Sysyphe - Sinking.
Venía no muy feliz, y era consciente de que se hacía 365 días de, para mí, el que fue el peor momento por mucho tiempo, un momento de comenzar de cero, tanto sin la persona a la que quisiste, como sin muchos familiares que te dejan casi a la vez, pero de poco menos ha sido el giro que he pegado, unos 360 grados. Una vuelta rápida, un mareo, del que aprendo sensaciones nuevas, apenas me tambaleo, y me pongo ipsofacto en pie, mismo punto de partida.
Honestamente, no tenía demasiadas ganas de salir, no guardo duelo ni me importa, pero estos días estoy más reflexivo, estudioso y enfocado en las cosas más pequeñas de la vida, sin embargo, el profesor más sabio que he conocido en un aula me ha mirado a los ojos, tras explicar las mayores maravillas de su vida, las mayores hostias, los mayores 'qué nunca dije', cuántas veces fue demasiado tarde para (...) y ha insistido, hasta en seis ocasiones: vivid, vivid, no dejéis nada para el próximo día por hacer, decir, querer, montar o arreglar, que la carrera será, pero vosotros no. No son las palabras en sí, al fin y al cabo cualquiera, con más o menos oportunidad, te las puede concatenar, es el hecho de que te miren a los ojos, y cómo lo hagan. Lo mismo que diferencia a una persona que te habla por decreto, y otra que lo hace de forma muy esporádica, pero tan acertada, que es un pilar para ti.
Y quizá eso me ha impulsado a darme el descanso, aunque esté en cama JAJAJAJA, que necesitaba, a salir, a contagiarme de nuevo de conversaciones, gente, Filosofía, no recluirme, decir a quienes quiero cuánto lo hago, reservar plaza para excursiones que deseo realizar, no importa cómo, cuándo ni con quién, a no cancelar la pedazo de observación de mañana de Marte, que estará trigenial, y a quedar, de nuevo, de fiesta el viernes con amigos que no veo desde abril y nadie me garantiza que estén ahí siempre, algo que no me veía haciendo al comienzo de la semana, pero vuelvo a ver esos ojos mirándome, con más ternura hacia la vida, que asco hacia la muerte, invitándome a vivir, salir, hacer lo que nunca se repetirá y, sobre todo, esos ojos que (como hoy en esta persona y estos días en otras tantas he podido apreciar, en el sentido literal de la palabra) te hablan solos, te comen, te abrazan y a la vez, te desplazan.
Supongo que mañana, salvo que se nuble -que es la suerte de mis días-, vendré contento por la charla y la observación. Si se nubla, vendré contento por la charla. Pero no perderé lo que me está costando ganar. El problema era de filosofía de vida, el problema está cuando tienes las ganas y el potencial cognitivo (llevo todo al día y, realmente, estoy sobresaliendo en todo), pero pierdes, a ratos, el 'porqué'. Sin embargo, dijo un señor llamado Nietzsche, que quien tiene un porqué para vivir, se puede enfrentar a todos los cómos. Así que hoy, olvidando el quién, el dónde, o el cuándo, y olvidando el 'por qué', he dado la vuelta a esta inútil pregunta para la que no tengo respuesta para seguir viviendo, porque me he percatado de que ¡su respuesta es la vida misma!, y la he reducido al simple 'cómo'. Creo que todas estas últimas semanas me he preguntado demasiado el porqué de las cosas, el cuándo se iban a disponer, o incluso con quiénes contaba, a todos los niveles, sobre todo el de los círculos que he ido perdiendo este tiempo atrás y los que estoy creando estos días, cuando, realmente, la pregunta a contestar era el por qué pensaba en disposiciones, cosas, personas, círculos, etc. He caído en un juego de digresiones estúpidas, pero está superado. Ayer, de hecho, ya puse en orden todo lo que va a ser de estas cosas a corto y medio plazo, porque no puedo asegurar nada a largo. Cuando quieran sucederse todas y cada una de ellas estos próximos días, iré dando a conocer resoluciones. Pero debo preparar mi mente para otros escenarios y no es opción dar vueltas a lo que es o sí o no. Ya tengo el cómo voy a vivir, cómo voy a vivirlo con quién, como voy a vivirlo cuándo, cómo voy a vivirlo dónde... Las dudas me matan y son infinitas, pero si las pongo en órbita alrededor de un cómo y no un 'por qué', puedo explicarlas. Cambiar el signo de la ecuación y pasar al lado contrario. Y...
¿Cómo quiero vivirla? Eso es lo que ya sé hacer y, por tanto, podría enfrentarme a cualquier pregunta que se me pase por la mente en las peores noches. Vuelvo en mí, se acabó el desajuste. Comienza un jueves de Astronomía pura y dura, un jueves 06:00-24:00 en pie, un viernes de fiesta con la mejor gente con la que puedo contar a día de hoy, para hablar, confesarme, sincerarme en lo sucedido y echarme unas risas, como hace mes y poco sucediese un 22 de septiembre en EEl Carmen (¡ENFERMO TAMBIÉN, JODER!), y el fin de semana, ya veremos si no estoy en cualquier risco de Nàquera o Serra con el móvil a 50 kilómetros, apagado, en casa, mientras yo diviso lo enorme que es el Golfo de Valencia, a 800 metros de altitud. Es como quiero vivir la vida, a lo grande, viendo todo reducido, alejado de lo poco importante o mundanal, de fiesta, siempre con un cómo y su porqué relacionado en mente para no caer en errores o precipitaciones, y dispuesto a morir por una mirada, como hoy. No preguntéis por qué.
Abrazos.
Abrazos.
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