Escribo esto en una hora libre en la Facultad y las dos de entrenamiento que me quedan, más tarde, porque estoy con asma. À quelque chose malheur est bon. Mentiría si vendiese que, como todos los años (y como, realmente, le sucede a casi cualquiera) no estoy teniendo ningún tipo de ansiedad o de desconfianza en mí mismo y mis resultados, pero forma parte de lo normal, por lo que no preocupa demasiado. He tenido una semana bastante floja, pero todavía mantengo la energía del arreón inicial y puedo destacar, dentro de cada día, tarde y noche, momentos que me han hecho tremendamente feliz. Sigo viviendo, que es lo que cuenta. Demasiado resumen.
Resumiría estas dos semanas, de la que poco más que un calendario conservo como memoria, en aprender, descubrir, conocer, sufrir y disfrutar. Son extremos que se complementan increíblemente bien: todo es experiencia. He aprendido a delimitar mi zona de confort, hacer incursiones fuera de ella... con más inocencia que éxito, pero dejándola en mantillas en comparación con lo que fue hace unos años, donde no alcanzaba a ver nada más allá de sus dominios. No me importa, si tengo confianza en el éxito, lanzarme a algo que me sería más cómodo no experimentar, principalmente alguien. Han pasado las primeras semanas duras de cortar por lo 'sano' (entonces me parecía suicidarme a corto plazo), y los primeros meses de duelo y de intentar volver a volar, y el primer medio año de volar raso, y ya casi también, gradualmente, el primer año. Ya estoy en la fase de volar alto, muy, muy alto. Te das cuenta de ello cuando le pierdes el miedo a volver a la altura de antes, a la caída, a subir tanto, tan alto y tan rápido y tener el riesgo de que, de un escopetazo y de la noche a la mañana, toques el suelo, el 'rock bottom' por parte, precisamente, de quien creías cuidador y no cazador. Repito siempre que estas experiencias te enseñan a planear, a mejorar el vuelo, a saber por qué corrientes moverte... pero jamás deben impulsarte a no hacerlo, a no juntarte de nuevo en bandada, a no volver a surcar los cielos. Creo que esta semana me di cuenta de que, en un mundo en que sólo hay furtivos al acecho, buitres planeando en círculos creyendo que volverás a ser su carroña y depredadores de área, también de vez en cuando, si lo sabes escuchar, existen otros pájaros, más o menos heridos, más o menos similares a ti, con los mismos miedos a volar y volver a caer... que te llevan a pensar si realmente la suerte es que os una la desgracia.
Ha sido una semana en la que han vuelto tenues fantasmas del pasado. En 2015 y parte de 2016, muy pequeña parte, ya comenté una de mis mayores sorpresas con una persona con la que estuve años. Este mes de marzo hizo cuatro. Nos perdieron las palabras. Por una parte las no pronunciadas, por otra parte las pronunciadas equívocamente. Unas veces se hablaba mucho, otras se callaba tanto más, otras se hablaba sin decir nada. No ha sido sólo una la persona, sino varias, que me han dicho que no me comunico correctamente, que tengo cosas a pulir, que quizá deba mojarme más, decir más hablando menos. Curiosamente, una persona que apenas comencé a conocer y mi mejor amigo, que son dos extremos que vienen a confirmar que es una realidad. Bien, mi mejor amigo todavía es desconocedor de todo aquello por lo que paso y que mi forma de no preocuparlo ni querer a nadie encima preocupándose es contar lo mínimo, y el otro extremo no conoce que, válgase la redundancia, el otro extremo de la parquedad es la verborrea, y no lo hago por falta de educación, ni tan siquiera por querer ser el protagonista, sino porque, me guste correr más o menos, si estoy cómodo, no quiero que la conversación se acabe, siento que lo hace el tiempo y por ello toca apurar el momento, la tesitura, la persona... Con una persona, antes de que -dentro de todo- se extrajese que estaba en mi burbuja, había ido a su cumpleaños, había bebido estando enfermo, había montado una cena y fiesta de más de siete horas con fiebre. Nunca jamás me había visto ir de fiesta, y lo hice para que tuviese un momento que llevarse a la mente, y lo pasase bien. En silencio disfrutaba de su cara. Dije mucho sin hablar, y quizá ese fue el problema. Con la otra persona, anduve diez kilómetros, también enfermo y con fiebre (cuándo no), intenté montar una ruta chula, me sentía motivado, muy cómodo, en fin... que normalmente das con perfiles de personas que si bien no te aburren y son válidos, puedes quedar con ellas, etc., suelen ser personas de quedar pocas veces, de acabar perdiendo el contacto, o de no pegar ni con cola, tan siquiera tener tema para hablar. Con esta persona sí lo tenía y quise aprovechar, quizá lo quemé. Quise aprovechar el poner una estampa preciosa (castillo, verde, lago...) con un sonido que no olvidase (el rumor del agua, la voz de la otra persona, pájaros, gente...), en fin, estar receptivo con el mundo y no sentirme en la burbuja de irrealidad en la que me sentía antes, en que parecía no existir. Coño, que quería sentirme vivo, vaya. Y no fue así, quizá pequé de correr demasiado con las palabras, o de no decir todo esto (que, realmente, sí tuve que decirlo a posteriori, pero no en el momento), quizá pequé de no conocer a la otra persona y no querer manejar ningún registro... Pequé, no importa, ahora mismo, de qué. Para mí fue un día precioso con una persona muy agradable, en un sitio al que nunca jamás había ido a pie, una ocasión única, vaya, y una tarde en la que me importó poco hacerme dos horas de paseo con fiebre, en la que hablé más con la mente y la mirada que con la boca, una tarde estupenda y, por desgracia, la otra persona, como el viernes sucediese con mi amigo, se quedó con que hablé mucho y dije poco, o quizá puedo dar socialmente más de mí. Recuerdo haber rememorado, en un momento en que me creí pudiendo levantar la cabeza, sintiéndome medianamente respetado y como en mi casa, una frase de una escritora guatemalteca, además, también recuerdo hacerlo a raíz de que me viniese no sólo eso en mente, sino la nacionalidad de la otra persona. Una forma de decir 'estoy hablando, pero también te escucho, y te digo que quizá este momento es el mejor que podría estar teniendo, ¡es el 'momento más bonito de mi mundo'!, en tanto que mi mundo era lo que había en ese momento. Bueno, quizá sólo yo lo vea así o sea demasiado enrevesado y tenga que dar paso a las palabras. Quizá dije cien y fue diez. Pero juro que, a mi manera, quise decir mil. El pensamiento del pasado volvió a revivirse. Ya habrá otra y pondré en juego lo aprendido. Y si no la hay, ya no debo preocuparme por nada, por suerte o por desgracia. Lo peor sería que no pudiesen aceptarlo, como hace mes y pico una chica no supo aceptar que no quisiese nada con ella, y me bloquease. Acabaré perdiendo, seguramente, el contacto con mucha gente, pero si de mí depende, nunca será así. Antes que perder cualquier cosa, no la tengo, y cualquiera debería saber que si empiezo algo, no lo termino.
En otro orden de cosas, comencé la semana con el 'ausgebrannt' como lema. El alemán, ese idioma que tiene, como sólo el castellano y, menos poético, el inglés, una palabra para 'estar quemado'. Me lo sentía. Mis círculos familiares quizá no me comprendían o asumían en mí una autonomía que tengo, aunque a nadie le desagrada que, muy de vez en cuando, estén un tanto más encima, la salud familiar no siempre es buena, la familia -por descontado- no siempre es la institución que te venden, abandoné el atletismo (quizá esto fue lo que me hizo estar peor de todo ello, aunque tuve gente encima que me razonó, como yo haría conmigo mismo, por qué tenía yo razón y cuantísimo bien me hacía)... Tomé decisiones o experimenté pensamientos que no me había planteado días atrás y que, para mí, eran inesperados, tuve que encajarlos, decidir qué haría con esos vacíos en un futuro, y no es fácil recalcular una hoja de ruta sobre la marcha, sin tener tiempo para pararse y razonar. No achaco a todo esto mi nefasto final de semana, pero llegué con tan poca energía que haber podido hacer tanto el viernes y el sábado me parece glorioso. El viernes-sábado de madrugada creía estar ya tirando la toalla en el noveno asalto, pero aguanté hasta el décimo y vi que el combate realmente terminaba el sábado por la noche, que el domingo era sólo una fiesta. Dije algo similar en 2017, y si mis letras caminan por los mismos derroteros que entonces es por algo. También había un autor, Paco Roca, quien decía que 'cuando se oye el obús cerca, te ensordece y silba, celebra, porque acaba de pasar sobre ti; quien no lo sienta, escuche ni se ensordezca, quizá sea su blanco'. Me vi atribulado, me vi jodido, me vi bastante mal por momentos la semana pasada, pero precisamente fue porque no lo estaba, no era yo la diana y no era ese mi momento. Sigo vivo, reitero.
Al margen de lo que va de septiembre, queda hablar de lo que resta de él. Lo definiría con muchas más palabras, a pesar de que está por venir, quizá por las ganas que le tengo. Principalmente diría que, pese a que estoy en una espiral de falta de confianza y de creer que me caerá hasta el recreo, lo veo con confianza. Si miro por la ventana y trato de evocar la de años pasados que llevo, con los cambios de estudios no menores que he realizado y con los pensamientos que tenía entonces, en mi mente se queda la imagen de que esto es una chorrada, es muy fácil, sólo ten entusiasmo y mantenlo, casi todo el mundo que lo ha intentado ha conseguido lo que yo y desde luego la grandísima mayoría no es superior, lo único que la diferencia de mí es que ha tenido confianza y entusiasmo. Si lo pierdo, trato de encontrarlo de nuevo, y si lo tengo, de preservarlo, pero con ello en mis filas, puedo durar lo que me proponga. Sean 6, 7 años o los que vengan. Tener constancia es difícil cuando quieres correr mucho, cuando amas lo que haces, cuando te gustaría estar al otro lado de la mesa, pero también es algo que se aprende. Hace años, de hecho, enfocaba todo desde un prisma no muy real, pero que yo así creía. Salía de una depresión, y no podía pedirme más. Entonces, decía 'nada pasa, y todo pasa, ¡y eso pasa!'. Ahora diría que todo pasa continuamente para que la sensación sea que nada pasa. Ningún cambio es súbito, sino que se gesta sin que nosotros seamos conscientes, y cuando nos hacemos conocedores de ello, entonces decimos que sucede. Puedo poner demasiados ejemplos. Un infarto no se gestó de una noche para una mañana en la que te despierta un jadeo, sino día tras día y cigarro tras cigarro sin que fueses consciente que una arteria se debilitaba. Un amor no se gestó de una noche para una mañana en la que dices 'esta persona me ha cazado, me cuesta olvidarla', sino que poco a poco, conversación tras conversación, gesto tras gesto, momento tras momento, como sucediese en su día, la gota fue calando a la roca y la resquebrajó. Tampoco saqué un diez inesperado de la noche a la mañana, sino que curré poco a poco sin saber cuál sería el resultado final. Me entendéis de sobra. La gracia de la vida se esconde tras los ojos, porque fuera no existe y más allá de ahí está muerta, por abajo y por arriba, y cuando llega esa persona que consigue burlar esa barrera y llegar ya viva antes de que crees una imagen sobre ella, la proceses o te pares a pensar qué es para ti, estás jodido. Hermosamente jodido. Lo callé en su día, pero es una de las frases que más ciertas me parecen, y por qué obviarla ahora.
Al final de todo, también ha quedado, además de la visión continuista y de la satisfacción, la visión de que todo esto se hace largo a corto plazo, y corto a largo plazo. Antes veía a compañeros que ya cursan 3º, casi acaban su grado, salen al mercado... y me sentía lento, desplazado, con un año perdido... Ahora lo enfoco desde el prisma que vale, el de la vida, y me percato de que lo que importa no es eso, sino por qué estoy estudiando. Porque quiero crecer, formarme, tener dinero, tener una familia, un sustento, mi propio placer. ¿Es algo que vayan a tener garantizados los que han ido más rápidos que yo? No. Debo hacer mi camino, con mi trabajo, y sólo si yo lo hago bien y termino en el equilibrio tiempo-cansancio necesario, obtendré los éxitos por los que pugno, y entonces me importará todavía menos lo que otros hagan o piensen. Eso es la vida, con la paradójica salvedad de que, si bien no debes compararte con nadie ni vivir en torno a nadie, sí que debes plantearte, al menos en un momento, cuál es su utilidad, su gracia, su propósito. No deja de ser, para mí, un regalo, y como todo regalo se puede apreciar para uno sólo, se puede no apreciarlo, tirarlo por la borda, decir 'no lo quería', o se puede compartirlo y, curiosamente y pese a ser sólo tuyo, hacerlo plural, quererlo todavía más, gozar en compañía. Tantos años con pocas personas (y por tanto, mucho tiempo con gente única) con quien compartirlo me ha mostrado que esto es la soledad del corredor de fondo (PRECIOSA PELI Y LIBRO POR CIERTO), y que encontrar a otro en la pista, encontrar alguien con quien compartir tus momentos, llenarte y llenarle, y sentir que no pasas momentos, darles gran importancia y belleza, y hacer lo mismo recíprocamente, es lo que de veras vale.
En una ocasión subí una de las montañas más altas de la Comunitat, yo solo. Lo disfruté, quise mucho el regalo, pero pensé, en plena soledad del campo: '¿Y si hubiese alguien más aquí, no sería mejor, más bonito, y menos único?'. Volví a subir, con gente. Y sí, lo fue. Amigos y pareja, definitivamente, no son conceptos sobrevalorados, sino añadidos a nuestras vidas. No viene a raíz de nada esta reflexión, salvo que un compañero quiso convencerme de lo contrario, y es algo a lo que he querido darle vueltas estos días para comprobar que no está en lo cierto. Tras eso me dio por pensar, ayer, en una canción de Regina Spektor, que decía 'everything is different the second time around'. Y tiene cierta razón, para qué ocultarlo, dijo también Sartre un día que la gracia de la vida era que todo cambiase para que, precisamente, tuviésemos la sensación de que nada lo hace. Cambian todos tus compañeros, relaciones, parte de la familia y hasta ubicación para que sigas sintiéndote exactamente igual, más solo o menos, con los mismos círculos de confianza, con una familia que te quiere más o menos lo mismo y en un sitio en el que te sientes igual de bien. ¿Si hubiese seguido otro año más con mismos compañeros, relaciones, familia, ciudad... no hubiesen ido degenerándose y, por tanto, todo hubiese cambiado? Es una de las mejores etapas del libro de 'La Náusea', la que más me abrió los ojos al releerlo. De música y frases va esto, y dijo Fito Cabrales que 'lo que me llevará al final, serán mis pasos, no el camino', ya no va sobre caminos, esperas y qué habrá, sino sobre seguir andando, viendo cambiar las ciudades a tu paso, cogiendo y dejando a gente por el 'Crystal Express' y, sin embargo, no detenerte. Todos somos acto y potencia, y ser potencia no es más que continuar siendo acto al cien por cien durante el tiempo que dures. Podríamos decir, pues, que el potencial, que es la máxima grandeza que te deparas, no es más que la capacidad de ser al cien por cien durante toda tu vida. De aprovechar al cien por cien, que no al máximo, tus momentos, tus personas, tu formación... No solo a ti. No eres persona por quién eres, sino por quién eres, quiénes te hacen, a quién haces, cuánto aprendes, qué curiosidad mantienes. Al futbolista no lo hace progresar su físico, sino su mente, su disposición, su planteamiento... La vida es igual, la vida es nutrición de miles de maneras sin las cuales, por muy nimias que sean, no llegas a ser el proyecto por el que pugnas. Esta fue la última conversación que mantuve con la persona que me dejó, la que olvidé a la fuerza, y que ahora se arrepiente, ¡no así yo!, así que, con una última conversación con la que fuese la última persona con quien compartí mi regalo llamado vida, quiero tener yo las últimas palabras en este artículo, que también es mi regalo (tiempo y sentimientos) si es que no os supone más una lacra que un presente, por lo tosco y lo muchísimo que digo más implícita que explícitamente. A la próxima mejoraré.
Posdata: nos vemos la semana que viene, bioquímicos.
Hola crack, soy
ResponderEliminar"juanlumoncada",
tras hacer el esfuerzo de leerme tu largo tocho {;)}, llego a las siguientes conclusiones desde mi experiencia:
1- No sé cómo llevarás el tema de razonar con objetividad. Creo que tenemos en común que somos personas rumiantes e inseguras, un coctel perfecto para padecer trastornos de ansiedad y depresión.Muchas veces me paro a pensar si debo ser el único y,por lo que percibo día a día,no. Pensamientos tenemos muchos, a veces feos (bastante feos) que generan una mezcla de emociones y sensaciones en nuestro cuerpo y alma bestiales. Sin embargo, intento tratarlos con la mayor objetividad o desapego posible y, no solo eso,no razonar con nuestra "voz interna".
2- Anda! Corre!. El 95% de las cosas que pensamos y ; consecuentemente, de las percepciones son falsas. No te rindas!. El "pienso luego existo" de Descartes es un bulo. "PIENSO LUEGO SUFRO"
Hombre, por el nombre no me era difícil de adivinar, ¿eh? JAJAJA.
ResponderEliminarPues lo que te comenté, 'tiempo ha'. El razonamiento con objetividad es posible hasta cierto punto; llega otro, no muy lejano, en el que la objetividad comienza a desdibujarse y se introducen tintes subjetivos, opiniones, pareceres, sentimientos... y se pierde por completo. Creo que es inherente al pensamiento, al ser humano y a todo cuanto lo constituye, y no sé hasta qué punto es una virtud reprimirlo. Igualmente creo que, en ocasiones, pienso de subjetivismo y, sobre todo, de emociones, lo cual supone una forma de expresarse de cara al exterior y una seña distintiva, pero también un filón que aprovechar para unos pocos. Con el paso del tiempo he aprendido a percatarme de que quizá mi mayor error es el de ser subjetivo con extremos, es decir, ver y juzgar las cosas como si sólo fuesen blancas o negras, sin matices grises. Ahora con mi mundo de grises voy tirando bastante bien, lo cual no quita que se cuelen blancos y negros, pero ahora ya no son la tónica. Pensamientos feos los hay, ahora ya casi nunca, y mucho menos la intención de hacerles caso; uno jamás llegará a deshacerse de ellos al cien por cien, pero mientras estén a un uno por ciento residual, son anecdóticos, al fin y al cabo ansiedad la tiene cualquiera en cualquier punto de su vida y saber darle la justa importancia es la clave del autocontrol. El desapego es el símil de la nube. Ten tu vida como un cielo y como nubes a los problemas, fíjate en que una nube aislada no es el presagio de tormenta sino, más bien, un hecho aislado que no debe, por muy distinto y llamativo que sea, empañar tu visión del 99% de cielo azul restante.
Pensar y sufrir... Ahí debo darte la razón, pero hasta cierto punto, siempre que se sufre es por pensar, pero no siempre que se piensa se sufre. Diría que es más por un exceso de pensamiento, sobre todo cuando la cabeza no está para esos trotes y la obligamos a darlos. Hay veces que te sientes más vivo sin cuestionártelo, y tan siquiera cuestionándote el porqué, por lo que quizá me quedaría con que Descartes está equivocado, y nosotros en lo cierto... ¡Hasta cierto punto!
Nos vemos un finde de estos, como si es el próximo, de birreo o paseo y lo vamos hablando con más detalle. Un saludo, y suerte para el curso, bestia.