas horas. A estas horas, no me importa decirles, y abrir la aplicación por primera vez en mucho tiempo, mientras uno comenta 'menudo ciego me pillaré' y otro lo secunda con un 'tú y todos', que yo no. Yo estaré aquí, viendo una película si una amiga me recomienda alguna, que lleva ya bastantes vistas y me 'cala', seguramente pensando en cosas estúpidas que para mí ahora son de importancia cabal y, quién sabe, si mirándome temario para agradecérmelo en un futuro. Estaré aquí, pensando, pensamiento disgregado, sin forma, un rato reposado, con momentos pasados que, realmente, y por un proceso de acreción, se hacen con los inmediatamente anteriores y posteriores, como si esto fuese una historia, con su epílogo y prólogo, y en otro rato contestaré rápidamente conversaciones de amigos que han ido degenerando en conocidos. Quizá  me hable una persona que he conocido fuertemente estos días en que otras se han mantenido, otras han caído, otras han vuelto y otras se han reafirmado, y quizá, con suerte, me vaya a dormir más tranquilo. Lo que sí haré será resetearme, mi semana ha sido domingo-miércoles, mañana comienza una festividad, un mes nuevo, realmente el penúltimo antes de exámenes, y mañana debe estar todo en su sitio. No quiero ni debo caer en el error de cerrarme a todo, como el año pasado, para obtener mejores resultados, porque ni los últimos son prioritarios ni lo primero es beneficioso, pero tengo que meter una marcha más, paradójicamente, para que se me bajen las revoluciones. Siento que todo es igual, lo mire cuando lo mire. A mediados y finales de septiembre, me autorrefería como 'ausgebrannt'. Puedo extrapolarlo al día de hoy después de haber sucedido de todo. Hace unos meses me refería a cuestiones que estaban comenzando a ser como 'proyectos de futuro' y, llegado ese futuro, ya no sabes ni cómo denominarlos, ni cómo posicionarte en ellos: '¿Proyectos de pasado?', suena a final , y asusta. Me sentía, quizá, motivado en mi campo, pero asqueado por sus docentes. Sigue así. Han entrado y salido personas, materias, profesores, familiares, momentos positivos, negativos, de los mejores, de los peores... y cuán similares deben haber sido entre sí, los buenos para lo bueno, y los malos para lo malo, que en este equilibrado 50-50, nada ha cambiado.

Tengo un grave vicio, que es empezar leyendo un libro por el final, y no terminar una película hasta que no hayan salido todos los créditos, porque detrás de lo que proyecto, en este caso mi vida, hay mucha gente que pasa desapercibida, muchos 'nadies', muchos n'importe qui, que hacen posible que siga adelante, que se proyecte, que pasan rápido por ahí en mi mente sin que me quede, muchos días, ni a pensarlos. Siempre dejo lo importante para el final, y diré que, si bien soy el director y el guionista,  muchas personas han marcado el ritmo, le han puesto imagen, incluso la han animado, en todos los sentidos, y por eso debo decir que lo único importante que vengo a decir en este artículo es que, lo más crucial, para mí, han sido, son y serán, los apoyos externos. Hay miles de personas con quienes intercambiar palabras, centenares con quienes intercambiar palabras y momentos, decenas con quienes hablar, y sólo una o dos con quienes hablar y compartir vida. Esta semana hubo poquitas, por eso, merecen su lugar. No sentí mucho apoyo externo, pero no lo necesité. Los gatos, de siete vidas, se lamen sus heridas. Pero por esas pocas personas que hubo y ha ido habiendo, quiero que en los créditos de esta semana y de estos dos meses tremendamente distintos entre sí, que me dejan el mismo resultado al compararlos, sólo quepa incluir a las personas, poquitas, pero existentes, que han supuesto apoyos externos, que día tras día me han preguntado qué tal, que he visto por la Universidad, Valencia, a distancia por Internet, que han sabido que estaba mal sin enterarse a priori, que han tenido el don de saber cuándo las cosas no funcionaban y, aunque tengan -algunas- una o dos semanas de existencia, que han sabido entrar y, en cuatro o cinco veces, cambiar mis esquemas. A toda esa gente que está ahí diariamente, que escucha, que aconseja, que por un momento deja lo que hace por prestarme una atención pequeñita, que me quiere y a la que quiero, que siempre me deja algún detalle esporádico al levantarme, irme a dormir, me menciona acordándose de mí o... en fin, hace cualquier cosa, por pequeña que sea, que evidencia que no se ha ido de mi lado, quiero hacerle un shout-out y decirle que los aprecio mucho, aunque quizá no lo haga ver tan evidente. 

Así que muchas gracias a...

Pilar, por ser mi único verdadero apoyo externo durante el domingo y el lunes, aunque fuese a 400 kilómetros de distancia. Por dejar de ver una película y liarte dos horas a hablar conmigo. Por permitirme que te molestase con mis líos de faldas, con mis dudas existenciales, con mis agobios que bien conoces y, sin pedir consejo, porque somos diametralmente opuestos, prestarme tanto oído, tranquilizarme tanto y hacerme pensar que todo estaba en orden aun cuando en mi cabeza era una amalgama extraña. A poquitas personas os voy a llamar 'serendipia' en la vida, pero a ti te conocí a través de una pareja que tuve por dos años, que dejé por acuerdo mutuo, y son ya tres y medio, o cuatro, que te tengo en mi vida, muchas las veces que te he ayudado y que he estado ahí de madrugada contigo (¡Ay, el día que nos vimos en Valencia, qué alegría!). Nada más bonito que la reciprocidad, y ayer por ti... hoy por mí. Espero que puedas ver mis dudas disiparse y hacerse realidad mis voluntades, porque, para cuando suceda, estaré receptivo para ver, desde la  barrera, lo tremendamente bien que te va con tu pareja, tras tantos años en los que no tuviste suerte con las relaciones. Me quedo con una cosa que dijiste: 'no debo dejar de ser como soy, pero sí controlar cuánto lo soy', 'nunca dejes de darlo todo por alguien, pero sí mide cuánto dar a cada momento'. Te haré caso. Moriré en mi causa con las botas puestas, pero sin sangrar.

JuanLu, quien, recuerdo, se pasa por aquí para leerme de vez en cuando, un tío grande, dos años y poco ya, que, si está leyendo esto, no se esperará ni de coña aparecer, pero sí, lo ha hecho, porque lo he tenido toda la semana presente. Por Facebook, sabiendo que me leía, y tanto en Facebook como en un Instagram que no uso, publicando una foto y una reflexión sobre un atardecer que yo también pude presenciar, que me llenó de positivismo. Y porque este cabrón que no conoceréis el resto, se ha prestado a escucharme, verme (y verme con el resto de su grupo de Bioquímica, para mí pilares fundamentales) y animarme tantas veces que... madre mía. Nunca se puede conocer a una persona al cien por cien, ni sabré por qué ha pasado, sólo sé que hemos pasado por el mismo proceso y él ya está como yo nunca me imaginaría verme. A JuanLu, de corazón, gracias por figurar ahí.

Alba, otra 'serendipia', te conocí también por una persona, como Pilar, que fue y no fue durante dos años, y con la que pudimos quedar, y verte, hace ya diez meses. Siempre lo digo 'algunas cosas, que se postulan como preciosas, deben 'no ser', para que otras sean'. Fuisteis tú y Pilar, y con eso ya tengo suficiente. Quien no fuese... lástima, y aquí estoy siempre, aun así. A ti, sin embargo, te conocí antes, puede ser que ya roce los 4 años, te conocí cuando me mandabas audios cantando, cuando todavía eras, a ojos de hoy, irreconocible, cuando hablabas de proyectos que hoy son realidades y estabas con personas que hoy son chistes. Y me conociste cuando estaba dudando entre letras, ciencias, Medicina, Física, si irme a Barcelona, casi contigo, si quedarme en Valencia, si pegarme un año sabático... Y estuviste ahí todo el año pasado, con una ruptura ayudando, felicitándome por los exámenes, preguntándome aunque fuese yo quien hablase entre cero y nada, y ahora, en ese 'ayer por mí, hoy por ti', al revés que con Pilar, hoy soy tu médico, escucho tus problemas, que son comunes a los míos, tratando de ayudarte, y me alegro como si de una hermana te tratases, cuando me dices que todo va bien, que le plantas cara, que lo superas, cuando sales en periódicos o la tele precisamente por lo bien que cantas, que el instrumento del ser humano es la voz. Hemos hablado muy esporádicamente a lo largo del tiempo, y sabes de sobra quién me gusta, me deja de gustar, cuándo y cómo, y ojalá poder seguir contándotelo.

Carmen, o debería decir 'Moncho'. Nos hemos distanciado, y es evidente. Comienzas rotaciones en hospitales, tienes tus cosillas encima, la residencia te atribula, en fin... Pero fuiste y eres otra de las 'serendipias', derivadas de conocer a 'esa persona'. Y me quedo contigo. Contigo no son 3 años, ni 4, ya van camino de ser 5. Otro 'hoy por ti, mañana por mí'. Te ayudé en lo que pude, te pasé mis apuntes de Anatomía y te enseñé a aprobarla; cuando yo dudaba de mis éxitos, cuando no daba un duro por aprobar, tú me diste tus apuntes de Histología, tú me hablaste del éxito y del fracaso, tú me dijiste que el primer examen sería mi forma de reafirmarme, tú me ejemplificaste que se puede fracasar y recuperarse, y tú, un 9 de octubre a las 4.30 de la mañana, estabas a toque de corneta cuando te dije 'Moncho, alguien ha sucedido'. En fin, en veintidós días las cosas cambian y te ilusionan cada vez más como pueden dejar de hacerlo en cualquier momento, aunque no haya sucedido y, esperemos, no llegue a suceder. Muchas gracias por haber dejado que, tras meses sin sentir, te diese una chapa de una hora sobre qué creí olvidado y volvió a vivir en mí. Ahora estás liada con 3º, pero ojalá yo pudiese decir que he llegado. Gracias por escucharme, gracias por, a cada examen, preguntarme, gracias por felicitarme en mis fechas importantes, gracias por considerarme tu 'bro', muchas gracias por la que me montaste cuando saqué la matrícula, muchas gracias por relativizarlo todo para que duela menos y en fin, muchas gracias por ser un apoyo externo. Y bueno, enhorabuena por luchar en Bachillerato tras tu trauma, de llegar a Medicina, de llevarme un año con la gorra, y de haberme apoyado cuando me cambié a tu gremio y tantos decesos familiares me llevaron a no ver más allá que un túnel.

Inés, porque estuvimos muy unidos este verano, a pesar de la distancia. También son 3 años los que llevamos hablando, época sí, época también. Has sido la persona más tierna conmigo estos días duros, que siempre me ofrece, porque sabe que estas 'tonterías' me calan, un abrazo a distancia, una maratón de pelis, teatro o libros, leerme cualquier cosa o, igual que entiende mis dudas académicas, hacemos juntos terapia, cuando peor estamos, sobre nuestras dudas, comunes, en nuestros respectivos campos, vidas, esferas y hasta personas tóxicas y, de todo ello, sólo sacamos, semanas o meses después, éxito. La distancia nunca fue buena, ni se puede cambiar un abrazo, leer un cuento o ver películas por Skype, a tener a alguien soldado a ti a tu lado, escuchar su voz o tumbarte y dejar que todo suene, pero sólo por poder tener a alguien con quien hacerlo, aunque no pueda verlo de normal, ya es más que lo que nadie puede ofrecerme. O casi nadie.

Lúa, la chica de Menorca, que me pierde (no en el mejor de los sentidos) por su acento indescifrable y que, a Dios gracias, ya tiene luz en Ciutadella, tras estos temporales. Muchas gracias por haber estado este domingo, que rompió con la tónica del sábado, ahí. Muchas gracias por no hablar por hablar, por abrir conversación siempre que sabes que algo no funciona (que hablo menos, que hablo más escueto, que directamente digo 'algo no va...'), por estar incondicionalmente ahí. Por ser un apoyo externo al otro lado del charco y por ser, tremendamente importante esto, una persona a la que sé que puedo recurrir. Que sé que me presta un minuto, aunque sea, para escucharme, a la semana, y que puedo venir, a las tantas, a decirle 'algo no va, hablamos' y al día siguiente, la hora siguiente, o cuando sea, estará ahí para darme los buenos días, tardes o noches y decirme, con confianza: 'y ahora, desembucha qué coño pasa'.

Enrique, el verdadero bro, que conozco desde 2015 por lo menos, con el que he batallado de la hostia contra todo tipo de seres por Twitter, el que hizo mi 2016 y 2017, el Dios del inglés y las horas muertas, el crítico y el máquina que lleva dentro, por mucho que por fuera le pueda pasar de todo, el máquina que comenzó cuando yo acabé, y que se lo toma todo con filosofía, el tío que me ha metido de nuevo en el gimnasio, en 'La Jaula', con el que paso vídeos chorras, que me menciona a cada segundo con cosas que le recuerdan a mí, al cual veré pronto, si todo va bien, que siempre tiene algo malo que decirme acerca de la dieta o el entrenamiento y que, cuando estoy jodido, tiene unas palabras, poquitas, buenas conmigo y, lo siguiente, son memes para aburrir hasta que me acabo descojonando y olvidando qué me hizo (o quién, estos días atrás) sentir mal. Ese tío que me comparte a Nick Drake 'para que puedas llorar, coño, pero en condiciones, cutre'. Y vaya que si lo he hecho con Pink Moon o Another place, estos días. En fin, un verdadero apoyo, años y años de hablar todos los meses, de seguirnos en todas las redes, de defendernos, de aconsejarnos y, sobre todo, de recibir mensajes cargados hasta la polla de positivismo y de enhorabuenas y, lo más gracioso, de notas de voz partiéndonos el culo de madrugada hasta que despierte a medio vecindario.

Miguel, un amigo con el que puedo contar diariamente, con el que ya son, también, 5 años de instituto, con el que puedo hablar de todas las personas que hay en mi vida y me gustan, quien estos días me ha presentado a más de las que puedo asimilar y lo odio JAJAJA, la única persona a la que espero cuando llega más de cinco y diez minutos tarde, y la única que el domingo fue capaz no ya de sacarme de casa sino, al menos, de hablarme. Cinco, seis años... yo ya no lo sé. Pero unos cuantos. Y cientos de kilómetros al cabo de un cuatrimestre andando de Alameda a Burjassot, entrando a tiendas extrañas, armando cirios por El Carmen, compartiendo frustraciones, un 1º y 2º respectivamente de carrera en el que compartimos el dejarnos dos o tres materias y sacarlas sin saber cómo, el venirte a mi casa y hacer postpartido, el ayudarte también a que dejases relaciones que no te convenían, y ahora ver que tienes una pareja extraordinaria, que te apoya en todo, está siempre ahí, te quiere mucho y, lo mejor, es mutuo. No me corto en decirlo: eres mi mejor amigo. No eres el más serio, pero sí el que mejor me hace sentir. No es que formes parte de mi once inicial, es que nunca te vas a retirar de mi vida.

Edu, otro amigo con el que puedo contar, aunque no sepa muy bien cómo me encuentro, aunque tenga la mente en cuestiones amorosas... En nuestro caso son ya 9 años, tu madre me hizo decantarme por la ciencia, nuestros padres son íntimos, tu casa es la mía, espero que te vaya genial en el plano afectivo, porque le estás echando muchos huevos e ilusión a la persona que quieres, y que siento mucho que nuestros horarios ya no coincidan, ni estemos en Campus similares (en 2017, yo en Burja y tú en la UPV, en 2018, yo en Blasco y tú en Burja...), y que para meternos un alcohol sano por El Carmen o salir a correr mientras hablamos de la vida, siempre estaré. La primera conversación sobre la que, para mí, es 'la persona', la tuve contigo .Y no he tenido más con nadie. Sólo tú sabes cómo está ahora mismo mi vida si bien no cómo me encuentro al respecto, y sólo yo sé cómo está la tuya. Así que me entenderás.

Ahora, vienen créditos más rápidos, de pasada, gente que está ahí, pero menos, y aun así lo sigue haciendo: 

Miriam, por llevar ahí 3 años también, por escucharme, por dejar que te aconseje, por confiar tanto en mí que, tras 4 de relación con tu pareja, y a 700 kilómetros, sea el primero que se entere de lo sucedido. Y gracias por apoyarme en mis proyectos. Nos une más que la ciencia.

Claudia, por llevar, tú sí, 4 años, por haberte conocido leyendo en una biblioteca, un sitio más normal, la verdad, por haberte leído mi libro favorito cuando te lo dije, por habernos carteado (en unos días hará 3 años que te debo una carta, pero te fuiste, fugaz, de Zamora), por haber tomado a la ligera una separación con la persona a la que más quería tras más de 2 años y haberme sacado del pozo en nada y menos. Eres un cerebro con patas, y me dejas sin palabras y sin '¿Por qué sí? ¿Por qué no?', sólo tú eres capaz. Y saber que estás más cerca por tu cambio de Uni me motiva a pasarme a verte un día de estos, sólo déjame que el Puente de Diciembre busque alguna excusa para ir al Norte.

Teresa, por aguantarme todo el curso pasado soltando mierda del sistema, porque allá, en Sudamérica, 'tenés' peor el asunto, y cuando me lo cuentas, me entristezco. Por darme conversación a las tantas de la mañana (¡Bendita diferencia horaria!) y por hacerme confesiones nocturnas que ay... Que no me lleven mis carnalitos de Cerro Tololo (Chile) cerca de tu patria, que nos correremos buenas Coronitas por allá.

Alberto, que me metiste en Bioquímica, cabrón, con  tu encantamiento de serpientes, ya habiendo pasado casi 3 años, y luego resultaste, meses después de comenzar la relación con 'una chica de Medicina', su mejor amigo desde hace más de 8. Cabrón, que estás en todas partes. Decirte que gracias por tu apoyo, discreto, pero firme, que me alegré de, este año sí, llegar a tiempo a tu cumple y que quiero verte ya de ya en Burjassot para darte tus apuntes de 1º, ¡AHORA QUE TE HAS GRADUADO AAAAAA! y hablar igual que lo hiciésemos cuando chocheé. Fuiste la única persona que me ayudó a salir del gran bache que fue la ruptura.

Isaac, Clàudia, Xavi, Néstor y Luis: a Luis ya lo perdí, y camino voy de hacerlo con Isaac, a pesar de que seamos vecinos y, otrora, mejores amigos de ir a conferencias, monumentos, calles, entrenamientos, la playa... Pero a Xavi lo tengo ahí, en las sombras. A ti, Clàudia, que, medio año después, también resultaste ser, en mi propia carrera, la mejor amiga (¡Se nos han juntado en Bioquímica el mejor amigo y la mejor amiga...!), de mi entonces pareja, que celebramos juntos cumpleaños, que me fui a por fósiles a la otra punta del mundo para traerte uno porque eras mi bióloga favorita, y que te encantaba tocarme el culo porque era lo poco bueno que tenía, JAJAJA, decirte que bueno, estamos más lejanos, pero recuperar contacto y ver que somos cierta familia me reconforta, y que te deseo suerte con tu pareja. A ti, Néstor, decirte que la vida da vueltas, y no te voy a negar que la has cagado. Y que ello ha tenido su moraleja. Pero no todo te ha venido de cara, sino contra ella, ni ha sido justo. Acaban 3 años de relación justo cuando a mí se me ocurre venir a hablarte de las mías... pero sé que cuento para ir a jugar un Munchkin a Benimaclet en cualquier momento, y tú cuentas conmigo para cocernos a cervezas. Ante todo, gracias por haber sido mi compañero de pelarme clases en Bioquímica, por haberme parado los pies cuando todo lo peor me vino junto el año pasado y se me hizo bola, y gracias por ser la puta risa todas las primeras horas.


Y mil gracias a  todo lo que no fue, debió 'no ser', para que otras cosas fuesen, sean o vayan a ser (ya me da igual el tiempo verbal que use, estoy demasiado perdido y cansado de escribir): 

Muchas gracias a Paula, no olvido haberte conocido de chorra, en una competición a la que no quise ir, principios de 2014, 15 tiernos años. En un debate al que no quise ir. En una red en la que apenas pasaba. Y que ahí empezasen los 2 años que más recuerdo, que me enseñases tanto. A ser la persona por la que más me haya pillado jamás en la vida, a saber gestionarlo, a querer, a desvelarme por alguien, a no irme a dormir hasta que no estuviese bien, a reprenderle por joder su vida sin darse cuenta, a levantarme a las cinco jodidamente mal y que ahí estuvieses tú, en cualquier momento y a cualquier hora, no sé ni cómo lo hacías, tenías palabras para todo, y todas servían, por enseñarme a lidiar con mis enfados (porque, si no, estos días hubiese mandado a la mierda al 99% de gente que conozco), de haberme derrumbado casi al conocerte, de llegar a esperar mensajes como agua de mayo, de preocuparme por ti, y de aprender que las cosas se joden si te importa más el miedo, la inseguridad... que la otra persona. Fueron dos años, seguidos, y pico... Ahora, son casi cinco, pero de otra forma. Nunca te perdonaré que, teniendo yo otra pareja, volvieses para querer retomarlo. Pero, a pesar de ello, te guardo como un listón verdaderamente alto y como la persona más adecuada en el peor de los momentos. No daré con alguien más parecido nunca, pero sí mejor. Sé que vendrás a Valencia, y que a veces me lees. Ya no deseo nada, pero me pasaré cinco minutos a darte un abrazo.

Muchas gracias a María, no olvido que fueses mi primera relación cerrada, seria, verdadera, de ti guardo una caja con recuerdos que abro dos o tres veces al año, poco más. De ti aprendí a sonreír sin excesivo motivo, a cantar, a no cuestionarme todo tanto, a relativizar la mierda, a hacer tremendas locuras por alguien y a aguantar lo que no está escrito solo por amor. De ti aprendí algo que ha salvado a mucha gente que ha venido a posteriori, y que fue estar mal con alguien y, en minutos, horas o segundos, ser capaz de restaurar esa situación. De seguir viendo la persona a la que quieres a pesar de que todo vaya mal. Y también me enseñaste algo por lo que lo dejé contigo, y lo hiciste conmigo, y así se pactó: a saber cuándo dejas de ver con esos ojos a alguien, te invade el miedo y te das cuenta de que todo está muerto. Tú me enseñaste a no continuar mis enfados para salvar relaciones donde primase el cariño, cosa que ha salvado a muchas personas que han venido después, pero también me enseñaste a saber cuándo parar, cosa que está por defenestrar a otras tantas. Fuiste una lujuriosa arma de doble filo, sobre el cual bailé durante mucho tiempo, y sólo por haberme enseñado los dos extremos del amor (que del amor ya se encargó, un año antes, otra persona), te debo agradecer.

Y gracias, como agradecimientos que pasan rápido, por no haber sido, o apenas haberlo hecho, a Cristina, por haberme demostrado que se pilló, por sus regalos, sus dibujos, sus conversaciones, sus birras a cualquier hora... pero por no haber sido el momento. No conjugábamos, y dos metales que se juntan, o se unen para siempre, o se oxidan al poco tiempo. No fue, y ya está. Me alegro de que no hubiese ningún tipo de contacto afectivo, porque así no pude engañarla con falsas esperanzas. Para lo bueno o para lo malo, aprendí a ser directo con alguien y no seguir en algo que no quiero. Pero gracias a ti, tras ello, viví mi mayor periodo de soledad voluntaria y aprendí lo que era la libertad, la tranquilidad y el volver a ser amigo de alguien a quien quieres, pero no funciona. Algo que, creo, sólo me sucederá contigo.

Y a la otra Cristina, por haberme considerado algo más que un amigo, por haberme dejado entrar a su casa sin destrozarla, haberme llevado por toda Valencia durante un año, por haber sido la persona con la que más me reí durante dos, y por haberme presentado a Laura, con quien pasé grandes momentos, pero jamás me planteé, por mucho que quisieses juntarme con ella, una relación, y -ahora lo sé- desgraciadamente lo dejaste con mi mejor amigo. Y a Mariana, porque fuiste la primera persona que se lanzó conmigo, y de esto hará, puede ser, 6 o 7 años, cuando yo era grafito y no diamante, pero pocos lo sabían, pero yo seguía bajo mis altas presiones forjándome, que me enseñaste que no era el patito feo del percal. Y a Miriam, que quisiste ser durante julio y agosto, insistentemente, pero te fuiste para, en septiembre, dar paso a más gente, que me enseñaste que una persona puede ser de tu agrado hasta que comienzas a conocerla, y no te puedes enamorar de todo lo pernicioso, de igual manera en que si expones una relación, y ésta es a tres partes, con familiares o amigos, acceder a ella es suicidarte. Y a Claire, la mejor médica de Montpellier -aunque le resten todavía tres años para ser médecin-, porque me enseñó a tener lo más parecido a una relación, sin serlo, que expone Bonjour Tristesse, libro que ambos conocemos, que me sigue felicitando, si se acuerda, por los aniversarios y que pudo ser a distancia, pero nos enseñamos que, las distancias, si bien son salvables durante meses y el amor mueve muchos kilómetros a las personas, éste último también te hace valorarlas -si es verdadero- tanto, que prefieres verlas con otra persona, por mucho que las aprecies, antes que contigo, sólo porque podrá darle el cuidado y atención continuado que se merece.

Finalizo con esa frase, porque eso es el amor. No iba a hablar de agradecimientos. Os he colado una trola como una casa. Sólo he hablado de por qué estáis en mi vida, por qué os quiero y por qué siento amor, en el sentido mínimo de cariño, o máximo de querer, qué me habéis aportado, y enseñado, cuáles habéis sido mis amores y quiénes estáis siendo las personas de mi cariño. Y por eso, ya que os he embaucado, acabo con la frase que debería haber abierto esta entrada y, sin embargo, la cierra, habiendo motivado todo lo anterior. Es de Bonjour, tristesse, hoy lo acabé, me encanta, porque me ha hecho parar todo en seco, quizá yo corro mucho, voy demasiado lento, me ilusiono fácilmente, me boicoteo a mí mismo o... quizá es ajeno, pero me lo puedo aplicar:


+ Te haces una idea un poco simplista del amor. No consiste en una serie de sensaciones independientes entre sí...

- Pensé que así habían sido todos mis amores. Una emoción súbita ante un rostro, un gesto, un beso... Instantes plenos, sin coherencia, a eso se reducía todo mi recuerdo.

+ Es otra cosa... Un cariño constante, la dulzura, la añoranza... Cosas que tú no puedes entender.


Finalizo, como todas las semanas, con mi 'pronóstico'. Ya he dado mi diagnóstico, mi tratamiento (siempre, siempre, siempre, será 'recordar'), y ahora me queda dar el devenir. En esta ocasión... pronóstico reservado. Porque me lo reservo, y porque lo desconozco. El viernes hubiese dicho la mayor cantidad de personas posibles en ellos, el sábado, los viajes más bonitos, el domingo, no hubiese visto a corto plazo, el lunes, hubiese querido cancelar todo largo plazo montado, ayer, me la hubiese sudado el futuro, y ahora mismo, que estoy a 27 minutos del 1 de noviembre y el reseteo que para mí significa, sólo veo como pronóstico que las cosas vengan, y no haya de ir yo previéndolas. Pero bueno, como he previsto unas cuantas, para mí y quien se una, estaré aquí, estudiando Epidemiología, Psicología y Ética para vertebrar 15 de los 32 créditos de fácil aprobado de este cuatri, y acabarlos antes de que terminemos la materia para así ir sobrado, y la semana que viene comenzaré con el núcleo duro (Histología - Fisiología - Neuroanatomía), todas ellas, más o menos, comenzadas. Estudiaré, y lo sacaré. No sé quiénes invertís en mí, pero por vosotros, nadie, o quizá alguno o alguna, lo sacaré. También iré a las dos conferencias que tengo programadas, para las que reservé a mansalva, a todos los conciertos programados, a todos los monumentos que quiero ir, aunque sea por  mi propio pie, y seguiré con mi idea de fugarme unos días en diciembre en un viaje a la alta montaña. Bueno, y si me sigue leyendo alguien, que no estoy en WhatsApp. Estoy en la vida real. No puedo decidir lo que cada día cambia, no puedo contar con lo que unos días se difumina y otros se hace claro, porque una persona, que falleció, me dijo -a título póstumo-: 'lucha, las cosas que valen la pena, cuestan'. 


Buenas noches. 

5 de octubre de 2018

Anatomía patológica de una semana

La semana pasada fue 'Anatomía de la felicidad'; en esta, ha habido menos suerte, pero ha acabado bien, que es lo que cuenta. Está claro que tengo que definir mucho mejor mis círculos, que comenzar a estudiar ya, no abandonar música, idiomas ni deporte, por mucho que me quiten tiempo de otras cosas (mientras sea 'empleado' y no 'perdido', me vale) y otras tantas cosas más que sólo dependen de mí y no viene a cuento contarlas, válgase la redundancia. Voy al grano. La canción con la que resumo la semana es una de las primeras que escuché, de niño, en una lengua que no me abandona, y con un significado increíble estos días. Me transmite serenidad y me permite pensar en condiciones, sin llegar a derroteros sin salida. He visto que hay gente que me lee, y es largo, así que si no queréis perder ni tiempo ni lo más importante de lo que digo a la vez, podéis leeros las negritas. Si queréis ir al prólogo de la semana próxima, miraos el último párrafo. Abrazos, y buen finde. 



Lunes 1: siempre he hablado del 'síndrome de octubre' y parece ser que mis predicciones no fallan. Mes nuevo, misma historia. Ya comenzó torcido, puesto que quise ir a Burjassot, pero no pude. Adelantan prácticas, toca hacer trabajos, quedar en horas muertas... Me sorprendió que, al comunicarlo a mis compañeros más cercanos de dicho Grado, éstos se dividiesen en dos grupos. Los que, mientras estuvimos juntos, tuvieron una relación 'discreta' conmigo, y que fueron los que me invitaron a comer, a verlos tras la práctica de laboratorio y pasar la tarde, con los que he comenzado a quedar y llevarme excelentemente, y los que fueron mis mejores amigos, dentro de los que reinaba la indiferencia y, uno de ellos, me dijo si me 'iba a dar el pateo de hacerlo', y a los cuales no veo en más de medio año, desde días después de mi cumpleaños, en Fallas. Me apenaba ver cómo relaciones absorbentes y cambios ajenos de aires llegaban a tumbar relaciones de años más por obligación que por devoción, pero bueno, no alteró mi día, a estas alturas, y habiendo recuperado miles de amistades y habiendo querido recuperar TODAS las perdidas, por una en la que la otra parte no pusiese ni media, no podía seguir tirando ni preocupándome. Hay una frase que me encanta decir, sobre todo cuando estoy con alguien muy de mi agrado o, al contrario, cuando un suceso se precipita: 'algo no pasa si dos no quieren'. Luego esto no puede pasar.

Continué con Fisiología, y de aquí extraje una cosa: la motivación depende del estímulo. Y, en mi caso, si no es continuo, la pierdo. ¿Por qué lo digo? Había perdido el gusto por Fisiología estas dos últimas clases. Rutina, poco estímulo, poca relación profesor-alumno, poca ampliación de la materia, ¿qué hago aquí, y no en mi casa leyéndolo por mí mismo? Entonces, vino profesor nuevo, nos lanzó preguntas de Clínica, acertijos, nos contó experiencias, incluso me motivó tanto el hecho que me lancé, salí allí, hablé sobre un tema que conocía muy bien, tomé apuntes y finiquité su tema sin necesidad de pasarlo a limpio. Pensé en si esto no había sido el resumen de mis últimos meses, el hecho de que las personas van y vienen, pero las mismas emociones no se detienen. Me gusta estimularlas, cambiar de temas, sorprenderlas, vaya, lo típico, porque actúo de igual manera que me gustaría que lo hiciesen conmigo, pero, por motivos equis, acabo perdiendo toda motivación, los estímulos cesan, las relaciones no evolucionan, no hay una ampliación, se cae en una rutina aburrida que no incita ni tan siquiera a buscar algo con lo que salir, se pierde la relación entre personas, y vas dejándola poco a poco, sin saber realmente qué puedes hacer, con qué puedes sorprender y, sobre todo, para qué, si todo esfuerzo es inútil cuando das, pero no recibes y no sabes bien qué tienes al otro lado del muro.

Pasó Histología y, quizá por la reflexión anterior y la que tuve con Nídia en una red social acerca de las relaciones (estoy hablando continuamente de amistades, si tenéis la imagen de 'relación' como algo íntimo, apagad el interruptor, porque también es aplicable, pero mi mente no piensa en ellas ni la hay, actualmente), me fijé en el escaparate que suponía Instagram. Estaba el grupo de los que reniegan de ella y no la usan y el de los que les encanta y están viciados a subir irrealidades que hacen pasar por su vida. Al final pensé en las imágenes que tenía y dije: '¿Qué mas le doy al mundo?', no en un sentido pesimista, sino en un sentido de: 'Esta foto que he subido en un bar, realmente la he vivido con dos o tres personas, que ya la tienen, con quienes ya la compartí. Y el mensaje ya lo conocen, les dije cómo fue, ¿qué más les da a otras 90 personas este hecho, y en qué cambia nuestras vidas el saberlo?', nada. ¿A quién le importa mi vida como para verla en directo? Podéis saber, después de esto, en cuál de los dos grupos me encuadro y qué decisión tomé. Cuando quedo con alguien, si me tomo fotos las tienen al instante (ey, no está mal hacerlas para inmortalizar un momento chulísimo, no os metáis con las fotos), y si opino algo lo saben en el momento (o eso intento), sea bueno o malo, más bueno que malo, porque si no, no hay otra.

Martes 2: el martes comencé enchufado, ya se habían olvidado las peculiaridades del día previo. No soporto a profesores que se repiten sin tener capacidad de estimular al alumno simplemente por llenar tiempo (¿Cuántas cosas se dicen o dejan de decir por querer rellenar y, también al contrario, por no tener capacidad o no arriesgar?), y que acaban haciendo de su clase un infierno. No fui a Epidemiología. No voy a ir a una carrera en la que la señora que imparte un Power Point con no sé cuántas mil palabras y ni tan siquiera se dedica a ello.

Me fui a la playa, intenté ayudar a una persona como buenamente pude (la intención es lo que cuenta, o eso dicen), estaba bien, volví... todo en la tónica de un día normal, aburridillo -pero no por mi culpa, o sea que todo correcto-, siesta, bueno. Pero toda mesa tiene sus cuatro puntos de apoyo, cada uno los suyos, pero cuatro. Familia, pareja, sustento económico, amigos, trabajo... hay miles posibles y con cuatro de ellos hacemos nuestras patas. No voy a decir los míos, ya los sabréis de una u otra forma cada uno. Ese día me empezaron a fallar, empecé a cojear de alguna que otra pata. Me lesiono y no puedo entrenar, amigos discuten por gilipolleces y por terceros en discordia, a nivel de relaciones tengo que ocuparme yo sólo de toda mi familia cuando nunca ha sucedido lo inverso -a pesar de que, para mí, es un deber que me marco-, y los apoyos externos brillan por su ausencia. Me siento mal y decido pasar una tarde, quitando los paseos y un toque a un amigo para ver cómo le ha ido el entrenamiento (al fin y al cabo a mí en su día me enseñaron la pista y la dinámica, y a mí me toca, repito, actuar con el resto como quisiera que actuase conmigo), escuchando música y formándome sobre cosas varias. Cancelo el cine y otro día será, con mismos amigos, distintos... no me importa, en absoluto. Paso una noche en la que me cuesta dormir y acabo leyendo un libro portugués por pasar el tiempo, el segundo que leo esta semana, pues entre domingo y lunes leí otro más filosófico. Ya sabía de sobra cuál era el problema. Tocaba materializarse.

Miércoles 3: vino Fisiología, otro profesor nuevo, distinto cariz, estímulo nulo, todos sentados y viendo cómo nos embutían sin salirse de los esquemas una lección más. Perdí el estímulo, con ello las ganas, y tras ello, la motivación. Decidí no ir a Histología. Segunda clase pelada en dos días, pero, como dije la semana pasada, por mi bien, por no caer en el odio hacia una materia cuando ya me había reconciliado con ella. A veces también pasa en la vida que te alejas de algo a lo que quieres por el riesgo de que cualquier situación, más ajena que propia, pueda romper lo poco o mucho que habías conseguido.

Aquí, a estas alturas, una reflexión que tuvo este doctor, del que fui voluntario esa sesión, conmigo, me hizo cambiar muy levemente el chip, pero, con la guardia baja, los golpes 'pican' más. Iba en el sentido que le dio Nídia el lunes, y reflexionó acerca de lo que llamaba la 'economía de las relaciones', cómo realmente acabábamos perdiendo nuestras facultades por la tecnología al llevar calendario, horarios, fechas, información, dinero, personas... en un único dispositivo. Más allá, incluso, sobre cómo las personas buscan dar el mínimo cariño o mostrar la mínima cercanía para obtener lo máximo, una 'optimización', en términos matemáticos, de las emociones. Para aquel momento yo ya era consciente de eso, pero la pregunta de '¿Quién trasciende esa dimensión?', la cual ya me había hecho muchas veces, fue un detonante. Ya de por sí soy el tío que tiene los cumpleaños apuntados en una agenda -y no necesita mirarla para cantarlos, uno por uno-, quien la usa también para apuntarse qué clases hay y qué debe hacer, y puedo enviar, a lo sumo, 20 'whatsapps' diarios. Pero esto me hizo ver que podía vivir sin mensajes, sin móvil y sin aplicaciones. Y más en una semana en la que ya llevaba dos días malos y sólo recibía mensajes buscando barda entre compañeros, gente interesándose en mí, que no por mí, y dos o tres personas que sí salvaría, pero que tengo ya en otros lugares. Total, que tras una tarde muy floja y en la que las patas de la mesa cada vez se desajustaban más, y no podía hacer nada por ello porque siempre son ajenas a uno (por eso debe elegir uno qué cuatro lo sustentan), decidí probar a ponerle fin al móvil. Y así hice. Por otro lado, encontré un apoyo externo tras mucho tiempo sin hablar con dicha persona, que supo que estaba mal, no sé cómo porque no hablé con nadie, pero conocerme (y conocer a alguien) es un don, y cuando lo tienes, pasan estas cosas, y pude mantenerme, con el agua subiendo hasta el cuello, pero respirando todavía sin problemas.

Jueves 4 (ayer): no hay mal que cien años dure. Remonté enormemente en las prácticas, las dos, que saqué 'cum laude'. Finalizaron y formé parte de una encuesta para un Instituto médico por mi perfil, y me encontré, curiosamente, a una compañera del Grado como voluntaria. A veces los humanos nos calentamos mucho los cascos y realmente podemos ser felices con poco y hacer menos infelices al resto con menos: un gesto rápido, simple... somos animales. Un animal no quiere que le reflexiones la vida, que le hagas de coach o que le relativices el momento. Un animal, si le respetas las distancias, si lo estimulas, si le pones una mano encima y si le hablas con buen tono y por su nombre, hace todo y más. Así, me encontré a esta compañera, y debió ser que todavía tenía -yo- mala cara, porque me separó un momento del resto de la jauría, me puso una mano en el hombro y me preguntó por lo que sucedía, si ya estaba más tranquilo por el tema delegado, dándome la enhorabuena por lo bien que lo hice en las prácticas, etc. La relación entre ambos siempre fue nula, tiene sus cosas personales también, y no compartimos ni amigos, pero aquí descubrí que no preciso de hablar mucho con alguien para estar bien con él, ni de contestarle rápido, ni de tan siquiera estar o no encima, o ser 'algo' a su respecto. No, y si no mirad cómo cambió mi día, a mejor, que una persona y yo cruzásemos una palabra, pero una palabra útil, me hablase por mi nombre ('Fran, cómo va todo', vs. 'Buenas, cómo va todo'), sin voluntad de 'mantener algo', con una palabra que no estaba escogida para marcar o conseguir algo, sino preocuparse por alguien, sino con lenguaje no verbal, y que no hace falta contestar a alguien en una hora, un día o un mes, sino cuando lo necesite, que no se debe estar encima, sino saber cuándo, y que no hace falta hablar siempre, o para decir poca cosa, si se puede hablar esporádicamente pero sentir que 'se ha dicho algo'.

Así sucedió, y puedo concluir que 'los detalles, cuanto más pequeños, mejor, marcan la diferencia'. Es algo que extraigo de mi trato con los compañeros, de estos momentos que me llegan cuando tienen ese trato conmigo, de gente que hace poco, pero todo lo hace bien, de gente que hace mucho, pero no llega tan allá, de gente que con un gesto, una palabra, una proposición o cualquier estupidez del tipo, consigue que abandone todo y siga con un 'y por qué no'. No me hagáis ver sólo lo bonito del mundo, si hay algo malo y me afecta.  No preguntéis la misma frase todos los días (qué tal), sino daos cuenta de su respuesta negativa sin necesidad de saberla. No me mandéis mil mensajes al día, si con uno, en el momento preciso, lo dejo todo. No me preguntéis para darme rienda suelta a que me explique, hacedme una única pregunta, acordaos de la respuesta tras semanas, o meses, o de proyectos o eventos o cualquier estupidez, y sorprendedme y haced que me tambalee de la alegría cuando, tiempo después, os intereséis por ello (¡Lo preguntasteis por interés, y no por cumplir!). Todo esto era retórica, no lo dirigía a vosotros, de hecho, esto lo leéis los pocos en quienes confío o, ya es mucho, no desconfío, y para vosotros no tengo comentarios malos. Sólo tengo o intento tener buenas palabras y preocuparme puntualmente si veo que algo 'puede no ir bien'.

Encendí el móvil para ver 400 mensajes, a los que contesté con 10, y le di prioridad a dos personas, que ya saben quiénes son, y por qué. Vi mensajes de un grupo de amigos falso en que si no se escriben, nadie se ve, un grupo de clase que seguía sin aportar, el de la familia a la que veo de continuo, un cliente al que llamé por teléfono, y resolví lo mismo que podría haber resuelto por WhatsApp, pero en un minuto, escuchando su voz, con tono y con cercanía (cercanía... esa gran palabra), y pasé por alto un par de conversaciones, que había muchas. Me sorprendió, y hoy he ido a verlo para darle un abrazo y preguntarle por su curso, que un compañero que ya no está en mi grupo se acordase de mí y me felicitase ayer. Otro pequeño detalle, acordarse de alguien, un mensaje tras meses, que consiguió que moviese el culo para verlo, saber de él y clavarle un abrazo.

Viernes 5 (hoy): anoche estuve muy bien, me acosté tarde, me tocó hacer de 'psicólogo', no por mucho tiempo. No era la primera vez esta semana, ni la segunda, que lo hacía con alguien y para alguien, pero nace de mí y es inevitable. Eso, y una noche de lectura, música y tomar el aire que se me fue de las manos, hizo que cogiese el móvil a las seis y decidiese no contestar, por amor a la gente, todas aquellas conversaciones relevantes. Ética, de nuevo, profesor que vende política, humo, mentiras, sobre el gremio. No me he contenido, he sabido que estaba bien porque ha salido el 'Fran reaccionario', contestatario, combativo, he levantado la mano, he opinado por qué estaba en contra, argumentado, criticando, en tono asertivo, no iba a dejar que dos días de Ética politizada e insulsa se convirtiesen en un tercero, y la clase me ha apoyado. Dejé de ser delegado porque no quería que esta discusión diaria con departamentos podridos afectase a mi desempeño como compañero y estudiante, pero de vez en cuando viene bien el apoyo del grupo y plantar cara a autoridades putrefactas y corruptas para saberse vivo y capaz de cambiar ciertas cosas.

No me he ido en metro a lo fácil, ni a la playa, lo deseable. He vuelto andando los 6 kilómetros a casa. Por el cauce, por un camino que en su día hacía más, por otros  motivos, por rincones que no visitaba en un tiempo, que ya casi parecían no tener voz, y he sabido lo que era volver a pensar en 2015, 2016, 2017, en 'oler' de nuevo épocas, en que muchos sentimientos y pensamientos volviesen a mi cabeza al ver determinadas cosas (una fuente, una plaza, una torre, una finca, un tramo de río, cualquier cosa... con significado para mí), incluso sensaciones que te recorren la espina como calambres, a las que puedes poner fecha y hora aunque haya pasado un año de eso, o dos..

¿Prólogo de la semana que viene? Mañana, inevitablemente, debo currar para dejarme todo el trabajo del fin de semana hecho. No será un día fácil, pero retomo el gimnasio y, quizá, amistades si decido quedar, y tengo las de ser feliz. El domingo, tengo tarde libre que culmino con la conferencia de un Premio Nobel y una noche libre para pasear, como hacía el año pasado en invierno, porque el lunes no tendré carga lectiva. El lunes, comienza una semana sin prácticas, con una tarde larga que ni de coña dejaré pasar en balde como el anterior, el martes viene el día grande, el de la Comunitat, con muchos eventos, un castillo al que no voy en ¿4, 5 años?, a saber, tras 7 meses de la Nit del Foc, y al que iré porque quiero volver a revivir sensaciones tan lejanas en el tiempo, ahora que estoy a medio camino entre fallas de 2018 y 2019, un miércoles de cerrar trabajos en grupo e ir al cine para cobrarme el disgusto del martes, un jueves en el que pretendo visitar un sitio para mí muy especial y salir, esta vez no como haría en El Carmen, prometido, y un viernes en el que tengo planeadas muchas cosas, tanto visitas a sitios, como recuperar antiguos trazados, volver al agua y ciertas sorpresas, pero ya a su debido tiempo.