8 de septiembre de 2018
Mis proyectos y éxitos
Y en esta entrada, que abro a 8 de septiembre, me gustaría, conforme avanza el año, el curso, lo que sea que tome como referencia, ir editando y actualizando con todo lo que acontezca en materia de mis actividades, deportes, éxitos que coseche en proyectos en los que me he embarcado o cualquier cosa digna de ser vivida, contada y compartida. Pongo la primera piedra con el día de hoy. Id pasándoos cada poco más de una semana y encontraréis que he publicado un libro, o batido mi marca en el 1.500, o finalizado un cuatrimestre, u obtenido algún título que me abra puertas cada vez más 'entornadas', más 'entrecerradas' que 'entreabiertas', o haya ido a ver a mis compañeros, o... quién sabe. Para eso está, para sorprenderme. Cojo la primera piedra, y la coloco:
8-septiembre-2018: creer que puedo tener proyectos, cosechar éxitos, recobrar mis extraescolares y mis cuentas pendientes, y plasmarlo en público.
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Carta abierta a Bioquímica
Fue una única visita la que les hice el curso pasado. Todavía recuerdo aquel año como, quizá, el mejor que viviré en la Universidad, salvo que la perseverancia de la que hablé en mi primera entrada del día de hoy convierta el presente en uno todavía mejor. Lo que no voy a poder conseguir jamás va a ser coincidir con un grupo tan bueno, tan apto, válido, trabajador y unido, una maldita familia, 'MI' grupo. Por ese recuerdo de un año en que no era nadie, tenía muchos problemas de cara a la gente y poca confianza externa e interna en mí mismo, en el que un grupo la depositó completamente, en que me hizo ver que sí tenía galones para salir de mi burbuja, de romper la zona de confort, de encontrar en todos y cada uno de ellos el tesoro que almacenan, y que no hacía falta rebuscar mucho entre su vergel para encontrar, poco enraizado. Un año en el que podría quedarme con que caí en mi primera depresión, en que dudé hasta el último examen de mi validez, en que muchas clases no me producían gusto... pero en el que me quedo con lo mejor hasta de todo lo malo ('satisfied in suffering', decía la canción), que fue estar mal, y tener siempre en un banco, en la cafetería... a gente queriendo escucharme, sacándome unas risas en un trabajo en grupo cuando ni nos conocíamos, sentirme mal después de un partido y tener a gente preocupándose por mí, cuando había sido un desconocido entre ellos por mucho tiempo, que fue no encontrar gusto en lo que estudiaba, pero tener profesores que seguían intentando mantenerme en esta bella Ciencia, alumnos que se venían conmigo al fondo, que empezó siendo la alejada séptima fila y acabó siendo la poblada séptima, con gente mucha de la cual se acabó, también, marchando conmigo, fue también encontrar a compañeros que viniesen a amenizarme esas prácticas interminables de Diversidad, de Estadística, tomar unas cervezas pelándonos Química, o volvernos en un metro doscientas tardes lluviosas en las que sólo me motivaba terminar la práctica, tumbarme a escuchar música mirando al techo y verme la Champions para, al día siguiente, mostrar una sonrisa al mundo y repetir en bucle. Me quedo con unas Paellas que organizamos sobre la bocina y resultaron ser de las mejores tardes que viví en años, reconciliarme con compañeros, retomar el contacto con otros, dentro de mi característica sobriedad, de olvidar dos chorradas sucedidas con el actual delegado (en ningunas manos mejor que en las suyas está el cargo que dejé) en un trabajo que no valió ni media décima de la nota, me quedo con la aceptación y el apoyo que tuvo dentro del grupo mi marcha hacia un horizonte mejor. Y me quedo con Néstor, Clàudia y yo en dudoso estado etílico en una magnífica clase del gran AvESTRUCH sobre Ingeniería, en la que no sé si me reía por los chistes, por cómo iban, por cómo iba yo, o por la botella amarilla de cerveza recalentada y espumosa que invitaba a todo menos a beberla. Dejar ir a alguien a un sitio donde, se sabe, estará mejor, es una gran muestra de aprecio. O mucho aprecio me tenían, o demasiada indiferencia. JAJAJAJAA.
Fue todo eso y tantísimo más que, persona por persona, podría decir todo lo bueno que encontré en todas y cada una de ellas y tendría para todas, aunque algunas ni me conozcan, porque con todas ellas, no hay nada más cierto, hablé. Con algunas lo sigo haciendo, otras me habrán olvidado... Y para mí fue tanto que lo tengo como 'mi año', porque en 2017 conocí a lo que más quise, y de 2017 he acabado queriendo sólo al grupo. Y fue todo eso y mucho más, sigue siendo, porque, en épocas como esta, en las que se acerca el comienzo del curso, pienso que en cuatro días hará dos años que comencé con dudas y desazón una aventura con la mejor gente que he conocido, la más cohesionada, la mejor familia. Si alguien que forma parte de ella me lee dirá... ¡Ven y míralo! ¡No exageres! Creedme, allá afuera, en otros Grados, no hay ni grupos cohesionados. No hay felicidad. No se respira felicidad en un ambiente cargado por la competencia. Hay muy pocos de esos que profundizan, que te apoyan, que te hacen saltar a la palestra, que te quieren, que te amenizan las clases, de esos que valen la pena. Por todo eso y por mucho más ,esta carrera me dio el Síndrome de Peter Pan curso tras curso, de querer volver a comenzar algo similar, de recordar con un nudo en el estómago, de 'morriña', como dirían en mi tierra, algo que me marcó tanto positivamente. De imaginar lo mucho que todo iba a cambiar, que iba a empezar como una convicción, que se perdería la vocación, que acabaría yéndome, pero nunca me iría. Que todo iba a tener un punto y seguido con la condición de que no hubiese punto y final, y volviese a escribir en ese capítulo de nuevo, quizá estas letras, quizá otra visita a la gente que me vio caer, levantarme, y volar, pero me nutrió y me cuidó en esos días.
Podría acordarme de mi última visita, a un mes de exámenes, yendo de tardes, con la gente cansada, tomando apuntes, entre dormida y estresada, dando lo que precisamente yo estaba dando, comiendo en grupo con gente que ya no me reconocía, o que se había distanciado mucho, volviendo a saludar con muchísimo cariño a gente con la que no trataba tanto, que me recibiese con besos, abrazos, preguntando qué tal me iba, que en la sobremesa, antes de clase, se acercasen a hablar conmigo personas que no empezaron siendo mis amigas y ahora son con las que hablo o que incluso volviésemos a quedar. Podría acordarme de grupos sueltos, de que algunas personas me dijesen que había habido algún mal rollo, que la 'capitanía' de la clase había cambiado, que algunos se habían ido cayendo por el camino y mi marcha no fue la única sonada, podría quedarme con todo lo bueno y todo lo malo, pero no me quedo con nada. No voy a volver a sufrir el síndrome de Peter Pan. Voy a volver a vivir el cuento este año. Esperadme algún día, el menos esperado, y por ahí apareceré. Mientras, al recibo de esto, estaré por Medicina, feliz por lo que estudio, e intentando encontrar la felicidad con quienes estudio, quizá buscándola por Burjassot, donde me la quedé.
Y fue todo eso y tantísimo más que podría recordar a la gente una por una, momento por momento, tarde por tarde, examen por examen, y día por día.
Y podría recordar a alguien que lo mismo era una zurda magistral en ping-pong, que diseñando sus productos, que exponiendo sobre Oppenheimer o pidiéndome que me calle en una presentación o hablando a la salida de un trabajo en grupo, cuando sólo quería cavar un hoyo por no pensar en qué antro me había metido, sobre la vida.
Y puedo recordar a la alegría de la huerta, la rubia más lista del oeste, el acento valenciano más gracioso del grupo, la que me llamó 'Bartolo' hasta saberse mi nombre, la ponente más nerviosa y mejor amiga de Pedrola, que todavía veo de vez en cuando por Facebook o Instagram, que también siguió mi camino y nada me sienta mejor que verla despegar.
Y puedo recordar a ese chaval que no me votó y me enteré porque se acercó a decírmelo, pidiendo disculpas, cuando realmente no hay nada mejor que aceptar que nunca se será el 100% y en eso reside el margen de mejora, 'la grandeza'. Un tío con el que me reía y hacíamos coñas mientras estábamos mal y hoy, mientras estamos felices y tomando el rumbo, de nuevo, de nuestras vidas, puedo hablar de depresión, de ansiedad, como estados pasajeros de la vida, y normales.
Y puedo recordar a ese músico que sufrió de todo en la vida, y con quien tuve la persona de mis días en común, que le echó cojones al asunto a pesar de que no todo venía a favor, que se convirtió en mi amigo cuando ninguno de los dos éramos, de lejos, nadie en la clase, con quien quedaré algún día, o al menos volveré a ver, y por quien me alegro mucho cada vez que lo veo cantar, tocar o en cualquier cartel musical por las redes .
Y puedo recordar a esa persona, moscón cojonero, que me sacaba a bailar cuando se terciaba la cosa sabiendo que no hay nadie con más cara que yo, y más dura, pero a la vez más tímido. Esa mosca cojonera que me instó a ser delegado, y lo demás ya es historia. Esa mosca cojonera que me arrastraba para ir a mascletaes, que me pedía que la entretuviese en un examen de Matemáticas porque 'iba a suspender' y al mes me echaba en cara que sacó más que yo, ¡que tuve un puto ocho!
Y puedo recordar a ese chaval introvertido que se sentaba solo hasta que me planté y le dije 'siéntete cómodo, que estoy como tú'. Y se convirtió en el chaval de la séptima fila, también. En el tío que se retiraba por ansiedad de un examen para, la evaluación siguiente, sacar una media de puto nueve. En el tío en el que podía confiar porque sabía que detrás de sus dificultades radicaba la persona más franca del mundo. Nos vimos, y nos saludamos, y te vi una sonrisa de relajación, de 'a este ya lo conozco'. Y no coincidimos con más gente de milagro, mal milagro, pero ya se obrará pronto.
Y puedo recordar a la Loca de los Gatos que tanto me perseguía a ratos, la primera persona que me habló y, precisamente, para hacerlo sobre Ciencia, la que más cambió para bien mi visión de ella a lo largo del curso, y sin pretenderlo, que es lo que vale. La que más parecía saber de todas, la 'reina del 5 pelado' que albergaba en su interior más que cualquier matrícula.
Y puedo recordar al tío con la sonrisa más irritante del mundo, pero compañero de aventuras durante ese año, que acabaría con otra chica de la carrera bien feliz, aunque también con mi paciencia porque hacerse con él es como hacerse con todos los Pokémon.
Y puedo recordar, a su lado, al mejor jugador de rugby de la carrera, aunque ahora se haya pasado al tenis y esté más dispuesto a retarlo a tenis que a rugby por motivos obvios. A un tío con el que me pelé toda Diversidad porque si alguien se mete con él, no voy a su puta clase, con quien me reí en paellas, hablé de la vida, con y sin cerveza, más con que sin, y a cuyo piso volví para echarme unas cartas. Que ya no esté en el grupo que se creó con los cinco no es una forma de alejarme, es una forma de decir que os quiero, por separado, a todos, que los enlaces que se comparten entre muchos átomos acaban debilitándose, y os quiero covalentes en mi vida.
Y puedo recordar a la chica tímida que se acerca para preguntarme si me llevo mal con ella, y acabo creando un grupo para estudiar, para resolver dudas de otras carreras, hablar de Filosofía, hacer exámenes de Historia o hasta tratar temas de todo tipo, una chica por la que me preocupé, y se preocupó por mí, que en ocasiones me hacía rabiar por no apreciar todo cuanto albergaba, pero que me dio, en el cómputo global, un 100% de satisfacción por haberla conocido, y que ya no se acordará de mí, porque todo pasa, pero a la que recuerdo como el primer día.
Y puedo recordar a la subdelegada, con quien puntualmente pude tener mis encontronazos, pero de quien aprendí a llevar una clase, que me enseñó que a veces no es tanto la rigidez sino el 'laissez faire' y que no es tanto dirigir con técnica, sino con cercanía, que a un jugador no le gusta que le digan cómo marcar el gol de su vida, sino que lo animen por su nombre y llegue a él por sí mismo. Puedo recordar alguna palabra no muy acertada por parte de ambos, pero para qué coño hacerlo, si tengo risas en una fiesta, ayudas en una clase o incluso otros momentos, no excesivos, pero sí suficientes, juntos como para borrar lo malo.
Y puedo recordar al mejor jugador de Beniparrell, al discípulo del maestro, al señor de las castañas, a Mr .'o pasa el balón o el jugador, pero los dos, no', al crack de la línea de un cuarto, al crack de las batallas de gallos, de las rrrrrrrrrrrrréplicas que gritábamos antes de las prácticas...
... Antes de las prácticas, con otra persona a la que también puedo recordar, el pequeñín, el niño infiltrado en la carrera, 'el de la fábrica de chocolates', el que se reía de todo y me veía como un bicho jodidamente extraño o se reía de mi manera tosca y poco ortodoxa de tirar por una pila sosa cáustica y ácido clorhídrico y decir que 'así se neutraliza'. Bueno y todas las putas burradas que hice. Y que siempre se sentase enfrente de mí para poder charrar en prácticas peñazo, con su pareja, Mr. Wonderful.
Y puedo recordar a la persona que más se reía por mi acento valenciano de libro... de libro de texto cutre de Primaria, que todavía hoy sigo por varias redes y hablamos, a la que veo feliz, que se alegró por mí y que se empanaba de la hostia, pero en grupo hacíamos unos trabajos que ya me jodería a mí no haberlos disfrutado hasta el final. Buen Camino de Santiago te has hecho, hermana...
Y puedo recordar, por último, y me viene ahora entre risas a la cabeza ,a la compañera de disección de peces. A la compañera de encontrar Anisakis, a la ya enfermera, a la que tiene mucho más recorrido que yo, y paciencia, y calma... Y de todo. A la persona que en plenas dudas en este curso me dijo que me olvidase y siguiese echándole huevos y ahora puede ver lo lejos que he llegado.
Y puedo seguir recordando, pero hasta que me duelan las manos o se me sequen los ojos... Suficiente. No creo que lo vaya a releer yo, como para que nadie lo haga. Pero me gusta, me gusta liberar mis sentimientos, mis pensamientos, todo, de forma abierta, a la nada, a nadie, o sin obtener respuesta, como cuando clamo al cielo y sé que hay algo, pero nunca me contestará directamente. Sí lo notaré en mi vida, si sé estar atento. Aquí igual, clamo y escribo por ellos, aunque nunca obtendré respuesta. Pero sí lo notaré, cuando pase por sus pensamientos, si sigo siendo el esporádico de alguna mente poco ocupada, y si lo notaré, cuando se me vea a lo lejos y alguien, mientras sea una única persona me sirve, diga 'Fran', acordándose del que, hace dos años, marchó a buen puerto. Gran familia fuimos, y ni tan siquiera, de setenta y cuatro personas, he podido escribir a más de veinte... Imaginad lo que fue tener media hora para poder volver a verlos a todos. En diciembre. No fue nada, y por eso volveré a por todas.
Y podría recordar, hasta no dar más de mí, pero también podría decir todo esto a la cara. También podría volver sin hablar de lejanía. También podría volver a 'ser' allí. Y seré. Sólo dadme una mañana libre, y el resto lo pongo yo.
A 8 de septiembre de 2018,
Vuestro compañero (ni 'delegado', ni 'capi', ni 'presi') de vida, más que de clase, carrera, o un simple curso,
Fran.
La Grandeza
Me encanta el arte y oficio de escribir sin obligaciones por una única cuestión: el tiempo pasa. El tiempo es oro, y emplear ese oro en letras para, cuando haya pasado, desenterrarlo y revivirlo no tiene precio. Todos perdemos 365 onzas al año, pero, ¿cuántos pueden recuperar, tan siquiera, una? Los que dieron constancia de ella por escrito. La definición de Literatura.
Titulo a este artículo 'La grandeza', porque hablé en una carta de desambiguación y desahogo hacia alguien que partió y a quien ya olvidé y no deseo más que lo mejor que deba venirle, de temas como las asignaturas, los estudios... me leeríais mucho por Facebook hacer hincapié en la carrera, el curro, las oportunidades... Un 28 de enero podéis leer cómo escribía con dudas, cómo no me presenté más que a la mitad del cuatrimestre, me dejé un peso pesado para un cuatrimestre con una asignatura más, cuando me había examinado de dos menos... ¡Si había pasado 3! ¿¡Cómo iba a ventilarme siete!? En ese momento, sabía sólo que había pasado una, aunque confiaba, más o menos, en el resto. Más o menos... Había sido un cuatrimestre de ausencias, de rupturas, de no llevar nada al día, comenzar los días de antes, no saber por dónde venían los tiros, pero escucharlos cada vez más cerca... Estaba aturdido, mis letras eran todavía torpes, y llenas de sentimiento, ahora son más finas y comedidas.
Y es 'La grandeza' porque pasé de esos 3 aprobados, de esas dudas, de ese 'qué vendrá', de comerme la cabeza por Nadie, literalmente, a finalizar creyendo en mí, con matrículas, con una media en la evaluación de casi un 8, de muchas horas de curro, de retomar el atletismo que una depresión me obligó a abandonar para conseguir mis marcas personales, de salir con mis compañeros, de destrozar mi zona de confort hasta que quedase irreconocible, de recuperar a mis mejores amigos que cayeron en un limbo de olvido, en el Purgatorio de mis emociones, al acabar lo que creía mi 'todo' y que, realmente, era poco más que nada, porque la suma de Nadas conforma el 'Todo' y no supe verlo, y, en definitiva, de madurar y reformarse en cuatro meses. Ni eso. 'Tabula rasa' y a reconformar todo esto, una argamasa de pensamientos, ideas que surcaban un cielo todavía muy nublado, dudas de rendimiento, dudas de eficiencia, frustración por una mente ocupada, sin saber por qué y en qué, y la dejadez de un mes de fiesta para conseguir encontrarme y tirar como un loco el último de todos para recuperar.
Ha sido, pues, el año de hacer cosas grandes, y quien hace cosas grandes es un Grande, es incuestionable. Ha sido el año de comenzar con una depresión, con dudas, con pensamientos peor que negativos, con el canguelo, con las ganas de abandonar y saber que un fracaso era un abandono por pinchazo en esta carrera, literalmente, y darse un pleno de éxitos, y volver a celebrarlos, y verme y sentirme feliz de nuevo por una nota, y decir 'esto se puede volver a repetir'. Ha sido luchar contra horas y prácticas de un sopor acojonante, contra Departamentos carcomidos, con la ayuda de profesores que se merecen su puesto y mucho más, ha sido luchar contra compañeros que en lugar de compañerismo (por suerte, son pocos) solo ven competencia cuando esto es una carrera de fondo y el 90% del resultado lo define el sprint final, llamado 'MIR', es coger ventaja en el primer 100, cuando te queda el resto de la pista de atletismo para adelantar al resto de calles, ha sido volver a ser el delegado por mi grata experiencia de Bioquímica, de hacer una familia, de intentar preservarla a toda costa, ha sido un año de redescubrir mi vertiente más 'espiritual', de retirarme todos los viernes a pensar, de coger costumbres, ha sido un año de implicarme, de darme en algunos casos más, incluso, de lo que debía, un año de aprender sin tener que llevarme una hostia, y de llevarme alguna que otra hostia para aprender. Ha sido un año de apenas curtirme, porque ya lo hizo mi primer año universitario, pero sí de creerme que el ser humano es extraordinario, pero en esa regla existen demasiadas excepciones que quieren confirmarla. 'À quelque chose malheur est bon', dicen en mi segunda lengua. Habrá que pensarlo así.
¿Qué espero de este año? No espero nada. Dije, en Facebook, que esperar es una tontería. ¿Por? Nunca se cumple. Si esperas algo, siempre es exacto, esperas ESO. Si no resulta por defecto, te decepcionas. Si resulta por exceso, te sorprendes, generalmente de forma grata. Si espero un 8 y tengo un 4, vaya mierda. Si espero un 8 y tengo un 10, ¡NO ME LO ESPERABA! (Luego, me esperé algo para nada). Y si espero un 8, pero tengo un 8,02, no es lo esperado, pero sí lo imaginado. ¿Qué vengo a decir con esto? IMAGINAR, no ESPERAR.
Me decía mi ex una frase que nunca compartía, 'aprender a aceptar, en lugar de esperar', no era propia, sino de un libro, 'El caballero de la armadura oxidada'. No la comparto porque no tienes por qué aceptar lo que sucede, ni esperar lo que nunca se cumple como quieres. ¿Aceptar? ¿Has aceptado alguna vez algo? ¿Aceptas sacar un 8 y no romper el listón y querer un 9? ¿Aceptas correr el 1.000 en 3'50'' y te paras, o sigues para mejorar aunque sea por un 3'49''? ¿Aceptas hacer amigos, o te propones el reto de mantenerlos, y sanear tus relaciones? ¿Aceptas 'estar bien' o te mueves para 'sentirte bien'? Y así con todo. Hay una cosa, que le puntualicé y se negó a 'aceptar': ¡¿Qué 'esperaba'?! y no era otra más que 'hay que aceptar la espera, sin esperar la aceptación, hay, pues, que PERSEVERAR'.
Por tanto, quien haya tenido el tiempo de leer esto, verá que la entrada acaba como comienza: 'la grandeza'. Sí. La grandeza es perseverar. No otra cosa más. El resto del texto ha sido un ejemplo de perseverancia. Cómo definir una palabra con otra, pero habiéndote ayudado antes de unas cuantas cientas.
PD: Con tanto juego de palabras, finalizo con que este año no voy a esperar, no voy a aceptar, voy a perseverar y a imaginar. A luchar por lo que mi mente recrea, que es algo vago, nunca exacto, y es cambiante, pero siempre sobre un tema fijo. Voy a luchar por mis notas, mis amigos, mis círculos cercanos, voy a perseverar en ellos y por ellos, y voy a obtener el fruto de todo aquello que haya sembrado. Lo que consiga, lo iréis leyendo cuando decida enterrar algo de mi oro para desenterrarlo, con los interés que el tiempo genera, y repartirlo entre todos.
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